A través del tiempo y del Atlántico Capítulo 36
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Capítulo 36

U n día antes.

Cuando Derek regresó de la farmacia, me encontró inclinada sobre la mesa, apilando informes y documentos con movimientos frenéticos. Su ceño se frunció de inmediato, y sus ojos buscaron los míos como si intentara descifrar qué había desatado aquel torbellino.

—¿Qué ocurre? —preguntó, sin ocultar la forma en que su mandíbula se tensó.

—Me han encontrado. No hay tiempo que perder. —Mi voz sonó más firme de lo que me sentía, pues por dentro el miedo me consumía como un incendio.

Derek no necesitó más explicaciones. Con un gesto rápido sacó su móvil del bolsillo, desbloqueándolo con manos firmes, y se colocó junto a mí.

Sin mediar palabra empezamos a fotografiar cada página de los informes.

El ruido del obturador del teléfono resonaba una y otra vez, marcando el paso de los segundos.

Él enfocaba y capturaba las imágenes, a la vez que yo conecté su portátil a una conexión wifi cifrada, abriendo una nube encriptada que Nate y él habían preparado para enviarle los archivos cuando estuviésemos preparados.

Cada fotografía subida era un peso menos sobre mis hombros, aunque, al mismo tiempo, un recordatorio de lo cerca que estábamos de perderlo todo.

Entre los dos trabajamos con precisión casi mecánica, sincronizando movimientos como si hubiéramos ensayado ese momento mil veces.

Cada archivo subido lo borraba inmediatamente del historial, asegurándome de eliminar cualquier rastro que pudiera vincularnos con lo que estábamos haciendo.

No podíamos dejar cabos sueltos, no esa vez.

—¿Esto será suficiente? —pregunté en voz baja, sin dejar de subir documentos, sabiendo que si no salía ya de allí vendrían en mi busca.

—Tiene que serlo, vete. Estaré cerca, lo prometo.

Me abrazó con fuerza un instante, una vez nos separamos, corrí escaleras abajo, siguiendo el mapa hasta donde me aguardaba el taxi que me llevaría directamente a la boca del lobo, en este caso, de la loba, sin calcular lo inteligente que era en realidad la enemiga que aguardaba en las sombras a las que nos dirigíamos.