A través del tiempo y del Atlántico Capítulo 35 #3
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Capítulo 35 #3

—Hijo, que soy de tierra, traduce, por favor —solicita Case mirando a mi novio con los ojos bien abiertos.

—Cubierta D, al final del barco a la izquierda. ¿Mejor?

—Perfecto. Andando.

Pese a que Case lleva en el bolsillo un walkie-talkie de los esbirros de mi suegra, obsequio de su contacto, no tenemos claro si ya saben que no estamos dónde deberíamos, por lo que decidimos dividirnos.

Case adopta una expresión confusa y dubitativa mientras detiene a un camarero joven que pasa con una bandeja. Con un tono convincente, mezcla preocupación y autoridad:

—Disculpe, joven, mi esposa parece haberse desmayado hace un momento en el salón. ¿Podría ser tan amable de indicarme el camino a la enfermería? No quiero perder más tiempo buscando.

El camarero, impresionado por la actitud seria y ligeramente desesperada de Case, asiente rápidamente y lo guía hacia la enfermería, ubicada en la parte trasera del barco.

Entre tanto, Nathan y yo caminamos despacio por la cubierta, fingiendo ser una pareja absorta en su propio mundo, con sonrisas y caricias ligeras.

Nos detenemos junto a la barandilla, lo suficientemente cerca del acceso a los pasillos que debemos atravesar, asegurándonos de no llamar la atención de las cámaras.

Al llegar al lugar acordado, nos encontramos con Case, quien finge dar un vistazo a su reloj mientras su guía se retira.

Nos refugiamos en un rincón fuera del alcance de las cámaras, un ángulo muerto que Case ha identificado sin esfuerzo.

De pronto, un parpadeo de luces nos alerta del fallo eléctrico que esperábamos.

Sin perder tiempo, Case manipula con rapidez un panel eléctrico cercano, causando que las luces del pasillo se apaguen por completo.

Aprovechamos la oscuridad para deslizarnos al interior de la zona sin cámaras con pisadas apenas audibles sobre el suelo de madera.

Siento la fuerza de la adrenalina corriendo por mis venas a gran velocidad, al tiempo que cerramos la puerta tras nosotros, conscientes de que cada movimiento cuenta.

La oscuridad reina aquí adentro, solo rota por pequeños haces de luz que se filtran por las ventanas, dejándonos ver los últimos rayos del día.

Una vez nuestros ojos se habitúan a la penumbra, comenzamos a recorrer el pasillo de puerta en puerta, comprobando las que están cerradas. Case, demostrando una gran habilidad incluso en las situaciones más complicadas, las va forzando hasta que, tras esta, encontramos el premio.

No necesito más luz que la poca que hay para reconocer de quien es la silueta que está agazapada en un rincón.

—¡Derek! —corro mientras él se incorpora, envolviéndome en sus brazos.

Su estado es peor de lo que recordaba, está demacrado y me preocupa el aspecto de su ojo.

—Tiene que verte un médico —aseguro, apoyándole sobre mis hombros.

Pronto Case y Nathan me ayudan y este último, pregunta:

—¿Mi padre y tu amigo?

—Nate está aquí al lado, hemos estado hablando por el conducto. Lo siento, no conozco a tu padre ni sé dónde está.

En este mismo instante, el walkie-talkie se activa, dándonos un buen susto.

—¿Ramírez, me copias? —silencio—. ¿Ramírez, posición? —silencio—. Smith, Logan, revisad los prisioneros de estribor. Drew, Alison, los de babor, y dadme ubicación de Ramírez ¡ya!

—Debemos irnos —asegura Case saliendo y abriendo la puerta contigua.

Nate, que no tiene mejor aspecto que Derek, se incorpora, asegurando:

—Puedo solo, vámonos.

Con el alma encogida por el miedo, comenzamos una huida por los pasillos en obras, hasta llegar a la sala de máquinas, en donde unos operarios nos miran con recelo.

—No habéis visto a nadie —asegura Nate, tendiéndoles un fajo de billetes—. Cuando salgamos de aquí seréis recompensados y la mismísima Reina os dará una medalla por vuestra lealtad a la corona.

La forma de hablar, con seguridad y arrojo, hace que los trabajadores den por hecho que todo es cierto, cogiendo el dinero con una inclinación de cabeza e indicándonos una sala en la que será difícil que nos descubran, antes de girarse y volver a sus labores.

Hace calor, tanto que este vestido comienza a hacerme sentir que me falta el aliento. Sin pudor ninguno me deshago de él, quedándome con una camiseta y ropa interior. Nathan me mira sorprendido, mientras mis otros tres compañeros evitan posar sus ojos en mí.

—Señores, imaginen que es un bikini ¡por Dios! Y vamos a pensar en cómo salir de este puñetero barco.

—Si la travesía es la misma que en el viaje original, ya hemos hecho escala en Cherburgo y mañana deberíamos parar en Cobh, lo que en 1912 se conocía como Queenstown, en Irlanda —explica Nathan.

—Bien, ese será nuestro momento para desembarcar y sacar a la luz lo ocurrido. Tengo una copia oculta de todo lo que Derek me pasó a buen recaudo. Solo tengo que llegar a mi casa… —explica Nate.

En este momento entiendo por qué Derek me aseguró que este periodista era nuestro aliado perfecto y una pieza clave en el plan alternativo, ese que tuvimos que idear de forma rápida cuando me interceptaron en el aseo del restaurante.