Capítulo 35 #2
—Exacto. Si lo que he leído es correcto, este barco es una réplica del Titanic original, pero con algunas diferencias clave —explico intentando recordar cada dato—.
Tienen minicámaras ocultas en los apliques de las paredes y en las lámparas ornamentales.
Están integradas perfectamente con la decoración de época, así que apenas se notan.
En cuanto a la navegación, combinan los mecanismos originales, como el telégrafo y el compás, con tecnología moderna, como GPS y radares avanzados.
Y sí, todo eso significa que hay una sala de control desde donde supervisan tanto el rumbo del barco como la seguridad.
Imagino que en donde nos encontramos no hay cámaras porque no se acabaron las obras.
—Eso explicaría muchas cosas —responde Nathan, cruzándose de brazos—. Pero ¿en qué nos ayuda esto exactamente?
—Necesitamos llegar a la sala de seguridad, acceder a las grabaciones y descubrir dónde tienen retenidos a los demás. Una vez que lo sepamos, organizaremos el rescate.
—Muy bien, y ¿cómo piensas pasar desapercibida? Aquí puede que no haya cámaras, pero el resto del barco debe tenerlas a centenares. No es como si pudieras simplemente caminar por ahí sin que nadie te reconozca —me reta, aunque su tono tiene un deje de preocupación.
Sonrío, señalando un baúl que he visto al poco de entrar en este almacén, con una inscripción que pone «vestuario de reserva, teatro nocturno, Café Parisien».
—Nos vamos a mezclar, y lo haremos a lo grande. Si este barco es una experiencia inmersiva, entonces seremos parte del Titanic. —Abro el arcón deleitándome con la sensación de tener razón—. Aquí hay ropa de época; elige algo que te quede bien.
Nathan suspira, sé que le parece arriesgado, al igual que sé que tampoco tiene un plan mejor. Finalmente, se levanta, me da un beso en la mejilla y asegura:
—Vamos a ello.
—Señores, dense la vuelta —digo sonriendo y cogiendo algunas prendas.
Los minutos siguientes están llenos de murmullos nerviosos y la risa contenida que provoca vernos vestidos como si hubiéramos salido de una foto en blanco y negro.
Una vez los tres estamos ataviados, con trajes, sombreros y en mi caso, una peluca rubia que contrasta totalmente con mi color natural, antes de abrir la puerta, susurro:
—De acuerdo, a por ellos.
El ambiente en el barco es inquietante. Todo parece tan real que por momentos olvido que estamos en el siglo xxi .
Los pasajeros pasean despreocupados, charlando y riendo, en tanto que nosotros avanzamos con pasos medidos, tratando de no llamar la atención.
Cada cruce de pasillos me pone los nervios de punta, no obstante, mi determinación es más fuerte que el miedo.
Cuando llegamos a la sala de seguridad, nos detenemos a unos metros de la puerta.
A través de la pequeña ventana de cristal templado puedo ver la luz de los monitores parpadeando en la penumbra, no parece haber movimiento.
Case se adelanta y nos mira, levantando un dedo para pedirnos silencio.
Observa con atención a través del cristal antes de asomarse un poco más para cerciorarse de que nadie está dentro.
—Parece vacía —susurra, girándose hacia nosotros.
—¿Y si entran de repente? —pregunto, incapaz de relajarme todavía.
—No lo creo. Mirad esto.
Señala un cartel colgado junto a la puerta: «Mantenimiento técnico. Sistemas de seguridad en revisión. Acceso restringido».
Asiento con cierta incredulidad, sin embargo, todo encaja con los pequeños fallos eléctricos que hemos percibido desde que estamos a bordo.
—Tienen cámaras por casi todo el barco, no obstante, si están usando un sistema híbrido como mencionaste, no me extrañaría que también tuvieran problemas técnicos. Apostaría a que trasladaron el control temporal a otro lugar —explica Nathan mirándome esperanzado.
—Perfecto, ya nos tocaba algo de suerte de nuestro lado —respondo, aunque mi corazón sigue latiendo con fuerza.
Case se agacha frente a la cerradura y saca un pequeño trozo de alambre que ha doblado con habilidad para convertirlo en una ganzúa improvisada.
Lo observo trabajar con rapidez, no obstante, cada segundo se me hace eterno.
Entonces, un «clic» casi inaudible llena el pasillo, y la puerta cede con un leve chirrido.
—Pasad y daos prisa, yo vigilo —indica el señor Case desenfundando su arma.
Dentro contemplo monitores alineados en una pared, cada uno mostrando una parte distinta del barco. La tenue luz azul de las pantallas ilumina ligeramente el espacio, proyectando sombras fantasmales sobre las paredes.
—Estamos solos —murmura Nathan después de echar un vistazo rápido alrededor.
Cierro la puerta detrás de nosotros y tomo aire, dejando que el alivio se apodere de mí por un instante. Aun así, no hay tiempo para relajarse. Nos acercamos a las pantallas, buscando frenéticamente entre las imágenes la pista que necesitamos.
—¿Cómo los localizaremos si están en una zona sin cámaras?
—Por esto —Nathan señala un monitor en donde vemos pasar a uno de los matones que trabajan para mi suegra.
Imposible olvidarlos. Mira el mapa que hay frente a nosotros pegado en la pared y asegura—: Si este tipo está en estos pasillos, seguramente venga de aquí, de la cubierta D, originalmente para tripulación y maquinaria auxiliar.
Apuesto a que hay una zona sin terminar ahí abajo.
—¿Crees que tu familia está metida en la financiación de este buque? Parecen saber demasiado.
—Ya no sé qué creer, pero es posible que a través de algún grupo empresarial de los que poseemos hayan estado involucrados, no es algo que mi madre haya compartido conmigo y ahora sabemos por qué…
El escozor de Nathan en su voz me agrieta el corazón. Le agarro la mano, haciendo que se gire para mirarme y garantizo:
—Vida, tú y yo juntos vamos a superar esto, te lo prometo.
Asiente regalándome un fugaz beso.
—Tenemos que movernos rápido —indica, revisando las imágenes en busca de guardias cercanos y estudiando cada cámara que hay de aquí a nuestro destino.
Veo como coge un bolígrafo que descansa junto al monitor y garabatea en el dorso de su mano. Tras dejarlo en su lugar, tira de mi brazo, sacándome de la sala de seguridad.
—¿Todo en orden? —pregunta Case, respirando aliviado al ver que salimos.
—Sí, cubierta D, hacia popa y a babor —responde Nathan con seguridad.