A través del tiempo y del Atlántico Capítulo 29 #3
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Capítulo 29 #3

—Tranquilícese, preferimos asustar que matar.

Aunque debo reconocerle al señor Eaglethorn su parte de mérito.

Ha puesto mucha seguridad en esa mansión, tendría que mandar demasiados efectivos para combatir a su equipo y la verdad me da bastante pereza, en cambio, tal vez, uno de mis francotiradores…

Siento el miedo húmedo resbalar por mi rostro, estrellándose sobre la fría pila. Mirándome en el espejo, decido hacer una jugada altamente kamikaze.

—En ese caso, debería saber que, si le pasa algo a ella, a Derek o a mí, una copia completa de la investigación terminará en manos de todos los medios de comunicación vía email.

Y, por si se lo pregunta, el correo original ya está en poder de varios abogados, que esperan noticias nuestras cada poco tiempo, se lo puedo asegurar.

Si yo fuera usted me olvidaría del sueldo y buscaría una tierra cálida y sin tratado de extradición donde disfrutar la jubilación, porque le aseguro que sus jefes, mañana a estas horas, estarán entrando esposados en las comisarías más cercanas a sus domicilios.

Aunque también puede hacer un último servicio leal a esas familias y avisarles de mis planes.

Ya sabe, a los Cavendish, los Blackwood, los Ashbourne —estos últimos están íntimamente ligados con la política actual—, los Thornhill…

Desde luego nadie dirá que no sirvo para actriz, mi mentira parece haberle hecho pensar.

El silencio denso que fluctúa por la línea casi se puede tocar, haciéndome pensar por un instante que, si me ha creído, entiende que esto es un jaque mate.

—Señorita, es usted realmente astuta, en serio, si no hubiesen salido de la mansión incluso me lo hubiese puesto difícil para contactar con usted, y es probable que como bien dice, mañana todo hubiese terminado para mis jefes, no obstante, ahora que ambos sabemos que en la vida todo tiene un precio, voy a preguntarle. ¿Cuánto vale la vida de Nathan?

Mis piernas flojean, tanto que doy unos pasos erráticos atrás, hasta entrar en un cubículo y sentarme sobre la tapa del inodoro.

—Nathan está… —digo con un hilo de voz.

—Vivito y coleando, de momento…

—¿Cómo sé que es cierto? —atino a preguntar no sé muy bien cómo.

Un nuevo zumbido me advierte de lo mismo que Case está a punto de anunciar.

—Mire el mensaje que le acabo de enviar.

Con premura me despego el auricular, reviso los mensajes entrantes, y a punto estoy de perder el terminal a causa de los temblores incontrolables de mis manos, al ver una fotografía de Nathan con un periódico de hoy.

No puedo evitar fijarme en que en un gesto para mí algo retorcido, la primera imagen del diario habla a toda página del inminente viaje que hará el Titanic Phoenix.

Observo los ojos de Nathan, con la vista emborronada por todas las lágrimas que creía encerradas y que se han liberado con la fuerza de un oleaje salvaje, reflejando en cada una de ellas la mezcla caótica que me invade en este instante, felicidad y terror.

Saber que está vivo lo cambia todo, sin embargo, ser consciente de todas las vidas que dependen de mí me aterra.

Sé que ahora mismo todos estamos en sus manos y no me queda otra que moverme, hablar y confiar en que encontraré una salida.

—No le hagáis daño, por favor —suplico en un susurro.

—Eso depende enteramente de usted. Haga exactamente lo que le pida, olvide lo que sabe y mañana a estas horas le prometo que estarán viviendo sus vidas con paz y armonía. Mi interés es que nadie salga herido.

—¿Igual que mis padres? —He sido incapaz de contener mi lengua.

—Lo siento de veras, aquello fue un lamentable accidente.

Céntrese en recuperar la investigación sin que su amigo la siga, habrá un taxi esperándola cerca, el conductor sabe dónde debe llevarla.

No hace falta que le diga que el único móvil que debe continuar con usted es este…

Siga las instrucciones al pie de la letra y le prometo que todo acabará pronto, pero es mi deber hacerle entender que nunca estará sola, siempre habrá unos ojos observando sus movimientos, por su bien, el de su novio y amigos no intente estupideces.

Usted cree saber a quién se enfrenta, pero en realidad no tiene ni idea del poder que tienen ni quienes son.

Los más importantes también son los que más en las sombras han operado siempre…

—advierte con calma, con palabras que buscan aterrarme.

Si bien, consigue el efecto contrario, pues ahora más que nunca pienso hacer que paguen. Su inmunidad acabará pronto, pienso, siendo consciente de que la comunicación se ha cortado, posiblemente haya sido el señor Case quien haya colgado.

Miro el teléfono, viendo que acaba de llegarme una ubicación GPS.

Con las pulsaciones disparadas, sintiendo que cualquiera que esté a menos de veinte metros de mí puede escuchar el retumbar desenfrenado de mi corazón, salgo del aseo, dirigiéndome hasta la mesa en donde Derek aguarda.

—Has tardado mucho, un minuto más y hubiese ido en tu busca —asegura y algo me dice que lo hubiese hecho sin dudar.

—No me encuentro muy bien, me acaba de bajar el periodo… —miento, pensando en que se me acaba de ocurrir la forma de despistarle unos minutos.

—En ese caso, será mejor que pague la cuenta y volvamos al apartamento.

—Sí, será lo mejor, pero necesitaría un gran favor, tampones no es algo que ahora mismo viaje conmigo…

—Hay una farmacia cerca, adelántate al piso y ahora voy yo con todo lo que necesites —resuelve tendiéndome las llaves.

La naturalidad con la que habla del tema demuestra que es un hombre que ha apoyado a sus hermanas desde siempre en todas las facetas del crecimiento femenino.

Agobiada, porque sé que mínimo una de ellas está en peligro y sintiéndome una persona horrible por mentirle, decido coger las llaves y salir disparada por la puerta; no soy capaz de mirarle a los ojos, a esos ojos que espero que no me odien cuando descubran mi engaño.