Capítulo 9 #3
—El Titanic no se hundió accidentalmente y es probable que, a consecuencia de ello, mis padres fueran asesinados. Necesito descubrir la verdad. —Fue la frase bastante rocambolesca con la que rompí mi estado de mutismo.
Dejé que Nathan comprendiera lo que acababa de confesar, mientras le observaba con expresión seria acariciarse el mentón, gesto que él no era consciente de hacer cuando meditaba algo que le rompía los esquemas.
—Bien, vida, lo primero de todo, es que si la muerte de tus padres no fue accidental lucharemos por hacer justicia. Lo segundo es que, si el Titanic no se hundió como siempre nos han contado, es algo que me encantaría descubrir pues como sabes, es un tema que me apasiona.
Ante su templanza, incapaz de entender su actitud, mis nervios se desbordaron.
—¡Nathan! ¿comprendes lo que esto implica? ¡Hay gente que mata por encubrir lo que sea que ocurrió en mitad del Atlántico!
—Helena, tranquilízate, no sabemos si realmente la muerte de tus padres está relacionada o no. Sinceramente, en poco más de un mes hará cien años del hundimiento. ¿Cuántas personas implicadas podrían continuar con vida?
—¿Y si mi madre tenía razón y todavía se benefician hoy en día?
—Vamos a sentarnos y a hablarlo con calma. ¿Puedo leer la carta? Necesito toda la información para hacer una valoración objetiva.
Le di acceso a la misiva y tras leerla, expuso:
—Te prometo que, si hubo un crimen en la muerte de tus padres, seremos implacables hasta que los culpables paguen.
Respecto a lo ocurrido con el Titanic, vamos a investigar y vamos a llegar al fondo de esto, pero desde ya te digo que creo que poca justicia lograremos, como poco, si hubo algún delito en ese naufragio, todo ello estará prescrito.
—Vamos a tomar otro café antes de empezar este día, que se nos va a hacer muy largo —respondí sin saber muy bien qué pensar.
Sentados frente a esa nueva taza de café, con el diario y las cartas ante nosotros, frotándome los ojos a causa del cansancio que de pronto se adueñó de cada célula de mi cuerpo, pregunté:
—¿Qué se supone que vamos a hacer? Tengo que ir a trabajar y tú también.
Nathan me sostuvo las manos, asegurando con calma:
—De momento esperar, si esta verdad lleva oculta un siglo no ocurrirá nada porque nos tomemos unos días para valorar nuestras opciones.
—Tienes razón.
—¿Qué te parece si comenzamos a investigar con tranquilidad desde aquí?
—Mi amor, no quiero que te metas. Tú le restas importancia, pero algo dentro de mí, en lo más profundo de mi alma —enfaticé posando ambas manos en mi pecho—, me dice que la muerte de mis padres está relacionada con esto.
Déjame averiguar qué ocurrió, te prometo que cuando lo descubra te lo contaré todo, si bien, mantente al margen hasta entonces.
—Helena, sea como sea, estás hablando de poner patas arriba la historia conocida. ¡Ni de broma me pierdo algo así!
Nathan intentó disimular el entusiasmo que le embargó ante la idea de adentrarnos en todo lo referente al naufragio del Titanic, por el contrario, yo presentía que algo horrible iba a ocurrir, y, pese a todo, me sentía incapaz de mirar hacia otro lado y no descubrir qué les ocurrió a mis padres.
Al tiempo que la seguridad que mostraba mi novio me llenaba de un sentimiento de positividad que me decía que no fuera alarmista, que juntos podríamos con todo.
¡Qué ingenua fui y cuánto me arrepentiría de aquella conversación pocas semanas después!
—Está bien, lo haremos a tu manera —claudiqué por fin.
—Bien, en ese caso empecemos por saber a quién se refiere tu madre, que yo sepa solo tenía un hermano, ¿no?
—Así es, sin embargo, eso de la hermana es fácil y difícil a la vez. Se refiere a Diana.
—¿Su amiga de la infancia? ¿La que vive en Argentina?
—Exacto, ella siempre la consideró una hermana y yo algo así como una tía, aunque los años y la distancia no nos hayan dejado vernos como nos gustaría.
—¿Significa que nos vamos a Argentina?
—No, primero voy a pasar por casa de mi abuela a buscar las cosas que se quedaron allí de mi madre.
Algo me dice que las respuestas están en Londres; si ella fue a buscarlas y no volvió es allí por donde empezaremos.
No quiero que nadie, aparte de nosotros, sepa que estamos investigando.
Lo que necesitamos es hacer como si nada, investigar desde aquí lo que podamos y coger un par de billetes para visitar Inglaterra dentro de quince días, durante la Semana Santa, con la excusa de pasar unos días con tu familia.
—Bien. ¿Dónde crees que escondió tu madre su investigación?
—Ni idea, después del maletín, la sorpresita del diario y la caja de música… me espero cualquier cosa. Sin embargo, Londres fue el último lugar en donde estuvo y será el primero por el que empecemos, si ni allí ni entre sus cosas encontramos nada, entonces, y solo entonces, meteré a Diana en esto.
—Esa cabecita maquinadora sin dormir da miedo, con la mente despejada no tendrás límites. Dúchate, llegaremos tarde —pidió, dándome un leve azote en el trasero para que me encaminase al baño.