Capítulo 7
Apartamento de Helena y Nathan
Unos toques en la puerta hicieron que levantase la cabeza del diario.
—Helena, cielo, la cena se está enfriando —aclaró Nathan, disculpándose con sus bonitos ojos por la intromisión.
Al mirar mi reloj, comprendí que el tiempo había pasado volando. Me levanté y seguí a mi chico hasta el salón, en donde un caldo de verduras y una dorada a la sal me recordaron que mi apetito es como una pantera al acecho: silenciosa y paciente.
—¿Algo interesante? —preguntó mientras cenábamos.
—De momento, solo sé que el diario perteneció a una mujer joven de la alta sociedad inglesa de principios del siglo xx . La relación con mi familia o con mi madre todavía la desconozco, no obstante, mentiría si dijera que no estoy deseando seguir leyendo, es adictivo.
—Bien, en ese caso, termina de cenar y ve a seguir. Yo recojo.
Con prisa, engullí los últimos trozos de pescado, vacié el contenido de la copa de vino y, tras darle un fugaz beso en los labios a Nathan, volví a encerrarme en el despacho. Estaba deseando saber qué ocurrió en aquel baile.