Capítulo 6
Hoy mamá tiene peor color, digan lo que digan ella y Madeleine, sé que esa enfermedad de la sangre, para la que no parecen encontrar cura, la está matando.
Ella lo niega, no obstante, ¿qué más prueba hay que lo acontecido hoy?, entregándome este diario, obsequio de Sophie por mi último cumpleaños, a la vez que me decía:
—Cat, mi dulce y fuerte niña, este diario es tu puerta a la madurez, en él podrás expresar todo aquello que te inquieta, de igual forma que si lo hablas conmigo. Debes empezar a usarlo, te hará bien.
—Si puedo hablar contigo, ¿para qué quiero el diario? —he preguntado, fingiendo total ingenuidad.
Detesto profundamente que las personas me traten como una niña, ya no lo soy. Tengo dieciséis años y, que me oculten la verdad, no hará que cuando mi querida madre falte me duela menos.
Ella ha respondido:
—Bueno, tienes razón, si bien, es una pena que no saques tiempo para escribir en él, la cubierta es una obra de arte. Y hay quien dice que anotar nuestros más íntimos pensamientos libera el alma. Guárdalo, si algún día falto piensa en lo que te he dicho.
En un primer momento, mi intención era escribir tan solo una breve dedicatoria, con la esperanza de poder regalárselo algún día a mi futura hija, por su decimosexto cumpleaños.
Esa niña que deseo sea quien continúe esta tradición, y que así, este precioso diario pase de generación en generación, dejándonos un legado valioso de recuerdos.
Sin embargo, reconozco que, en este instante, expresar mis sentimientos más ocultos, sin temor a ser juzgada, resulta extremadamente tentador.