Capítulo 2
—¡Nooo! —grito, viendo caer su cuerpo sobre el frío suelo de baldosas bicolor.
Quiero volver a entrar, no obstante, una mano aferra mi muñeca con fuerza, obligándome a ir en dirección contraria.
—Helena, entra en el coche. —Escucho junto a mí.
Obedezco sin voluntad, sintiendo las lágrimas surcar en cascada infinita mis mejillas.
Atravesando las calles de mi infancia, a toda la velocidad que el vehículo logra alcanzar, permito que la culpa se instale en mi alma, mientras mi mente decide volver al pasado, exactamente, al momento en que toda esta locura comenzó.