16. Sexo sin compromiso #2
—¿Te acuerdas de Rafael? —pregunté a mi vez.
—¿Rafael? ¿El enfermero? —se asombró. Él y Lola intercambiaron una miradita—. ¿Tú sabías que ese chico era gay?
—No, ni idea —contestó ella—, no lo parecía, ¿verdad?
—¿Estás seguro de que era gay?
—¿Estás seguro de que quieres que te responda? —le dije a mi padre.
Pareció considerar un momento que yo había pasado la noche fuera haciendo no-se-sabía-muy-bien-el-qué con él y segundos más tarde, pareció haber cambiado de idea.
—No, mejor que no —respondió al final.
—¿Estáis saliendo? —preguntó Lola.
Pablo puso un reconfortante plato de crêpes con nata y sirope delante de mí, y una más que reconfortante taza de café.
—No lo sé, yo…
—¿Usaste condón? —me preguntó mi padre, de repente.
—¿Qué?
—Ese chico es enfermero —dijo Lola—, él sabe lo que se hace. Seguro que Noah usó condón.
—Más bien, el otro usó el condón con Noah —intervino mi amigo por primera vez.
—¡Pablo! —me quejé.
—¿Qué? ¿Qué tiene de malo que tu padre sepa que tú prefieres ser el pasiv…?
—¿Sabéis qué? Creo que terminaré de desayunar en mi cuarto.
Cogiendo mi plato y mi taza, me dirigí a mi habitación.
«Para esto, me hubiera quedado a desayunar con Rafa», pensé, algo enfadado.
Puse mi plato sobre el escritorio, del que tuve que quitar bastantes objetos para hacer espacio, y me senté a comer.
Como esperaba, segundos después apareció Pablo, trayendo su propia taza de café.
—Lo siento —me dijo. Pensé que se disculpaba por haberse follado a Samuel en mi cama y haber violado flagrantemente las reglas de mi casa, pero para mi asombro añadió—: No debí haberle dicho eso a tu padre. No pensé que te diera vergüenza que…
—No estoy enfadado por eso —le espeté. Luego me lo pensé mejor—. Bueno, eso no me hizo ninguna gracia, pero no estoy enfadado por eso — remarqué—. Lo que hiciste anoche…
—Ya lo sé, ya lo sé… —dijo, cerrando cuidadosamente la puerta tras de sí.
—Por todos los infiernos, Pablo, ¿en qué demonios estabas pensando? Se supone que no puedes traer chicos aquí.
—Lo siento.
—Como mi padre se entere de que has tenido sexo en casa, se va a enfadar. Joder, tío, ya que te estás quedando aquí, por lo menos cumple las normas que…
—Ya lo sé, lo siento —me interrumpió—. Yo no quería… No pensé que…
Se sentó sobre la cama, con actitud abatida.
—Pero, ¿qué fue lo que pasó? —pregunté, suavizando la voz y sentándome junto a él.
Había bajado la mirada, que se mostraba triste, como meses atrás.
—Fue maravilloso, Noah. Samy es maravilloso, y yo… Joder, cuando vino aquí yo no creía que él quisiera… No se me pasó por la cabeza que él quisiera tener sexo conmigo.
—¿Fue cosa suya? —me sorprendí, habiendo dado por sentado que Samuel debía de haber caído en las redes de seducción de mi amigo.
—Sí. En teoría, vino a disculparse. Llegó un rato después de que tú te fueras y le invité a tomar un refresco. Me dijo que no quiso ofenderme, que no había hecho ese comentario para molestarme. Me preguntó si tú me gustabas —sonrió—, creo que estaba un poco celoso.
—Ya decía yo… —mascullé.
—Luego vinimos aquí —continuó—. Me pidió que le enseñara alguno de mis cuadros. Estuvimos un rato hablando, y cuando me quise dar cuenta, se me había tirado encima.
Puse los ojos como platos.
—¿Samuel se te tiró encima?
—Sí, me bajó la bragueta y empezó a chupármela. Me puse como un verraco, así que le puse a cuatro patas, le cogí la…
—No me lo cuentes, por favor. Demasiados detalles para mi gusto. Total —intenté resumir—, que follasteis.
—Tres veces —remarcó Pablo.
—Vale, ¿y luego?
—Luego seguimos hablando. Samuel me habló un poco de su novio. Al parecer, ese tío le está agobiando. —Frunció el ceño, como si estuviera luchando consigo mismo—. No me gusta cómo trata a mi Samy —susurró.
—¿Y…?
—¿Y qué?
—¿Va a dejarlo o algo así? —pregunté con dulzura—. ¿Hablasteis de volver juntos?
—Por supuesto que no —pareció extrañarse.
—¿Pero qué…?
—Solo fue sexo, Noah.
—¡Y una mierda! —exclamé levantándome—. Sigues enamorado de él.
—Noah…
—Y él siente algo por ti. No me jodas, solo usa a Jero para…
—No me vengas con esas ahora. Cuando Samuel y yo cortamos, fue para siempre.
—¿Por qué coño tienes que ser tan cerrado?
Pablo tensó los labios en un gesto de cabezonería.
—Vale —le dije—, te equivocaste, le pusiste los cuernos y te portaste como un cabrón. Supéralo de una puta vez y vete a luchar por lo que quieres.
—Hay que ver lo melodramático que te me pones a veces —dijo, levantándose y apartándose de mí para ir hasta la ventana.
Le seguí y abracé su espalda.
—Melodramático no, Pablo, lo que pasa es que… Joder, me preocupo por ti, eso es todo. Solo quiero verte feliz, para variar —le dije. Giró el rostro para mirarme y continué—: Con lo confiado que eres para otras cosas, pero cuando hablamos de Samuel, tú…
—¿Yo qué?
—Te vuelves tan inseguro —le dije.
Suspiró.
—Solo he hecho lo que creía que era correcto.
—Ya lo sé. Pero metiste la pata, con buenas intenciones o no —añadí para cortar una protesta por su parte—, te equivocaste al no querer seguir con él. Asume ya tu error e intenta arreglar las cosas —le pedí.
Volvió a suspirar y negó lentamente con la cabeza.
—No es eso lo que Samuel necesita. Lo que él necesita es un buen chico que le trate bien y que…
—Venga ya, hombre —exclamé enfadado, apartándome de él—. No sé cómo te aguantas a ti mismo.
Cogí mi taza de café, descubriendo al hacerlo que ya no tenía ningún apetito.
—Y a ti, ¿qué tal te ha ido? —le oí preguntar a mi espalda.
Le miré con antipatía, molesto por ese poco sutil cambio de tema.
—Bien —contesté con sequedad.
—¿Solo bien? —preguntó—. Has dormido con Rafael, ¿y solo estuvo bien?
—Le di la callada por respuesta y decidió continuar para picarme—.
Y cuando digo dormir, me refiero a follar, porque tienes pinta de no haber dormido en toda la noche, pillín —concluyó, intentando alcanzarme para hacerme cosquillas.
—Ya sé a qué te referías —le espeté, apartándome de él.
—¿Entonces?
—Estuvo muy bien, ¿vale?
—Pero no genial —me presionó. Me giré para mirarle, frunciendo levemente el ceño—. ¿Qué pasa? ¿Es que no folla bien?
—No, no es eso.
—¿No te corriste?
—Claro que me… —Chasqueé la lengua, decidido a no contarle a mi amigo que Rafael había tenido un gatillazo.
Yo sabía que eso podía pasarle al más pintado, pero también sabía que Pablo se burlaría de él a causa de ello—.
Ya te he dicho que no es eso. No fue el sexo lo que me mantuvo en vela toda la noche.
—¿Ah, no? —preguntó Pablo poniendo pucheros—, pues vaya decepción.
Le lancé una miradita para darle a entender que no estaba para bromas, antes de sentarme en la cama.
—No —dije—, no pude dormir porque estuve pensando en…
—… En que Pablo tenía razón —dijo mi amigo, sentándose a mi lado y dándome una cariñosa palmada en la rodilla—.
Te has dado cuenta de que Rafael te gusta más de lo que tú mismo pensabas en un principio, te preguntas si no te habrás precipitado y dudas de si estás preparado para tener una relación —concluyó.
Abrí la boca como un idiota, gesto que Pablo debió de interpretar como una invitación para continuar—.
Pero eso no debería ser un problema, salvo que tú pensaras que ese tío quiere algo serio contigo, ¿ mmhh ?
—Golpeó levemente su costado contra el mío, esperando una respuesta.
Bajé la mirada.
—Anoche prácticamente me dijo que no creía en el sexo sin amor —solté de repente.
—¿Que no creía en el qué? —exclamó Pablo antes de estallar en carcajadas.
—Ya sabía yo que ibas a descojonarte.
—¿Y eso qué significa? —preguntó aún riéndose—, ¿que está enamorado de ti?
—No, claro que no. Me dijo que yo era el primer tío con el que estaba sin tener una relación, pero eso me hace pensar que es precisamente eso lo que él quiere. De hecho, antes de hacerlo, me dijo que temía involucrarse demasiado y que eso no fuera lo que yo quería.
—¿Y tú qué le dijiste?
—Que no tenía nada que temer —dije casi con vergüenza.
Pablo soltó un leve gorjeo y se tapó la boca con su enorme mano.
—Ay, Noah, por favor, no me digas que le dijiste eso solo para poder follártelo.
—No —dije al instante, casi ofendido—. O al menos eso creo… Cuando se lo dije, lo pensaba de verdad, pero ahora…
—Estás hecho un lío, para variar —terminó por mí—. Bueno, ahora tienes dos opciones —dijo Pablo, pasando un brazo por encima de mis hombros.
—¿Que son…?
—La primera es decirle que lo de anoche fue maravilloso, pero que te has dado cuenta de que no es eso lo que necesitas ahora mismo.
—Es decir, romper con él muy educadamente —deduje.
—Exacto. La segunda es decirle que anoche lo pasaste tan bien que te gustaría que las cosas no cambiaran entre vosotros dos.
—O sea, un manera fina de decir que quiero que nos sigamos viendo, pero sin compromisos.
—Vaya, esto se te da mejor de lo que yo pensaba —dijo en tono burlón—. ¿Qué es lo que tú quieres hacer?
—Yo quiero seguir viéndole, pero…
—Pues entonces la segunda opción. Todo solucionado —anunció levantándose.
Sin embargo, yo no estaba tan seguro.
—Pero… ¿Es justo que esa decisión la tome yo solo?
—¿Cómo? —preguntó mi amigo, girándose hacia mí, desconcertado—.
Pero, cariño, ¿cuál es el problema? —inquirió, sentándose de nuevo a mi lado—.
Estoy seguro de que, a pesar de las cosas que te dijo anoche, él no esperará que te cases hoy con él solo porque anoche follasteis —razonó—.
Ya es mayorcito para entender que tú necesitas tu espacio.
Mi opinión es que ya tendréis tiempo de romperos el corazón el uno al otro, pero por ahora deberíais concentraros en divertiros y dejar las complicaciones para más adelante.
Pensé en Rafael, en lo dulce que siempre había sido conmigo, en la extraña confesión que me hizo la noche anterior y la suavidad y ternura del sexo que habíamos tenido; y sin embargo, en ningún momento me había dicho nada acerca de compromisos o de amor.
¿No estaría yo exagerándolo todo como siempre? Meneé levemente la cabeza.