2. Flechazos #2
—¿A qué te refieres? —pregunté poniéndome a la defensiva.
—Bueno, es que todos somos de familia bien, pero tú, en cambio…
—¿Qué? —exploté—. ¿Me vas a decir que esto es una cuestión de clases sociales? Ni que estuviéramos en el siglo XIX…
—No, no es eso, no me has entendido. No quiero decir que nosotros nos sintamos mejor que tú porque tenemos más dinero.
Lo que quiero decir es que tú pareces creerte mejor porque no lo tienes.
—Abrí la boca para protestar, pero él no me dejó hablar—.
Nos consideras a todos unos pijos, y se nota que nos desprecias por ello, ¿me equivoco?
—No es que desprecie a los pijos, es solo que… —Samuel me hizo un gesto para que continuara—. Me da rabia la gente que tiene las cosas tan fáciles.
—Yo no tengo la culpa de ser un «niño de papá» —me dijo—, pero no creas que por eso he tenido una vida fácil.
Recordé las cosas que Samuel me había contado sobre sus experiencias en el instituto, sobre el desprecio de sus padres, y me sentí mal por haberle metido en el mismo saco que a los demás.
—Yo sé que tú no, pero…
—Ni yo ni casi nadie. Nadie lo tiene tan fácil como crees. Supongo que tener padres con pasta me habrá ayudado de alguna manera, pero no es como si hubiera caminado toda la vida sobre una alfombra roja.
—Lo sé, lo siento.
—No lo sientas, Noah, solo deja de pensar así de la gente que tiene más dinero que tú. Además, tú tienes esa beca, ¿no?
—Sí —dije, a la vez que recordaba que no la había obtenido por mis méritos académicos precisamente. Dijera David lo que dijese, yo era dolorosamente consciente de que si no me hubiera liado con él, no la hubiera obtenido.
—Y vas a hacer unas prácticas a las que los demás no tenemos derecho —me recordó—. A ver quién parte con ventaja aquí —dijo en tono amistoso—. Las empiezas pronto, ¿no?
—Mañana —contesté, recordando con quién iba a encontrarme allí y lo incómodo que sería—. Clara también las hará —le recordé.
—Lo sé, pero ha cambiado su horario para no coincidir contigo.
Me ruboricé de pura vergüenza al oír eso, pero supuse que sería lo mejor.
—Oye, por cierto, ¿qué tal la fiesta de David? —pregunté tanto por curiosidad como para cambiar de tema.
—Ah, muy bien. El hotel era precioso, y hacía muchísimo frío; incluso estuvo nevando.
—Entonces, lo pasasteis bien…
—Pues sí, fue muy divertido —respondió, sonriéndome por fin—.
Deberías haber visto la cara de David cuando descubrió todo el tinglado que había montado Clara.
No sé por qué te cae mal, Noah; a mí me parece un tío de lo más divertido.
Además, me sigue pareciendo muy, muy guapo.
—Suspiró con pesar—. Una pena que me haya equivocado con respecto a él.
—¿Qué?
—¿Recuerdas que te dije que creía que era gay?
—Sí.
—Pues me equivocaba. ¡Menos mal que no le dije nada a Clara!
—¿Cómo que te equivocaste? —pregunté muy extrañado al oírle decir eso, porque yo sabía que no era así.
—Sí, es la primera vez que mi sexto sentido me falla —dijo él, malinterpretando mi extrañeza—. O ese tío es el mejor actor del mundo, o le gustan las tías.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Ah, pues que conoció a una chica y… —dijo mientras elevaba las cejas elocuentemente.
—¿Y qué? —pregunté mientras se me helaba la sangre.
—¿Tú también pensabas que era gay? —dijo al ver que me ponía pálido—. ¿No me digas que te gustaba? —inquirió, acercándose peligrosamente a mi secreto.
—No, pero… ¿Cómo que conoció a una chica?
—Quieres cotillear, ¿eh?
—Sí, claro —dije intentando recomponer el semblante. Samuel era un chismoso de primera, que creyera que yo también lo era me venía muy bien en aquel momento.
—Pues mira. —Acercó su silla más a la mía y se arrimó contra mí con cara de entusiasmo—.
Resulta que era una de las chicas que trabajaba en el hotel, una prima de su amigo o algo así.
Ella fue a la fiesta también, y he de decir que es bastante guapa e iba muy bien vestida.
Llevaba un vestido palabra de honor de color granate y unos peep-toes negros a juego con…
—Al grano, Samuel… —le dije, no muy interesado en la moda en ese momento.
—Ah, pues eso…, que se enrollaron esa noche. Por lo visto, David tuvo un cumpleaños movidito, ya me entiendes —dijo picarón, dándome un codazo en las costillas. Quizás por eso me empezaron a doler las tripas. Por eso, o porque me estaba muriendo de celos.
—Ya —dije. El viernes por la noche yo mismo había tenido mis escarceos en el Sodoma, no tenía nada que reprocharle a David, pero eso no hacía que no estuviera menos dolido—. Bueno, un rollo lo tiene cualquiera.
—Oh, ahora viene la mejor parte del cotilleo —me dijo Samuel elevando las cejas varias veces—. Al parecer, no fue cosa de solo una noche. Estuvieron juntos tooodo el fin de semana, y van a volver a verse.
—¿Cómo?
—Pues él irá a Euskadi de vez en cuando, o ella vendrá aquí.
Lo tendrán complicado viviendo tan lejos el uno del otro —respondió Samuel como si creyera que yo le estaba preguntando por un problema de organización—.
Por lo visto, David le dijo a su hermana que habían tenido un flechazo, y este fin de semana se va de nuevo a Euskadi.
¿No es romántico? —dijo desprendiendo chiribitas de emoción por los ojos.
Preferí no contestar por si acaso—. Clara está bastante contenta de que su hermano tenga un lío, porque dice que lleva solo mucho tiempo, así que la fiesta de cumpleaños salió más redonda de lo que pudimos planear. Una pena que te lo perdieras, Noah.
De repente pensé en lo que hubiera pasado si yo hubiese estado allí.
Y en lo que no hubiera pasado. Pensé que en cualquier caso, David no se hubiera puesto a ligar delante de mí, y que quizás, a pesar de lo que me había dicho por teléfono, quien habría terminado esa noche en su cama hubiera sido yo y no esa chica. Había sido un idiota por no ir.
—Sí —dije abatido—, una pena.
—Que ha tenido un flechazo, ¿te lo puedes creer?
—exclamaba unas horas más tarde para desahogarme en casa de Pablo.
Él estaba sentado en su cama y me miraba atentamente, mientras yo me fumaba un canuto y le contaba lo relativo a David: que no solo había tenido sexo, sino que encima fue con una chica, y que encima iban a empezar a salir—.
Hace apenas un mes estaba enamoradísimo de mí, y ahora va y tiene un flechazo. ¿De qué coño va?
— Pse , vete tú a saber.
—Entiendo que quisiera echar un polvo —dije dando una nueva calada y caminando en círculos por la habitación—, entiendo que quisiera desahogarse con una tía, o con un tío, o con quien sea… Pero de ahí a que vaya a empezar a salir con alguien… ¿No se suponía que estaba enamorado de mí?
—Se suponía —dijo Pablo, quitándome el porro de las manos.
—Puede ser que esté intentando olvidarme —aventuré en busca de una explicación que me permitiera mantener la esperanza—.
Como lo nuestro es imposible, a lo mejor está intentando buscar una manera de superarme.
—Miré a Pablo en busca de respuestas, pero él se encogió de hombros—.
Al fin y al cabo, eso hice yo en el Sodoma este finde.
—Sí, pero si fuera así, solo se la habría tirado, en vez de pensar en iniciar una relación. Salvo que… —divagó exhalando el humo mientras algo se le ocurría.
—¿Salvo qué?
—Salvo que lo haga por aparentar —concluyó elevando las cejas.
—¿Aparentar? —le pregunté cogiendo de sus manos el porro—. ¿Crees que David intenta ocultar su homosexualidad saliendo con una chica? —Pablo asintió—. No —dije decididamente antes de dar una calada—, David no es de esos.
—¿Ah, no? Se supone que no se decide a estar contigo porque no quiere salir del armario.
—Ya, pero esto es diferente. No es la primera vez que David sale con una chica —le conté.
—¿David es bi? —se sorprendió.
—Sí, eso creo.
—Pues entonces, cariño… —me dijo con un tono de voz muy dulce y calmado—, deberías plantearte que quizás esa chica le gusta.
—¿Qué quiere decir eso? —le pregunté—. ¿Cómo puede ser que le guste alguien si está enamorado de mí? —Paré un momento mientras pensaba en las implicaciones de lo que Pablo decía—. ¿Crees que se puede querer al mismo tiempo a un chico y a una chica? —pregunté al final con bastante ingenuidad.
—Vete tú a saber de qué son capaces los bisexuales, esos viciosos… —dijo Pablo reprobatoriamente. Para él, ser gay era como pertenecer a una religión que no debía profanarse con presencia femenina—. Pero no era eso lo que quería decir.
—¿Qué querías decir entonces?
—Que deberías plantearte la posibilidad de que en realidad David no siente nada serio por ti.
Me senté a su lado en la cama, permitiéndome contemplar esa posibilidad por primera vez.
—Entonces, ¿por qué me dijo esas cosas?
—Porque quizás las creía en ese momento, o porque a lo mejor quería camelarte para conseguir algo. No le des más vueltas, Noah. Sea lo que sea lo que David esté haciendo, te quiera o no, le guste esa chica o no, esto solo significa dos cosas.
—¿Qué dos cosas?
—Que ha decidido separarse definitivamente de ti, y que es un capullo, como yo siempre dije.
—No creo que este sea el mejor momento para que me eches el sermón de «ya te lo dije» —le reproché.
—Lo sé —me respondió, rodeando mis hombros y quitándome el porro casi acabado de mis manos—.
Pero ahora sé que nunca debí haberle concedido el beneficio de la duda.
Y tú tampoco debiste hacerlo. —Por mucho que me doliera, tenía que admitir que Pablo parecía tener razón esta vez; asentí lentamente para hacerle ver que le entendía—.
Olvídate de él, Noah —me dijo, zarandeando levemente mis hombros en señal de afecto—.
No vale la pena que te comas la bola por un tío que no siente nada por ti, o que no es suficientemente valiente para afrontarlo. Al final viene a ser lo mismo.