4. Un confidente, muchas revelaciones #2
—Porque nadie es bueno suficiente para su David.
Ellos siempre son juntos, as if they were brothers .
—Me miró, esperando una comprensión que no llegó—.
Hugo takes care of David , se… preocupa.
Ellos tienen un, no sé… a special bond, you know?
—Negué de nuevo, y Jamie pareció desanimarse porque yo no le entendía—.
I mean , ellos están muy… ¿Unidos? ¿Se dice así?
—Sí, se dice así —repliqué mientras notaba que un incómodo nudo se aposentaba en la boca de mi estómago.
—Desde pequeños, siempre juntos, juegan juntos, dormen juntos.
Mi corazón dio un doloroso vuelco.
—Espera un momento. ¿David y Hugo compartían habitación en el internado?
—Sí…
Por un instante dejé de oír lo que Jamie decía mientras recordaba lo que David me había contado sólo unos días antes: «Yo tenía un amigo allí, un amigo muy especial.
Habíamos compartido la misma habitación desde que éramos unos críos y siempre estábamos juntos.
» Miré hacia el salón y vi a David y a Hugo, ambos estaban juntos riéndose de algún chiste y mi desasosiego no hizo sino aumentar.
—… pero eso fue antes.
—Perdona, ¿qué decías? —pregunté al volver a la realidad.
—Que eso fue antes se enfadaren.
—¿Se enfadaron? ¿Por qué?
— I don ́t know . El último año at school Hugo se… ¿movió? a otro dormitorio. —Asentí para hacerle ver que le entendía—. David era muy triste. Yo pensé que no iban a… no sé la palabra —dijo con fastidio—. Yo pensé que no iban a ser amigos anymore . Pero luego David vino España.
—¿Qué pasó? ¿Por qué vino a España?
—¿No sabes?
—Solo sé que su madre es española, pero no sé por qué vive aquí y no con su familia.
Jamie miró hacia atrás para comprobar que estábamos solos en la terraza; luego se acercó a mí como si fuera a contarme una confidencia.
— He doesn’t like talking about this, but … él tuvo un accident .
—¿Un accidente? —pregunté, pero una idea se formó en mi mente—. ¿Cuando se hizo las cicatrices?
—¿David contó? —preguntó con asombro.
—Sí. Bueno, no. Me dijo que tuvo un accidente, nada más.
—Cuando terminó colegio, David vuelve a Germany para pasar verano. No sé muy bien, pero estaba en casa w ith a friend …, un amigo, I mean , y un hombre entró, no sé, maybe para… ¿robar?
—¿Un ladrón?
—Eso, un ladrón. Les… mmh … —Me miró, impotente—. No sé palabro .
Jamie puso las manos como si llevase un revólver. Ahogué una exclamación mientras recordaba la pequeña cicatriz de David en forma de moneda, justo debajo del corazón. Una herida de bala.
—Dios mío, eso es horrible. ¿Les disparó?
Jamie asintió con pesar.
—¿Y qué pasó?
—El amigo murió.
—¿Por eso se fue de Alemania?
—No solo. Su padre doesn’t accept him being …
—¿Gay?
—Sí. David came to vivir en España. Hugo era aquí, y con tiempo ellos…
—Se reconciliaron —terminé la frase por él.
— That’s right , gracias. Se reconciliaron.
Me quedé en silencio un momento mientras encajaba las piezas del puzzle en mi cabeza, y empezaba a entender más profundamente qué clase de amistad tenían David y Hugo.
Miré otra vez en su dirección y los vi de nuevo juntos, pero eso ya no me importó.
Al contrario, envidié a David por poder contar con un amigo así.
Nuestras miradas se encontraron un momento y vi cómo se disculpaba con las personas que tenía a su alrededor y se dirigía hacia nosotros.
Nada más verle entrar en la terraza, me di cuenta de que David estaba borracho. Rodeó mi hombro y me atrajo hacia sí, dejándome sentir el intenso olor a alcohol que emanaba de él. Parecía de muy buen humor y una enorme sonrisa se dibujaba en su cara.
—Pero mira a quién tenemos aquí —dijo divertido—, si son el leprechaun y el enano.
David comenzó a reírse solo de su propio chiste. Jamie y yo intercambiamos una mirada cómplice.
—Vaya, vaya —observé sonriendo—, pero si eres de lo más gracioso cuando estás borracho.
—¿Borracho? —David me miró enfadado y señaló su pecho—. ¿Yo?
—Perdone usted —contesté burlón—, debo haberle confundido con otra persona.
Jamie nos miraba sonriendo y David se acercó a él y se colgó de su cuello.
—Ah, el bueno de Jamie. —Se giró para volver a mirarme—. Me parece que no tengo que presentaros, ¿verdad?
—En realidad —dije—, llevamos un buen rato charlando.
—¿De mí? —preguntó David presuntuoso.
Jamie asintió. David se dirigió a mí y me dijo muy serio:
—No te creas lo que este —señaló a Jamie con su pulgar— te diga de mí. Solo las cosas buenas.
—Pues qué pena —añadí para picarle—, porque no me ha dicho nada bueno.
Jamie me miró un momento más antes de devolver su atención a David.
— How long have you been together?
— ‘Bout five months. Why?
— He’s kinda young. That’s not a problem?
— I know, but I’m getting used to it, I guess. At least, it’s not a problem to him.
— I like him. —Jamie me miró antes de volver su vista a David y añadir, con cierto reproche—: At least, I like him more than your ex-lover. Just be careful, will you?
David se rio, como si hubiese esperado que Jamie le dijera algo así, aunque la verdad era que apenas entendí lo que decían. Solo pesqué la palabra ex-lover , y mi mente voló de inmediato al tal Ricardo.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—De verdad que tienes que mejorar tu inglés, pequeño, es inaceptable. —David enterró su rostro en mi cuello y comenzó a besarme—. Voy a tener que darte más clases privadas.
Nunca había estado con David delante de nadie, y me di cuenta de que me daba mucho pudor que me besase con su amigo mirando. Me ruboricé y Jamie pareció darse cuenta de la situación, porque de repente pareció reparar en que su vaso estaba vacío.
— I think I need another drink —dijo, agitando el recipiente mientras salía de la terraza.
David apenas le hizo caso, concentrado en mí como estaba.
—Estás guapísimo esta noche —me decía mientras me abrazaba y seguía besándome—. Si estuviese a solas contigo ahora, te besaría, te lamería y te pondría muy cachondo. Y luego te haría el amor muy despacito.
—Pues me parece que tendrás que esperar para eso, recuerda que ahora estamos en una fiesta a la que tú me obligaste a venir.
—Sí, pero… podemos escaparnos un rato si quieres. Tengo muchas ganas de estar a solas contigo.
—¿Qué quieres? —pregunté con ironía—. ¿Que nos escabullamos hasta tu cuarto para follar?
—Me has leído el pensamiento. —Abrió mucho los ojos, fingiendo asombro—. ¿Cómo lo has hecho?
—Estás de guasa, ¿no?
—No. —De repente parecía muy serio—. Quiero hacerte el amor, y quiero hacértelo ahora. El otro día en el probador, cuando te compré esta ropa, no me dejaste follarte. Pero esta noche no te vas a escapar. Estás irresistible, y ya no puedo aguantarme más.
—Estás loco. —Sonreí mientras negaba con la cabeza.
—Ven. —David me cogió la mano y me guio a través del salón, sorteando a todos los que allí estaban. Ya había decidido que era inútil oponerme a él, y en realidad, en medio de tanta gente, nadie notaría si faltábamos un ratito.
Cuando llegamos al desierto pasillo, David comenzó a besarme y a meterme mano, riendo divertido. Justo antes de llegar a la puerta de su dormitorio, pareció darse cuenta de que yo llevaba una cerveza.
—¿Pero qué haces tú con esto? —me dijo fingiendo enfado.
Luego me quitó la lata de las manos y se la terminó de un sorbo—.
Eres un niño muy malo, voy a tener que darte un escarmiento.
—Palmeó una de mis nalgas y ambos reímos, pero la sonrisa se nos borró de golpe en cuanto abrimos la puerta y entramos en el dormitorio.
La cama estaba ocupada por dos personas, y tardé un segundo en darme cuenta de que se trataban de Mariam y un joven.
Se estaban besando con desesperación cuando entramos y ambos se nos quedaron mirando con la respiración acelerada.
Yo me hubiera dado la vuelta, avergonzado, pero David parecía más bien enfadado, toda su borrachera y su buen humor se habían esfumado de repente.
—¿Se puede saber qué es esto?
El chico miró a David con cara de susto y se apresuró a musitar una azorada disculpa mientras se levantaba de la cama, pero Mariam se limitó a sentarse con parsimonia mientras se arreglaba el vestido y miró a David como si la cosa no fuera con ella.
—Me parece que tú ya sabes lo que es, cariño. ¿O tengo que darte una clase práctica?
Ambos se miraron un momento, la tensión se palpaba en el aire.
—No solo me refiero a eso —dijo David señalando al chico, que no sabía dónde meterse—, sino a esto.
David fue hasta la mesita de noche y cogió entre sus manos un espejito que tenía sobre él restos de un polvo blanco. Yo no había reparado en él hasta ese momento.
—¿Cuántas veces? —continuó—. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no traigas esta mierda a mi casa? Y además, ¿cómo te atreves a usar mi cama de picadero?
Mariam se puso de pie y se encaró con David.
—Esta es mi fiesta de cumpleaños, y traigo lo que me hace falta para divertirme —dijo mientras cogía el espejito de las manos de David—, y en cuanto a lo demás, si he venido a tu cama, ha sido solo para recordar viejos tiempos, cariño.
Miró hacia mí, sonriendo mientras veía cómo la comprensión se pintaba en mi rostro.
—Serás… —David pareció pensárselo mejor y se limitó a señalarle la puerta—. Ya te estás yendo. Cuando salga de aquí, no quiero verte en mi casa. Y puedes llevarte a tu ligue si quieres.
—Tú siempre tan encantador.
Se encaminó hacia la puerta con los andares de una reina, seguida de cerca por el otro joven. Cuando pasó a mi lado, volvió a mirarme con malicia y salió de la habitación dando un portazo.
Giré el rostro hacia David, que se había sentado en el borde de la cama y tenía el rostro hundido en sus manos.
—Lo siento, Noah —suspiró—, no tenías que enterarte así.
—Conque femme fatale , ¿eh? —le reproché—. ¿Lo decías por experiencia propia? Podrías habérmelo dicho.
Me arrepentí de mis palabras nada más pronunciarlas, sobre todo después de ver la mirada que David me dedicó.
—¿Qué es lo que pretendes? ¿Que te dé explicaciones de mi pasado? ¿Que me disculpe por él?
—No, lo siento —musité, pero David parecía seguir disgustado.