A través de las estrellas te encontré Capítulo 41. A través de las estrellas te encontré #2
98%

Capítulo 41. A través de las estrellas te encontré #2

Charles sostuvo su mirada.

—Tienes razón.

Zyren se acercó al escritorio. Sobre él había una fotografía de Charlotte, Henry y Emma cuando era niña.

—Thomas llevará el apellido Carter —dijo Charles—. Emma tomó esa decisión antes de su nacimiento.

—Me parece adecuado.

La respuesta sorprendió al anciano.

—Creí que preferirías darle el tuyo.

—Mi hijo no necesita elegir entre sus dos orígenes. Carter es la historia de su madre. Nexara está en su sangre.

Charles bajó la vista hacia la fotografía.

—Emma tampoco quiere dirigir las empresas.

—Quiere ser médica.

—Gabe administrará su patrimonio hasta que Thomas pueda decidir qué desea hacer con él.

—Si alguna vez desea hacerlo.

Charles asintió.

—Esa condición está incluida.

Zyren comprendió entonces lo que el anciano intentaba entregarle.

No una fortuna.

Una renuncia al control que había definido a su familia durante generaciones.

—Thomas lo conocerá como su bisabuelo —dijo Zyren—. No por sus errores.

Charles levantó la mirada.

—¿Por qué me permitirías eso?

—Porque Emma lo ha permitido.

Zyren se dirigió hacia la puerta.

—Y porque un hombre no debe ser únicamente lo peor que ha hecho, si acepta vivir con la verdad y reparar lo que todavía puede.

Charles no respondió.

Cuando Zyren salió, el anciano permaneció solo frente a la fotografía de su hija.

Esta vez no pidió perdón.

Comenzó a escribir una carta para Thomas.

Aquella noche, Emma llevó a Zyren hasta el campo de sus sueños.

Se encontraba en las afueras de Elarin, más allá del bosque y de las últimas casas. La hierba crecía sin orden y el viento movía las nubes sobre un cielo lleno de estrellas.

Zyren se detuvo.

—Es este lugar.

Emma lo miró.

—¿Estás seguro?

—Conocía el cielo, la línea de los árboles y la inclinación del terreno. En mis visiones estabas allí.

Señaló el centro del campo.

Emma caminó hasta aquel punto.

—Yo también soñaba contigo aquí.

Zyren se acercó.

Durante años, el lugar había sido una advertencia. Allí había visto caer las torres de Zeythar y arder la Tierra. Allí había escuchado a su propia oscuridad prometer que destruiría a la mujer que amaba.

Ahora no había fuego.

Solo Emma.

Llevaba un vestido blanco bajo el abrigo y el viento agitaba su cabello castaño alrededor del rostro.

—Así te vi la primera vez —dijo.

—En ese momento ni siquiera conocías mi nombre.

—No.

—Y aun así viniste a buscarme.

Zyren tomó su mano.

—Tú me llamaste.

Emma observó la pulsera que unía sus muñecas mediante una luz apenas visible.

—No sabemos si podremos regresar a Nexara.

—Encontraremos otra ruta cuando estemos preparados.

—Thomas podría querer conocerla.

—Entonces le mostraremos todo lo que podamos hasta que pueda decidir por sí mismo.

Emma apoyó la cabeza sobre su pecho.

—¿Te arrepientes?

Zyren contempló el cielo terrestre.

—Extraño Nexara.

Ella cerró los ojos.

Necesitaba escuchar la verdad, incluso cuando doliera.

—Extraño las tres lunas —continuó—. Los mares luminosos. A Xantheris discutiendo cada decisión. A Lira fingiendo que no estaba preocupada.

Emma sonrió débilmente.

—Pero no me arrepiento.

Zyren levantó su rostro.

—Durante gran parte de mi existencia creí que pertenecer significaba cumplir una función. Ser comandante. Obedecer al Consejo. Proteger un planeta, aunque no comprendiera por qué deseaba salvarlo.

Sus dedos recorrieron la mejilla de Emma.

—Tú me enseñaste que pertenecer también puede ser elegir a alguien.

—¿Incluso si esa persona rompe todas tus reglas?

—Especialmente entonces.

Emma se puso de puntillas y lo besó.

No había urgencia.

No tenían que memorizar el contacto antes de una separación.

Zyren deslizó una mano por su espalda y la acercó lentamente. Emma sintió su respiración mezclarse con la suya, el calor de su cuerpo y el latido que había temido no volver a escuchar.

Cuando se separaron, el cielo había comenzado a cubrirse de nubes.

—Tengo algo para ti —dijo Emma.

Sacó del bolsillo el colgante de las tres lunas.

El mismo que Charles le había entregado durante su primera visita al observatorio. El que había permanecido aislado durante veinte años y que finalmente la había conducido hasta Nexara.

Lo colocó en la mano de Zyren.

—Esto abrió la primera puerta.

—Te pertenece.

—Nos pertenece.

Zyren cerró los dedos alrededor del colgante.

La energía violeta apareció entre ellos.

No abrió un corredor.

No mostró una visión.

Proyectó tres lunas pequeñas sobre la hierba.

Emma sonrió.

—Thomas hará preguntas cuando sea mayor.

—Le diremos la verdad.

—Pensará que estamos inventando una historia.

—Entonces será una buena historia.

—Tiene monstruos, planetas perdidos y un hombre que tardó demasiado en admitir que estaba celoso.

—La taza era estructuralmente deficiente.

Emma rio.

El sonido se extendió por el campo.

Zyren la observó como lo había hecho en sus sueños, pero ya no existía una distancia imposible entre ambos.

Ella estaba frente a él.

Podía tocarla.

Podía escucharla.

Podía elegirla cada día sin que el universo exigiera un sacrificio inmediato a cambio.

—Te amé antes de comprender qué significaba —dijo Zyren.

Emma sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Yo pronuncié tu nombre antes de conocerte.

—Atravesé dos mundos para encontrarte.

Emma negó suavemente.

—Nos encontramos a mitad del camino.

Zyren apoyó la frente contra la suya.

Sobre ellos, las nubes se separaron.

Una estrella emitió un destello violeta.

Después otro.

Y un tercero.

En la casa, Thomas despertó y señaló hacia la ventana mientras Evelyn lo cargaba.

—Mamá —dijo.

Luego sonrió.

—Papá.

En el campo, Emma y Zyren contemplaron la misma luz.

Habían cruzado sueños, miedos y mundos que no avanzaban al mismo ritmo. Habían perdido años, enfrentado aquello que vivía dentro de ellos y aprendido que amar no era poseer, proteger ni evitar el dolor.

Era elegir.

Quedarse cuando fuera posible.

Regresar cuando no lo fuera.

Y continuar buscando incluso cuando las estrellas parecieran demasiado lejanas.

Emma apretó la mano de Zyren.

—Me encontraste.

Él besó sus dedos.

—A través de las estrellas.

Esta vez, cuando caminaron de regreso, ninguno tuvo que dejar al otro atrás.