A través de las estrellas te encontré Capítulo 41. A través de las estrellas te encontré
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Capítulo 41. A través de las estrellas te encontré

Zyren tardó tres días en aprender que Thomas no siempre quería ser cargado.

El primer día, no lo soltó durante casi una hora.

Permaneció sentado en el suelo del observatorio con el niño apoyado contra su pecho, como si cualquier distancia entre ambos pudiera devolverlo a Nexara.

Thomas aceptó la situación al principio.

Tocó la armadura oscura, examinó los cierres y apoyó un dedo sobre el emblema que Zyren llevaba en el hombro. Después encontró la pulsera de su padre y la comparó con la de Emma.

—Igual.

—Están vinculadas —explicó Zyren.

Thomas levantó ambas muñecas de su padre.

—Luz.

—Sí.

—Más.

Zyren activó una pulsación suave.

Los ojos del niño se abrieron con fascinación.

Emma los observaba desde la puerta.

Había imaginado aquel momento tantas veces que la realidad todavía parecía frágil. Cada vez que apartaba la mirada, una parte de ella temía que Zyren desapareciera.

Él alzó la cabeza.

—Tus pulsaciones aumentaron.

Emma sonrió.

—No empieces.

—No he hecho nada.

—Exactamente. Llevas casi dos años ausente y esa sigue siendo tu mejor respuesta.

Zyren miró a Thomas.

—Tu madre afirma que debo mejorar mis respuestas humanas.

—No —dijo el niño.

Emma se llevó una mano al pecho.

—Gracias por el apoyo.

Thomas comenzó a moverse entre los brazos de Zyren.

Él lo sostuvo con más fuerza.

El niño protestó.

—Suéltalo —dijo Emma.

Zyren frunció el ceño.

—Podría caer.

—Está sentado sobre una alfombra.

—Puede lesionarse de todos modos.

—Zyren.

Thomas volvió a retorcerse.

Zyren lo dejó en el suelo con evidente resistencia.

El niño se levantó, caminó hasta una caja de controles inutilizados y comenzó a sacar cada pieza.

Zyren lo observó.

—No quiere que lo sostenga.

Emma se sentó a su lado.

—Ahora no.

—Creí que—

—No significa que no te quiera.

Zyren guardó silencio.

Emma comprendió que aquello no era una deducción sencilla para él.

—Thomas te conoce —dijo—. Ha escuchado tu voz desde que nació. Ha visto tus imágenes. Te buscó antes de entender qué era la distancia. Pero también tiene una vida que comenzó sin ti. Necesita descubrir cómo encajas en ella.

Zyren observó al niño.

—Soy su padre.

—Sí.

—Gabe ha ocupado muchas de mis funciones.

Emma percibió la tensión bajo las palabras.

—Gabe te mantuvo presente. Nunca intentó reemplazarte.

—Lo sé.

—¿Pero?

—Desearía haber estado aquí para realizar esas funciones yo mismo.

Emma colocó una mano sobre la suya.

—Tienes derecho a sentirlo.

—No estoy molesto con él.

—También tendrías derecho a estarlo, siempre que no olvides que no fue Gabe quien nos separó.

Zyren entrelazó sus dedos con los de ella.

—Perdí su nacimiento.

—Lo sentiste.

—No lo sostuve.

—No.

La verdad dolía. Fingir lo contrario no devolvería aquel momento.

Emma apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Tampoco estuviste cuando comenzó a caminar. Ni cuando tuvo fiebre por primera vez. Ni cuando decidió que la comida sabe mejor después de lanzarla al suelo.

Thomas levantó una pieza metálica.

—Mía.

—Eso tampoco lo aprendiste —continuó Emma.

Zyren estudió al niño.

—Parece posesivo.

—Es una etapa.

—¿Cuánto dura?

—Te lo diré cuando termine.

Thomas dejó la pieza, regresó hasta ellos y colocó una mano sobre la rodilla de Zyren.

—Arriba.

Zyren lo cargó de inmediato.

Emma sonrió.

—Así encajas.

La llegada de Zyren tuvo que permanecer en secreto.

La versión oficial afirmaba que Zyren Vale había regresado de un proyecto internacional de investigación ambiental.

Gabe reconstruyó los registros necesarios para justificar su ausencia y prohibió que se crearan detalles que no pudieran sostener una investigación.

John ayudó con la documentación creyendo que protegía una identidad vinculada a un asunto de seguridad.

Conocía el sabotaje, los encubrimientos y la existencia de tecnología inexplicable, pero Charles nunca le reveló Nexara, Vharos ni el verdadero origen de Thomas.

—Tu problema anterior fue una vida demasiado limpia —explicó—. Nadie existe sin dejar errores.

Zyren observó la nueva documentación.

—Incluiste una multa de tránsito.

—Dos.

—Nunca he conducido un vehículo terrestre.

—Eso hace que la segunda sea más creíble.

Charles organizó su salida del observatorio por una entrada subterránea. Evelyn preparó una habitación en la casa de Emma, aunque nadie creyó que fuera a utilizarla. Cloe llevó ropa que, según ella, impediría que pareciera un soldado extraterrestre dispuesto a interrogar a la población.

Zyren examinó los pantalones oscuros y el suéter gris.

—La ropa no altera mi profesión.

—Pero altera la cantidad de personas que huyen cuando entras en una habitación.

—Las personas no huían antes.

—Porque estaban demasiado ocupadas mirándote.

Emma tosió para ocultar una risa.

Zyren la observó.

—¿Tú también me mirabas?

—Eras un desconocido que apareció después de protagonizar mis sueños durante meses.

—Eso no responde la pregunta.

Cloe levantó las manos.

—Voy a dejarlos solos antes de que esta conversación requiera menos ropa.

Emma sintió calor en el rostro.

—Cloe.

—No he dicho nada falso.

Salió de la habitación antes de que pudieran responder.

Zyren se acercó a Emma.

—Aún no respondiste.

—Sí —admitió ella—. Te miraba.

—¿Por qué?

Emma acomodó el cuello del suéter sobre él.

—Porque incluso cuando no sabía quién eras, una parte de mí ya te reconocía.

Zyren tocó su mejilla.

—Yo te reconocí bajo un cielo que nunca había visto.

El beso comenzó con la cautela de quienes todavía temían perderse.

Emma apoyó las manos sobre su pecho. Debajo de la ropa terrestre, el corazón de Zyren latía con un ritmo firme.

Real.

Vivo.

Él la acercó por la cintura.

El tiempo que habían perdido no desapareció. Continuaba entre ellos, lleno de nacimientos, noches solitarias y palabras que no habían podido compartir.

Pero ya no era una distancia.

Era una historia que ambos habían sobrevivido.

Thomas apareció en la puerta.

—Mamá.

Emma se separó de Zyren.

El niño los observó.

Después señaló la boca de su padre.

—Duele.

—No le duele —dijo Emma.

Thomas frunció el ceño.

—Mamá cura.

Zyren miró a Emma.

—Su conclusión parece lógica.

—No lo animes.

Zyren regresó al Café Lumen una semana después.

No era la primera vez que entraba allí.

Recordaba la mesa junto a la ventana, el sabor amargo del café y la taza que había roto cuando Gabe abrazó a Emma.

Recordaba también que Cloe había visto demasiado y había elegido no hacer preguntas.

Esta vez llegó con Emma y Thomas.

Las conversaciones disminuyeron cuando cruzó la puerta. Los habitantes de Elarin aún recordaban al hombre extraño que había desaparecido casi dos años antes. Algunos lo reconocieron. Otros solo percibieron que había algo en él que no pertenecía completamente a aquel lugar.

Cloe alzó la mirada desde la barra.

—El hombre inexistente regresa.

—Ahora existen registros suficientes —respondió Zyren.

Gabe, sentado en una mesa con varios documentos, no levantó la vista.

—Agradecería que no invitaras a la gente a revisarlos.

Zyren observó la taza frente a él.

—¿La estructura es adecuada?

Gabe miró la porcelana.

Después comprendió.

—Lleva veinte minutos intacta.

—No era eso lo que pregunté.

Cloe dejó una taza frente a Zyren.

—Estas son nuevas. Las anteriores sufrían demasiada tensión emocional.

Emma tomó asiento.

—No volverá a romperlas.

Zyren miró a Gabe.

Él sostenía a Thomas sobre una rodilla mientras firmaba un documento con la otra mano.

Una reacción incómoda surgió en el pecho de Zyren.

La reconoció.

Ya no necesitaba clasificarla para saber qué era.

Gabe dejó el bolígrafo.

—¿Quieres cargarlo?

La pregunta eliminó cualquier posibilidad de convertir aquella emoción en resentimiento.

Zyren extendió los brazos.

Thomas se trasladó de uno a otro sin protesta y señaló la ventana.

—Luz.

—Es el sol —explicó Zyren.

—Papá luz.

—Eso es distinto.

—Thomas no acepta correcciones antes del desayuno —dijo Gabe.

—¿Con qué frecuencia lo hace después?

—Nunca.

Ambos observaron al niño.

Emma intercambió una mirada con Cloe.

Había algo extraño y hermoso en ver a los dos hombres que habían protegido a Thomas ocupando el mismo espacio sin competir por él.

Cloe se acercó a Gabe.

—¿Firmaste el acuerdo Carter?

—La junta aceptó la nueva estructura.

—¿Eso significa que por fin tendrás una tarde libre?

—Significa que ahora debo presentar la reorganización de Hankins.

—No era la respuesta que esperaba.

—Puedo reorganizar mi agenda.

—Gabe.

Él cerró los documentos.

—Esta tarde es tuya.

Cloe arqueó una ceja.

—No quiero una tarde que me pertenezca. Quiero que decidas pasarla conmigo.

Gabe permaneció inmóvil.

Durante un instante, Emma vio al hombre que había construido toda su vida alrededor de obligaciones intentando distinguir una elección de una responsabilidad.

—Quiero pasarla contigo —dijo finalmente.

Cloe sonrió.

—Mejor.

No fue una declaración de amor.

No resolvió todo lo que existía entre ellos.

Pero cuando Cloe se alejó, Gabe siguió observándola con una expresión que ya no pertenecía a Emma, al pasado ni a ningún compromiso acordado por sus familias.

Zyren lo notó.

—Tus pulsaciones aumentaron.

Gabe cerró los ojos.

—Ahora entiendo por qué Emma encontraba eso irritante.

—No pretendía irritarte.

—Eso lo empeora.

Cloe soltó una carcajada desde la barra.

Por primera vez, Zyren sonrió dentro del Café Lumen.

No una imitación.

No el gesto monstruoso de sus sueños.

Una sonrisa propia.

Charles conoció formalmente a Zyren aquella misma tarde.

Se habían visto durante la crisis y habían compartido información a través del corredor, pero nunca habían permanecido frente a frente sin un mundo en peligro entre ellos.

Charles esperaba en el antiguo despacho de la casa Carter.

Zyren entró solo.

—Emma cree que esta conversación es innecesaria —dijo Charles.

—Emma no necesita su aprobación.

—No hablaba de aprobación.

—Entonces ¿de qué?

Charles señaló una silla.

Zyren permaneció de pie.

El anciano aceptó la decisión.

—Necesito decirte que le fallé.

—Lo sé.

—Oculté información sobre sus padres. Intenté controlar su futuro. Permití que Vael utilizara mi miedo.

—También lo sé.

—No espero que me perdones.

—No soy quien debe hacerlo.