A través de las estrellas te encontré Capítulo 40. La puerta que eligieron #2
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Capítulo 40. La puerta que eligieron #2

Pensó en Zyren bajo las tres lunas.

En la primera vez que lo vio.

En su forma de analizar cada gesto humano y en la taza que había roto porque no comprendía los celos.

En sus manos sobre su cuerpo.

En la noche en que eligieron amarse aun sabiendo que podrían perderse.

En Thomas.

La pulsera emitió una pulsación.

Otra respondió desde el otro lado.

—Ahora —dijo Gabe.

Emma liberó la energía.

No la empujó.

No intentó dominarla.

La dejó pasar.

La luz verde surgió a sus pies y ascendió a su alrededor. Las paredes del observatorio se deformaron. El amanecer se dividió entre dos cielos: uno azul, otro púrpura.

El aire cambió.

Emma sintió el aroma metálico de Nexara.

Los mares luminosos aparecieron más allá de la cúpula.

Y Zyren estaba frente a ella.

No era una imagen.

No era una transmisión.

Permanecía al otro lado de una abertura transparente, con la armadura oscura y una mano extendida.

Cuarenta y siete segundos.

—Sincronización estable —dijo Gabe.

Zyren avanzó.

La abertura lo rechazó.

Su cuerpo fue lanzado hacia atrás.

—¡Zyren!

Se levantó de inmediato.

En las pantallas, las dos ondas temporales volvieron a separarse.

—Está perdiendo estabilidad —advirtió Charles.

—Corrige la energía —ordenó Gabe.

—Si la corrijo, cerraremos la ruta.

Cloe observó la secuencia.

Había algo diferente.

Un cuarto intervalo aparecía entre las pulsaciones.

—Esperen.

—No tenemos tiempo —dijo Gabe.

—Hay otra señal.

Emma sintió el frío antes de comprender.

Durante una fracción de segundo, una sombra oscura surgió detrás de Zyren.

Su misma altura.

Su mismo rostro.

La criatura de sus sueños.

Vharos.

—No —susurró.

Zyren se volvió.

La sombra desapareció.

—No es Vharos —dijo desde Nexara—. Es un residuo de la memoria del corredor.

Emma observó la abertura.

El camino no estaba rechazando el cuerpo de Zyren.

Estaba utilizando su mayor temor.

La criatura apareció nuevamente entre ambos. Sus manos estaban cubiertas de sangre y su sonrisa abrió un vacío en medio del rostro.

—Ya sabes lo que vas a hacerle —dijo con la voz que lo había perseguido desde el primer sueño.

Zyren quedó inmóvil.

—Treinta segundos —anunció Gabe.

Emma avanzó hasta la abertura.

—Mírame.

Zyren no apartaba los ojos de la criatura.

—No existe —dijo ella.

—Existió dentro de mí.

—Sí.

Emma extendió una mano hacia él.

—Y aun así te elegí.

La criatura giró el rostro hacia ella.

—Él destruirá tu mundo.

Emma sostuvo su mirada.

—Quizá.

Zyren reaccionó.

—Emma.

—También podría herirme. Podría equivocarse. Podríamos perder todo lo que construimos.

La sombra sonrió.

—Entonces tienes miedo.

—Sí.

La palabra atravesó la puerta.

La criatura retrocedió.

Emma volvió a mirar a Zyren.

—El miedo no decide por nosotros.

Zyren dio un paso.

La sombra intentó sujetarlo.

Él no la atacó.

No la negó.

La atravesó.

El cuerpo oscuro se quebró alrededor de él y se dispersó en cientos de fragmentos.

—Quince segundos —advirtió Gabe.

Zyren llegó hasta el límite.

Extendió la mano.

Emma hizo lo mismo.

Sus dedos se tocaron.

La diferencia temporal recorrió ambos cuerpos como una descarga. Emma sintió los meses de Nexara. Zyren recibió los casi dos años de la Tierra.

El embarazo.

El nacimiento.

Las noches sin dormir.

Las primeras palabras de Thomas.

Cada ausencia ocupó el espacio entre ellos.

Zyren apretó su mano.

Emma tiró de él.

—Cinco segundos.

La abertura comenzó a cerrarse.

Zyren cruzó.

La fuerza del impacto los lanzó contra el suelo del observatorio.

La puerta desapareció.

El cielo púrpura se cerró detrás de ellos.

Las pantallas explotaron.

Después no hubo nada.

Ni luz.

Ni pulsaciones.

Ni voces.

Emma permaneció tendida, incapaz de respirar.

Había un cuerpo junto al suyo.

Extendió una mano en la oscuridad.

Encontró los dedos de Zyren.

Fríos.

Inmóviles.

—Zyren.

No respondió.

Emma se incorporó.

—¡Enciendan las luces!

El sistema de emergencia tardó varios segundos.

Cuando finalmente se activó, Zyren continuaba tendido sobre el suelo. Su armadura se había apagado y la pulsera de su muñeca estaba oscura.

Emma colocó una mano sobre su pecho.

No sintió nada.

—No —susurró.

Gabe se arrodilló al otro lado y buscó el pulso en su cuello.

Su expresión cambió.

—No tiene ritmo cardíaco.

Emma apoyó ambas manos sobre el pecho de Zyren.

—No cruzaste para morir aquí.

Liberó una corriente de energía.

El cuerpo de Zyren se arqueó.

Los instrumentos volvieron a encenderse.

No hubo latido.

Emma lo intentó otra vez.

—Regresa.

La luz recorrió las venas de Zyren y desapareció bajo la armadura.

Nada.

Desde la habitación contigua llegó un llanto.

Thomas.

La pulsera de Emma emitió una pulsación.

La de Zyren respondió.

Débil.

Cloe entró con Thomas en brazos. Evelyn venía detrás de ella.

El niño extendía las manos hacia el hombre tendido en el suelo.

—Papá.

Cloe se arrodilló y dejó que Thomas se acercara.

—Emma —dijo Gabe—, no sabemos qué puede ocurrir.

—Déjalo.

Thomas gateó el último tramo.

Se sentó junto a Zyren y observó su rostro con una seriedad que no pertenecía a ningún conocimiento adulto. Era la concentración sencilla de un niño tratando de reconocer a alguien que había visto en imágenes toda su vida.

Tocó su mejilla.

—Papá duerme.

Emma sintió que se quebraba.

—Despiértalo.

Thomas apoyó la palma sobre el pecho de Zyren.

Una pulsación verde atravesó la sala.

Luego una violeta.

Después otra, profunda y oscura, surgió desde el cuerpo de Zyren.

Su pecho se elevó.

El aire entró violentamente en sus pulmones.

Emma soltó un sonido entre un grito y un sollozo.

Zyren abrió los ojos.

Durante varios segundos miró el techo del observatorio como si no reconociera el cielo terrestre sobre él.

Después encontró a Emma.

La contempló con una intensidad que borró los veinte meses de ausencia.

—Te encontré —dijo.

Emma inclinó la frente contra la suya.

—Tardaste demasiado.

Zyren levantó una mano y tocó su rostro.

—Para mí fueron doce semanas.

—No uses la física para defenderte ahora.

Una risa débil escapó de él.

Thomas permanecía sentado entre ambos.

Zyren bajó la mirada.

El niño lo observaba con los mismos destellos violetas en los ojos.

Toda la seguridad de Zyren desapareció.

Había cruzado mundos, enfrentado criaturas y desafiado al Consejo sin vacilar.

Pero no sabía cómo acercarse a su propio hijo.

Thomas resolvió el problema.

Se inclinó hacia él y apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Papá.

Zyren cerró los ojos.

Sus brazos rodearon al niño con un cuidado casi reverente.

Emma colocó una mano sobre ambos.

Afuera, el cielo terminaba de aclararse.

Por primera vez, Zyren contempló conscientemente el azul que había perseguido desde antes de saber que la Tierra existía.

Ya no era el cielo de una visión.

No era una advertencia.

Era el cielo bajo el cual su hijo aprendería a crecer.

Y esta vez Zyren estaría allí para verlo.