A través de las estrellas te encontré Capítulo 40. La puerta que eligieron
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Capítulo 40. La puerta que eligieron

La línea permaneció en la cámara de enlace durante nueve días terrestres.

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En Nexara, no habían transcurrido ni treinta y dos horas.

Al principio era apenas una grieta verde suspendida en el aire. No emitía calor ni alteraba la materia a su alrededor. Los sistemas no podían determinar su profundidad porque la luz entraba en ella y no regresaba.

Después comenzó a latir.

Una vez cuando Thomas despertaba.

Otra cuando tocaba la pulsera de Emma.

Tres pulsaciones cuando escuchaba la voz de Zyren en las grabaciones.

Xantheris comparó cada variación con las lecturas enviadas desde el observatorio terrestre. El patrón era consistente, pero incompleto.

Thomas había encontrado una ruta.

No sabía cómo mantenerla abierta.

Y ninguno de los adultos estaba dispuesto a pedírselo.

El observatorio volvió a convertirse en el centro de la vida de Emma.

No permanecía allí todo el día. Se negaba a abandonar la clínica, sus estudios o las rutinas de Thomas. Lo llevaba al parque. Le daba de comer, aunque la mitad terminara en el suelo. Le leía historias y lo acostaba cada noche bajo el cielo azul pintado en el techo de su dormitorio.

Solo regresaba al observatorio después de que se dormía.

Gabe había instalado una habitación para él junto a la sala principal. Evelyn permanecía allí mientras los demás trabajaban.

Cloe llevaba café y comida.

Charles aportaba los archivos que había ocultado durante décadas.

Emma buscaba a Zyren.

La conexión aparecía de forma irregular. A veces conseguían verse durante dos o tres segundos. En otras ocasiones solo escuchaban una palabra deformada por la interferencia.

Cada encuentro era demasiado breve.

Y suficiente para hacer más dolorosa la siguiente despedida.

La décima noche, la imagen de Zyren apareció sobre la pantalla principal.

Emma se levantó tan rápido que derribó una silla.

—Zyren.

Su rostro estaba dividido por líneas de luz. La transmisión eliminaba colores y detalles, pero no la forma en que la miraba.

—Emma.

La voz llegó con un retraso de varios segundos.

Ella apoyó una mano sobre la pantalla.

—Thomas está dormido.

Zyren sonrió.

—Lo sé.

La conexión tembló.

—Te escucha todas las noches —continuó Emma—. Tu mensaje sobre las tres lunas es su favorito.

—Ese contiene una explicación de los ciclos orbitales.

—Para él es una historia.

—No fue grabado como una historia.

—Todo se convierte en una historia cuando se lo cuentas a un niño antes de dormir.

Zyren pareció considerar la idea.

—Entonces grabaré mejores historias.

Emma sintió que algo se cerraba alrededor de su garganta.

Habían pasado casi dos años para ella. Había aprendido a vivir con la ausencia, pero no a verla. Tener su rostro delante devolvía cada detalle que había obligado a su memoria a guardar en lugares menos dolorosos.

—Quiero que puedas contárselas tú.

El silencio de Zyren respondió antes que sus palabras.

—Yo también.

La imagen comenzó a desaparecer.

Emma vio que extendía una mano.

—Espera.

—Emma, hay algo que debes saber.

La voz se deformó.

—¿Qué?

—El camino no está uniendo solamente los espacios.

La pantalla se oscureció.

—¡Zyren!

No hubo respuesta.

Gabe revisó los controles.

—La señal se cortó desde Nexara.

Charles observaba las gráficas laterales.

—No fue una falla.

—¿Entonces qué ocurrió? —preguntó Cloe.

El anciano amplió dos ondas superpuestas.

Una avanzaba con rapidez.

La otra era casi siete veces más lenta.

—Está intentando unir el tiempo.

La diferencia temporal había protegido a Nexara durante milenios.

El planeta existía en una corriente gravitacional alterada por la energía de su núcleo. Mientras siete años transcurrían en la Tierra, Nexara experimentaba uno.

Aquella disparidad habría impedido mantener abierto el primer corredor si la convergencia no hubiera sincronizado temporalmente ambos mundos.

Durante aquellos cuarenta y dos días, los dos extremos ocuparon el mismo ritmo. Al cerrarse el corredor, la proporción natural se restableció.

Emma y Zyren habían creído que la distancia era el verdadero obstáculo.

Se equivocaban.

La nueva ruta creada por Thomas no atravesaba el corredor anterior. Buscaba un punto en el que ambos mundos pudieran coincidir durante un intervalo breve.

Para abrirlo, la energía tendría que reducir la velocidad temporal de la Tierra alrededor del observatorio y acelerar la de Nexara dentro de la cámara.

Ninguno sabía qué efectos tendría sobre un cuerpo vivo.

—No voy a exponer a Thomas —dijo Emma.

Estaban reunidos en la sala principal. El niño dormía en brazos de Evelyn, ajeno a la discusión.

—No es necesario —respondió Charles—. Él ya proporcionó el patrón.

—El patrón continúa dependiendo de su pulso.

—Podemos reproducirlo.

Gabe estudió las cifras.

—No exactamente. La tecnología terrestre no genera una frecuencia estable.

Cloe señaló las grabaciones acumuladas durante aquellos días.

—Entonces no generen la frecuencia. Generen el espacio que necesita.

Todos la miraron.

—La última vez encontraron a Vharos por el silencio —continuó—. Ahora hacen lo contrario. Saben dónde aparece la señal de Thomas. No tienen que imitarla. Solo deben evitar que los sistemas la destruyan intentando corregirla.

Xantheris escuchaba desde Nexara mediante un canal de audio inestable.

—Ella tiene razón.

Cloe se acercó al transmisor.

—Me agrada el científico extraterrestre.

—No soy científico.

—Me agrada menos ahora.

La voz de Xantheris continuó después de una pausa.

—Nuestros sistemas interpretan las variaciones del niño como errores y las compensan. Los dispositivos terrestres hacen lo mismo. Si anulamos los mecanismos de corrección en ambos extremos, su energía podría completar la ruta sin aumentar su intensidad.

Emma miró a Thomas.

—¿Podría hacerle daño?

—No debería sentir nada.

—Eso no responde mi pregunta.

—No podemos garantizarlo.

—Entonces no.

Charles apoyó ambas manos sobre el bastón.

—Hay otra fuente.

Emma se volvió hacia él.

—¿Cuál?

—Tú.

El anciano activó uno de los archivos de Charlotte.

La imagen de su madre apareció sobre el monitor.

—El Pulso Original eligió a Emma antes de su nacimiento —explicaba Charlotte—. Si algún día esa energía se divide, no significa que la fuente pierda fuerza. Significa que ha encontrado una forma de continuar.

Charles detuvo la grabación.

—Thomas no posee una energía distinta de la tuya. Es una nueva expresión de la misma frecuencia.

—En el corredor necesitábamos los dos pulsos y la tercera pulsación.

—Porque era una estructura creada para separarlos. Esta ruta no intenta separar ni dominar nada. Solo busca un lugar donde los dos mundos puedan existir al mismo tiempo.

Gabe comprendió primero.

—Emma puede sostener el extremo terrestre.

—Y Zyren el nexariano —dijo Charles—. Thomas ya hizo su parte. Nos mostró dónde construir.

Emma observó a su hijo dormido.

Aquello cambiaba todo.

No tendrían que pedirle nada.

No tendrían que convertir su don en una obligación.

Podían aceptar el camino que había revelado y continuar sin utilizarlo.

—¿Cuánto tiempo permanecería abierto? —preguntó.

—Cuarenta y siete segundos —respondió Xantheris.

—¿Podría cruzar Zyren?

La respuesta tardó demasiado.

—Sí.

Emma cerró los ojos.

—¿Cuál es el riesgo?

—Que la sincronización no se complete. Podría quedar atrapado entre ambas velocidades temporales.

—¿Y si cruza?

—La ruta se cerrará detrás de él.

Emma volvió a abrir los ojos.

—¿Podremos abrirla otra vez?

—No lo sabemos.

Aquella puerta podía devolverle a Zyren.

También podía separarlo de Nexara para siempre.

Zyren recibió la decisión del Consejo sin pronunciar una palabra.

Lira fue quien la comunicó.

—No impediremos que cruces.

—No pedí autorización.

—Lo sabemos. Aun así, consideramos necesario dejar constancia.

Xantheris permanecía junto a los controles.

—Nexara todavía te necesita.

—Nexara ya no puede construir su futuro dependiendo de una sola persona.

—Eso suena como algo que Emma diría.

—Lo aprendí de ella.

Lira sostuvo su mirada.

—Si cruzas, quizá no regreses.

—Lo comprendo.

—Aquí han transcurrido menos de cuatro meses desde que cerraste el corredor. En la Tierra, tu hijo casi tiene dos años. Cada período de separación será más largo para ellos que para ti.

Zyren miró la grieta verde.

La idea de permanecer en Nexara había parecido insoportable desde el primer día.

Pero marcharse también significaba renunciar a un mundo que había jurado proteger.

A sus habitantes.

A la ciudad donde había vivido.

A los mares luminosos y las tres lunas.

A la oportunidad de participar en la reconstrucción que había comenzado después de Vharos.

—No estoy eligiendo entre dos mundos —dijo—. Estoy eligiendo dónde construir mi vida.

Xantheris apartó las manos de los controles.

—Entonces será mejor que sobrevivas al trayecto.

Zyren lo observó.

—¿Eso fue una expresión emocional?

—Fue una orden.

—Las órdenes no suelen incluir deseos personales.

—Vete antes de que cambie de opinión.

Lira se acercó a Zyren y colocó una mano sobre su antebrazo.

—Cuéntale a Thomas sobre nosotros.

—Lo haré.

—No como una advertencia.

—Como su hogar.

Ella asintió.

Zyren miró por última vez las tres lunas a través de la abertura de la cámara.

Después activó la pulsera.

Eligieron abrir la puerta al amanecer.

Thomas continuaba dormido en la habitación del observatorio. Evelyn permanecía con él y había recibido instrucciones de sacarlo del edificio ante cualquier alteración.

Charles ocupaba el panel principal.

Gabe controlaba la energía.

Cloe vigilaba las frecuencias.

Emma se situó en el centro de la cúpula, dentro del mismo círculo donde había terminado el corredor anterior.

La pulsera brillaba alrededor de su muñeca.

—Iniciamos en treinta segundos —anunció Gabe.

Emma respiró profundamente.

El cielo comenzaba a aclararse sobre Elarin. Las últimas estrellas desaparecían una a una mientras la luz azul del amanecer se extendía sobre el horizonte.

El mismo azul que Zyren había visto en sus sueños.

—Veinte segundos.

Las pantallas se apagaron.

Cloe había desconectado todos los mecanismos de corrección.

Por primera vez, los instrumentos no intentarían clasificar lo desconocido.

—Diez.

Emma cerró los ojos.