A través de las estrellas te encontré Capítulo 39. El niño que recordaba las estrellas #2
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Capítulo 39. El niño que recordaba las estrellas #2

No había estrellas.

No había planetas.

Solo una región aparentemente vacía entre dos sistemas conocidos.

—Ahí no hay nada —dijo Charles.

Thomas se inquietó.

—Sí.

—Tal vez la señal no es visible —dijo Cloe—. Como aquella vez que Vharos escondió el pulso entre dos frecuencias.

Gabe la miró.

—La ausencia.

Cloe asintió.

—Buscábamos una señal. Pero lo encontramos por el silencio que dejaba alrededor.

Gabe modificó los parámetros.

No buscó luz.

Buscó alteraciones.

Temperatura.

Radiación.

Variaciones gravitacionales.

El monitor continuó vacío.

Thomas golpeó el panel con la palma.

Una vez.

Dos.

Tres.

La pulsera de Emma respondió.

Los controles del observatorio se encendieron.

Una secuencia de números apareció en la pantalla.

Gabe retrocedió.

—Yo no introduje eso.

Charles leyó las cifras.

—Son coordenadas.

—No están completas —dijo Emma.

Los números se repetían, pero algunas posiciones permanecían vacías. La secuencia avanzaba hasta cierto punto y luego comenzaba nuevamente.

Thomas volvió a golpear el panel.

Las mismas coordenadas.

Los mismos espacios ausentes.

—Está intentando mostrarnos un camino —dijo Cloe.

Emma observó a su hijo.

Thomas no parecía comprender los números. Había perdido interés en la pantalla y jugaba con el borde de su manga.

Seguía siendo un niño.

El conocimiento no estaba en sus pensamientos.

Estaba en su energía.

—No puede abrir el corredor —dijo Charles—. No todavía.

—Y no permitiremos que lo intente —respondió Emma.

Todos guardaron silencio.

Emma sostuvo a Thomas con mayor fuerza.

—No voy a convertirlo en una llave.

—Nadie está sugiriendo eso —dijo Gabe.

—Algún día alguien lo hará.

Charles bajó la mirada.

Sabía mejor que nadie hasta dónde podía llegar una persona convencida de que el bien de dos mundos justificaba utilizar a una sola.

—Entonces nos aseguraremos de que nadie pueda obligarlo —dijo.

Emma observó a su abuelo.

—Eso incluye a la familia.

—Especialmente a la familia.

Thomas bostezó.

Apoyó la cabeza contra el pecho de Emma y cerró los ojos como si no acabara de demostrar que podía percibir un planeta oculto al otro lado del universo.

La pantalla parpadeó.

Las coordenadas desaparecieron.

En su lugar surgieron treinta y siete archivos.

Emma dejó de respirar.

Reconoció la numeración.

Eran los mensajes que Zyren había grabado para Thomas antes de la separación.

Pero aquellos archivos no estaban guardados en el observatorio.

Permanecían en Nexara.

El primero se abrió.

La imagen de Zyren apareció fragmentada sobre la pantalla.

No era una grabación.

Su ropa era distinta. Su cabello estaba más corto y detrás de él se extendía la cámara de enlace reconstruida.

Zyren levantó la mirada como si acabara de sentirlos.

—Emma.

La transmisión se cortó.

Thomas abrió los ojos.

La pulsera emitió tres pulsaciones.

—Papá —dijo.

Emma sintió que el corazón golpeaba contra sus costillas.

La conexión había durado menos de un segundo.

No era suficiente para cruzar.

Ni siquiera para mantener una conversación.

Pero por primera vez no había surgido por accidente.

Thomas la había encontrado.

⁕

En Nexara, Zyren permaneció frente a la proyección apagada.

Había visto a Emma.

No como un recuerdo.

No como una visión creada por el corredor.

La había visto sentada bajo la cúpula del observatorio, con un niño de cabello oscuro entre los brazos.

Thomas.

El contacto había sido demasiado breve para distinguir cada detalle. Sin embargo, había visto sus ojos.

Había visto la mano pequeña cerrada alrededor de la pulsera.

Y había escuchado una palabra.

Papá.

Las piernas amenazaron con fallarle.

Xantheris examinaba las lecturas con una velocidad desesperada.

—La señal no atravesó el antiguo corredor.

—Entonces ¿cómo llegó?

Lira amplió el mapa energético.

Una línea nueva aparecía entre Nexara y la Tierra. No seguía la ruta que Emma y Zyren habían utilizado. Se curvaba alrededor de la región dañada y desaparecía en puntos que los sistemas no podían representar.

—Thomas no está intentando abrir la puerta anterior —dijo—. Está creando un mapa diferente.

—Tiene menos de dos años terrestres.

—Su cuerpo sí.

Zyren se volvió hacia ella.

—Su mente también.

—No dije lo contrario. Thomas no comprende lo que está haciendo. Pero su energía reconoce ambas frecuencias porque nació de ellas.

Xantheris señaló los espacios vacíos de la secuencia.

—El mapa está incompleto.

—¿Cuánto falta? —preguntó Zyren.

—No lo sabemos. Podrían ser meses terrestres. Tal vez años.

Zyren contempló la oscuridad donde había aparecido Emma.

Años en la Tierra serían apenas meses para él.

Thomas aprendería a hablar, caminar y pensar mientras Zyren apenas sentiría avanzar las estaciones de Nexara.

Su hijo podía crecer mucho antes de que él tuviera la oportunidad de sostenerlo.

El pensamiento era insoportable.

Pero no permitiría que la desesperación lo convirtiera nuevamente en alguien dispuesto a someter una vida a una misión.

—No lo forzaremos —dijo.

Lira lo observó.

—Thomas es nuestra única posibilidad conocida.

—Es mi hijo antes que una posibilidad.

Las palabras resonaron en la cámara.

Zyren colocó la mano sobre el lugar donde había aparecido el rostro de Emma.

—Si necesita tiempo, esperaremos.

Emma llevó a Thomas a casa mientras comenzaba a amanecer.

El niño se había quedado dormido en el automóvil. Gabe lo cargó hasta su habitación y lo acostó con la precisión de quien había practicado aquel gesto muchas veces.

Acomodó la manta azul sobre él.

Emma permaneció junto a la puerta.

—Gracias.

Gabe observó al niño dormido.

—No tienes que agradecerme cada vez.

—Quizá quiero hacerlo.

Él se acercó.

—Mañana reforzaré la seguridad del observatorio.

—Sabía que dirías eso.

—También revisaré la estructura legal de su herencia. Si alguien descubre lo que puede hacer, no quiero que tenga acceso a él a través de las empresas Carter.

—Gabe.

—No voy a decidir por ti. Prepararé opciones.

Emma sonrió.

—Definitivamente estás aprendiendo.

Salieron del dormitorio.

Cloe esperaba en el pasillo.

Gabe se detuvo frente a ella.

—¿Quieres que te lleve a casa?

—Puedo caminar.

—Está oscuro.

—He sobrevivido a la oscuridad antes.

—No dije que no pudieras.

Cloe estudió su rostro.

—¿Y si quiero caminar sola?

Gabe guardó silencio durante un instante.

—Entonces te preguntaré si puedo acompañarte.

La respuesta pareció sorprenderla.

—Puedes.

Emma los observó alejarse juntos.

No caminaban como una pareja.

Todavía no.

Pero las manos de ambos se rozaron al llegar a la puerta y ninguno aumentó la distancia.

Emma regresó a la habitación de Thomas.

Se acostó a su lado y contempló su rostro dormido.

Había deseado con todas sus fuerzas que su hijo la reuniera con Zyren.

Ahora comprendía que aquel deseo podía convertirse en una carga si no tenía cuidado.

Thomas no había nacido para reparar la separación de sus padres.

No les debía una puerta.

No les debía un sacrificio.

Pero quizá, cuando tuviera edad suficiente para elegir, podría enseñarles el camino que su energía ya comenzaba a recordar.

La pulsera brilló.

Emma tocó el metal.

—Lo vi —susurró—. Te vimos.

Thomas abrió los ojos sin despertarse por completo.

Miró hacia la ventana.

—Papá viene.

Emma contuvo la respiración.

—Algún día.

El niño negó lentamente.

—Viene.

Después volvió a dormirse.

⁕

Muy lejos de allí, una nueva línea verde apareció en la cámara de enlace de Nexara.

Esta vez no desapareció.

Continuó creciendo en silencio, un fragmento cada vez, como si alguien demasiado pequeño para comprender la distancia estuviera comenzando a enseñarle al universo cómo encontrar el camino de regreso.