Capítulo 37. El hombre que permaneció #2
El timbre de la puerta interrumpió la conversación.
Cloe retiró la mano mientras Emma se levantaba para abrir.
Gabe esperaba al otro lado acompañado por dos abogados y una mujer de relaciones públicas.
—Espero que no pienses celebrar aquí una reunión de la junta —dijo Emma.
—Necesitamos hablar sobre los artículos.
Emma se apartó para dejarlos entrar.
Cuando llegaron a la cocina, la expresión de Cloe cambió inmediatamente.
—Aquí llega el padre del año.
Gabe se detuvo.
La mujer de relaciones públicas observó las revistas sobre la mesa.
—Necesitamos emitir una declaración —dijo—. Podemos negar cualquier relación sentimental y confirmar que las familias mantienen una amistad cercana.
—No —respondió Gabe.
Emma levantó la cabeza.
Cloe también.
—Si negamos la relación, preguntarán por la identidad del padre —continuó Gabe—. No expondremos a Emma a eso.
—Podemos afirmar que el padre no es una figura pública —propuso uno de los abogados.
—Después intentarán encontrarlo.
—No lo encontrarán —dijo Cloe.
Todos la miraron.
Ella se cruzó de brazos.
—Porque está muy lejos.
La mujer de relaciones públicas no comprendió.
Gabe sí.
—Emitiremos una sola declaración —decidió—. Emma y su hijo son mi familia. No responderemos preguntas sobre su vida privada.
—Eso alimentará los rumores —advirtió la mujer.
—También terminará la conversación.
—No la terminará —dijo Cloe.
Gabe la miró.
—Protegerá a Emma.
—Y permitirá que todos crean que el bebé es tuyo.
—Lo que crean no importa.
—Claro que importa.
El silencio cayó sobre la cocina.
Los abogados observaron un punto indeterminado de la pared.
La mujer de relaciones públicas fingió revisar su teléfono.
Emma se levantó.
—Creo que necesitamos hablar en privado.
—No es necesario —dijeron Gabe y Cloe al mismo tiempo.
Emma sonrió.
—Sí lo es.
Condujo a los tres empleados hacia la sala y cerró la puerta detrás de ellos.
Cloe recogió su bolso.
—Tengo que volver al café.
Gabe se interpuso entre ella y la salida.
—¿Por qué estás enfadada?
—No lo estoy.
—Emma utiliza exactamente la misma respuesta cuando está enfadada.
—Entonces quizá pasas demasiado tiempo estudiándola.
La expresión de Gabe cambió.
—Esto no tiene relación con Emma.
—Toda tu vida tiene relación con Emma, Charles o las empresas Hankins.
—Son mi familia y mi responsabilidad.
—Las personas no son responsabilidades.
—No dije que fueran solo eso.
—Pero es la única manera en que sabes amarlos.
Gabe recibió el golpe en silencio.
Cloe se arrepintió inmediatamente.
Intentó rodearlo.
Él no se movió.
—Cuando vi el artículo —dijo Gabe—, mi primera preocupación no fue la junta ni los inversionistas. Tampoco lo que dirían las familias de Veymont.
Cloe sostuvo la correa del bolso.
—Qué valiente.
—Pensé en lo que dirías tú.
Ella dejó de respirar.
—¿Por qué?
—Porque en la fotografía parecía que Emma y yo estábamos construyendo una vida juntos.
—Lo están haciendo.
—No de la manera que sugiere el artículo.
—La gente no conoce la diferencia.
—Tú sí.
Cloe levantó los ojos.
Gabe se encontraba demasiado cerca.
—¿Eso es lo único que te importa? —preguntó ella—. Que yo conozca la verdad.
—No.
La palabra quedó suspendida entre ambos.
Gabe miró hacia la puerta cerrada de la sala.
Después hacia el vientre de Emma, visible desde el otro extremo de la cocina.
—No negaré que Thomas es mi familia —dijo—. Zyren me pidió que los protegiera y pienso cumplirlo.
—Lo comprendo.
—Pero tampoco quiero que creas que estoy esperando ocupar su lugar junto a Emma.
—¿Por qué te importa lo que yo crea sobre ese lugar?
Él no respondió inmediatamente.
Por primera vez desde que lo conocía, Gabe Hankins parecía no tener preparada la siguiente decisión.
—Porque desde que entraste en el observatorio —dijo—, has ocupado demasiado espacio en lugares donde nunca invité a nadie.
Cloe parpadeó.
—Eso no sonó romántico.
—Estoy haciendo un esfuerzo.
—Necesitas trabajar más.
—Lo sé.
La sonrisa de Cloe apareció antes de que pudiera impedirlo.
Gabe bajó la mirada hacia sus labios.
El teléfono de él sonó.
Ambos retrocedieron.
Cloe cerró los ojos.
—Tu vida tiene un sentido del momento horrible.
Gabe miró la pantalla.
La llamada procedía del observatorio.
Respondió.
—¿Qué ocurrió?
La voz de Charles llegó entre interferencias.
—El brazalete de Emma está emitiendo una señal.
Gabe miró hacia la cocina.
Emma ya estaba de pie.
Su brazalete nexariano brillaba con intensidad violeta.
La esfera de Zyren se activó sola sobre la mesa.
Todas las luces de la casa se apagaron.
Emma colocó una mano sobre su abdomen.
Thomas se movió por primera vez.
No fue la energía.
Fue un movimiento físico.
Pequeño.
Inconfundible.
Emma contuvo un sollozo.
La esfera proyectó una sola onda de luz.
No formó una imagen.
No abrió un portal.
Pero una voz atravesó la distancia.
—Emma.
Zyren.
Ella cayó de rodillas.
Gabe llegó antes de que tocara el suelo. Cloe se arrodilló junto a ambos.
—Estoy aquí —respondió Emma, aunque sabía que él no podía escucharla.
La señal desapareció.
El brazalete volvió a apagarse.
Pero Thomas se movió nuevamente.
Emma tomó la mano de Cloe y la colocó sobre su abdomen.
Después hizo lo mismo con la de Gabe.
Los tres sintieron el pequeño golpe.
Gabe cerró los ojos.
Cloe sonrió entre lágrimas.
—Definitivamente tiene problemas con el momento —susurró.
Emma rio.
Por primera vez desde que regresó a la Tierra, el dolor no desapareció.
Se abrió lo suficiente para dejar entrar algo más.
Esperanza.
Aquella tarde, Gabe emitió la declaración.
Emma Carter y su hijo son mi familia. Permaneceré a su lado. No responderemos preguntas sobre su vida privada.
Los rumores aumentaron.
Las especulaciones también.
Cloe leyó la frase tantas veces que terminó aprendiéndola de memoria.
No porque creyera que Gabe amaba a Emma de la manera que aseguraban los periódicos.
Sino porque comenzaba a comprender que, si quería un lugar en la vida de aquel hombre, tendría que aceptar que él nunca dejaría atrás a las personas que ya formaban parte de su corazón.
La pregunta ya no era si Cloe sentía algo por Gabe.
Era si estaba preparada para querer a un hombre cuya manera de amar consistía en permanecer.