A través de las estrellas te encontré Capítulo 36. La distancia entre dos latidos #2
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Capítulo 36. La distancia entre dos latidos #2

Su rostro adoptó la apariencia del antiguo consejero perfecto. Armadura ceremonial. Ojos plateados. La expresión serena de quien nunca dudaba.

—Me necesitas —dijo la criatura—. Sin mí volverás a ser insignificante.

Vael se detuvo.

Emma lo observó.

No había perdón en ella.

Él tampoco lo pidió.

—Tenía miedo —declaró—. Miedo de que Nexara cambiara y descubriera que nunca me necesitó. Miedo de que una humana poseyera una fuerza que yo no podía controlar.

La imagen perfecta comenzó a deshacerse.

—Maté a Charlotte y Henry Carter porque se negaron a obedecerme —continuó—. Utilicé a Charles. Permití que Alaric ocultara mis decisiones. Entregué las emociones de mi pueblo a una criatura y fingí que lo hacía para salvarlo.

La oscuridad intentó retroceder.

Vael extendió las manos.

—Es mi culpa.

Las marcas salieron de su piel.

No entraron en Vharos.

Se convirtieron en una luz gris que regresó al pecho de Vael.

Él cayó de rodillas.

La criatura perdió uno de sus rostros.

Emma lo miró.

—Reconocerlo no te libera de responder por lo que hiciste.

Vael levantó la cabeza.

—Lo sé.

Por primera vez, no intentaba justificarse.

Lira entró lo suficiente para arrastrarlo de regreso a Nexara.

—Tu juicio aún te espera —dijo.

Vael no se resistió.

Vharos gritó.

Su cuerpo se fragmentó en miles de sombras que intentaron dirigirse hacia ambos mundos.

Emma sintió a Thomas responder.

La tercera luz atravesó el corredor.

Cada fragmento se volvió visible.

Pero el niño no los destruyó.

Solo mostró lo que eran.

Miedos sin dueño.

Culpa rechazada.

Ira negada.

Dolor convertido en hambre.

—No podemos nombrarlos todos —dijo Zyren.

Emma miró a las personas que esperaban a cada lado.

No tenían que hacerlo solos.

—¡Ahora! —gritó.

La voz atravesó el corredor.

En la Tierra, Charles reconoció su culpa.

Evelyn reconoció el miedo de volver a perder a Emma.

Gabe reconoció su necesidad de controlar a quienes amaba.

Cloe reconoció el terror de que alguien la conociera lo suficiente para abandonarla.

En Nexara, Lira nombró su ira.

Xantheris, su vergüenza por haber servido a un sistema cruel.

Vael, su ambición.

Las voces se multiplicaron.

Los ciudadanos de Zeythar escucharon la frecuencia a través de la red planetaria.

Uno a uno reclamaron sus emociones.

El dolor dejó de pertenecer a Vharos.

La tristeza también.

Después el deseo.

La soledad.

El miedo.

La criatura intentó conservar su forma.

No pudo.

—Yo soy parte de todos ustedes —rugió.

—Sí —respondió Emma—. Pero ya no eres dueño de ninguna parte.

Vharos se desintegró.

Las sombras no desaparecieron.

Regresaron a las personas que las habían rechazado.

Sin conciencia.

Sin hambre.

Solo emociones.

Humanas.

Nexarianas.

Vivas.

El corredor quedó limpio.

Por primera vez, Emma pudo ver con claridad los dos extremos.

La Tierra frente a ella.

Nexara detrás de Zyren.

Xantheris levantó la voz:

—¡Deben cerrarlo ahora! Los planetas ya iniciaron la convergencia.

El cielo se partió.

Las torres de Zeythar aparecieron sobre Elarin.

Las montañas terrestres surgieron detrás de las tres lunas.

Emma sintió que la gravedad intentaba arrastrarla en ambas direcciones.

Zyren tomó sus hombros.

—Es el momento.

Ella negó.

Todo lo que habían aceptado dentro del corredor desapareció bajo una necesidad primitiva.

—Un minuto más.

—Emma.

—Solo uno.

Zyren miró hacia la Tierra.

Gabe se encontraba junto a la abertura, preparado para recibirla.

Evelyn extendía los brazos.

Charles lloraba.

—Debes irte.

Emma tomó su rostro y lo besó.

No fue una despedida elegante.

Lo besó con miedo, rabia y desesperación. Con el recuerdo de cada noche compartida y de todas las que no tendrían.

Zyren la sostuvo como si todavía pudiera construir un lugar donde ninguno de los mundos alcanzara a separarlos.

Los brazaletes se encendieron.

Los recuerdos que habían elegido atravesaron a ambos.

El campo.

El café.

Las tres lunas.

La primera noche.

Thomas.

Todo quedó guardado.

Nada podía ser eliminado por la distancia.

—Te amo —dijo Emma contra sus labios.

—Te encontraré.

Zyren sacó la esfera de cristal.

Los mensajes para Thomas.

La colocó entre las manos de Emma.

—Dásela cuando esté preparado.

Ella cerró los dedos alrededor de la esfera.

—Díselo tú cuando regreses.

—Lo haré.

El corredor volvió a temblar.

La abertura de Nexara comenzó a derrumbarse.

Zyren miró hacia el abdomen de Emma.

Colocó la mano sobre ella una última vez.

La tercera pulsación respondió.

—No olvides mi voz —susurró.

Emma cubrió su mano.

—Nunca podría.

Zyren la empujó suavemente hacia la Tierra.

Gabe entró en el borde del corredor y la sujetó.

Emma extendió la mano hacia Zyren.

Él hizo lo mismo.

Sus dedos permanecieron unidos.

Una corriente de energía atravesó el espacio.

—¡Deben separarse! —gritó Xantheris.

Emma no pudo hacerlo.

Zyren tampoco.

Los planetas avanzaron.

Una de las torres de Zeythar atravesó el cielo de Elarin.

El observatorio comenzó a desintegrarse.

Thomas emitió una pulsación.

No una orden.

Un latido.

Emma miró hacia su hijo.

Después hacia Zyren.

Comprendieron al mismo tiempo.

Amarlo significaba soltar.

Sus dedos se separaron.

Emma cayó hacia la Tierra.

Zyren fue arrastrado hacia Nexara.

Ambos brazaletes emitieron una última luz.

—¡Ahora! —gritó Charles.

Emma colocó la mano sobre la esfera de Henry.

Al otro lado, Zyren apoyó ambas manos sobre el anillo de Nexara.

Dos pulsaciones opuestas atravesaron el corredor.

El dorado regresó a la Tierra.

El violeta, a Nexara.

La puerta comenzó a cerrarse.

Emma vio a Zyren por última vez entre las luces.

Estaba de rodillas.

Una mano extendida hacia ella.

—¡Zyren!

Él levantó la cabeza.

No pudo escuchar su voz.

Pero movió los labios.

Te amo.

La abertura se redujo.

Tres lunas.

Dos mundos.

Un último fragmento de su rostro.

Después nada.

El corredor se cerró.

La explosión lanzó a todos contra el suelo.

Las torres desaparecieron del cielo terrestre.

Las montañas de Elarin se desvanecieron sobre Nexara.

El universo recuperó la distancia que intentaron vencer.

Emma despertó entre los brazos de Gabe.

El techo del observatorio había desaparecido.

Sobre ella solo había un cielo azul.

No púrpura.

Azul.

Evelyn se arrodilló a su lado y tomó su rostro.

—Estás aquí.

Charles permanecía detrás, llorando en silencio.

Cloe se acercó con una herida sobre la frente.

Emma miró alrededor.

Buscó tres lunas que ya no podían existir en aquel cielo.

—Zyren.

Nadie respondió.

Emma intentó levantarse.

Gabe la sostuvo.

—El portal se cerró.

—Tengo que volver.

—Emma.

—Él está solo.

—No puedes abrirlo.

Ella golpeó su pecho.

Una vez.

Después otra.

—¡Tengo que volver!

Gabe no intentó detenerla cuando los golpes perdieron fuerza.

Solo la abrazó.

Emma gritó.

El sonido atravesó las ruinas del observatorio y se elevó hacia un universo que ya no contenía ningún camino capaz de devolverle una respuesta.

Evelyn la rodeó por un lado.

Cloe por el otro.

Charles cayó de rodillas frente a ella.

Entre todos sostuvieron el cuerpo que Zyren había tenido que soltar.

La esfera de cristal continuaba cerrada dentro de la mano de Emma.

El brazalete nexariano permanecía sobre su muñeca.

Sin luz.

Emma apoyó una mano sobre su abdomen.

La tercera pulsación seguía allí.

Entonces el brazalete se encendió.

Solo una vez.

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En Nexara, bajo un cielo de tres lunas, otro brazalete respondió.

Zyren levantó la cabeza.

No podía verla.

No podía escucharla.

Pero el recuerdo que habían elegido continuaba vivo entre ambos.

Colocó una mano sobre su corazón.

Emma hizo lo mismo en la Tierra.

Dos latidos separados por el universo.

Y entre ellos, demasiado pequeño para comprender la distancia, Thomas respondió con un tercero.