A través de las estrellas te encontré Capítulo 36. La distancia entre dos latidos
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Capítulo 36. La distancia entre dos latidos

Dentro del corredor no existían estrellas.

Tampoco oscuridad.

Emma avanzaba por un espacio formado por recuerdos que aparecían y desaparecían bajo sus pies. El campo donde Zyren soñó con ella se mezclaba con los cristales de Zeythar. Las mesas del Café Lumen flotaban sobre los mares luminosos de Nexara.

A un lado podía ver la Tierra.

Al otro, el planeta de las tres lunas.

Ambos se acercaban.

Demasiado.

Zyren sostuvo su mano mientras el corredor temblaba alrededor de ellos.

—No la sueltes —dijo Emma.

—No lo haré.

Vharos los esperaba en el centro.

Había elegido la forma adulta de Thomas.

Parecía tener poco más de veinte años. Era alto como Zyren, pero poseía el cabello castaño de Emma y los ojos verdes de Charlotte. Las líneas luminosas de Nexara recorrían su piel.

El hijo que podían imaginar.

El hombre que todavía no existía.

—Llegaron —dijo.

La voz no sonaba monstruosa.

Sonaba cálida.

Familiar.

—No eres él —respondió Emma.

—Todavía no sabes quién será.

—Tú tampoco.

Vharos sonrió.

—Conozco todas sus posibilidades.

Levantó una mano.

El corredor cambió.

Emma apareció en la cocina de la casa suspendida sobre Zeythar. El jardín estaba lleno de plantas doradas. A través de los cristales, las tres lunas ocupaban el cielo.

Un niño corría descalzo por la habitación.

Tendría unos cuatro años.

Zyren lo perseguía.

Emma escuchó sus risas.

El sonido atravesó cada defensa que había construido.

—Mamá —dijo el niño.

Corrió hacia ella.

Emma sintió su cuerpo pequeño rodearle las piernas. Sintió el calor de sus brazos y el cabello oscuro bajo sus dedos.

Real.

Todo parecía real.

—No tienen que separarse —dijo Vharos—. Mantengan la puerta abierta y esta vida será suya.

Emma cerró los ojos.

El niño continuaba abrazándola.

—La convergencia destruirá los mundos —dijo Zyren.

—Solo si intentan impedirla. Permitan que la Tierra y Nexara se unan. No existirán dos hogares entre los cuales elegir.

La casa cambió nuevamente.

Ahora se encontraba en Elarin.

El Café Lumen estaba lleno.

Cloe sostenía una bandeja mientras discutía con Gabe. Él llevaba a un niño sobre los hombros y fingía no escucharla.

Evelyn reía.

Charles permanecía junto a la ventana, más viejo.

Zyren se encontraba al lado de Emma.

Todos juntos.

Nadie esperando.

Nadie separado.

—Eso es lo que desean —susurró Vharos—. Una vida donde no tengan que perder a nadie.

La mano de Zyren se tensó alrededor de la de Emma.

Ella sintió su deseo.

No necesitaba mirarlo para saber cuánto quería creer.

—¿Qué ocurrirá con las personas que no sobrevivan a la convergencia? —preguntó Emma.

La sonrisa de Vharos no cambió.

—Toda transformación exige un precio.

—¿Y quién decide quién lo paga?

—Los mundos ya los eligieron a ustedes.

—No fue lo que pregunté.

La ilusión comenzó a parpadear.

Cloe dejó de reír.

Gabe perdió el rostro.

Charles se convirtió en cenizas junto a la ventana.

El niño sobre los hombros de Gabe abrió una boca llena de oscuridad.

Emma soltó la visión.

El Café Lumen desapareció.

Volvieron al corredor.

Vharos permanecía delante de ellos con el rostro de Thomas.

—No eres capaz de crear un futuro —dijo Emma—. Solo puedes construirlo con nuestros deseos.

—Los deseos son el futuro antes de existir.

—No. También pueden ser cosas que amamos y nunca tendremos.

La criatura la observó.

—¿Estás preparada para decirle eso a tu hijo cuando pregunte por su padre?

El dolor llegó antes de que Emma pudiera nombrarlo.

Vharos lo sintió.

La oscuridad se extendió bajo su piel.

—Él crecerá observando otros niños con sus padres —continuó—. Escuchará las historias que Gabe le cuente sobre un hombre al otro lado del universo y se preguntará por qué no fue suficiente para que regresaras.

—Emma —dijo Zyren.

Ella no podía mirarlo.

Vharos se acercó.

—Pensará que lo abandonó.

—No —respondió Emma.

La voz le tembló.

—Tal vez te culpe a ti. Tal vez descubra que regresaste a la Tierra sabiendo que su padre quedaría atrapado y decida que fuiste tú quien destruyó su familia.

—Detente —ordenó Zyren.

La energía oscura se reunió alrededor de sus manos.

Vharos lo miró.

—¿Quieres saber qué sentirá cuando escuche tus grabaciones?

La esfera de cristal apareció entre ellos.

La voz de Zyren salió de ella.

No fue porque no quisiera hacerlo.

Thomas, ya adolescente, lanzó la esfera contra una pared.

—No necesito tus explicaciones —dijo la ilusión—. Necesitaba a mi padre.

Zyren atacó.

La descarga atravesó a Vharos y abrió una grieta en el corredor.

Los dos mundos avanzaron uno hacia el otro.

La Tierra ocupó la mitad del cielo de Nexara.

Las tres lunas aparecieron sobre Elarin.

—¡Zyren, no! —gritó Emma.

Él intentó contener la ruptura, pero la energía ya había comenzado a escapar.

Vharos se reconstruyó detrás de él.

—Eso es —susurró—. Ira. Culpa. Miedo. Dame todo lo que pretendes controlar.

Las líneas de Zyren se volvieron negras.

Emma tomó su rostro entre las manos.

—Mírame.

—Le fallaré.

—No.

—Crecerá sin mí.

—Sí.

La palabra lo inmovilizó.

Emma sintió que algo se quebraba dentro de ambos.

—No le mientas para protegerte del dolor —continuó—. No estarás cuando nazca. No escucharás sus primeras palabras ni podrás sostenerlo cuando tenga miedo.

Los ojos de Zyren se llenaron de lágrimas.

Vharos creció detrás de él.

—Continúa —dijo Emma—. Nómbralo.

—Siento culpa.

Parte de la oscuridad salió de su piel.

—¿Qué más?

—Siento miedo de que ame a Gabe como a un padre.

Emma cerró los ojos.

Aquella verdad también dolía.

—Quizá lo haga.

Vharos se estremeció.

—Y eso no eliminará el lugar que te pertenece —dijo ella—. El corazón no necesita expulsar a una persona para amar a otra.

Zyren respiró.

—Tengo miedo de que aprenda a vivir sin mí.

—Yo también.

—Tengo miedo de que tú aprendas a hacerlo.

Emma lo miró.

—Tendré que aprender.

La criatura gritó.

No porque las palabras fueran crueles.

Porque eran honestas.

Vharos podía alimentarse de aquello que negaban.

No de una tristeza aceptada.

Emma apoyó la frente contra la de Zyren.

—Aprenderé a vivir sin tenerte a mi lado —dijo—. Pero no aprenderé a dejar de amarte.

Las líneas negras desaparecieron de su rostro.

Zyren cerró los brazos alrededor de ella.

—Y yo viviré esperando sin permitir que la espera me destruya.

La forma de Vharos comenzó a agrietarse.

El rostro adulto de Thomas se dividió.

Debajo no había piel.

Solo vacío.

—No pueden aceptar esto —rugió—. Ningún amor sobrevive a una ausencia semejante.

Emma miró hacia la Tierra.

Charles, Evelyn, Gabe y Cloe permanecían al otro lado del corredor.

Después miró hacia Nexara.

Lira y Xantheris esperaban junto a los anillos.

Vael se encontraba de rodillas detrás de ellos, debilitado, con las marcas de contención alrededor de las muñecas.

Dos familias.

Dos mundos.

Ninguno completo.

En el observatorio, las paredes comenzaron a quebrarse.

El corredor absorbía cada objeto que no estuviera asegurado. Los archivos de Charlotte salieron disparados hacia la abertura. Fotografías, cuadernos y hojas cubiertas de cálculos desaparecieron en la luz.

Charles intentó alcanzarlos.

Evelyn lo sujetó.

—Déjalos.

—Son los últimos registros de Charlotte.

—Emma está regresando. Ella es lo que queda de Charlotte.

El telescopio se desprendió de su base.

Gabe empujó a Cloe fuera de su trayectoria.

La estructura cayó a centímetros de ellos.

—Te dije que permanecieras junto al sistema secundario —gritó.

—¡El sistema secundario acaba de volar por una ventana!

—Entonces aléjate del corredor.

—Necesito mantener la frecuencia verdadera.

Cloe regresó a la consola.

Dos señales continuaban superpuestas.

Una contenía la pulsación de Thomas.

La otra, la ausencia de Vharos.

El movimiento del corredor las mezclaba cada vez más.

—No puedo separarlas —dijo.

Gabe miró los controles.

—¿Qué necesitas?

—Una referencia emocional constante.

—No sé qué significa.

—La señal verdadera cambia cuando Emma o Zyren sienten algo relacionado con el niño. La de Vharos solo copia el patrón después.

—Entonces la imitación siempre llega más tarde.

—Por una fracción de segundo.

Gabe comprendió.

—Podemos eliminar todo lo que aparezca después de la pulsación original.

—Si calculas mal, eliminaremos la conexión de Thomas.

—No calcularé mal.

Cloe lo miró.

En cualquier otra persona, la frase habría sonado arrogante.

En Gabe era una promesa.

Ella le entregó el control.

—Confío en ti.

Los ojos de él se alzaron hacia ella.

No hubo tiempo para decir nada más.

Gabe comenzó a aislar la frecuencia.

Tres.

La señal falsa apareció después.

La eliminó.

Dos.

Otra copia.

La borró.

Uno.

La última imitación intentó ocultarse dentro de la frecuencia original.

Cloe colocó una mano sobre la pantalla.

—Esa es falsa.

—Son idénticas.

—No.

—¿Cómo lo sabes?

—La verdadera tiene miedo.

Gabe miró los datos.

No podía ver una emoción.

Confió en ella.

Eliminó la segunda señal.

La sombra atrapada dentro de la esfera gritó.

El corredor se llenó de luz dorada.

En Nexara, Lira mantuvo las barreras mientras Xantheris estabilizaba los anillos.

—No resistirán —dijo.

El suelo se abrió bajo ellos.

Vael intentó ponerse de pie.

Lira apuntó el arma hacia él.

—No te muevas.

—Si permanezco aquí, Vharos recuperará el fragmento que dejó en mí.

—Ya salió de tu cuerpo.

—No todo.

Las marcas oscuras seguían moviéndose sobre sus manos.

Vael levantó los ojos hacia el corredor.

—Se alimentó de mi necesidad de controlar Nexara durante siglos. Todavía reconoce esa parte como propia.

—Entonces aléjate de la puerta —ordenó Lira.

Vael sonrió con agotamiento.

—Siempre creí que podía utilizarlo sin convertirme en él.

Se acercó al primer anillo.

Lira disparó frente a sus pies.

—Un paso más y no habrá juicio.

—Debes dejarme entrar.

—¿Por qué?

—Porque Emma tiene razón. Vharos solo puede conservar aquello que nos negamos a reconocer.

Vael miró sus manos.

—Y yo he pasado demasiado tiempo llamando deber a mi miedo.

Xantheris levantó la cabeza.

—¿Qué intentas hacer?

—Recuperar lo que le entregué.

Entró en el corredor.

Las barreras alrededor de sus muñecas se rompieron.

Vharos giró hacia él.