Capítulo 35. La señal que mentía
Seis horas antes de la alineación, Charlotte Carter apareció en el observatorio.
No como una grabación.
Como una mujer de carne y hueso.
Charles la encontró de pie junto al telescopio, vestida con el abrigo que llevaba la última noche que la vio con vida. Tenía el cabello húmedo por la lluvia y una pequeña herida sobre la ceja.
Exactamente como después del accidente.
—Papá —dijo.
Charles dejó de respirar.
La sala estaba vacía.
Gabe y Cloe revisaban los generadores en el nivel inferior. Evelyn descansaba en la habitación contigua después de permanecer despierta casi toda la noche.
Nadie vio a Charlotte caminar hacia él.
—No eres real —susurró Charles.
Ella sonrió.
—Dijiste lo mismo cuando escuchaste mi primera señal sobre Nexara.
La voz era perfecta.
No solo el sonido.
La manera en que acentuaba algunas palabras. La leve impaciencia. El gesto de apartarse el cabello detrás de la oreja cuando necesitaba convencerlo de algo.
Vharos no podía conocer esos detalles.
Charles quiso creerlo.
—Estás muerta.
—Porque no me escuchaste.
La frase abrió una herida que nunca había cerrado.
Charlotte se detuvo frente a él.
—Te advertí sobre Vael. Te pedí que destruyeras el dispositivo. Pero querías comprenderlo. Querías conservar el vínculo.
—Pensé que podía protegerte.
—Siempre piensas que puedes protegernos.
La luz del observatorio disminuyó.
La sombra de Charlotte no cayó detrás de ella.
Se extendió hacia Charles.
—Emma está en peligro —dijo—. Debes abrir el portal ahora.
—La alineación todavía no ha comenzado.
—Comenzó antes de lo previsto.
—Esperamos las coordenadas de Xantheris.
—No llegarán. Vharos bloqueó la comunicación.
Charles miró hacia el receptor principal.
La tercera señal continuaba parpadeando.
Tres.
Dos.
Uno.
—¿Cómo sé que eres tú?
Charlotte levantó una mano y tocó su mejilla.
Charles sintió la temperatura de sus dedos.
El aroma de su perfume.
La memoria de una niña que corría hacia él con las rodillas heridas y exigía que no llamara a Evelyn porque ella misma podía curarse.
—Porque nadie más sabe lo que te dije cuando nació Emma —respondió.
Charles cerró los ojos.
—Dijiste que ella no nos pertenecía.
—Y tú prometiste que siempre protegerías su elección.
Las lágrimas descendieron por el rostro de Charles.
—Rompí esa promesa.
—Todavía puedes cumplirla.
Charlotte miró hacia el sistema.
—Abre la puerta. Tráela a casa antes de que Nexara reclame a su hijo.
La sombra alcanzó los zapatos de Charles.
Subió por sus piernas sin que él pudiera sentirla.
—Activa la esfera —susurró Charlotte.
Charles caminó hacia la mesa.
⁕
En Nexara, todas las rutas hacia el corredor habían dejado de funcionar.
Las plataformas permanecían suspendidas entre las torres. Las naves no respondían y la red planetaria repetía la falsa pulsación a través de cada superficie.
Tres.
Dos.
Uno.
Emma se ajustó la chaqueta mientras Zyren intentaba activar un transporte manual.
—¿Cuánto falta? —preguntó.
—Cinco horas y cuarenta y dos minutos.
—Eso no es lo que pregunté.
—Ciento veinte kilómetros hasta el punto de apertura.
—No podemos caminar ciento veinte kilómetros.
—Lo sé.
La pantalla del transporte se volvió negra.
El rostro de Thomas apareció en ella.
No el niño pequeño que Vharos había utilizado antes.
Esta vez parecía tener más de ocho años.
Cabello oscuro.
Ojos verdes.
—Papá —dijo.
Zyren destruyó la pantalla con una descarga.
El rostro desapareció.
Emma lo miró.
—Era una imitación.
—Lo sé.
—Thomas no puede hablar.
—Lo sé.
Pero la voz de Zyren había cambiado.
Vharos ya no intentaba engañarlos con la posibilidad de un hijo.
Utilizaba la forma que más temían no llegar a conocer.
La puerta de la residencia se abrió.
Lira entró acompañada por Xantheris.
—El corredor secundario permanece operativo —dijo ella—. Podemos alcanzar el centro de apertura desde los niveles inferiores.
—¿Por qué esa ruta no fue bloqueada? —preguntó Emma.
—No está conectada a la red central —respondió Xantheris—. Fue construida antes de la extracción emocional.
—¿Han contactado la Tierra?
—No. Vharos controla las comunicaciones.
Xantheris proyectó las dos terceras frecuencias.
A simple vista eran idénticas.
—Esta es la pulsación de tu hijo —explicó—. La otra fue construida por el fragmento que entró en el sistema terrestre.
Emma observó las ondas.
—¿Cómo la diferenciamos?
—La falsa señal contiene una ausencia entre cada secuencia. Vharos puede reproducir la energía, pero no la emoción que la origina.
—¿Podemos enviar esa información?
—No mediante la red.
Zyren recogió la esfera donde había almacenado los mensajes para Thomas.
—La nave.
Todos lo miraron.
—El Nexarion-X conserva un vínculo independiente con sus sistemas terrestres —explicó—. Fue diseñado para mantener comunicación fuera de la red planetaria.
—La nave está en el sector militar —dijo Lira—. A treinta kilómetros en dirección opuesta.
Xantheris revisó el tiempo.
—No podemos ir a ambos lugares.
Emma observó la falsa señal.
Si Charles activaba el portal siguiendo aquella frecuencia, Vharos tendría una puerta abierta hacia la Tierra antes de que ellos alcanzaran el corredor.
—Yo iré al punto de apertura con Lira —decidió—. Zyren irá a la nave.
—No —respondió él.
—Necesitamos advertirles.
—No te dejaré.
—Son menos de seis horas. No podemos perder tiempo discutiendo.
—Vharos te busca a ti y al niño.
—Precisamente por eso no me seguirá si cree que estás conmigo.
Zyren la miró.
Emma tomó sus manos.
—Debes confiar en que puedo llegar con Lira.
—Confío en ti. No confío en todo lo que intentará detenerte.
—Yo sí —dijo Lira—. Y llegarán antes si dejan de hablar.
Zyren ignoró el comentario.
—Si algo ocurre—
—Nos veremos en el corredor.
Él miró el brazalete de Emma.
Los círculos entrelazados continuaban iluminados.
—Puedo encontrarte mediante el vínculo —dijo.
—Entonces encuéntrame.
Zyren colocó una mano sobre su abdomen.
La tercera pulsación respondió.
Verdadera.
Cálida.
Llena de algo que la imitación no podía reproducir.
Después besó a Emma como si cinco horas fueran otra forma de eternidad.
—Ve —susurró ella.
Él se apartó.
Xantheris lo siguió hacia el sector militar mientras Emma y Lira descendían hacia las rutas antiguas.
Detrás de ellos, todos los sistemas de Nexara repitieron la señal falsa.
Tres.
Dos.
Uno.
Cloe encontró la diferencia porque el café comenzó a vibrar.
Había dejado una taza sobre uno de los generadores mientras ayudaba a Gabe a conectar la fuente auxiliar. Cada vez que la tercera frecuencia atravesaba el observatorio, pequeñas ondas se formaban sobre la superficie del líquido.
Tres círculos.
Dos.
Uno.
Después nada.
La secuencia comenzaba otra vez.
Cloe contempló el espacio inmóvil entre ambas repeticiones.
—Gabe.
Él permanecía debajo de la consola, sujetando varios cables.
—¿Qué?
—Ven a ver esto.
—Estoy evitando que el sistema explote.
—Puede esperar.
—Esa frase contradice completamente—
—Ahora.
Gabe salió de debajo del panel.
Cloe señaló la taza.
Las ondas reaparecieron.
Tres.
Dos.
Uno.
Silencio.
—¿Lo ves?
—Veo vibraciones.
—Entre las secuencias. El café queda completamente inmóvil.
—Porque la señal termina.
—No. Incluso cuando el observatorio está en silencio, el líquido se mueve. El generador vibra, nosotros respiramos, el aire circula. Pero durante ese instante no ocurre nada.
Gabe se inclinó hacia la taza.
La siguiente pausa llegó.
Todo se detuvo.
No solo el líquido.
El polvo permaneció suspendido sobre la mesa. El zumbido de los equipos desapareció y el aire pareció dejar de existir.
Después el mundo continuó.
Gabe se puso de pie.
—La ausencia.
—¿Qué ausencia?
—Vharos nació de emociones extraídas. Cuando intenta imitarlas, deja un vacío.
Cloe miró hacia el techo.
—La señal que estamos recibiendo no es Thomas.
Ambos corrieron hacia la escalera.
Charles colocó la esfera de Henry en el centro del receptor.
Charlotte permanecía a su lado.
—Actívala —dijo.
Las marcas negras ya habían alcanzado el pecho de Charles.
Cada vez que intentaba apartar la mano, una nueva memoria aparecía.
Charlotte aprendiendo a caminar.
Charlotte graduándose.
Charlotte sosteniendo a Emma recién nacida.
Charlotte dentro de un ataúd cerrado porque el accidente había dejado heridas que Charles no permitió que nadie viera.
—Puedes corregirlo —susurró ella—. Puedes salvar a mi hija esta vez.
Charles introdujo la primera secuencia.
El telescopio comenzó a girar.
El techo del observatorio se abrió.
El cielo de Elarin estaba completamente despejado, pero ninguna estrella brillaba sobre ellos.
Solo había oscuridad.
Evelyn entró en la sala.
—Charles.
Él no se volvió.
Charlotte desapareció antes de que Evelyn pudiera verla.
—¿Qué estás haciendo?
—La alineación comenzó.
—Gabe dijo que faltaban varias horas.
—Los cálculos cambiaron.
Evelyn se acercó.
Vio las marcas negras bajo la piel de Charles.
—Mírame.
—No hay tiempo.
—Charles Carter, mírame ahora mismo.
Él giró.
Sus ojos estaban cubiertos por una capa blanca.
Evelyn se detuvo.
—Ella está aquí —dijo Charles—. Charlotte regresó.
El dolor atravesó el rostro de Evelyn.
—No.
—Habló conmigo.
—Esa no es Charlotte.
—Sabe cosas que solo ella podía saber.
—Vharos estuvo dentro de mí. Conoce todo lo que yo recuerdo sobre ella.
Charles negó.
La sombra alrededor de Charles creció.
—No comprendes.
—La cuidé desde que nació. Conocía sus llantos antes de que tú aprendieras a cambiarle la ropa. Sé quién era Charlotte.
Evelyn avanzó.
—Ella nunca te pediría que actuaras sin permitir que Emma decidiera.
Charles cerró los ojos.
La voz de Charlotte surgió detrás de él.
—No la escuches.
—¿Qué sientes? —preguntó Evelyn.
—No hagas esto.
—¿Qué sientes?
—Emma está en peligro.
—Eso no es una emoción.
Las manos de Charles temblaron sobre la esfera.
—Miedo.
Una línea oscura se desprendió de su cuello.
—¿Qué más?
—Culpa.
Otra marca desapareció.
La imagen de Charlotte surgió al otro lado de la mesa.
—Me dejaste morir —dijo.
Charles se dobló bajo el peso de las palabras.
Evelyn lo sostuvo.
—¿Qué más?
—La extraño.
La voz se quebró.
—Extraño a mi hija.
La sombra gritó.