A través de las estrellas te encontré Capítulo 34. Lo que quedará de nosotros #2
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Capítulo 34. Lo que quedará de nosotros #2

—El primero representa lo que fueron.

Emma tomó la mano de Zyren.

El brazalete se iluminó.

—Entrega un recuerdo —indicó Lira.

Emma cerró los ojos.

Eligió el Café Lumen.

La primera vez que Zyren se sentó frente a ella junto a la ventana. Su expresión seria. La manera en que sostuvo la taza sin beber. El contacto de sus dedos y la visión de tres lunas sobre un cielo imposible.

El recuerdo atravesó el vínculo.

Zyren lo recibió.

Emma sintió el suyo inmediatamente.

Un campo terrestre bajo un cielo azul.

Una mujer de ojos verdes extendiendo una mano.

No la visión creada por Vharos.

La primera vez que Zyren soñó con ella.

Antes del fuego.

Antes de la criatura.

Solo Emma caminando hacia él entre los árboles.

Ella abrió los ojos.

—Me viste antes de que todo se volviera oscuro.

—Sí.

—Nunca me lo dijiste.

—Temía que no fueras real.

Emma apretó su mano.

Lira continuó:

—El segundo círculo representa lo que eligieron.

Emma entregó la noche en que se amaron por primera vez.

No los detalles de sus cuerpos.

La certeza.

La forma en que Zyren dijo que la elegía y el instante en que ella comprendió que, aunque el tiempo fuera breve, no quería protegerse de aquel amor.

El recuerdo de Zyren llegó después.

Emma se vio a sí misma en el centro del Consejo, enfrentándose a un planeta entero para defender a un hijo que apenas comenzaba a existir.

Sintió lo que Zyren había sentido al mirarla.

Orgullo.

Asombro.

Un amor tan intenso que contenía miedo sin ser dominado por él.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de ambos.

—El tercero representa lo que conservarán —dijo Lira.

Emma colocó la mano de Zyren sobre su abdomen.

—A él.

La tercera pulsación respondió.

Los brazaletes se llenaron de luz dorada y violeta.

Xantheris observó los registros, pero no intentó intervenir.

Orel abrió una proyección médica.

Lira se la cerró.

Zyren miró a Emma.

—Te encontraré.

Era la respuesta a las palabras que ella había pronunciado en su primer sueño.

—No importa cuánto tiempo tome —continuó—. No importa qué distancia exista ni cuántas veces el universo intente cerrar el camino. Te encontraré.

Emma tocó su rostro.

—Y yo dejaré una luz encendida.

Los brazaletes se cerraron.

Una pulsación atravesó el océano.

Las tres lunas brillaron al mismo tiempo.

Zyren besó a Emma mientras Nexara conservaba el recuerdo.

No como una profecía.

Como una promesa.

Regresaron a casa después de que los demás se marcharan.

Emma dejó el brazalete sobre su muñeca.

Zyren también.

Las paredes se oscurecieron alrededor de ellos.

Aquella noche se amaron lentamente, sin intentar olvidar que el tiempo estaba terminando.

Zyren besó el vientre todavía plano de Emma.

—¿Puede escucharme? —preguntó.

—No lo creo.

—Su frecuencia responde a mi voz.

—Entonces continúa hablando.

Él apoyó la mejilla sobre ella.

—Soy tu padre.

Emma cerró los ojos.

—No podré estar cuando nazcas —continuó—, pero eso no significa que esté lejos. Una parte de mí existe en cada célula de tu cuerpo.

La tercera pulsación brilló bajo su mano.

—Protege a tu madre.

Emma abrió los ojos.

—No empieces.

Zyren la miró.

—¿Qué?

—Thomas no tiene que protegerme. Nosotros lo protegemos a él.

—La solicitud era simbólica.

—Así empiezan todos los hombres de mi familia.

Zyren se incorporó.

—Retiro la solicitud.

—Gracias.

Volvió a apoyar la cabeza sobre su abdomen.

—Ignora mi instrucción anterior.

Emma rio y pasó los dedos por su cabello.

—Creo que serás un padre maravilloso.

—No estaré con él.

—Seguirás siendo su padre.

Zyren cerró los ojos.

Permanecieron así hasta que Emma se quedó dormida.

Él continuó hablando en voz baja.

Le contó a Thomas sobre los mares de Nexara, sobre una taza rota en un café y sobre la mujer de ojos verdes que le enseñó que sentir miedo no significaba ser débil.

Le habló hasta que el amanecer comenzó a ascender bajo la ciudad.

Xantheris encontró la alteración pocas horas después.

Había comparado la grabación de Charlotte recibida desde la Tierra con los datos almacenados dentro de la esfera de Henry.

Las imágenes eran idénticas.

La frecuencia no.

El archivo terrestre contenía una capa energética añadida después de la transmisión. Algo había utilizado el rostro de Charlotte para modificar sus palabras.

Xantheris aisló el sonido original.

La voz de ella surgió entre interferencias:

—No confíen en la señal que imite a la tercera.

No había dicho que desconfiaran de Thomas.

Intentaba advertirles que otra frecuencia copiaría la suya.

Xantheris proyectó las dos ondas.

La verdadera pulsación comenzaba con tres destellos, descendía a dos y terminaba en uno.

La imitación hacía lo mismo.

Solo existía una diferencia.

Entre cada secuencia falsa aparecía un espacio vacío demasiado pequeño para ser percibido por un oído humano.

Una ausencia de emoción.

Vharos.

Xantheris activó el transmisor hacia la Tierra.

—Charles, la grabación fue manipulada. No desconfiaba del niño. Intentaba advertirles sobre una imitación.

La señal no respondió.

Envió el mensaje nuevamente.

Nada.

Xantheris revisó la conexión.

El fragmento de Vharos ya no se encontraba avanzando por el corredor.

Había desaparecido.

Una alarma se activó en todos los sistemas de Nexara.

La alineación había comenzado antes de lo previsto.

No quedaban dos días.

Quedaban seis horas.

En la casa suspendida sobre Zeythar, los brazaletes de Emma y Zyren se encendieron al mismo tiempo.

Ambos despertaron.

La tercera pulsación comenzó a contar.

Tres.

Dos.

Uno.

Y desde el observatorio de Elarin, una frecuencia idéntica respondió.