A través de las estrellas te encontré Capítulo 33. La noticia entre mundos
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Capítulo 33. La noticia entre mundos

La primera persona en reconocer la tercera pulsación fue Cloe.

No porque comprendiera mejor que Charles los cálculos del archivo de Henry ni porque hubiera aprendido a interpretar la tecnología nexariana en menos de dos semanas.

La reconoció porque tenía ritmo.

Tres destellos breves.

Una pausa.

Dos destellos.

Otra pausa.

Después, uno más.

La secuencia se repetía en una de las pantallas laterales del observatorio desde hacía casi veinte minutos.

Cloe dejó la taza sobre la mesa.

—Eso no es una interferencia.

Gabe continuó ajustando el receptor.

—Xantheris advirtió que la señal llegaría fragmentada.

—Fragmentada no significa ordenada.

—Puede ser una repetición generada por el sistema.

—No. Está intentando llamar nuestra atención.

Charles se acercó a la pantalla.

La luz era demasiado débil para activar el transmisor principal. Apenas aparecía como una línea dorada entre las frecuencias terrestres.

—No coincide con el pulso de Emma —dijo.

—Tampoco con el de Zyren —añadió Gabe.

Evelyn levantó la mirada desde la mesa donde organizaba las páginas de Charlotte.

—Entonces, ¿de quién es?

Nadie respondió.

Cloe contó los destellos nuevamente.

Tres.

Dos.

Uno.

—Tal vez no es una persona —dijo Gabe—. Podría ser una señal de emergencia.

—O una cuenta regresiva —murmuró Charles.

Evelyn lo miró.

—¿Cuánto tiempo queda para la alineación?

—Cuatro días.

—Eso no coincide con seis.

—No me refería a la apertura.

Cloe sintió un escalofrío.

—¿A qué te referías?

Charles amplió la onda.

—Vharos utilizó patrones descendentes antes de manifestarse. Reducía una frecuencia hasta eliminarla.

Gabe activó una barrera alrededor del receptor.

—Debemos desconectarlo.

—No —dijo Cloe.

Él se volvió hacia ella.

—Si el fragmento está intentando entrar a través del sistema—

—No es Vharos.

—No puedes saberlo.

—Sí puedo.

Cloe señaló los datos.

—Mira lo que ocurre después del último destello.

La línea no desaparecía.

Volvía a comenzar.

Tres.

Dos.

Uno.

—No está reduciendo la frecuencia —explicó—. Está construyéndola.

Charles acercó una segunda lectura.

La secuencia formaba una espiral diminuta.

Su rostro cambió.

—Es la tercera fuente.

Evelyn se puso de pie.

—¿El niño?

El silencio llenó el observatorio.

Gabe observó la pantalla.

—No sabemos si existe.

La luz respondió con una pulsación tan intensa que todos los sistemas se encendieron.

Cloe miró a Gabe.

—Creo que se sintió insultado.

Antes de que él pudiera responder, una proyección se formó sobre la mesa.

Emma apareció entre interferencias.

Zyren permanecía junto a ella.

La imagen tenía mayor estabilidad que las transmisiones anteriores. Las líneas de ambos cuerpos se mezclaban con una tercera luz concentrada a la altura del abdomen de Emma.

Evelyn se llevó una mano a la boca.

—Emma…

Ella sonrió.

Había cansancio en su rostro.

También algo diferente.

Una felicidad tan íntima que Cloe comprendió la verdad antes de que hablara.

—Estoy embarazada —dijo Emma.

Charles se apoyó contra la mesa.

Gabe no se movió.

Evelyn comenzó a llorar.

—¿Estás segura? —preguntó.

—Orel lo confirmó. Tengo poco más de cinco semanas.

Evelyn se acercó a la proyección como si pudiera atravesarla.

—¿Estás bien? ¿Te han examinado? ¿Estás comiendo? ¿Puedes comer lo que tienen allí? ¿Ese médico conoce los embarazos humanos?

—Evelyn.

—No conoce los embarazos humanos.

—Estoy bien.

—No puedes saberlo si el médico no—

—Estoy bien —repitió Emma, sonriendo—. Y el bebé también.

Evelyn cerró los ojos.

—Gracias a Dios.

Charles seguía sin hablar.

Emma lo miró.

—Abuelo.

Él levantó la cabeza.

Las lágrimas recorrían su rostro.

—Tu madre habría estado tan feliz.

La sonrisa de Emma tembló.

—Lo sé.

—Y tu padre…

Charles tuvo que detenerse.

Evelyn colocó una mano sobre su brazo.

—¿Tiene nombre? —preguntó Cloe.

Emma la miró.

—Thomas, si es un niño.

—¿Y si es una niña?

—Zyren está evaluando todas las posibilidades.

Cloe observó al nexariano.

—¿Cuántas?

—Once mil cuatrocientas dieciocho.

—Necesitas reducir tus criterios.

—Eso le he dicho —respondió Emma.

—No has ofrecido alternativas funcionales —replicó Zyren.

—Porque no voy a ponerle a nuestra hija un nombre de diecisiete sílabas.

—Poseía un significado adecuado.

—Significaba «frecuencia luminosa nacida durante la alineación de tres lunas».

Cloe asintió.

—Demasiado largo para una taza.

Gabe la miró.

—¿Una taza?

—Es una medida científica.

Emma soltó una risa.

Durante un instante, el observatorio dejó de parecer el lugar donde dos mundos se preparaban para separarse.

Eran una familia recibiendo una noticia feliz.

Después la imagen parpadeó y la realidad regresó.

Gabe se acercó a la proyección.

—Xantheris informó que Vharos intentó alcanzarte.

La expresión de Emma se volvió seria.

—Uno de sus fragmentos utilizó a Zyren.

Los ojos de Gabe se fijaron en él.

—¿Sigue dentro de ti?

—No.

—¿Cómo puedes estar seguro?

—Porque Emma me ayudó a expulsarlo.

—Eso no responde—

—Gabe —lo interrumpió ella—. Zyren está bien.

Él cerró la boca.

Cloe observó la tensión entre ambos. No era la rivalidad que había presenciado en el café.

Era miedo.

Dos hombres intentando proteger a la misma persona desde extremos opuestos del universo.

—El fragmento que escapó de Nexara continúa avanzando por el corredor —explicó Emma—. Cuando abramos el portal, intentará entrar a la Tierra.

Charles activó el archivo de Henry.

—Podemos preparar una barrera alrededor del observatorio.

—No será suficiente —dijo Zyren—. Vharos no necesita conservar una forma física. Puede entrar en cualquier persona que intente negar lo que siente.

Cloe cruzó los brazos.

—Entonces eligió el pueblo equivocado. En Elarin nadie niega nada. Lo comenta con todos sus vecinos.

Emma sonrió débilmente.

—Necesitamos que el observatorio permanezca vacío durante la apertura. Solo ustedes cuatro.

—No —dijo Gabe.

—¿No qué?

—Evelyn y Cloe no estarán aquí.

Ambas mujeres respondieron al mismo tiempo.

—Sí estaré —dijo Evelyn.

—¿Perdón? —preguntó Cloe.

Gabe las ignoró.

—Si Vharos cruza, buscará a las personas con vínculos emocionales más fuertes contigo. Eso las convierte en objetivos.

—También te convierte en uno —señaló Cloe.

—Estoy preparado.

—¿Y nosotras somos decorativas?

—No dije eso.

—No fue necesario.

—Cloe, esto no es entrar en un edificio cerrado.

—Tienes razón. Aquello lo hice sola. Ahora sé lo que estamos enfrentando.

—Precisamente por eso deberías comprender el peligro.

—Precisamente por eso sé que necesitan a alguien capaz de identificar cuándo están tomando una decisión estúpida.

Gabe apretó la mandíbula.

—No participarás.

—No trabajas conmigo. No puedes despedirme ni decirme qué hacer.

—Puedo impedirte el acceso al observatorio.

—Conozco tres entradas que tú no conocías.

Charles cerró los ojos.

—Discutirán después.

—No hay nada que discutir —dijo Gabe.

—En eso estamos de acuerdo —respondió Cloe—. Voy a estar aquí.

Emma levantó una mano desde la proyección.

—Gabe.

Él miró hacia ella.

—Cloe recibió la primera señal que logré enviar. También reconoció la frecuencia de Thomas antes que ustedes. La necesitaremos.

Cloe sonrió con satisfacción.

Gabe no la miró.

—Si algo le ocurre—

—Será consecuencia de una decisión que ella tomó —dijo Emma—. No de una que tú permitiste.

Las palabras lo hicieron callar.

Cloe observó la rigidez de sus hombros.

Por primera vez, comprendió que la necesidad de Gabe de controlar cada situación no nacía de arrogancia.

Nacía del terror a ser responsable de otra pérdida.

—No pienso morir —dijo con menos ligereza—. Todavía me debes varias noches de sueño y una explicación sobre por qué tu edificio tiene una estatua de su propio apellido.

Gabe finalmente la miró.

—No es una estatua.

—Eso es lo que más te preocupa de mi comentario.

La expresión de él no se suavizó, pero algo cambió en sus ojos.

—Permanecerás junto al sistema secundario —dijo—. Si la barrera cae, saldrás inmediatamente.

—Lo consideraré.

—Cloe.

—Está bien. Pero solo porque Emma está embarazada y no quiero estresarla.

Emma levantó una ceja.

—No me utilices como excusa tan pronto.

—Necesito practicar.

Evelyn se acercó a la transmisión.

—Yo también me quedaré.

Emma dejó de sonreír.

—Evelyn, Vharos ya entró en ti una vez.

—Por eso reconoceré cuando intente hacerlo de nuevo.

—Podría lastimarte.

—Te cuidé desde la noche en que naciste. No voy a esconderme cuando regreses con mi bisnieto.

Charles la miró.

—¿Tu bisnieto?

—He esperado más que tú para tener uno. No discutas conmigo.

Emma rio entre lágrimas.

Zyren observaba a las personas reunidas en el observatorio con una expresión imposible de clasificar.

—Ellos serán su familia —dijo.

No parecía una pregunta.

Emma buscó su mano.

—Sí.

Gabe escuchó.

Se acercó un poco más a la proyección.

—Emma.

Ella lo miró.

—No sé cuánto tiempo pasará antes de que Zyren pueda cruzar nuevamente —dijo—. Ni si encontraremos la forma que Henry predijo.

Zyren permaneció inmóvil.

—Pero Thomas conocerá a su padre —continuó Gabe—. Le hablaremos de él. Sabrá quién es, de dónde viene y por qué tuvo que permanecer en Nexara.

La voz de Emma se quebró.

—Gabe…

—No reemplazaremos nada —dijo—. Solo nos aseguraremos de que nunca crea que fue abandonado.

Zyren sostuvo su mirada a través de la distancia entre los mundos.

—Gracias.

Una sola palabra.

Sin rivalidad.

Sin desconfianza.

Gabe inclinó la cabeza.

Cloe sintió una presión en el pecho.

Había algo profundamente hermoso en la forma en que Gabe amaba. No exigía recibir el lugar que deseaba. Se convertía en aquello que las personas que quería necesitaban de él.

Quizá por eso resultaba tan difícil descubrir qué necesitaba él.

La señal comenzó a debilitarse.

—Quedan cuatro días —dijo Charles—. Prepararemos el sistema según las instrucciones de Henry.

—Xantheris enviará las coordenadas finales —respondió Emma—. No activen la esfera antes de la alineación.

—Lo sabemos.

—Abuelo.

Charles bajó la mirada.

—No la activaré.

—Promételo.

La culpa cruzó su rostro.

—Lo prometo.

Emma miró a Evelyn.

—Necesitaré que me ayudes cuando regrese. No conozco nada sobre estar embarazada y Orel cree que la privacidad es una enfermedad terrestre.

—Estaré preparada.

Después miró a Cloe.

—Y necesito que mantengas esto en secreto.

—Por supuesto.

—No se lo cuentes a nadie en el café.

Cloe pareció ofendida.

—Sé guardar secretos.

Gabe la observó.

—Entraste en el observatorio porque una explicación te pareció sospechosa.

—Eso demuestra curiosidad, no indiscreción.

—Le dijiste a Emma que yo había roto una taza antes de que saliéramos del café.

—Era información relevante.

—Publicaste una fotografía de mi automóvil.

—La matrícula no era visible.

—Cloe —dijo Emma.

Ella levantó ambas manos.

—Nadie sabrá del bebé.

La transmisión volvió a parpadear.

Emma miró a todos una última vez.

—Los amo.

—También te amamos —respondió Evelyn.

Charles no consiguió hablar.

Gabe asintió.

Cloe sonrió.

—Trae al alienígena pequeño a casa.

La imagen de Emma desapareció.

Zyren permaneció unos segundos más.

—Protégelas —le dijo a Gabe.

—Lo haré.

—A todas.

Los ojos de Gabe se desplazaron hacia Cloe.

—Sí.

La conexión terminó.

El observatorio quedó en silencio.

Evelyn abrazó a Charles.

Él escondió el rostro contra su hombro y lloró por la nieta que regresaría, por el bisnieto que no creía merecer conocer y por el hombre que tendría que quedarse al otro lado del universo para que ellos pudieran volver.

Gabe comenzó a revisar los sistemas.

Cloe permaneció frente a la pantalla donde la tercera pulsación continuaba repitiendo su secuencia.

Tres.

Dos.

Uno.

—Thomas ya está intentando llegar a casa —dijo.

—No le atribuyas intenciones que no puede tener —respondió Gabe.

—No siempre tienes que convertir algo hermoso en una explicación técnica.

Él se detuvo.

—Si pienso en él como un niño, resulta más difícil aceptar lo que debemos hacer.

Cloe lo observó.

—Ya es un niño para ti.

Gabe cerró los ojos.

—Sí.

Ella se acercó.

No hizo una broma.

Solo colocó una mano sobre su brazo.

Gabe miró el contacto.

Esta vez no se apartó.

Una línea negra apareció en el borde de la pantalla.

Ninguno la vio.

Avanzó lentamente alrededor de la tercera frecuencia, sin tocarla.

Después descendió por el sistema hasta alcanzar los archivos de Charlotte.

Las luces del observatorio parpadearon.

Charles levantó la cabeza.

—¿Qué fue eso?

Gabe se separó de Cloe y revisó los paneles.

—Una variación eléctrica.

La oscuridad desapareció antes de que pudiera detectarla.

El sistema regresó a la normalidad.

Pero uno de los archivos había cambiado.

La grabación que Charlotte dejó la noche del nacimiento de Emma comenzó a reproducirse en silencio.

Su imagen apareció en una pantalla apagada.

Tenía el rostro cubierto de lágrimas.

Movió los labios.

No surgió ningún sonido.

Cloe se acercó.

—¿Qué dice?

Charles observó la grabación.

Conocía aquellas palabras.

Charlotte las había pronunciado antes de morir.

—Dice que no debemos confiar en la tercera señal.

La pantalla se apagó.

El pulso de Thomas continuó brillando en el panel principal.

Tres.

Dos.

Uno.

Cloe sintió el miedo extenderse por el observatorio.

Y en algún lugar oculto dentro del sistema, Vharos comenzó a alimentarse.