A través de las estrellas te encontré Capítulo 32. El mundo que quiso reclamarlo #2
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Capítulo 32. El mundo que quiso reclamarlo #2

La sombra se lanzó hacia ella.

Zyren levantó una barrera.

El impacto lo hizo retroceder.

—¡Emma, sal de aquí!

Ella no obedeció.

Colocó una mano sobre el abdomen y buscó la frecuencia.

No intentó utilizarla.

Solo la escuchó.

La luz dorada apareció bajo sus dedos. Una segunda tonalidad, violeta, se extendió alrededor de ella.

Cuando alcanzó a la sombra, los fragmentos dejaron de parecer iguales.

Cada uno adquirió un color diferente.

Rojo.

Azul.

Amarillo.

Gris.

Negro.

No eran partes de una única criatura.

Eran emociones distintas.

—Eso es lo que hace —comprendió Emma—. No los destruye. Los separa.

Xantheris la miró.

—Los vuelve reconocibles.

Emma alzó la voz.

—El rojo es ira.

Una parte de la sombra cayó.

La mujer del centro de sanación avanzó.

—El azul es tristeza.

Otro fragmento descendió.

—El amarillo es miedo —dijo Lira.

—El gris es culpa —añadió Xantheris.

Las voces se extendieron por las gradas.

Cada ciudadano nombró aquello que Vharos había utilizado para ocultarse.

Envidia.

Dolor.

Soledad.

Deseo.

Vergüenza.

La criatura perdió altura.

Los fragmentos comenzaron a regresar hacia las personas de quienes habían escapado, pero ya no entraron como sombras.

Lo hicieron como luces.

La parte más oscura permaneció suspendida sobre Emma.

Tenía el rostro de un niño.

—Todavía no sabes lo que seré —dijo con la voz de Thomas.

Emma sintió el miedo intentar cerrarse alrededor de su garganta.

—No —respondió—. Y tú tampoco.

El rostro sonrió.

—Me necesitarán.

—Él decidirá a quién quiere ayudar.

—Nació para abrir la puerta.

—Nació porque lo amamos.

La sombra se abalanzó sobre ella.

Emma no utilizó el Pulso.

No tuvo tiempo.

Zyren se interpuso.

El fragmento entró en su pecho.

Su cuerpo se arqueó.

Las líneas luminosas de su piel se volvieron negras.

—¡Zyren!

Emma lo sostuvo antes de que cayera.

Él abrió los ojos.

No eran negros.

Eran blancos.

Una sonrisa imposible apareció en su rostro.

—Ya sabes lo que vas a hacerle —dijo Vharos con su voz.

La visión del primer sueño regresó.

El campo en llamas.

Las manos cubiertas de sangre.

La criatura con el rostro de Zyren acercándose hacia ella.

Emma comprendió que nunca había sido una profecía.

Era el momento que Vharos deseaba construir.

Zyren levantó una mano hacia su garganta.

Sus dedos se detuvieron a centímetros de tocarla.

El brazo comenzó a temblar.

—Emma —dijo con su propia voz.

La blancura desapareció de uno de sus ojos.

—Nómbralo —pidió ella.

—No puedo…

—Sí puedes. ¿Qué sientes?

Los dedos se acercaron.

Emma no retrocedió.

—Miedo —logró decir Zyren.

Una grieta luminosa atravesó la oscuridad de su cuello.

—¿Qué más?

—Ira.

Otra grieta.

—Continúa.

Las lágrimas aparecieron en su rostro.

—Quiero que te quedes.

La sombra gritó dentro de él.

—Dilo.

—No quiero perder a mi hijo.

Las líneas negras comenzaron a separarse de su piel.

Emma colocó una mano sobre su pecho.

—¿Qué eliges?

Zyren cerró los ojos.

—A ustedes.

La tercera pulsación atravesó ambos cuerpos.

El fragmento salió despedido.

Lira disparó.

La descarga lo empujó contra el centro del recinto, donde las demás emociones ya identificadas formaban un círculo de luces.

Xantheris activó la red.

—¡Ahora!

Todos los ciudadanos pronunciaron sus emociones al mismo tiempo.

La sombra se desintegró.

No con una explosión.

Con miles de voces recuperando aquello que les pertenecía.

Zyren cayó de rodillas.

Emma se arrodilló junto a él.

—Mírame.

Los ojos negros se abrieron.

Eran suyos.

—¿Estás herida? —preguntó.

Emma soltó una risa desesperada y lo abrazó.

—No.

La mano de Zyren buscó su abdomen.

La tercera pulsación seguía allí.

A su alrededor, el Consejo permanecía destruido. Las gradas estaban llenas de ciudadanos llorando, temblando y sosteniéndose unos a otros.

Eldrinor contempló sus propias manos.

Una luz roja regresó a su cuerpo.

Ira.

No intentó eliminarla.

Xantheris revisó los registros.

Su expresión cambió.

—Los fragmentos no fueron destruidos —dijo.

Emma levantó la cabeza.

—¿Dónde están?

—Regresaron a los ciudadanos, pero ya no forman parte de Vharos. Son emociones individuales otra vez.

—Entonces terminó.

—En Nexara, tal vez.

Xantheris proyectó el mapa energético.

Una línea oscura avanzaba por el corredor incompleto hacia la Tierra.

—Un fragmento escapó antes de que la tercera frecuencia lo revelara.

Zyren se puso de pie con dificultad.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—La alineación comienza en seis días. Cuando el corredor pueda abrirse, ese fragmento también podrá cruzarlo.

Emma comprendió antes de que Xantheris terminara.

—Tenemos que abrir la puerta para volver a la Tierra.

—Y cerrarla desde ambos lados —dijo él— antes de que Vharos llegue.

Zyren buscó la mano de Emma.

Seis días.

Después, ella regresaría a casa.

Y él se quedaría bajo un cielo de tres lunas.

El Consejo había querido reclamar a su hijo.

Vharos había intentado poseerlo.

Ahora dos mundos dependían de una despedida que Thomas nunca había pedido.

Emma entrelazó sus dedos con los de Zyren.

—No se lo diremos como una misión —dijo.

Él la miró.

—¿A quién?

Emma cubrió su abdomen con la otra mano.

—A nuestro hijo. Cuando pregunte por qué crecimos separados, no le diremos que nació para reunirnos.

Las luces de Zeythar comenzaron a encenderse nuevamente.

—Le diremos que nació del tiempo que elegimos amarnos —continuó—, incluso sabiendo que podía terminar.

Zyren apoyó la frente contra la de ella.

—Y que nunca dejamos de buscar el camino de regreso.

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Muy lejos, en el observatorio de Elarin, el transmisor recibió la advertencia de Nexara.

El corredor se abriría en seis días.

Emma regresaría.

Y algo oscuro venía detrás de ella.