A través de las estrellas te encontré Capítulo 31. La tercera luz #2
68%

Capítulo 31. La tercera luz #2

Emma dejó de escuchar el resto del mundo.

—¿Estoy embarazada?

Orel observó los datos.

—Tu organismo sostiene una segunda vida en una fase inicial de desarrollo.

La habitación pareció inclinarse.

Emma apoyó ambas manos sobre la mesa.

—¿Cuánto tiempo?

—Según los parámetros humanos disponibles, poco más de cinco semanas.

La noche con Zyren.

Su primera noche.

Emma contempló la luz.

No era la silueta que Vharos había construido.

No era el niño que dijo mamá para convencerla de obedecer.

Era algo infinitamente más pequeño.

Real.

—¿Está bien? —preguntó.

—No puedo determinarlo.

El miedo atravesó su pecho.

—¿Por qué?

—Su configuración genética no coincide por completo con ninguna especie registrada. El desarrollo biológico parece humano, pero existe una actividad energética integrada en cada célula.

—Es hijo de un nexariano.

—Sí.

—Entonces eso es normal.

—Nunca ha existido un embarazo como este.

Emma miró a Orel.

—No vuelvas a decirlo de esa manera.

El sanador pareció confundido.

—Es una observación objetiva.

—Para ti. Para mí significa que no sabes cómo protegerlo.

Orel consideró sus palabras.

Las líneas doradas de su cuello cambiaron de intensidad.

—Tienes miedo —dijo.

Emma soltó una risa sin humor.

—Veo que mis lecciones funcionan.

Él desactivó parte de la proyección.

—No detecto ninguna alteración perjudicial. La vida se desarrolla. Tu cuerpo no la rechaza.

—Pero no sabes qué ocurrirá.

—Ningún sanador conoce todo lo que ocurrirá durante una gestación, aunque los parámetros sean conocidos.

Emma lo observó.

Orel acababa de intentar consolarla.

Lo había hecho terriblemente.

Pero lo había intentado.

—Gracias —dijo.

—No he hecho nada.

—Lo sé.

Una alerta apareció sobre la mesa.

El sistema había identificado una nueva frecuencia.

Orel amplió los registros.

La pulsación de Emma brillaba en dorado.

Otra, perteneciente a Zyren, aparecía almacenada como referencia en color violeta.

Entre ambas surgió una tercera onda.

Pequeña.

Constante.

Viva.

Emma colocó una mano sobre su abdomen.

—Desconecta el registro de la red central.

—Los protocolos exigen que cualquier anomalía energética sea comunicada al Consejo.

—No es una anomalía.

—Emma—

—Es mi hijo.

Orel guardó silencio.

Ella sostuvo su mirada.

—Durante siglos, ustedes permitieron que un sistema decidiera qué partes de sus vidas debían conservar. Si esos registros llegan al Consejo, dejarán de verlo como un niño. Lo convertirán en una solución.

El sanador miró nuevamente la tercera frecuencia.

Después cerró las proyecciones.

—El sistema registrará una falla temporal.

Emma exhaló.

—Gracias.

—Debes informar a Zyren.

—Lo haré.

—Y necesitarás supervisión médica constante.

—También lo hablaremos.

—No era una sugerencia.

Emma levantó una ceja.

—Estás pasando demasiado tiempo con él.

Encontró a Zyren en la plataforma superior del antiguo centro de mando.

Se encontraba solo, observando la reconstrucción de las torres dañadas durante la convergencia.

Emma se detuvo a varios pasos de distancia.

Había imaginado aquel momento de muchas maneras desde que salió del centro de sanación.

Ninguna parecía adecuada.

—Tu pulso está alterado —dijo Zyren sin volverse.

—Necesitamos hablar.

Él giró de inmediato.

Sus ojos recorrieron el cuerpo de Emma en busca de heridas.

—¿Qué ocurrió?

—Nada malo.

—Tu ritmo cardíaco indica—

—Zyren.

Se acercó.

Emma tomó una de sus manos y la colocó sobre su abdomen.

Él la observó sin comprender.

Durante un instante, Emma recordó la forma en que había mirado la mano de Gabe cuando este se la extendió en el café. Como si todo contacto humano contuviera un lenguaje oculto.

—Orel realizó un análisis —dijo ella—. Encontró una segunda vida.

Zyren dejó de respirar.

—¿Una segunda…?

Las palabras desaparecieron.

Emma asintió.

—Estoy embarazada.

La ciudad continuó moviéndose alrededor de ellos.

Las naves atravesaron el cielo.

Las corrientes energéticas ascendieron por las torres.

Pero Zyren permaneció completamente inmóvil.

—Di algo —pidió Emma.

Sus ojos descendieron hacia la mano que mantenía sobre ella.

—¿Está vivo?

La pregunta quebró algo dentro de Emma.

—Sí.

Las líneas de la piel de Zyren se iluminaron con tanta intensidad que atravesaron la ropa.

—¿Está bien?

—Orel cree que sí. Es demasiado pronto para saber mucho más.

Zyren cayó de rodillas frente a ella.

No por la Portadora.

No por una energía sagrada.

Por su hijo.

Apoyó la frente sobre el abdomen de Emma y cerró los ojos.

Ella colocó ambas manos sobre su cabello.

—No puedes escucharlo todavía —susurró.

—No con mis sentidos físicos.

Emma sintió una pulsación.

Suave.

Profunda.

Zyren levantó la cabeza.

—Está ahí.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de Emma.

Él se puso de pie y la abrazó con una cautela repentina.

—No voy a romperme —dijo ella contra su pecho.

—No poseo información suficiente para determinarlo.

Emma soltó una risa entre lágrimas.

Zyren se apartó y tomó su rostro.

—¿Lo elegimos? —preguntó.

Ella comprendió lo que necesitaba saber.

No si lo habían planeado.

No si era conveniente.

Si aquel niño pertenecía a ellos antes que a cualquier profecía.

—Sí —respondió—. Lo elegimos.

Zyren la besó.

Alrededor de ambos, las luces de la ciudad aumentaron su intensidad.

La alegría viajó por Nexara antes de que sus habitantes pudieran identificar su origen.

Emma apoyó una mano sobre su abdomen.

—Thomas —dijo.

Zyren miró hacia ella.

—¿Quieres llamarlo así?

—Siempre que él sea un niño.

—¿Y si es una niña?

Emma sonrió.

—Tendremos que encontrar otro nombre.

Zyren consideró la cuestión con absoluta seriedad.

—Debemos comenzar de inmediato.

—Tenemos varios meses.

—Eso no parece suficiente para evaluar todos los nombres posibles.

Emma volvió a reír.

Entonces una vibración oscura recorrió la plataforma.

Las luces de Zeythar parpadearon.

Zyren giró hacia la ciudad.

Muy por debajo de ellos, algo se movió en el interior de una de las torres.

No fue una sombra completa.

Solo un fragmento.

Una mancha negra que ascendió por el cristal y desapareció antes de que pudieran localizarla.

El comunicador de Zyren se activó.

La voz de Xantheris surgió entre interferencias.

—La red planetaria ha detectado una tercera fuente de energía.

Zyren miró a Emma.

Ella sintió el miedo regresar.

—¿Cómo? —preguntó—. Orel cerró el registro.

—No procede del centro de sanación —respondió Xantheris—. El planeta entero la sintió.

Otra vibración atravesó Zeythar.

Esta vez llegó acompañada por un susurro.

Miles de voces hablaron desde las profundidades de Nexara.

Una sola palabra.

Hijo.

Emma cerró los brazos alrededor de su cuerpo.

La tercera pulsación acababa de despertar.

Y algo que debía haber permanecido fragmentado acababa de reconocerla.