A través de las estrellas te encontré Capítulo 30. El archivo de Henry #2
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Capítulo 30. El archivo de Henry #2

Los dedos de él rodeaban su piel con firmeza, pero no le hacían daño. Cloe sintió el calor ascender por su brazo.

Gabe bajó la mirada hacia el punto donde la tocaba.

La soltó.

—Utilizaremos protección —dijo.

Su voz sonó más grave.

—Claro —respondió Cloe.

Había olvidado por completo de qué hablaban.

Gabe sacó un paño aislante de una caja de mantenimiento y levantó la esfera.

Nada ocurrió.

—¿Ves? —dijo Cloe—. Todo bajo control.

La esfera se abrió.

Una descarga de luz los lanzó hacia atrás.

Gabe giró en el aire y recibió el impacto contra el suelo antes que ella. Cloe cayó sobre su cuerpo.

Durante varios segundos, ninguno se movió.

—¿Estás herida? —preguntó Gabe.

—Mi dignidad sufrió daños importantes.

—Cloe.

Ella levantó la cabeza.

Sus rostros estaban demasiado cerca.

—Estoy bien.

Las manos de Gabe permanecían sobre su cintura.

Cloe apoyaba una palma contra su pecho. Podía sentir los latidos rápidos bajo la camisa.

—Tu presión arterial parece elevada —murmuró.

—Acabamos de recibir una descarga.

—Esa debe ser la razón.

Los ojos de Gabe descendieron hacia su boca.

Cloe dejó de respirar.

La esfera emitió otra pulsación.

Ambos se separaron con tanta rapidez que resultó humillante.

Una figura apareció en medio de la cámara.

Henry Carter.

La proyección mostraba a un hombre de cabello castaño y ojos verdes. Emma había heredado su manera de inclinar la cabeza cuando intentaba comprender algo.

La imagen parecía tener unos cuarenta años.

La edad que nunca alcanzó.

—Si alguien ha encontrado este registro —comenzó—, significa que Charlotte y yo no conseguimos cerrar el corredor.

Gabe se puso de pie y ayudó a Cloe.

Henry continuó:

—El vínculo entre la Tierra y Nexara no funciona como una puerta convencional. Es una herida en el espacio sostenida por dos fuerzas que intentan ocupar el mismo lugar. Mientras permanezca abierta, los mundos se atraerán hasta converger.

Sobre la esfera aparecieron dos planetas.

Una línea dorada los conectaba.

—El Pulso Original puede abrir el corredor —explicó Henry—. Un nexariano vinculado a su frecuencia puede sostenerlo desde el otro lado. Pero ninguno de los dos puede estabilizarlo permanentemente.

La imagen cambió.

Emma apareció representada por una luz dorada.

Una figura nexariana permanecía frente a ella.

Zyren.

Aunque Henry había grabado el mensaje veinte años antes de que se conocieran.

—No puede ser —susurró Cloe.

—No son ellos —dijo Gabe—. Son representaciones de las frecuencias.

La voz de Henry continuó:

—Para detener la convergencia, ambos portadores deberán encontrarse en el corredor y separarlo voluntariamente. Uno regresará a la Tierra. El otro permanecerá en Nexara.

La línea entre los planetas se rompió.

—Una vez cerrado de esta manera, ninguno de los dos podrá abrirlo nuevamente. Sus frecuencias quedarán convertidas en anclas opuestas.

Cloe miró a Gabe.

Él no apartaba los ojos de la proyección.

—Debe existir otra forma —dijo ella.

Henry respondió desde veinte años en el pasado:

—Solo una tercera frecuencia, nacida de las dos primeras y libre de la atracción exclusiva de ambos mundos, podría crear un nuevo corredor sin provocar la convergencia.

Una tercera luz apareció.

No abrió la línea anterior.

Creó otra.

Más estable.

—Pero esa frecuencia no puede fabricarse —advirtió Henry—. No puede extraerse ni imponerse. Tendría que nacer de una elección libre entre ambos portadores. Y aun si llegara a existir, nadie tiene derecho a decidir que su vida pertenezca a este propósito.

La proyección mostró a Charlotte junto a Henry.

Ella tenía una mano apoyada sobre su vientre.

Estaba embarazada de Emma.

—Nuestra hija ya carga con una herencia que nunca eligió —dijo Charlotte—. No permitiremos que el futuro repita nuestra culpa.

Henry tomó su mano.

—Si están viendo este mensaje, protejan su libertad antes que los mundos que intenten reclamarla.

La grabación se detuvo.

Cloe contempló el espacio vacío.

—Emma debe volver a la Tierra —dijo—. Y Zyren tendrá que quedarse.

Gabe cerró los dedos alrededor de la esfera.

—Sí.

—Si cierran el portal, no volverán a verse.

—No con sus propias frecuencias.

Cloe pensó en el niño que todavía no existía.

—Thomas podría reunirlos.

—Cuando tuviera edad suficiente para comprender lo que le pedirían.

—Eso podría tomar años.

—Sí.

Una palabra pequeña.

Una condena inmensa.

Gabe guardó la esfera.

—Debemos regresar a Elarin.

Cloe no se movió.

—Cuando se lo digas a Emma, no conviertas la decisión en una orden.

—No lo haré.

—Aunque quieras protegerla.

—Lo sé.

—Aunque creas saber lo que debe hacer.

Gabe la miró.

—Cloe.

—Promételo.

Él comprendió entonces que ella no hablaba únicamente de Emma.

Hablaba de una niña que perdió a sus padres porque demasiadas personas decidieron que su vida pertenecía a un plan.

—Lo prometo —dijo.

Abandonaron la cámara.

Cuando llegaron al exterior, la noche había caído sobre Veymont.

Varias cámaras esperaban frente a la entrada.

Gabe se detuvo.

—¿Qué hacen aquí?

Una mujer se acercó sosteniendo un micrófono.

—Señor Hankins, ¿puede confirmar los rumores sobre su ausencia de la junta? ¿Existe una crisis dentro de la compañía?

Otros reporteros comenzaron a lanzar preguntas.

—¿Quién es su acompañante?

—¿Tiene relación con la familia Carter?

—¿Por qué visitaron juntos una instalación clausurada?

Cloe miró su ropa cubierta de polvo.

Después miró el traje arrugado de Gabe.

El cabello de él había perdido su perfección habitual y una marca roja cruzaba su mandíbula tras la caída.

Comprendió exactamente lo que las fotografías sugerirían.

—Esto será divertido —murmuró.

Gabe colocó una mano sobre su espalda y la condujo hacia el automóvil.

—No respondas.

—No pensaba hacerlo.

—Acabas de sonreírles.

—Soy naturalmente encantadora.

Los flashes iluminaron la oscuridad.

Gabe abrió la puerta para ella y se colocó entre Cloe y los reporteros.

No respondió una sola pregunta.

Pero tampoco negó que estuvieran juntos.

Cuando el automóvil se alejó, Cloe observó las cámaras desaparecer detrás de ellos.

—Mañana dirán que tienes una amante misteriosa.

—Mañana el equipo de comunicaciones aclarará que eres una consultora.

—Eso es decepcionante.

—¿Preferirías que publicaran una mentira?

—Depende. «Camarera seduce a heredero multimillonario en laboratorio abandonado» tiene potencial.

Gabe le lanzó una mirada.

—No eres camarera.

Cloe arqueó una ceja.

—Trabajo en un café.

—También descifraste una comunicación interplanetaria, encontraste un archivo oculto durante veinte años e identificaste una fuente energética que científicos pasaron por alto.

Ella permaneció en silencio.

Gabe regresó la vista a la carretera.

—No permitas que nadie reduzca lo que eres a la primera cosa que comprende de ti.

Cloe lo observó.

Por una vez, no encontró una broma.

Su teléfono vibró.

La noticia ya había aparecido en una página local.

HEREDERO HANKINS ABANDONA REUNIÓN MILLONARIA POR UNA MUJER DESCONOCIDA

Debajo del titular había una fotografía de Gabe protegiéndola de las cámaras. Su mano descansaba sobre la espalda de Cloe y ella sonreía como si compartieran un secreto.

Lo hacían.

Solo que el secreto no era el que todos imaginaban.

—Sales bien en la foto —dijo.

Gabe apretó la mandíbula.

—Bórrala.

Cloe la guardó.

—Demasiado tarde.

A cientos de kilómetros, el observatorio de Elarin recibió el contenido de la esfera antes de que ellos regresaran.

Charles leyó las conclusiones de Henry.

Evelyn permaneció a su lado.

Ninguno habló durante mucho tiempo.

La respuesta que habían buscado estaba allí.

Podían traer a Emma de regreso.

También podían condenarla a perder al hombre que amaba.

—No podemos ocultárselo —dijo Evelyn.

Charles cerró los ojos.

Toda su vida había confundido proteger a Emma con decidir qué verdades podía soportar.

—No —respondió—. Esta vez no.

Activó el transmisor.

La frecuencia dorada tardó varios minutos en aparecer.

Charles grabó el mensaje con la voz quebrada.

—Emma, encontramos el archivo de tu padre. Sabemos cómo abrir el corredor sin destruir ninguno de los mundos.

Hizo una pausa.

—Pero para cerrarlo, tú tendrás que volver a la Tierra.

Miró las palabras de Henry una última vez.

—Y Zyren tendrá que permanecer en Nexara.

Envió la transmisión.

El mensaje atravesó la oscuridad entre ambos mundos.

Llegó a la casa suspendida sobre Zeythar mientras Emma dormía entre los brazos de Zyren.

El sistema no la despertó.

Pero la tercera frecuencia, todavía demasiado pequeña para ser identificada, respondió desde el interior de su cuerpo con una sola pulsación.