A través de las estrellas te encontré Capítulo 29. Todo lo que eligieron
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Capítulo 29. Todo lo que eligieron

Vael ya no parecía un consejero.

La armadura ceremonial había desaparecido. Vestía una túnica gris sin símbolos y permanecía sentado en el centro de una cámara circular donde no había puertas visibles ni superficies que pudiera utilizar como armas.

Un campo transparente lo rodeaba.

Las marcas oscuras que Vharos había dejado bajo su piel ascendían desde las manos hasta el cuello. Algunas parecían raíces. Otras se movían lentamente, como si buscaran un lugar donde ocultarse.

Emma se detuvo frente a la barrera.

Zyren esperaba fuera de la cámara, tal como había prometido.

No junto a la entrada.

A menos de un metro.

Emma había decidido no discutir aquella parte.

Vael levantó la cabeza.

Sus ojos plateados seguían siendo los mismos que aparecieron por primera vez en las transmisiones secretas de Charles. Los ojos de alguien que había observado la vida de Emma mucho antes de que ella supiera que Nexara existía.

—La Portadora —dijo.

—Emma Carter.

Una leve sonrisa cruzó el rostro de Vael.

—Continúas defendiendo un nombre que pertenece a un mundo dispuesto a utilizarte.

—Pertenece a mis padres.

La sonrisa desapareció.

Emma se acercó al campo.

Había imaginado aquel momento desde la confesión. En algunas versiones, gritaba. En otras exigía que Vael sintiera exactamente el mismo dolor que había provocado.

Ahora que lo tenía delante, no sentía ninguna de esas cosas.

Solo una calma dura.

—Quiero saber qué ocurrió la noche en que murieron —dijo.

Vael inclinó la cabeza.

—Ya lo sabes.

—Sé que accediste al dispositivo del automóvil. No sé por qué conducían aquella noche. No sé adónde iban ni qué descubrió mi madre.

—¿Crees que los detalles cambiarán el resultado?

—No.

—Entonces buscas una forma más precisa de odiarme.

Emma sostuvo su mirada.

—No necesito más razones.

Las marcas oscuras bajo la piel de Vael se movieron.

—El odio puede ser útil —dijo—. Los humanos lo comprenden mejor que los nexarianos.

—Vharos también pensaba que las emociones solo servían para controlar a otros.

—Y ahora Nexara se desmorona bajo ellas.

—Nexara está aprendiendo a sentirlas sin convertirse en ti.

Algo se tensó en el rostro de Vael.

Emma comprendió que había encontrado la herida.

No era culpabilidad.

Era orgullo.

—Mi madre —repitió—. ¿Qué descubrió?

Vael apartó la mirada.

Durante unos segundos, Emma solo escuchó la vibración del campo de contención.

—Charlotte descubrió que la señal de la Tierra no había aparecido por accidente —respondió finalmente—.

La Tierra nunca fue destruida. Cuando nuestros antepasados rompieron el corredor, quedó aislada de la red energética y desapareció de nuestros registros.

El Pulso Original estaba reconstruyendo ese vínculo porque tu energía, activa desde antes de tu nacimiento y reconocida por el colgante, había restaurado parcialmente su firma.

—Entonces, ¿por qué Nexara la consideraba destruida?

—Porque eso fue lo que nuestros antepasados decidieron registrar.

Vael contempló las marcas que recorrían sus manos.

—Cuando abandonaron la Tierra, no se limitaron a viajar hasta otro mundo. Rompieron deliberadamente el corredor que unía ambos planetas. Temían que las emociones humanas contaminaran la sociedad que pretendían crear.

—Pero no pudieron eliminarlas.

—No. Solo aprendimos a extraerlas y a llamarlo evolución.

Vael observó sus propias manos.

—Charlotte comprendió que la energía que despertó en ti procedía de antes de la separación. No pertenecía exclusivamente a la Tierra ni a Nexara. Era la memoria viva del vínculo entre ambos mundos.

—¿Por eso me llamabas Portadora?

—Porque podías restaurarlo.

—Y querías utilizarme para abrir el portal.

—Quería devolverle a Nexara lo que había perdido.

—No. Querías decidir qué recuperaba y qué seguía enterrado.

Vael levantó los ojos.

—El orden requiere decisiones que la mayoría no está preparada para tomar.

—Eso se parece mucho a lo que Charles solía decir.

—Tu abuelo y yo tenemos más en común de lo que desea admitir.

Emma sintió el golpe, pero no se apartó.

—Él se detuvo.

—Después de ayudarte a nacer con una energía que no comprendía. Después de ocultar la verdad. Después de permitir que crecieras junto a una puerta que podía abrirse en cualquier momento.

—Y pasó veinte años intentando mantenerte lejos de mí.

—Pasó veinte años temiendo que descubrieras quién era realmente.

Emma recordó el rostro de Charles en el observatorio. La culpa, las mentiras y aquel amor imperfecto que tantas veces había utilizado como justificación para controlarla.

—Responderá por sus decisiones —dijo—. Pero tú responderás por las tuyas. ¿Qué descubrió Charlotte sobre la tercera pulsación?

Por primera vez, Vael pareció sorprendido.

Fue una reacción breve.

Suficiente.

—Lo sabías —dijo Emma.

—Conocía la teoría.

—Explícala.

—No.

Las líneas oscuras de su cuello se encendieron.

El campo reaccionó y una descarga recorrió su cuerpo. Vael se tensó, pero no emitió ningún sonido.

Emma no retrocedió.

—Mi madre escribió que dos sostienen la puerta y un tercero decide su destino.

—Tu madre comprendía que ninguna unión entre mundos permanece estable cuando depende de fuerzas opuestas. La Tierra y Nexara pueden abrir un corredor, pero cada planeta intenta atraerlo hacia sí. Tarde o temprano, uno debe imponerse al otro.

—La convergencia.

—O la separación.

—¿Y la tercera fuente?

Vael sonrió.

—La tercera fuente no pertenecería por completo a ninguno de los dos mundos.

El frío descendió por la espalda de Emma.

—Thomas.

—Así lo llamaste en la posibilidad que Vharos te mostró.

—Vharos mintió.

—Vharos utilizó una posibilidad existente. No podía inventar una frecuencia que todavía no hubiera dejado una huella en el tiempo.

Emma cerró los dedos.

—Mi hijo no será una herramienta.

—Todo ser nacido con poder termina convertido en una herramienta. La única diferencia es quién sostiene el mango.

Emma avanzó hasta quedar a centímetros de la barrera.

—Escúchame bien. Si algún día tengo un hijo, nadie decidirá por él. Ni el Consejo, ni la Tierra ni Nexara. Mucho menos tú.

—¿Crees que podrás protegerlo de lo que será?

—No. Le enseñaré a decidir quién quiere ser.

Vael la observó con una atención distinta.

—Hablas como Charlotte.

—Eso pretendía ser un insulto?

—Era una advertencia.

Las marcas de su rostro volvieron a moverse.

Esta vez Vael cerró los ojos.

—Tu madre encontró una forma de cerrar el corredor sin destruirlo —continuó—. Por eso salió de Elarin aquella noche. Quería llevar sus cálculos a un lugar donde Charles y yo no pudiéramos encontrarlos.

—¿Adónde iba?

—A Veymont. Henry había preparado un archivo fuera de la red del observatorio.

Emma contuvo el aliento.

—¿Existe todavía?

—No lo sé.

—Mientes.

—Vharos podía reconocer el miedo, pero no leer cada pensamiento. Charlotte escondió la ubicación incluso mientras yo controlaba el sistema del vehículo.

Emma pensó en las empresas de Henry, en sus diseños aeroespaciales y en los registros laborales que Charles mantenía archivados.

Gabe podía encontrarlos.

—¿Mi madre sabía que estabas dentro del automóvil?

—Lo comprendió segundos antes de perder el control.

La calma de Emma se quebró.

—¿Qué hizo?

Vael permaneció en silencio.

—Dímelo.

—Intentó expulsarme del sistema. Henry desconectó la asistencia automática y tomó el control manual. Durante once segundos, casi lo consiguieron.

Once segundos.

Emma imaginó las manos de su padre sobre el volante.

La voz de su madre.

El miedo de ambos.

—Charlotte te había dejado con Charles antes de partir.

Emma sintió culpa.

Culpa porque sus padres habían recorrido aquella carretera intentando construir un futuro en el que ella pudiera estar a salvo.

—¿Por qué puedo ver el accidente?

Vael alzó la mirada.

—Estás percibiendo una huella que Charlotte intentó enviarte mediante el Pulso.

—¿Intentó comunicarse conmigo?

—Cuando comprendió que no recuperaría el control del automóvil, utilizó el vínculo entre ambas para transmitirte una advertencia. La distancia debilitó la señal y el impacto la interrumpió antes de que pudiera completarla.

Emma apoyó una mano sobre el campo.

La superficie vibró bajo sus dedos.

—¿Qué intentaba decirme?

—No puedo saberlo. La transmisión no pasó a través de Nexara.

La imagen llegó sin aviso.

Lluvia golpeando los cristales.

La voz de Henry diciendo que el volante no respondía.

Charlotte girándose, como si pudiera mirar a su hija a través de la distancia.

Sus ojos verdes.

No asustados.

Decididos.

Una mano extendiéndose hacia Emma.

Después, luz.

Emma se apartó de la barrera.

La huella desapareció antes de completarse, pero dejó una presión dolorosa detrás de sus ojos.

—Ella dijo algo —susurró.

Vael la contempló.

—¿Qué?

—Antes del impacto. Mi madre intentó decirme algo.

—Si la transmisión quedó alojada en tu frecuencia, solo tú puedes recuperarla.

Emma cerró los ojos.

Las palabras estaban allí.

No como una memoria que pudiera observar desde fuera.

Como una certeza que la había acompañado toda su vida sin que comprendiera de dónde procedía.

El amor no es aquello que impide que tengas miedo.

Es aquello que eliges incluso cuando lo tienes.

Emma abrió los ojos.

Vael seguía observándola.

—¿Por qué los mataste? —preguntó—. No me hables de Nexara ni del equilibrio entre mundos. ¿Por qué elegiste hacerlo?

Por primera vez, Vael no tuvo una respuesta preparada.

Las líneas oscuras bajo su piel disminuyeron su movimiento.

—Porque Charlotte se negó a obedecerme.

La sencillez de la confesión resultó peor que cualquier justificación.

—Podía cerrar el vínculo —continuó—. Podía hacer desaparecer la Tierra nuevamente de nuestros registros. Todo lo que había construido habría terminado por decisión de una humana.

—Así que la castigaste.

—La detuve.

—Mataste a mi padre. Dejaste a una niña sin sus padres. Utilizaste a Charles, a Alaric y a todos los que creyeron que podían negociar contigo.

La voz de Emma comenzó a temblar.

No intentó controlarla.

—No los detuviste. Los asesinaste porque una mujer te dijo que no.

Vael bajó la mirada.

Emma esperó sentir satisfacción.

No llegó.

Solo tristeza.