A través de las estrellas te encontré Capítulo 27. Bajo tres lunas #2
56%

Capítulo 27. Bajo tres lunas #2

—También afirma que lo contradices delante de sus aprendices.

—Eso sí es cierto.

—Xantheris rechazó la queja.

Emma lo miró.

—¿Interviniste?

—No fue necesario.

—Pero lo habrías hecho.

—Sí.

La respuesta llegó sin vacilación.

Zyren había cambiado desde que regresó a Nexara. Ya no escondía cada sentimiento detrás de palabras precisas. Todavía intentaba comprenderlos, pero había dejado de tratarlos como fallas.

Aquella mañana había reconocido que estaba inquieto antes de una comparecencia ante el Consejo.

Dos días atrás admitió que la posibilidad de que Emma regresara a la Tierra le producía miedo.

Y, la noche anterior, le había dicho que la amaba.

No durante una batalla.

No frente a una amenaza.

Lo dijo mientras ella intentaba enseñarle a preparar café terrestre con ingredientes nexarianos.

Después arruinó el momento al explicar que había llegado a aquella conclusión tras evaluar veintinueve síntomas compatibles.

Emma lo besó de todas formas.

—¿Qué decidió el Consejo sobre Vael? —preguntó.

El rostro de Zyren se endureció.

—Permanecerá aislado hasta que determinen cuánto de Vharos continúa unido a él.

—¿Y después?

—Será juzgado.

—¿Por lo que hizo en Nexara o por lo que hizo en la Tierra?

—Por ambas cosas.

Emma bajó la mirada hacia el océano.

La confesión de Vael había respondido a la pregunta que la acompañó durante veinte años. Él accedió al dispositivo oculto en el automóvil de sus padres. Él provocó la pérdida de control. Él dejó que todos creyeran que Charlotte y Henry Carter habían muerto en un accidente.

Conocer la verdad no había aliviado el dolor.

Solo le había dado un rostro.

—Quiero hablar con él —dijo.

Zyren se detuvo.

—No.

—No te pedí permiso.

—Lo sé.

—Entonces no respondas como si pudieras decidirlo.

La mandíbula de Zyren se tensó.

Emma soltó su mano.

Él contempló el espacio vacío entre ambos.

—Vael intentó utilizarte —dijo—. Mató a tus padres. Permitió que Vharos entrara en Evelyn y estuvo dispuesto a destruir dos mundos para recuperar el control de Nexara.

—Precisamente por eso necesito hablar con él.

—¿Para qué?

Emma tardó en responder.

—Para saber si mi madre descubrió lo que él planeaba antes de morir. Para saber si intentó advertir a Charles. Para saber qué parte de mi vida fue una decisión suya y cuál fue una consecuencia que ni siquiera él pudo controlar.

—Podría mentirte.

—Entonces decidiré si le creo.

Zyren apartó la mirada.

Emma comprendió que no era desconfianza hacia ella.

Era miedo a no poder protegerla.

Se acercó nuevamente.

—No tienes que impedir que algo me duela para amarme.

Los ojos negros regresaron a ella.

—No sé cómo hacer una cosa sin intentar la otra.

—Puedes empezar acompañándome.

La resistencia permaneció algunos segundos.

Después Zyren inclinó la cabeza.

—Te acompañaré.

—Fuera de la cámara.

—Junto a la entrada.

—Zyren.

—Es el límite que puedo ofrecerte.

Emma reconoció sus propias palabras y sonrió.

—Has estado hablando con Gabe demasiado tiempo.

—Su tendencia a imponer condiciones es irritante.

—Y, sin embargo, aprendes de él.

Continuaron caminando.

Al llegar al final del puente, Zyren no tomó el camino hacia la residencia asignada a Emma. Giró hacia una plataforma ascendente situada entre dos torres.

—¿Adónde vamos?

—Quiero mostrarte algo.

La plataforma los elevó sobre Zeythar.

Pasaron junto a los niveles del Consejo, los jardines suspendidos y las rutas por donde viajaban las naves silenciosas. Finalmente alcanzaron una estructura aislada en la parte más alta de la ciudad.

No era una torre.

Parecía una casa.

Las paredes transparentes reflejaban las tres lunas. En el interior había pocas habitaciones y un jardín abierto donde crecían plantas oscuras cubiertas de pequeñas luces.

Emma entró.

El aire olía a lluvia.

—¿Qué es este lugar?

—Mi residencia.

Ella se volvió.

—Pensé que vivías en la torre de comandantes.

—Vivía allí. Dejé de ser comandante.

No había amargura en su voz.

Solo una verdad que todavía estaba aprendiendo a habitar.

Emma recorrió el espacio. No encontró objetos decorativos ni recuerdos. Todo parecía elegido por necesidad.

Excepto una cosa.

Sobre una superficie junto al ventanal descansaba una taza blanca.

Tenía una grieta en un costado.

Emma la reconoció de inmediato.

—No puedo creerlo.

Zyren se acercó.

—Cloe dijo que debía pagarla.

—La rompiste.

—La estructura era deficiente.

Emma soltó una carcajada.

El sonido llenó la casa vacía.

Zyren la contempló en silencio.

—¿Por qué me trajiste aquí? —preguntó ella.

Él miró hacia las lunas.

Por primera vez desde que lo conocía, pareció no encontrar las palabras.

—Los espacios asignados a visitantes son temporales —dijo finalmente.

—Eso no responde mi pregunta.

—No sé cuánto tiempo permanecerás en Nexara.

La alegría desapareció lentamente del rostro de Emma.

—Yo tampoco.

—La comunicación con la Tierra podría restablecerse. El portal podría abrirse mañana o dentro de varias jornadas nexarianas. Cuando ocurra, tendrás que decidir.

—Sí.

—No quiero que todo lo que exista entre nosotros hasta entonces se sienta temporal.

Emma dejó la taza sobre la superficie.

Zyren permaneció inmóvil, aunque las líneas bajo su piel se encendieron con una intensidad que revelaba cuánto le costaba mantener aquella apariencia.

—¿Me estás pidiendo que viva contigo? —preguntó.

—Estoy intentando hacerlo.

—Tu técnica necesita trabajo.

—Lo supuse.

Emma avanzó hasta quedar frente a él.

—No quiero quedarme aquí porque no pueda volver a casa.

Zyren bajó la mirada.

—Entiendo.

—Quiero quedarme porque lo elijo.

Él levantó los ojos.

—¿Por cuánto tiempo?

Emma pensó en Charles esperando frente a un telescopio.

En Evelyn exigiendo verdades después de toda una vida protegiéndola.

En Gabe intentando controlar hasta los silencios.

En Cloe entrando en lugares prohibidos porque una explicación no le parecía suficientemente absurda.

Los extrañaba.

La ausencia de todos ellos seguía doliendo.

Pero también había comenzado a comprender que amar su vida en la Tierra no le impedía construir otra en Nexara.

No tenía que elegir para siempre aquella noche.

—Hasta que encontremos la forma de que ninguno de los dos mundos vuelva a exigirme una despedida —respondió.

Zyren colocó una mano sobre su mejilla.

—Eso podría tomar mucho tiempo.

—Entonces tendrás que conseguir más muebles.

—¿Eso significa que aceptas?

Emma rozó sus labios con los de él.

—Significa que necesito un lugar para guardar mi ropa.

—Puedo modificar una habitación completa.

—Un armario será suficiente.

—Las dimensiones pueden adaptarse.

—Zyren.

—Estoy intentando ser útil.

Emma sonrió contra su boca.

Esta vez fue él quien la besó.

No hubo urgencia ni miedo detrás del gesto. No existía un enemigo persiguiéndolos, una nave a punto de partir ni un mundo derrumbándose bajo sus pies.

Solo una casa silenciosa.

Tres lunas sobre el cristal.

Y el tiempo que ambos habían elegido compartir.

Cuando se separaron, Zyren apoyó la frente contra la de ella.

—Hay otra cosa —dijo.

—¿Más importante que el armario?

—Xantheris analizó la señal que enviaste a la Tierra.

Emma percibió el cambio en su voz.

—¿Qué encontró?

—La frecuencia no salió únicamente de ti.

Ella se apartó lo suficiente para mirarlo.

—¿Vharos?

—No.

—¿El núcleo?

—Tampoco.

Zyren levantó una mano y proyectó una serie de ondas luminosas. Dos pulsaciones aparecieron claramente diferenciadas: una dorada y otra violeta.

Después, entre ambas, surgió una tercera línea.

Muy tenue.

Emma dejó de respirar.

—No —dijo—. Ya comprobamos que no estoy embarazada.

—Lo sé.

—Thomas todavía no existe.

—Esta señal no procede de tu cuerpo.

La tercera onda desapareció y volvió a formarse al otro lado de la proyección, como si viajara desde un punto demasiado distante para ser localizado.

—Entonces, ¿qué es?

Zyren observó la línea.

—Una respuesta.

—¿De quién?

—No lo sabemos. Pero apareció en el momento exacto en que Cloe recibió tu mensaje.

Emma pensó en el hijo que Vharos había utilizado para engañarla.

En aquella voz infantil llamándola mamá.

En la posibilidad que existía fuera del tiempo sin pertenecer todavía a nadie.

—¿Proviene del futuro? —preguntó.

—Xantheris cree que esa pregunta ya no puede descartarse.

La tercera pulsación brilló una vez más.

No pedía que la siguieran.

No intentaba obligarlos a cumplir ningún destino.

Parecía esperar.

Emma buscó la mano de Zyren.

—No quiero que una señal decida nuestra vida.

—No lo hará.

—Si algún día Thomas existe, será porque nosotros lo elegimos. No porque Nexara lo necesite ni porque el universo haya construido una función para él.

Zyren cerró los dedos alrededor de los suyos.

—Será nuestro hijo antes que el puente de ningún mundo.

Emma sostuvo su mirada.

Aquello era lo que necesitaba escuchar.

La proyección se apagó.

En el silencio que siguió, una pulsación recorrió los cristales de la casa.

No procedía del núcleo de Nexara.

Venía del cielo.

Las tres lunas aumentaron su brillo al mismo tiempo.

Y, durante un instante imposible, Emma creyó escuchar la risa de un niño viajando entre las estrellas.

No una orden.

No una profecía.

Una promesa que todavía podía elegir no cumplirse.

Zyren miró hacia el cielo.

—¿Lo escuchaste?

Emma apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Sí.

—¿Tienes miedo?

Ella escuchó los latidos bajo su oído.

Ya no eran perfectos.

—Muchísimo.

Zyren la rodeó con los brazos.

—Yo también.

Bajo las tres lunas de Nexara, ninguno intentó eliminarlo.