Capítulo 24. El hijo que aún no existía #2
—También podrán amarse.
La palabra alteró la luz del Núcleo.
Zyren miró a Emma.
Ella sintió todo lo que todavía no habían dicho.
Vharos se retorció.
—El amor también destruye.
—Cuando se convierte en posesión —respondió Emma—. Cuando se utiliza para decidir por otros. Cuando se teme tanto perderlo que se prefiere encerrarlo.
Miró a Zyren.
—Pero también puede elegir.
La corriente dorada salió del Núcleo.
Millones de luces atravesaron Nexara.
En Zeythar, los ciudadanos recibieron aquello que sus antepasados habían rechazado. Algunos cayeron. Otros gritaron. Muchos lloraron sin comprender todavía por qué.
Pero las sombras dejaron de crecer.
Vharos perdió el rostro de Emma.
Después el de Zyren.
Después todos los demás.
Su cuerpo se redujo hasta convertirse en una figura pequeña, sin facciones, formada por la última oscuridad acumulada.
Vael continuaba sujetándolo.
—Libéralo —dijo Emma.
El consejero la miró.
La oscuridad había cubierto nuevamente la mitad de su rostro.
—Si lo hago, volverá al Núcleo.
—No si tú también devuelves lo que te pertenece.
—No comprendo.
—Vharos conserva aquello que todavía te niegas a sentir.
Vael apretó los brazos alrededor de la criatura.
—No queda nada.
—Queda tu culpa.
El rostro del consejero se contrajo.
—No.
La oscuridad volvió a extenderse.
—Causaste la muerte de mis padres. Manipulaste a Charles. Utilizaste a Alaric. Condenaste a dos mundos porque creíste que tu inteligencia te daba derecho a decidir por todos.
—Intentaba proteger Nexara.
—Y ahora sabes lo que hiciste.
Vael cerró los ojos.
—No puedo cambiarlo.
—No.
Emma sintió la ira regresar.
La dejó existir.
—Tampoco puedo perdonarte. Pero puedes impedir que Vharos utilice tu culpa para continuar.
El consejero comenzó a temblar.
—Yo los maté.
La criatura se agitó.
—Tomé el control del vehículo —continuó Vael—. Sabía que Charlotte estaba dentro. Sabía que Henry intentaría protegerla.
Una luz gris salió de su pecho.
Vharos intentó absorberla.
Vael abrió los brazos.
—Y durante veinte años llamé necesaria a su muerte porque no podía aceptar lo que había hecho.
La luz atravesó a la criatura.
Vharos lanzó un último grito.
Su cuerpo se quebró.
No explotó.
No desapareció.
Se dividió en miles de partículas que descendieron sobre el Núcleo y se transformaron en pequeñas luces.
Emociones sin dueño.
Recuerdos de personas que ya no existían.
La esfera las recibió sin encerrarlas.
Por primera vez, permanecieron allí sin formar una sola conciencia.
Vael cayó.
Lira lo sostuvo antes de que rodara hacia el vacío.
La oscuridad había desaparecido de su rostro.
—Sigue vivo —dijo.
—¿Vharos? —preguntó Zyren.
Lira observó las luces dentro del Núcleo.
—No encuentro una frecuencia unificada.
Emma sintió la esfera bajo sus manos.
Vharos ya no estaba allí como una criatura consciente.
Pero su posibilidad permanecía.
Mientras alguien intentara convertir sus emociones en algo ajeno, podría volver a formarse.
—No está destruido —dijo—. Solo ha dejado de ser uno.
Una alarma interrumpió el silencio.
El colgante continuaba flotando en el centro del Núcleo.
La corriente azul que lo conectaba con la Tierra seguía activa.
—Convergencia detenida —anunció Nexarion-X—. Separación incompleta.
—¿Qué significa? —preguntó Emma.
—Las estructuras planetarias han recuperado estabilidad. El contacto físico ya no es inminente.
Zyren miró el cielo oscuro sobre ellos.
—¿Y el portal?
—La ruta entre ambos mundos permanece cerrada.
Emma sintió el peso de la respuesta.
—¿Puedo regresar a la Tierra?
—Negativo.
La palabra fue más fría que el espacio que los rodeaba.
—¿Cuánto tardará en abrirse otra ruta?
—Información insuficiente.
—¿Días?
—Información insuficiente.
—¿Meses?
—Información insuficiente.
Emma retiró las manos del Núcleo.
La Tierra seguía viva.
Podía sentirla como una pulsación distante. Su familia estaba allí. Evelyn, Charles, Gabe y Cloe continuaban con sus vidas sin saber dónde se encontraba ni si volverían a verla.
Pero el camino había desaparecido.
Zyren se acercó.
—Encontraremos la forma.
Emma lo miró.
La herida de su frente seguía abierta. Su armadura estaba dañada y el miedo permanecía dentro de sus ojos.
No lo ocultó.
Ella tampoco.
—¿Y si no existe?
—Existe.
—No puedes saberlo.
—No.
Zyren tomó su rostro entre las manos.
—Pero te buscaré durante el tiempo que sea necesario.
Emma cerró los ojos y apoyó la frente contra la suya.
—Esta vez no tienes que buscarme.
Las tres lunas reaparecieron sobre las profundidades del planeta.
—Estoy aquí.
⁕
Muy lejos, en la Tierra, las grietas violetas desaparecieron del cielo.
Charles contemplaba los instrumentos del observatorio cuando una señal dorada apareció en la pantalla.
Era débil.
Estable.
Viva.
Gabe se acercó.
—¿Es Emma?
Charles comparó la frecuencia con los registros de Charlotte.
Las líneas coincidían.
—Sí.
Gabe cerró los ojos y dejó escapar el aire que parecía haber contenido desde que Nexarion-X abandonó la Tierra.
—¿Puede regresar?
Charles examinó las lecturas.
—No hay un portal abierto.
—Eso no fue lo que pregunté.
—Es lo único que puedo responderte.
Gabe miró la señal.
—Entonces esperaré.
—Esto podría tardar días.
—Me quedaré.
—También podrían ser meses.
—He dicho que me quedaré.
Charles levantó la vista.
—Tienes responsabilidades en Veymont.
—Emma también es mi responsabilidad.
—No te corresponde salvarla de todas las decisiones que toma.
—No intento salvarla de sí misma. —Gabe señaló la pantalla—. Intento asegurarme de que encuentre una puerta abierta cuando decida regresar.
Charles observó al hombre que había conocido desde que siempre. Durante años había esperado que Gabe ofreciera a Emma la estabilidad que él no había sabido proporcionarle.
Ahora comprendía que aquella idea también había sido una forma de decidir por ambos.
—Tomaremos turnos —dijo—. Uno vigilará el observatorio mientras el otro descansa.
Gabe asintió.
—Yo cubriré esta noche.
—Llevas despierto desde ayer.
—No tengo sueño.
Charles no discutió.
Recogió sus notas, pero antes de salir volvió a mirar la señal dorada.
—Si cambia, llámame.
—Lo haré.
Gabe quedó solo bajo la cúpula.
Afuera, Elarin recuperaba lentamente la calma. Nadie en el pueblo comprendía por qué el cielo se había cubierto de luz violeta ni por qué todos los sistemas eléctricos habían fallado al mismo tiempo.
Pronto comenzarían las preguntas.
Gabe se sentó frente a la pantalla.
La pulsación dorada apareció de nuevo.
Una vez.
Después otra.
No sabía si Emma podía escucharlo.
Aun así, habló.
—Estamos aquí.
La señal se intensificó durante una fracción de segundo.
Gabe se inclinó hacia la pantalla.
Esperó otra respuesta.
No llegó.
⁕
En Nexara, Emma contemplaba el resplandor de la Tierra dentro del Núcleo.
No podía cruzarlo.
Todavía.
Pero sabía que alguien seguía esperando al otro lado.
Zyren entrelazó sus dedos con los de ella.
Por primera vez desde que había llegado a Nexara, no existía una cuenta regresiva.
Solo dos mundos separados.
Una amenaza contenida.
Y el tiempo suficiente para descubrir qué podían llegar a ser cuando nadie decidía por ellos.