A través de las estrellas te encontré Capítulo 23. Lo que nació del silencio #2
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Capítulo 23. Lo que nació del silencio #2

Emma observó a Zyren.

—¿Cuándo comenzaste a sospecharlo?

—En la Tierra. Vharos conocía pensamientos que nunca había expresado y reaccionaba a procesos biológicos específicos de los nexarianos. No se comportaba como una entidad que nos hubiera encontrado. Se comportaba como algo creado a partir de nosotros.

Lira amplió la imagen del Núcleo.

—Durante la Purificación, millones de nexarianos entregaron al sistema todo aquello que consideraban destructivo. Miedo, dolor, ira, deseo, apego.

—Pero las emociones no son energía sin identidad —dijo Emma—. Pertenecían a personas.

—El Núcleo conservó las frecuencias individuales —comprendió Lira—. Generación tras generación.

Emma sintió frío.

—Vharos no es una criatura.

—Es una conciencia colectiva —dijo Zyren—. Formada por todo lo que Nexara rechazó de sí misma.

Una voz surgió detrás de ellos.

—Por fin lo comprendes.

Los tres se volvieron.

Vael estaba dentro de la nave.

No había atravesado ninguna entrada. Su figura emergía de la pared como una prolongación del material oscuro.

Zyren extendió una barrera alrededor de Emma.

—No es realmente él —dijo Lira.

—Una parte sí —respondió Vael—. Cada vez resulta más difícil distinguir dónde termino yo y dónde comienza Vharos.

—Elegiste esto —dijo Zyren.

—Elegí una herramienta.

—Creíste que podías controlar el dolor de millones de personas.

—Durante siglos lo hicimos.

Emma se acercó a la barrera.

—No lo controlaron. Lo encerraron.

Vael la miró.

—La diferencia era irrelevante mientras Nexara permaneciera en paz.

—Esto no es paz.

—Lo era antes de que tú despertaras lo que debía continuar dormido.

Emma sintió la energía de la ciudad. Miles de pulsaciones nuevas se extendían bajo ellos.

—No los desperté. Ya estaban sintiendo. Solo habían aprendido a no reconocerlo.

—Y ahora las torres caen.

—Porque construyeron todo un mundo sobre la negación.

La figura de Vael se hizo más oscura.

—Hablas como si la humanidad hubiera aprendido algo distinto. Tu planeta se destruyó mediante guerras, ambición y odio. Nexara sobrevivió porque eliminamos aquello que los convirtió en monstruos.

—La Tierra sigue existiendo.

—Por un accidente energético.

—No. —Emma sostuvo su mirada—. Sigue existiendo porque incluso después de destruirse, la humanidad volvió a elegir vivir.

Vael levantó una mano.

La imagen de la Tierra apareció entre ellos.

Ciudades incendiadas cubrían su superficie. El mar avanzaba sobre las costas y una grieta atravesaba Elarin.

—Mira cuánto durará esa elección.

Emma dio un paso hacia la proyección.

Zyren la sujetó por la cintura.

—No es real.

—Todavía no —dijo Vael—. Pero lo será si ella se niega a estabilizar Nexara.

—¿Cómo? —preguntó Emma—. Dime exactamente qué pretendes hacer conmigo.

Vael sonrió.

—Unirás tu frecuencia al Núcleo. El Pulso Original absorberá la energía acumulada y restablecerá la estructura del planeta.

—¿Y la Tierra?

—La convergencia terminará.

—Eso no responde la pregunta.

—La conexión debe liberar su exceso en algún lugar.

—En la Tierra —dijo Zyren.

Vael no lo negó.

—Nuestro mundo posee una estructura energética compleja. El suyo no.

—Por eso crees que sobrevivirá Nexara —dijo Emma.

—Es una certeza matemática.

—¿Cuántas personas viven en la Tierra?

—Ocho mil millones, aproximadamente.

—¿Y en Nexara?

—Menos de una décima parte.

Lira miró al consejero.

—Elegiste sacrificar el planeta con mayor población.

—Elegí conservar la civilización capaz de impedir que el universo repita los errores humanos.

—Creaste a Vharos —respondió Lira—. Quizá nuestros errores solo aprendieron a esconderse mejor.

Vael volvió la mirada hacia ella.

Por primera vez, Emma vio dolor en su rostro.

Real.

No pertenecía a Vharos.

—Yo intenté salvarnos —dijo.

La oscuridad que lo rodeaba reaccionó.

Sus dedos se alargaron.

Varias voces surgieron bajo la suya.

—Los vi destruirse. Vi las guerras finales de la Tierra. Escuché los mensajes que enviaron cuando ya era demasiado tarde. Juré que Nexara nunca conocería ese sufrimiento.

Emma comprendió entonces que la criatura no se había unido a Vael por casualidad.

Dentro de él existía el mismo miedo que había dirigido cada una de sus decisiones.

El terror de ver morir otro mundo.

—Tienes miedo —dijo.

Vael tensó el rostro.

—No.

La oscuridad creció.

—Tienes miedo desde antes de que Nexara eliminara las emociones.

—No sabes nada de mí.

—Sé que construiste una civilización entera para no volver a sentir lo que sentiste al contemplar la destrucción de la Tierra.

—Silencio.

Las paredes de la nave se cubrieron de sombras.

—Convertiste tu miedo en leyes. En sistemas. En una idea de perfección.

—¡Silencio!

La proyección se abalanzó sobre la barrera.

Nexarion-X tembló.

Emma mantuvo los ojos fijos en Vael.

—Y ahora Vharos puede controlarte porque continúas negándolo.

El rostro del consejero se dividió.

De su cuerpo emergió otra figura.

Idéntica.

Uno de los Vael cayó de rodillas. La oscuridad abandonó su armadura y se concentró en el otro, cuyo cuerpo siguió creciendo hasta tocar el techo de la nave.

Lira retrocedió.

—Se está separando.

El Vael que permanecía de rodillas levantó el rostro.

Sus ojos volvían a ser plateados.

—No permitan que llegue al Núcleo —dijo.

La criatura lo sujetó por el cuello.

—Ya estoy allí.

Vharos abrió la boca.

Miles de voces escaparon de su interior.

El casco de la nave se agrietó.

Zyren lanzó una descarga, pero la energía atravesó a la criatura sin detenerla. Lira activó un campo de contención alrededor del verdadero Vael.

Emma extendió las manos.

La luz dorada golpeó a Vharos.

La entidad retrocedió, pero no desapareció.

—No puedes expulsarme —dijo—. No de este mundo. Cada piedra contiene una parte de mí.

—Entonces no te expulsaré.

Emma concentró la energía alrededor de su cuerpo.

—Te obligaré a volver al lugar donde naciste.

Vharos lanzó un grito.

La nave entera se llenó de oscuridad.

Por un instante, Emma dejó de ver a Zyren.

El frío penetró hasta sus huesos.

Después una mano encontró la suya.

La energía violeta se unió a la dorada.

Zyren apareció junto a ella.

Lira hizo lo mismo desde el otro lado.

Las tres frecuencias formaron un círculo alrededor de Vharos.

La criatura se contrajo.

Sus extremidades se deshicieron primero. Después los rostros que cubrían su cuerpo comenzaron a desaparecer.

Antes de desvanecerse, Vharos sonrió.

—Llévame al Núcleo, Portadora.

La oscuridad salió de la nave y descendió hacia las profundidades de Nexara.

El Vael humano quedó tendido sobre el suelo.

Emma intentó acercarse, pero Zyren la detuvo.

—Podría ser una trampa.

—No lo es —dijo Lira.

Se arrodilló junto al consejero y colocó dos dedos sobre su cuello.

—Su frecuencia está incompleta.

Vael abrió los ojos.

Parecía más viejo.

—No pude controlarlo —murmuró.

—No —respondió Emma—. Y sabías que podía ocurrir.

Él la miró.

—Creí que sería diferente conmigo.

—Todos los que alimentan a un monstruo creen que serán la excepción.

Vael cerró los ojos.

—El colgante ya no está conmigo.

Emma miró sus manos vacías.

—¿Dónde está?

—Vharos lo llevó al Núcleo.

Una nueva alarma resonó.

El mapa mostró cómo la corriente negra descendía hasta la esfera central del planeta. El colgante aparecía dentro de ella como tres pequeños puntos violetas.

—Conexión terrestre detectada —anunció Nexarion-X—. Convergencia acelerada.

El tiempo proyectado cambió.

Seis horas.

Tres.

Cuarenta y siete minutos.

Emma sintió que el suelo desaparecía bajo ella.

—¿Qué hizo?

Vael abrió los ojos.

—Le dio al Núcleo acceso directo a la Tierra.

Zyren se dirigió a la consola.

—Ruta secundaria. Máxima velocidad.

Nexarion-X descendió.

Las torres de Zeythar quedaron sobre ellos y la nave entró en una abertura formada entre los mares bioluminiscentes.

La luz desapareció.

Solo quedó la corriente negra señalando el camino.

Emma observó el contador.

Cuarenta y seis minutos.

—Cuando lleguemos, ¿podremos separar los planetas?

Nadie respondió.

—Lira.

La consejera contempló los archivos que Charlotte había dejado en la nave.

—Existe una forma.

—¿Cuál?

—El Pulso debe dividirse entre ambos mundos. Una parte en la Tierra y otra en Nexara.

—Estoy aquí. ¿Cómo voy a dejar una parte de mí en la Tierra?

Lira levantó la mirada.

—No puedes.

Emma sintió que Zyren comprendía la respuesta antes que ella.

—El vínculo entre nosotros —dijo él.

Lira asintió.

—Emma puede enviar una parte del Pulso a través de ti. Pero para mantener separados los planetas, cada uno deberá permanecer en un lado del umbral cuando este se cierre.

El silencio se hizo absoluto.

Emma miró a Zyren.

—No.

—Todavía no conocemos todas las posibilidades —dijo él.

—No pienso regresar a la Tierra y dejarte aquí.

—Y yo no permitiré que la Tierra sea destruida.

—No decidas por mí.

—No lo hago.

Zyren se acercó.

—Cuando lleguemos al Núcleo, encontraremos otra solución.

Emma reconoció la mentira.

No en sus palabras.

En el miedo que atravesó el vínculo.

Nexarion-X continuó descendiendo.

La oscuridad se abrió frente a ellos y reveló una esfera gigantesca suspendida en el centro del planeta. Millones de corrientes emocionales giraban en su interior.

En medio de todas ellas esperaba Vharos.

Llevaba el rostro de Zyren.

Una mano sostenía el colgante.

La otra descansaba sobre el hombro de un niño que todavía no existía.

El niño levantó hacia Emma unos ojos verdes atravesados por destellos violetas. Su cabello era oscuro y, aunque nunca lo había visto, había algo inquietantemente familiar en sus facciones.

—Mamá —dijo—. Llegaste demasiado tarde.