Capítulo 23. Lo que nació del silencio
La Tierra ardía sobre el cielo de Nexara.
No era una proyección.
Emma distinguía los océanos azules, las líneas de los continentes y el resplandor de las ciudades en el lado nocturno. Nubes blancas giraban sobre la atmósfera, atravesadas por grietas violetas que crecían desde los polos.
El planeta ocupaba la mitad del horizonte.
Demasiado cercano.
Imposible.
Las tres lunas de Nexara flotaban delante de él como pequeñas sombras.
—¿La Tierra está realmente aquí? —preguntó Emma.
Zyren estudió las lecturas que la nave proyectaba alrededor de ellos.
—No de forma física. Todavía no.
—Eso no parece tranquilizador.
—Ambos planetas están comenzando a ocupar la misma frecuencia. Si la convergencia continúa, la distancia entre ellos dejará de existir.
Lira cruzó la entrada de Nexarion-X.
—Y cuando sus estructuras intenten compartir el mismo espacio, se destruirán mutuamente.
Vael permanecía sobre la plataforma del Archivo Central.
La oscuridad cubría la mitad de su cuerpo. Se extendía por su cuello y se introducía bajo la armadura, moviéndose como si algo respirara dentro de él.
El colgante de las tres lunas giraba sobre su palma.
—Podemos evitarlo —dijo.
Su voz atravesó el viento sin esfuerzo.
Zyren se colocó frente a Emma.
—Aleja la nave de la plataforma.
Nexarion-X cerró la entrada y comenzó a elevarse.
Vael no intentó detenerlos.
Sonrió.
La imagen de la Tierra volvió a agrietarse.
—Cada segundo que pierdes acerca ambos mundos —dijo dentro de la nave—. Tarde o temprano vendrás a mí.
La plataforma desapareció bajo ellos.
Emma continuó observando el cielo.
Una de las grietas violetas atravesó el océano Atlántico. Durante una fracción de segundo vio Elarin desde las alturas. Las calles estaban a oscuras y una multitud se había reunido alrededor del observatorio.
—Puedo verlos.
Zyren se acercó a la proyección.
—La convergencia está creando puntos de contacto.
La imagen cambió.
Gabe ayudaba a Charles a caminar por la sala principal. Evelyn acababa de entrar acompañada por Cloe. Los cuatro miraban el cielo a través de la cúpula abierta.
Emma levantó una mano.
—Abuela.
Evelyn se detuvo.
Su rostro se volvió hacia un punto vacío del observatorio.
—¿Emma? —susurró.
La imagen desapareció.
Emma cerró los dedos.
—Me escuchó.
—El vínculo está utilizando tu energía para conectar lugares que comparten una carga emocional contigo —explicó Lira.
—¿Mi familia?
—Personas, lugares y recuerdos. Todo aquello que te define.
Zyren miró a Lira.
—¿Cuánto falta para que la convergencia sea irreversible?
Ella activó una proyección.
Dos esferas aparecieron unidas por miles de filamentos. La mayoría eran violetas, pero una corriente negra se extendía entre ellas y absorbía la luz.
—A este ritmo, menos de seis horas.
Emma apartó la vista del cielo.
—Entonces iremos al Núcleo.
—Eso es exactamente lo que Vael quiere —dijo Zyren.
—También es el único lugar desde donde podemos separar los planetas.
—No sabemos qué ocurrirá cuando conectes tu energía con él.
—Sí sabemos qué ocurrirá si no lo hago.
Zyren sostuvo su mirada.
—No permitiré que te utilicen.
—No estoy proponiendo que Vael me lleve. Estoy decidiendo ir.
—El resultado podría ser el mismo.
—No si llegamos antes y descubrimos cómo funciona.
Lira se acercó a la consola.
—El acceso principal estará bajo el control del Consejo.
—Conozco una ruta secundaria —dijo Zyren—. Era utilizada por los comandantes durante las inspecciones del sistema planetario.
—Fue cerrada hace siglos.
—No por completo.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo la cerré.
Lira lo contempló.
—A veces olvido que fuiste competente antes de convertirte en un problema político.
—Yo no lo olvido.
Emma miró de uno a otro.
—¿Pueden guardar esta conversación para cuando los planetas no estén a punto de destruirse?
Lira inclinó la cabeza.
—Está aprendiendo a dirigirse a nosotros como una comandante.
—No soy comandante.
—Eso explica por qué la escucharán.
Una sacudida recorrió la nave.
Las luces se volvieron rojas.
—Alteración del campo gravitatorio —anunció Nexarion-X—. Pérdida de estabilidad en el sector oriental.
La ciudad se inclinó bajo ellos.
Varias torres descendieron al mismo tiempo. Los puentes energéticos se deformaron y cientos de nexarianos corrieron hacia las plataformas centrales.
Zyren tomó el control de la nave.
—Compensa la alteración.
—Energía insuficiente.
—Utiliza las reservas del sistema defensivo.
—La desactivación dejará la nave vulnerable.
—Hazlo.
La armadura externa de Nexarion-X perdió su resplandor. La nave recuperó estabilidad y descendió hacia una de las torres.
Emma vio a varios nexarianos atrapados en un puente que comenzaba a desintegrarse.
—Tenemos que ayudarlos.
—No podemos aterrizar —dijo Lira—. Si perdemos más tiempo—
—No pienso pasar sobre ellos.
Zyren no discutió.
Dirigió la nave hacia el puente.
Nexarion-X extendió una plataforma desde el casco y estabilizó la estructura. Los ciudadanos cruzaron hacia la torre más cercana.
Emma observó sus rostros al pasar.
Todos miraban a Zyren.
Algunos lo reconocieron.
—Tercer Comandante —dijo un hombre.
—Ya no lo soy —respondió él.
El nexariano contempló la nave, la ciudad alterada y la Tierra suspendida sobre sus cabezas.
—Hoy no parece importar.
Una niña permanecía en medio del puente.
Mientras los demás avanzaban, ella contemplaba una sombra que había adoptado la forma de una mujer. La criatura extendió los brazos hacia ella.
—Madre —susurró la niña.
La sombra sonrió.
Emma salió de la nave.
—¡Espera! —gritó Zyren.
Ella cruzó la plataforma antes de que pudiera detenerla.
El aire de Nexara era más frío que el terrestre. Cada respiración dejaba un sabor metálico en su boca, pero no se detuvo.
La sombra tomó la mano de la niña.
—No es tu madre —dijo Emma.
La pequeña la miró.
Sus ojos plateados estaban llenos de lágrimas.
—Tiene su rostro.
—Vharos utiliza el rostro de las personas que tememos perder.
—Ella desapareció hace tres jornadas nexarianas.
La criatura acarició el cabello de la niña.
—No tienes que volver a estar sola —dijo con voz dulce.
Emma sintió la tristeza que surgía de la pequeña.
La sombra también.
Su cuerpo se hizo más sólido.
—¿Cómo se llamaba tu madre? —preguntó Emma.
—Seyla.
—¿Qué recuerdas de ella?
La niña miró a la criatura.
—Su voz.
—¿Qué más?
—Me enseñó a observar el mar desde las torres bajas.
La sombra tembló.
—¿Qué sentiste cuando desapareció?
La niña bajó la mirada.
No tenía una palabra.
Los nexarianos habían eliminado el duelo junto con todas las emociones que consideraban peligrosas. La ausencia permanecía dentro de ella, pero nadie le había enseñado a nombrarla.
Emma se arrodilló.
—Eso se llama tristeza.
Las lágrimas descendieron por las mejillas de la niña.
—Duele.
—Sí.
—Quiero que se detenga.
—Lo sé. Pero esa criatura no puede devolverte a tu madre. Solo puede alimentarse de todo lo que no te permitiste sentir por ella.
La niña observó la sombra.
—Estoy triste porque Seyla no regresará.
El rostro de la criatura se deformó.
—La extraño —continuó—. Y tengo miedo de olvidarla.
La sombra perdió consistencia.
La niña soltó su mano.
Emma extendió la suya.
La pequeña corrió hacia ella.
La criatura abrió una boca negra y se lanzó sobre ambas.
Una descarga violeta atravesó el puente.
La sombra se desintegró antes de tocarlas.
Zyren permanecía en la entrada de la nave, con un brazo extendido.
—Dijiste que no querías que decidiera por ti —dijo—. Eso no significa que debas ignorar todos los riesgos.
Emma regresó con la niña.
—No podía dejarla.
—Lo sé.
—Entonces no discutas.
—Necesito alguna forma de expresar mi desacuerdo.
—Tu rostro lo hace bastante bien.
La niña miró a Zyren.
—Está asustado.
Emma sintió que él se quedaba inmóvil.
—Sí —respondió ella—. Está aprendiendo a aceptarlo.
Zyren la ayudó a subir.
—No necesitabas explicarlo.
—Ella preguntó.
—No lo hizo.
Emma miró a la niña.
Por primera vez desde que la encontraron, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Lira recibió a la menor y la condujo hacia los demás sobrevivientes.
—Hay refugios en los niveles inferiores —dijo—. Manténganse lejos de las sombras y no oculten lo que sienten.
El hombre que había reconocido a Zyren observó a Emma.
—¿Quién es ella?
Zyren respondió sin apartar la mirada de Emma.
—La razón por la que todavía podemos salvar ambos mundos.
Emma sintió el peso de todas las miradas.
—Soy Emma Carter —dijo—. Y no puedo hacerlo sola.
Los nexarianos permanecieron en silencio.
Después el hombre inclinó la cabeza.
No como quien obedece a una autoridad.
Como quien acepta participar en una decisión.
Las personas continuaron hacia el refugio.
Nexarion-X se separó de la torre y retomó el trayecto.
Emma permaneció junto a la consola.
—¿A cuántos puede alcanzar Vharos al mismo tiempo?
—No existe un límite conocido para sus fragmentos —respondió Lira—.
Vharos no posee un cuerpo estable: se manifiesta mediante sueños, reflejos, recuerdos o sistemas conectados con la energía de Nexara.
Puede intensificar una emoción que ya existe, pero no crearla desde cero.
Para poseer físicamente a alguien necesita una grieta energética y una vulnerabilidad emocional.
Mientras encuentre emociones reprimidas, puede dividirse.
—Entonces no podremos vencerlo atacando cada una de sus formas.
—Debemos separarlo de la fuente.
—El Núcleo —dijo Zyren.
Lira proyectó un mapa del planeta.
Bajo Zeythar, más allá de los mares bioluminiscentes, apareció una esfera rodeada por anillos de energía.
—El Núcleo no es solo una fuente de poder —explicó—. Conserva la memoria energética de Nexara. Cada experiencia eliminada de nuestra conciencia fue almacenada allí para mantener el equilibrio biológico.
Emma contempló la esfera.
—¿Almacenaron las emociones de todo un planeta?
—No podíamos destruirlas. Solo extraerlas.
—Entonces Vharos se ha alimentado de ese lugar durante siglos.
—No —dijo Zyren lentamente—. Vharos nació allí.
Lira lo miró.
—Los registros oficiales aseguran que llegó desde el espacio exterior.
—Los registros oficiales fueron escritos por Vael.
El silencio llenó la nave.