Capítulo 21. El comandante sin mundo
El portal se cerró sobre la mano de Zyren.
La superficie violeta se contrajo hasta convertirse en una línea vertical y después desapareció. La oscuridad regresó a la cámara subterránea.
Durante un instante, nadie se movió.
Zyren continuó con el brazo extendido hacia el lugar donde Emma había estado.
Todavía podía sentirla.
No su cuerpo.
Su ausencia.
Una presión brutal se cerró alrededor de su pecho. Su corazón golpeaba con tanta fuerza que cada latido parecía una advertencia.
Emma estaba en Nexara.
Sola.
Y él había permitido que Vael se la llevara.
—Zyren.
La voz de Gabe llegó desde algún lugar detrás de él.
No respondió.
Colocó ambas manos sobre la estructura que había contenido el portal. Las líneas de energía estaban apagadas, pero conservaban un rastro de la frecuencia de Emma.
—Ábrete —ordenó.
Nada ocurrió.
Zyren transmitió una descarga a través de sus palmas.
Los símbolos nexarianos se iluminaron durante una fracción de segundo y volvieron a apagarse.
—Ábrete.
La segunda descarga recorrió los muros de la cámara. Fragmentos de piedra cayeron del techo y una de las antiguas lámparas explotó.
El portal no respondió.
—¡Ábrete!
La energía salió de su cuerpo con violencia.
Gabe lo sujetó por un hombro y fue lanzado varios metros hacia atrás. Chocó con una columna, pero se levantó de inmediato.
—¡Vas a derrumbar este lugar!
Zyren volvió a golpear la estructura.
—Emma está al otro lado.
—Lo sé.
—No sabes lo que significa.
—Sé que Vael se la llevó. También sé que no la ayudarás si te entierras vivo aquí.
Zyren giró.
Las líneas oscuras bajo su piel se extendían desde sus manos hasta sus antebrazos. Sus ojos reflejaban una luz violeta que no pertenecía a la cámara.
Gabe se detuvo, pero no retrocedió.
—Golpear esa cosa no está funcionando —dijo—. Busca otra forma.
Zyren quiso apartarlo.
Entonces escuchó un gemido.
Charles estaba tendido junto a la base del portal. La sangre descendía desde una herida en su frente y manchaba el cuello de su camisa. Intentaba incorporarse, pero uno de sus brazos no respondía.
Gabe corrió hacia él.
—No se mueva.
—Emma —murmuró Charles—. Tenemos que traerla de regreso.
—Eso intentamos hacer.
—No. —Charles apretó los dientes mientras Gabe examinaba su hombro—. Vael quería llevarla a Nexara. La ha llevado exactamente adonde necesita que esté.
Zyren se acercó.
—¿Qué sabes?
Charles levantó la mirada.
El miedo estaba allí, pero también algo más difícil de clasificar.
Culpa.
—Nada que no supiéramos ya. La energía de Emma puede estabilizar el vínculo entre los planetas.
—O destruirlo —añadió Zyren.
—Vael cree que puede utilizarla para controlar la convergencia.
—Vael ya no controla nada.
Una sombra recorrió la pared.
Los tres la observaron.
Durante un instante adoptó la forma de una mujer.
Emma.
Estaba de espaldas, con el cabello agitado por un viento inexistente. Después inclinó la cabeza en un ángulo imposible.
Zyren avanzó.
La sombra desapareció.
Vharos permanecía cerca.
Tal vez una parte de él había cruzado con Vael.
Tal vez otra seguía en la Tierra.
La posibilidad era peor que cualquiera de las dos respuestas por separado.
Gabe ayudó a Charles a sentarse contra la pared.
—¿Puede abrir el portal?
—No.
—Lo abrió antes.
—Vael lo hizo utilizando el colgante y la energía de Emma. Sin ambos elementos, el mecanismo está incompleto.
Gabe miró el lugar vacío.
—Entonces necesitamos la nave.
Zyren se volvió hacia él.
—Nexarion-X no puede cruzar un portal cerrado.
—Pero puede comunicarse con Nexara.
—El Consejo bloqueó sus transmisiones cuando abandoné la misión.
—¿Comprobaste si siguen bloqueadas?
Zyren guardó silencio.
No lo había hecho.
Desde que Emma desapareció, había pensado como un hombre dominado por el miedo, no como el comandante que había sido.
Vharos no necesitaba adoptar una forma para vencerlo.
Bastaba con permitir que el terror decidiera por él.
Zyren cerró los ojos.
Identificó cada reacción dentro de su cuerpo.
Miedo.
Culpa.
Ira.
Las emociones no desaparecieron al nombrarlas. Pero dejaron de ser una fuerza sin rostro.
Cuando abrió los ojos, la luz violeta se había retirado de ellos.
—Regresaremos a la nave —dijo.
Gabe señaló a Charles.
—Necesita un médico.
—No hay tiempo —protestó el anciano.
—Tiene el hombro dislocado y posiblemente una conmoción.
—Emma está atrapada en otro planeta.
—Y usted no podrá ayudarla si pierde el conocimiento.
—Nexarion-X puede tratarlo —dijo Zyren.
Gabe lo miró.
—¿La nave tiene equipo médico?
—La nave es el equipo médico.
—Claro. ¿Por qué habría de ser sencillo?
Zyren se inclinó frente a Charles.
—Esto dolerá.
—He vivido veinte años con algo peor que el dolor.
Zyren colocó una mano sobre su hombro y la otra en su brazo.
El hueso volvió a su lugar con un movimiento seco.
Charles dejó escapar un grito ahogado.
—Podrías haberme avisado.
—Lo hice.
Gabe lo ayudó a ponerse de pie.
Abandonaron la cámara por el túnel que ascendía hasta el observatorio. La estructura tembló detrás de ellos, aunque el portal permaneció apagado.
Zyren fue el último en salir.
Antes de cruzar la puerta, miró una vez más hacia la oscuridad.
Una luz dorada apareció en el centro del arco.
Débil.
Breve.
Familiar.
Emma.
La sintió dentro de su mente como una respiración lejana.
Después llegó su voz.
No fue un sonido. Fueron palabras formadas directamente en su conciencia.
Estoy viva.
Zyren se aferró al marco de la puerta.
La conexión se debilitó.
—Emma.
Gabe y Charles se volvieron.
Zyren cerró los ojos y concentró toda su energía en aquel hilo dorado.
Durante un segundo vio tres lunas sobre una ciudad cristalina. Vio a Emma dentro de una cámara blanca. Lira estaba frente a ella, con una mano apoyada sobre una puerta sellada.
Y detrás de ambas, reflejado en el cristal, había otro Vael.
No el mismo que había cruzado el portal con Emma.
Otro.
La visión se fracturó.
Una última frase lo alcanzó antes de desaparecer.
Abriré otra puerta.
Zyren abrió los ojos.
—Está viva.
Charles dejó escapar el aire.
—¿Hablaste con ella?
—La conexión fue breve.
—¿Dónde está?
—En Zeythar. Lira la tiene bajo su custodia.
—¿Eso es bueno? —preguntó Gabe.
—Es mejor que estar en manos de Vael.
—No parece una respuesta tranquilizadora.
—No pretendía serlo.
Continuaron hasta el nivel principal del observatorio.
El edificio estaba a oscuras. Las ventanas temblaban con cada ráfaga de viento y las agujas de los antiguos medidores se movían sin seguir ningún patrón. Sobre una mesa, varios dispositivos se encendieron al mismo tiempo.
Todas las pantallas mostraron la misma imagen.
Tres círculos.
Blanco.
Violeta.
Azul.
Después se apagaron.
Charles se apoyó contra una silla.
—El colgante.
—Vael lo tiene —dijo Gabe.
—No me refiero al objeto. Su frecuencia sigue aquí. Charlotte instaló una copia de seguridad en el observatorio.
Zyren se acercó.
—¿Dónde?
Charles señaló el telescopio principal.
—En el sistema de orientación.
—Dijiste que no sabías cómo abrir el portal.
—No sé hacerlo. Charlotte sí sabía. Durante años pensé que las modificaciones que hizo en el telescopio servían para seguir una señal astronómica. Ahora creo que construyó algo distinto.
—Una baliza —comprendió Zyren.
—Una forma de localizar Nexara sin depender del colgante.
Gabe observó el enorme telescopio.
—¿Esa cosa puede comunicarse con otro planeta?
—No por medios humanos —respondió Charles—. Pero Charlotte incorporó tecnología nexeriana.
Zyren colocó una mano sobre la base metálica.
Debajo de las piezas terrestres percibió una corriente energética casi imperceptible.
Antigua.
Dormida.
—No puede abrir un portal —dijo—, pero podría indicarle a Nexarion-X dónde abrirlo.
—Entonces hagámoslo.
—Hay otro problema.
Gabe soltó una risa seca.
—Por supuesto que lo hay.
—Cuando renuncié a mi cargo, el Consejo revocó mis códigos de tránsito. La nave puede llevarnos hasta el umbral, pero las defensas de Nexara la destruirán antes de permitirle cruzar.
—¿Puedes recuperar tus códigos?
—Solo un consejero puede restablecerlos.
Charles se sentó frente al panel de control.
—Lira.
—Si está protegiendo a Emma, no podrá comunicarse con nosotros sin revelar su posición.
—Dijiste que viste a otro Vael —recordó Gabe—. ¿Qué significa?
—Que uno de ellos podría ser Vharos.
—¿Cuál?
—No lo sé.
—¿Lira puede distinguirlos?
—Tal vez.
—Eso suena poco convincente.
—En Nexara no existen duplicados biológicos. Nuestros sistemas identifican a cada individuo por su frecuencia, no por su rostro.
—Pero Vharos puede imitar una frecuencia.
—Puede alimentarse de ella y distorsionarla. No sé si puede reproducirla por completo.
Charles levantó la vista del panel.
—Si uno de esos hombres es Vharos, ¿dónde está el verdadero Vael?
—Esa es la pregunta que intenta obligarnos a hacer —respondió Zyren—. Mientras dudamos de cada rostro, él gana tiempo.
La alarma de la nave resonó bajo el suelo.
Zyren sintió la señal antes de escucharla.
Nexarion-X estaba en peligro.
Descendieron por el acceso lateral hasta la cámara donde permanecía oculta. La entrada se abrió en cuanto Zyren se acercó.
Las paredes interiores parpadeaban.
Vetas negras atravesaban la luz violeta del casco y se extendían hacia el núcleo.
—Estado —ordenó Zyren.
—Interferencia externa —respondió la nave—. Acceso remoto en curso.
—Identifica al responsable.
—Firma del Consejo reconocida.
—¿Vael?
La nave tardó en responder.
—Dos firmas compatibles.
Gabe miró a Zyren.
—Dos Vaels.
—Uno intenta controlar la nave —dijo Zyren—. El otro intenta detenerlo.
—¿Y cuál está ganando?
Las luces se apagaron durante un segundo.
—Acceso al núcleo comprometido.
Zyren avanzó hasta la consola central. Colocó ambas manos sobre la superficie y permitió que la nave conectara sus sistemas con su cuerpo.
El dolor llegó de inmediato.
Una presencia intentó entrar en su mente.
Zyren vio el campo de su primera visión. El cielo azul. La hierba cubierta de sangre. Emma de pie entre las llamas.
La otra versión de él apareció detrás de ella.
—No llegarás a tiempo —dijo Vharos.
Zyren mantuvo las manos sobre la consola.
—No eres yo.