Capítulo 20. El mundo de las tres lunas
Emma abrió los ojos bajo un cielo púrpura.
No azul.
Púrpura.
El color se extendía sobre ella con una intensidad imposible. Tres lunas ocupaban posiciones distintas sobre el horizonte, rodeadas por nubes que brillaban desde el interior.
Durante unos segundos olvidó respirar.
Conocía aquel cielo.
Lo había visto en sueños, en las visiones compartidas con Zyren y en las grabaciones de su madre. Sin embargo, ninguna imagen podía reproducir la sensación de encontrarse realmente bajo él.
El aire tenía un sabor metálico.
La superficie bajo su cuerpo era transparente. Más allá del cristal, cientos de torres flotaban sobre un mar luminoso. Puentes de energía conectaban unas construcciones con otras y pequeñas naves se desplazaban entre ellas sin emitir sonido.
Zeythar.
La ciudad de Zyren.
Emma intentó incorporarse.
Un dolor intenso atravesó su pecho.
Recordó los anillos cerrándose alrededor de ella.
La mano de Zyren intentando alcanzarla.
El portal.
—Zyren.
Su voz se perdió en la inmensidad de la plataforma.
No había nadie.
Emma se puso de pie. La ropa conservaba marcas oscuras donde la energía del portal la había sujetado, pero no encontró heridas.
Llevó una mano hacia su cuello.
El colgante había desaparecido.
Delante de ella, un arco de metal se elevaba sobre la plataforma. Corrientes blancas y violetas se movían dentro de él, aunque la abertura ya no mostraba la Tierra.
—¡Zyren!
Corrió hacia el portal.
Al llegar, una barrera la arrojó hacia atrás.
Emma cayó contra el cristal.
La energía blanca respondió de inmediato y se extendió por la plataforma. Las torres cercanas parpadearon.
Una alarma resonó en toda la ciudad.
—Presencia no identificada en el Umbral Central —anunció una voz—. Patrón energético incompatible con registros actuales.
Varias naves cambiaron de dirección.
Emma volvió a levantarse.
—Nexariana, pero con una precisión innecesaria —murmuró—. Definitivamente es el mundo de Zyren.
Una luz descendió desde el cielo.
Tres figuras aparecieron en el extremo de la plataforma.
Vestían armaduras plateadas y llevaban armas semejantes a las que Zyren había utilizado contra Vharos. La mujer que avanzaba delante de los otros dos tenía el cabello oscuro recogido detrás de la cabeza y ojos de un gris casi blanco.
—No te muevas —ordenó.
Emma levantó las manos.
—No pensaba hacerlo.
Era mentira.
La mujer observó las corrientes de luz que aún rodeaban su cuerpo.
—Identifícate.
—Emma Carter.
Los tres nexarianos reaccionaron.
Fue apenas un cambio en la postura, pero Emma lo percibió.
Conocían su nombre.
—¿Dónde está el comandante? —preguntó la mujer.
—En la Tierra.
—Eso no es posible.
—Últimamente escucho esa frase con demasiada frecuencia.
La mujer levantó una mano y una serie de datos apareció sobre su antebrazo.
—El Nexarion-X registró la renuncia del Tercer Comandante y perdió comunicación con Nexara poco después. Explica cómo activaste un portal clausurado hace milenios.
—Yo no lo activé. Vael lo hizo.
El nombre produjo otra reacción.
—El Cronista Supremo permanece en Zeythar.
—No. Estaba en la Tierra.
—Lo vi entrar a la Cámara del Consejo hace menos de una hora.
Emma sintió un escalofrío.
—Entonces lo que usted vio no era Vael.
La plataforma tembló.
Dentro del arco, la energía comenzó a girar nuevamente.
Los soldados levantaron sus armas.
Una silueta apareció en el portal.
Vael cruzó.
El colgante de las tres lunas colgaba de su mano.
Su cuerpo parecía menos sólido que en la cámara terrestre. Las líneas negras se habían extendido por un lado de su cuello hasta alcanzar la mandíbula.
Emma señaló al consejero.
—Ese es Vael.
La mujer lo observó.
—Entonces, ¿quién se encuentra en la Cámara del Consejo?
Vael levantó la mirada.
—Una réplica creada para mantener la estabilidad mientras cumplía mi misión.
—No informó de ninguna misión.
—No necesitaba hacerlo.
La mujer se irguió.
—Soy la Guardiana del Orden. Toda operación que afecte la seguridad de Nexara requiere mi conocimiento.
Emma reconoció el nombre antes de que Vael lo pronunciara.
—Lira, esta situación precede a tu autoridad.
—Nada que atraviese el Umbral Central lo hace.
Vael avanzó hacia Emma.
Ella retrocedió.
Los soldados se interpusieron.
—Apártense —ordenó el consejero—. La fuente debe ser trasladada a la Cámara de Integración.
Lira no se movió.
—Su nombre es Emma Carter.
—Su identidad es irrelevante.
—El comandante Zyren no lo consideró así.
Los ojos de Vael se endurecieron.
—Zyren traicionó a Nexara.
—Renunció a su cargo.
—Para protegerla.
—Los registros indican que lo hizo después de que usted intentara tomar el control de su nave.
Una sombra apareció detrás de Vael.
Emma fue la única que reaccionó.
La figura adoptó lentamente el rostro de Lira. Permaneció junto al consejero, imitando la rigidez de su cuerpo.
—Vharos está aquí —dijo Emma.
Los soldados miraron alrededor.
—No detecto ninguna presencia —respondió Lira.
—Está detrás de Vael. Ahora tiene su rostro.
El consejero levantó una mano.
—Está intentando confundirlos.
—Puede adoptar la forma del mayor miedo de cada persona —continuó Emma—. Si tiene el rostro de Lira, significa que usted le teme.
La sombra sonrió.
Vael no.
—No siento miedo.
Vharos creció.
Las líneas negras alcanzaron el ojo izquierdo del consejero.
Lira bajó ligeramente el arma.
—Sus lecturas energéticas son irregulares.
—El viaje afectó mi estructura temporal.
—Permita un análisis.
—No.
La negativa produjo un silencio inmediato.
Emma comprendió que nadie rechazaba una orden de la Guardiana del Orden.
Vael también pareció notarlo.
Su voz recuperó parte de la calma.
—El portal está debilitando el núcleo del planeta. La humana porta la energía necesaria para estabilizarlo. Cada momento que perdemos pone en riesgo nueve millones de vidas.
Lira miró hacia la ciudad.
Los mares bioluminiscentes ya no pulsaban de manera uniforme. Algunas zonas se apagaban durante varios segundos antes de recuperar la luz.
—¿Qué pretende hacerle? —preguntó.
—Extraer el Pulso y distribuirlo a través del sistema central.
—Mi madre dijo que la energía no puede separarse de mí —intervino Emma.
—Charlotte comprendió solo una parte de su funcionamiento.
—Y usted la mató antes de que pudiera descubrir el resto.
Los soldados volvieron la mirada hacia Vael.
—Eso es falso —dijo él.
—Modificó el dispositivo instalado en el automóvil de mis padres. Lo utilizó para bloquear la dirección y destruir los frenos.
—Alaric actuó sin autorización.
—Tenemos la grabación.
La sombra con el rostro de Lira acercó la boca al oído de Vael.
—Están dudando de ti —susurró—. Después de todo lo que sacrificaste por ellos.
Vael apretó el colgante.
—Llévenla a la Cámara de Integración.
Nadie obedeció.
Por primera vez, Emma vio una emoción clara en los ojos de los soldados.
Incertidumbre.
Vael también la vio.
—He dado una orden.
—No tenemos pruebas de que conserve autoridad sobre esta operación —respondió Lira.
—Soy el Cronista Supremo.
—Y abandonó Nexara sin notificar al Consejo.
—Para salvarla.
Una vibración recorrió la ciudad.
Una de las torres más lejanas perdió altura. Los puentes de luz que la sostenían desaparecieron y la estructura comenzó a caer hacia el mar.
Gritos surgieron de las plataformas cercanas.
Emma se volvió.
Los nexarianos observaban la torre con expresiones que parecían no comprender.
Miedo.
No solo conocían el peligro.
Lo sentían.
La torre se detuvo a pocos metros de la superficie cuando una red de energía apareció debajo.
Sin embargo, la reacción ya se había propagado.
Una mujer abrazó a la persona que tenía al lado. Un soldado dejó caer el arma al descubrir que le temblaban las manos. Un niño comenzó a llorar y su madre lo contempló como si nunca hubiera escuchado aquel sonido.
—¿Qué les ocurre? —preguntó Emma.
Lira observó sus propias manos.
—Los reguladores emocionales están fallando.
Vael miró a Emma.
—Su presencia está contaminando el sistema.
—No —respondió ella—. Está despertando lo que ustedes enterraron.
La sombra detrás del consejero se expandió.
Cientos de rostros surgieron dentro de su cuerpo.
Vharos se alimentaba de una civilización completa que no sabía cómo nombrar lo que sentía.
—Aléjenla del núcleo —ordenó Lira—. Ahora.
Los soldados se acercaron a Emma.
—No permitiré que me lleven con Vael.
—No irás con él —respondió Lira—. Permanecerás bajo mi custodia hasta que el Consejo determine qué está ocurriendo.
—No tenemos tiempo para una deliberación —dijo Vael.
—Entonces utilice el tiempo para someterse a un análisis.
El consejero dirigió a Lira una mirada llena de odio.
Una emoción que, según él, no podía sentir.
Las armas de los soldados crearon un campo alrededor de Emma. No la tocaba, pero cada vez que intentaba acercarse al portal, una corriente bloqueaba su paso.
—Zyren intentará venir por mí —dijo.
—Zyren ya no posee autorización para entrar en Nexara —respondió Lira.
—Eso no lo detendrá.
La certeza con la que lo dijo provocó una reacción inesperada en la Guardiana.
Casi una sonrisa.
—No —admitió—. Probablemente no.
La cámara en la que encerraron a Emma no tenía barrotes.
Sus paredes eran transparentes y se encontraban suspendidas sobre Zeythar. Desde allí podía ver los mares luminosos, las plataformas móviles y el cielo que había poblado sus sueños.
En otras circunstancias, habría sido hermoso.
Ahora solo podía pensar en la Tierra.
Charles había caído cuando Vael lo atacó.
Gabe permanecía dentro de la cámara subterránea.
Y Zyren había quedado al otro lado del portal.
Emma se acercó a una pared.
—¿Puedes escucharme? —preguntó.
El sistema no respondió.
—Nexarion-X, si estás conectado de alguna manera, necesito saber si Zyren está vivo.
Nada.
Emma apoyó la frente contra el cristal.
La puerta se abrió detrás de ella.
Lira entró sola.
Ya no llevaba el arma.
—El Consejo se encuentra reunido —dijo—. Vael ha solicitado que la extracción comience de inmediato.
—¿Y usted qué solicitó?
—Pruebas.
—¿Las consiguió?
—Encontramos dos Vael.
Emma se volvió.
—¿Qué?
—El individuo que permanecía en la Cámara del Consejo posee sus recuerdos, su estructura biológica y su firma energética. El que cruzó contigo también.
—Vharos creó una copia.
—Nunca habíamos registrado una manifestación capaz de reproducir materia.
—Quizá no la creó. Quizá dividió a Vael.
Lira guardó silencio.
—¿Qué es lo que más teme? —preguntó Emma.
—No es relevante.
—Para Vharos sí.
—Los nexarianos no compartimos información emocional.
—Eso es exactamente lo que lo fortalece.
Lira caminó hasta la pared.
Abajo, varias luces de la ciudad continuaban fallando.
—Zyren intentó advertirme antes de partir —dijo—. Sospechaba que Vael ocultaba información sobre la Tierra.
—¿Por qué no lo ayudó?
—No tenía pruebas.
—¿Y ahora?
—Ahora tengo dos versiones del mismo consejero y una ciudad que comienza a experimentar emociones después de milenios de control.
Emma se acercó.
—Necesito regresar.
—El portal se cerró después de tu llegada.
—Puedo abrirlo.
—Vael también cree que puedes hacerlo.
—Yo no quiero extraer la energía. Quiero encontrar a Zyren.
Lira la observó.
—El vínculo entre ustedes ha alterado sus decisiones.
—Le devolvió la capacidad de decidir.
—Renunció a Nexara.
—Renunció a obedecer una orden injusta.
—Para nosotros son la misma cosa.
Emma miró los mares.
—Quizá ese sea el problema.
Una nueva vibración recorrió la ciudad.
La pared bajo su mano se iluminó.
Emma sintió una pulsación.
Débil.
Distante.
Vio la cámara subterránea de la Tierra.
Zyren golpeaba los anillos cerrados del portal mientras Gabe ayudaba a Charles a incorporarse.
—Emma —dijo Zyren.
No era una grabación.
Podía escucharlo.
Emma apoyó ambas manos contra el cristal.
—Zyren.
Él levantó la cabeza al otro lado del universo.
Sus ojos encontraron los de ella a través del vínculo.
—Voy a buscarte.
La imagen comenzó a desvanecerse.
Emma recordó el campo de su primer sueño.
El cielo azul.
El fuego.
La mano que había extendido hacia él antes de despertar.
—Encuéntrame —susurró.
La visión desapareció.
Lira observó la pared vacía.
—Zyren no puede cruzar sin autorización del Consejo.
Emma sintió que su energía despertaba.
Las paredes transparentes comenzaron a agrietarse.
—Entonces tendremos que abrirle otra puerta.