Capítulo 19. Ciento veinte metros
Charles continuaba en el observatorio.
Estaba de pie junto al telescopio, mirando la caja abierta que había guardado durante dos décadas. Cuando Emma entró acompañada por Zyren, levantó la cabeza.
—¿Qué encontraron?
Emma colocó el cristal de memoria sobre la mesa.
—La verdad.
Charles reconoció el objeto.
Su expresión se derrumbó.
—Creí que Alaric lo había destruido.
—Lo conservó.
—Emma…
—Escuché la grabación completa.
Charles cerró los ojos.
Gabe apareció en la entrada que comunicaba con la sala auxiliar. Había regresado al observatorio después de entregar a Alaric a los agentes de John.
—¿Qué había en ella? —preguntó.
Emma no apartó la mirada de su abuelo.
—Mi madre seguía viva después del accidente. Alaric pudo ayudarla y decidió dejarla morir.
La mandíbula de Gabe se tensó.
—Añadiré la grabación a las pruebas.
—También descubrí que Charles instaló el dispositivo que tomó el control del automóvil.
Gabe miró al anciano.
Charles apoyó una mano sobre la mesa.
—No sabía que Vael podía acceder a él.
—Mamá te advirtió que no confiaras en su tecnología.
—El dispositivo debía protegerlos.
—Pero no lo hizo.
—No.
—Y después me dijiste que no sabías cómo habían manipulado los frenos.
—Quería evitar que buscaras respuestas que te condujeran hasta Vael.
—Me mentiste para protegerme.
—Sí.
—Zyren también lo hizo.
Charles miró al nexariano.
—No somos iguales.
—Desde mi posición, se parecen bastante.
Charles recibió las palabras sin responder.
Emma se quitó el colgante y lo sostuvo frente a él.
—Vael dejó una frecuencia de rastreo dentro de esto la noche en que nací.
El rostro de Charles perdió el color.
—No es posible.
—Lo conservaste durante veinte años. ¿Por qué decidiste traerlo al observatorio ahora?
—Porque la nota de Charlotte decía que sabías cómo abrir el archivo. Comprendí que necesitarías el colgante para activar la caja.
—¿Sabías que podía rastrearme?
—No.
Zyren dio un paso hacia él.
—¿Dónde lo guardaste durante esos años?
—En una cámara aislada debajo de mi casa. Construida con las especificaciones que Vael me entregó para contener objetos nexarianos.
—Por eso la frecuencia permaneció inactiva —dijo Zyren—. El aislamiento impedía que emitiera la señal.
Emma cerró los dedos alrededor del colgante.
—Pero cuando me lo entregaste, volvió a conectarse conmigo.
Charles comprendió el alcance de lo que había hecho.
—Le mostré dónde encontrarte.
—Sí.
—No lo sabía, Emma.
Ella quiso creerle.
Esa era la parte más dolorosa.
A pesar de las mentiras, de los silencios y de las decisiones tomadas en su nombre, continuaba viendo al hombre que la había criado. Charles había permanecido junto a su cama cuando enfermaba y había asistido a cada ceremonia escolar, incluso cuando fingía que su trabajo era más importante.
La amaba.
Pero su amor había causado daño.
Ambas cosas podían ser ciertas.
—Te creo —dijo Emma—. Pero creer que no lo hiciste deliberadamente no elimina las consecuencias.
Charles bajó la cabeza.
—Lo sé.
—No. Estás empezando a saberlo.
Zyren se acercó al mecanismo del telescopio.
—La señal de Vael continúa bajo nosotros. Ha descendido doce metros desde que salimos de la nave.
Gabe comprobó su arma.
—¿Se está moviendo hacia el portal?
—Sí.
Emma colocó el cristal dentro de la caja.
Una línea dorada apareció sobre el suelo y avanzó hasta la base del telescopio.
—Mi madre dejó una ruta.
Charles levantó la mirada.
—No vas a bajar.
Emma lo observó.
Él respiró profundamente.
—Lo siento —rectificó—. No creo que debas bajar.
—Eso es diferente.
—Pero mi opinión no ha cambiado.
—Vael vino por mí. Si permanece allí, seguirá intentando abrir el portal.
—Podemos destruir la estructura desde afuera.
—No mientras ignoremos qué ocurriría con ambos mundos.
—Entonces deja que Zyren investigue.
—Zyren no puede activar el Pulso sin mí.
—Precisamente por eso debes quedarte aquí.
Emma sintió que la energía comenzaba a moverse bajo su piel.
No era ira descontrolada.
Era determinación.
—Voy a bajar.
Charles miró a Gabe.
—Yo también —dijo él antes de que pudiera pedírselo—. No porque crea que sea buena idea, sino porque ya entendí que intentará hacerlo sin nosotros.
Zyren examinó el plano.
—La ruta de Charlotte indica una entrada oculta detrás del soporte principal.
Charles se acercó.
—No existe ninguna entrada.
Emma colocó el colgante en el centro del mecanismo.
El observatorio tembló.
El telescopio giró hacia el techo y la plataforma circular comenzó a separarse. El polvo cayó de los bordes mientras una escalera descendía hacia la oscuridad.
Charles contempló la abertura.
—Construí este lugar y nunca supe que estaba ahí.
—Charlotte sí —respondió Emma.
Una corriente de aire frío subió desde el túnel.
Las luces instaladas en las paredes se encendieron una tras otra, perdiéndose en la profundidad.
Zyren tomó la delantera.
Su armadura oscura cubrió su cuerpo y una franja violeta se iluminó sobre su pecho.
Gabe observó la transformación.
—Todavía no me acostumbro a eso.
—Tu frecuencia cardíaca está más estable que la primera vez.
—Deja de escuchar mi frecuencia cardíaca.
—No puedo.
—Entonces deja de comentarla.
Emma comenzó a descender detrás de ellos.
Charles cerró la marcha.
—¿Cuántos escalones hay? —preguntó Gabe.
—Seiscientos cuarenta y dos —respondió Zyren.
—Me arrepiento de haber preguntado.
El descenso parecía no terminar.
La escalera rodeaba un eje central por el que circulaba una corriente de luz dorada. A medida que bajaban, las paredes de piedra eran sustituidas por un material oscuro semejante al casco del Nexarion-X.
—Esto no fue construido por humanos —dijo Gabe.
—No completamente —respondió Charles—. Cuando excavamos la primera cámara, encontramos una estructura anterior debajo de la colina.
Emma se detuvo.
—Dijiste que construyeron el dispositivo.
—Construimos una parte. La base ya existía.
—¿Desde cuándo?
—Nunca pudimos determinarlo. Vael afirmó que pertenecía a una expedición nexariana que visitó la Tierra antes de la separación.
Zyren apoyó una mano sobre la pared.
Los símbolos aparecieron bajo sus dedos.
—Es mucho más antigua que el Consejo.
—¿Cuánto? —preguntó Emma.
—Al menos doce mil años.
Gabe miró hacia la oscuridad.
—¿Alguien más quiere mencionar ahora que estamos entrando en una ruina extraterrestre de doce mil años?
—La edad no aumenta necesariamente el peligro —dijo Zyren.
—Eso no es cierto ni siquiera en edificios humanos.
Continuaron descendiendo.
Al llegar a la primera plataforma, encontraron tres túneles.
El colgante se iluminó y proyectó una línea hacia el pasaje central.
—Vael se encuentra a noventa y cuatro metros —dijo Zyren.
—¿Puede detectarnos? —preguntó Emma.
—Sí.
—Entonces sabe que venimos.
—Creo que cuenta con ello.
Entraron en el túnel.
Las paredes reaccionaban a la presencia de Emma. A cada paso, aparecían imágenes breves sobre la superficie: ciudades terrestres que no reconocía, naves cruzando cielos azules y figuras humanas junto a seres de ojos negros.
—La Tierra y Nexara estuvieron unidas —dijo.
—No solo mediante el portal —respondió Zyren—. Nuestros pueblos convivieron aquí.
Una imagen mostró a una mujer rodeada de luz blanca.
La Primera Portadora.
A su lado había un nexariano y, entre ambos, un niño.
La tercera pulsación.
Emma apartó la mirada.
No podía permitir que una imagen de miles de años decidiera qué debía sentir sobre su propio futuro.
Una voz infantil surgió delante de ellos.
—Mamá.
Emma se detuvo.
Zyren extendió un brazo para impedir que continuara.
—No es real.
La voz volvió a llamarla.
—Mamá, tengo miedo.
Al final del túnel apareció un niño de unos seis años.
Tenía el cabello oscuro y los ojos verdes atravesados por destellos violetas.
El mismo rostro que la nave había proyectado.
Emma sintió un impulso devastador de correr hacia él.
—No existe en este momento —dijo Zyren—. Vharos está utilizando la imagen.
El niño extendió una mano.
—Me dejaste solo.
Emma sintió que el miedo intentaba cerrarse alrededor de su garganta.
—No eres mi hijo.
El rostro del niño se llenó de tristeza.
—Todavía no —respondió.
Zyren se colocó frente a Emma.
—Mírame.
Ella lo hizo.
—Di lo que sientes.
Emma respiró.
—Tengo miedo de que ese niño llegue a existir solo para cumplir una función. Tengo miedo de amarlo desde ahora y perderlo antes de conocerlo.
La imagen parpadeó.
—Y tengo miedo de que salvarlo signifique perderte a ti.
La figura del niño se deshizo.
La sombra que ocupaba su lugar retrocedió por el túnel.
Zyren tomó el rostro de Emma entre sus manos.
—No permitiré que ningún registro decida por nosotros.
—No puedes prometer que no te perderé.
—No.
—Gracias por no mentir.
Él apoyó la frente contra la de ella.
—Pero lucharé por encontrar otra forma.
Gabe aclaró la garganta detrás de ellos.
—Vharos también está aquí —dijo—. Quizá podamos continuar esta conversación después de evitar el fin de dos mundos.
Emma se separó de Zyren.
—Tienes razón.
—No necesitabas decirlo con tanta sorpresa.
Siguieron avanzando.
Vharos no volvió a utilizar al niño.
En cambio, las sombras comenzaron a cambiar alrededor de cada uno.
Henry apareció junto a Charles.
—Elegiste a Vael sobre nosotros —le dijo.
Charles continuó caminando.
—Sí.
—Tu hija murió por tu culpa.
—Confié en quien no debía y oculté lo que hice. Es mi responsabilidad.
La figura perdió parte de su forma.
Gabe vio a Emma caminando junto a Zyren.
Una segunda Emma apareció en la pared. Llevaba un vestido blanco y sostenía la mano de Gabe.
—Esta era la vida que debiste tener —susurró.
Gabe no se detuvo.
—La vida de Emma nunca me perteneció.
La imagen desapareció.
Zyren se encontró frente a sí mismo.
El comandante perfecto de su sueño llevaba las manos cubiertas de sangre.
—Abandonaste Nexara por un deseo que no comprendes.
—Sí.
—Cuando tu mundo muera, ella sabrá que fue su culpa.
Zyren miró a Emma.
—La decisión fue mía.
Su doble sonrió.
—Y cuando tengas que regresar, la dejarás.
—Tengo miedo de hacerlo.
La criatura se agrietó.
—Pero no utilizarás ese miedo para controlar lo que elijamos ahora.
La sombra se dispersó.