A través de las estrellas te encontré Capítulo 18. La noche en que nació Emma
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Capítulo 18. La noche en que nació Emma

La voz de Charlotte se apagó.

El cristal dejó de emitir luz, pero Emma continuó sosteniéndolo entre las manos.

—¿Por qué se detuvo?

Zyren examinó el objeto.

—Se activó al entrar en contacto con mi energía, pero necesita conectarse al núcleo para reproducir el registro completo.

—Entonces caminemos más rápido.

Zyren no discutió.

El Nexarion-X apareció entre los árboles pocos minutos después. Su superficie todavía mostraba una ligera diferencia de color en el lugar que los atacantes habían dañado, aunque el casco había recuperado su forma.

La nave abrió una entrada antes de que Emma la tocara.

—Portadora reconocida —anunció.

—Todavía no me acostumbro a que me llame así.

—Puedo solicitar que utilice tu nombre.

Emma entró.

—Pensé que ya no tenías autoridad.

—No necesito autoridad para solicitarlo.

—¿Y obedecerá?

—Probablemente no.

—Definitivamente la programaron utilizando tu personalidad.

—Mi personalidad no fue programada.

Emma lo miró.

—Esa discusión puede esperar.

Llegaron a la cámara del núcleo. Zyren colocó el cristal dentro de una depresión que se formó en la superficie.

La corriente dorada se extendió hacia la esfera central.

—Registro de memoria dañado —informó la nave—. Recuperación estimada: ochenta y siete por ciento.

—Reproduce todo lo que puedas —ordenó Emma.

Las luces disminuyeron.

Charlotte apareció frente a ellos.

No era la mujer joven de las grabaciones del observatorio.

Tenía sangre en el rostro.

Su respiración era débil y detrás de ella se escuchaba el chasquido del metal caliente.

Emma sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

Zyren colocó una mano en su espalda.

—Podemos detenerlo.

—No.

Emma no apartó la mirada.

—Necesito escucharlo.

La grabación continuó.

—Si estás oyendo esto, Charles ya ha mentido sobre la noche en que nació Emma. Lo hará porque cree que la verdad la pone en peligro. Siempre confunde el amor con el derecho a decidir por los demás.

Charlotte tosió. Una mancha oscura apareció en sus labios.

—Henry está muerto. No sé cuánto tiempo me queda. Alaric viene en camino y no sé si podré confiar en él. Ya no sé en quién confiar.

Emma cerró una mano alrededor de la de Zyren.

—El registro fue creado dentro del automóvil —dijo él—. Después del impacto.

—Lo sé.

Charlotte levantó algo frente al cristal.

Era el colgante de las tres lunas.

—Emma nació en el observatorio de Elarin. No en el Hospital de Veymont, como aparecerá en sus documentos.

La grabación cambió.

La sangre desapareció del rostro de Charlotte y el interior del automóvil fue sustituido por la sala circular del observatorio veintiocho años atrás.

Charlotte estaba tendida sobre una camilla. Henry permanecía a su lado mientras una médica comprobaba las lecturas de un monitor.

Charles operaba el dispositivo construido bajo el telescopio.

—El corazón de Emma se está deteniendo —dijo la médica.

—Es la señal —respondió Charlotte—. Está intentando llegar a ella.

—Debemos llevarte al hospital —dijo Henry.

—No hay tiempo.

El monitor emitió un sonido continuo.

Emma sintió que el aire desaparecía de la cámara.

En la grabación, Charles se volvió hacia su hija.

—Charlotte…

—Abre el enlace.

—Vael dijo que no debíamos activarlo durante el nacimiento.

—Vael no decide si mi hija vive.

Charles colocó ambas manos sobre los controles.

El cielo proyectado sobre la cúpula se transformó. Las estrellas giraron hasta formar un túnel de luz violeta.

En el extremo apareció Nexara.

—Portal inestable —advirtió una voz mecánica—. Conexión limitada a setenta segundos.

Una esfera blanca atravesó la abertura.

Entró en el cuerpo de Charlotte.

Ella gritó.

Las lámparas estallaron y el suelo comenzó a temblar.

El monitor recuperó una pulsación.

Uno.

Después otro.

La niña lloró.

Henry la recibió entre sus manos y la envolvió con una manta.

Emma se contempló recién nacida.

Pequeña.

Humana.

Rodeada por una luz que no pertenecía a la Tierra.

—Te eligió —susurró Charlotte.

Una segunda figura apareció dentro del portal.

Vael.

No era una proyección completa. Su cuerpo estaba formado por energía violeta y se deshacía en los bordes.

—Entréguenme a la niña —ordenó.

Henry protegió a Emma contra su pecho.

—No.

—La energía no puede permanecer en la Tierra. Su cuerpo no sobrevivirá.

—Está viva —dijo Charlotte.

—Por ahora.

Vael intentó cruzar.

Una sombra apareció detrás de él.

Todavía no tenía rostro. Era una grieta negra dentro de la luz del portal.

—Ciérralo —ordenó Charlotte.

Charles movió los controles.

—El sistema no responde.

—¡Ciérralo!

Vael extendió una mano hacia Emma.

La sombra hizo lo mismo.

Charles arrancó uno de los conductores del dispositivo.

El portal colapsó.

Vael desapareció, pero una pequeña línea violeta salió despedida y penetró en el colgante de las tres lunas.

La grabación se detuvo.

Emma llevó una mano hacia la joya que colgaba de su cuello.

—Vael dejó algo dentro.

Zyren analizó el colgante sin tocarlo.

—Una frecuencia de rastreo.

—¿Por qué no pudo utilizarlo para encontrarme antes?

—Porque la frecuencia permaneció inactiva mientras el colgante estuvo separado de tu energía —explicó Zyren—. Despertó cuando lo tomaste y el Pulso lo reconoció.

Emma recordó la naturalidad con la que Charles había sacado el colgante en el observatorio.

Lo había conservado durante veinte años sin contarle que perteneció a su madre. Solo se lo mostró después de que Emma encontró la nota escondida detrás de la fotografía.

Cerró los dedos alrededor de la pieza.

—Entonces Vael sabe dónde estoy desde que Charles me lo entregó.

—Es posible.

—Mi madre se lo dio dos días antes del accidente. Lo conservó durante veinte años y decidió traerlo justo cuando mi energía comenzó a despertar.

Zyren examinó la frecuencia que recorría el metal.

—Charlotte adaptó el colgante para estabilizar, proteger y orientar una conexión que ya existía dentro de ti —dijo Zyren—.

Conservó en él rastros de su energía y de sus recuerdos.

El objeto no te concedió el poder: respondió a ti porque el poder siempre te perteneció.

Vael aprovechó esa función y lo convirtió también en una llave de rastreo.

—Pero en realidad le indicó a Vael dónde encontrarme.

—No sabemos si Charles conocía esa función.

Emma contempló las tres lunas grabadas.

—Entonces tendrá que explicarlo.

La grabación se reanudó.

Habían pasado varias horas desde el nacimiento. Emma dormía en brazos de Charlotte.

Charles caminaba frente al telescopio.

—Vael intentó llevársela.

—También nos advirtió que su cuerpo podía morir —respondió Charles—. No sabemos si estaba intentando salvarla.

—Había algo detrás de él.

—Una interferencia.

—Era Vharos.

Charles se detuvo.

—Vael aseguró que permanece encerrado.

—Mintió.

Henry se acercó a ellos.

—Debemos destruir el dispositivo.

—Si lo hacemos, perderemos todo contacto con Nexara —dijo Charles.

—Ese es el propósito.

—Y si Emma vuelve a necesitar la energía para sobrevivir, no podremos ayudarla.

Charlotte sostuvo a su hija con más fuerza.

—La energía ya está dentro de ella.

—No sabes si será suficiente.

—Tampoco sabemos qué más puede cruzar si mantenemos el enlace.

Charles observó a la niña.

—Puedo modificarlo. Mantener una conexión mínima que nos permita recibir información sin abrir el portal.

—No —dijo Henry.

—Es la única forma de anticiparnos a Vael.

—O la forma de permitirle seguir observándonos.

El registro volvió al interior del automóvil destruido.

Charlotte respiraba con mayor dificultad.

—Charles prometió cerrar el enlace. No lo hizo. Durante años continuó comunicándose con Vael porque creía que necesitaba su ayuda para protegerte.

Emma sintió que las palabras confirmaban la traición que ya sospechaba.

—Pero esa no es la peor mentira —continuó Charlotte—. Charles instaló un dispositivo nexariano dentro de nuestro automóvil.

Emma dejó de respirar.

Zyren se tensó a su lado.

—Dijo que crearía un escudo si Vael o Vharos intentaban acercarse. Henry no confiaba en él, pero yo acepté. Tenía miedo. Quería que pudieras crecer sin saber nada de esto.

Charlotte miró hacia algún punto fuera del vehículo.

—El dispositivo tomó el control de los sistemas. Bloqueó la dirección y desactivó los frenos. Charles no lo hizo, pero sabía que la tecnología de Vael podía acceder al automóvil.

Emma cerró los ojos.

Charles no había manipulado los frenos.

Pero había colocado dentro del vehículo el instrumento que permitió hacerlo.

—Alaric nos siguió —continuó Charlotte—. Si él tiene este cristal, significa que me encontró. No sé si fue quien dio la orden. No sé si intentará salvarme.

Una voz masculina se escuchó fuera de la imagen.

—¡Charlotte!

Alaric.

Ella giró el cristal.

A través del parabrisas roto apareció un hombre mucho más joven. Alaric intentó abrir la puerta del lado del conductor, pero se detuvo cuando vio el dispositivo nexariano bajo el tablero.

—Ayúdame —suplicó Charlotte.

Alaric miró hacia la carretera.

A lo lejos se escuchaban sirenas.

—Si te saco, encontrarán el dispositivo.

—Destrúyelo.

—No puedo.

—Emma está con Charles. Dile que Vael nos traicionó.

Alaric permaneció inmóvil.

—Si la policía descubre esto, todos sabrán lo que hicimos.

—Entonces deja que lo sepan.

—Nos encerrarán. Utilizarán la tecnología.

—¡Alaric, por favor!

Él retrocedió.

La imagen se agitó cuando Charlotte intentó moverse.

—No me dejes aquí.

Alaric volvió a mirar las luces que se acercaban.

Después tomó el cristal de sus manos.

—Protegeré a Emma.

—No. Protegerás el secreto.

La grabación se oscureció.

La respiración de Charlotte continuó durante unos segundos.

Luego desapareció.

Emma soltó la mano de Zyren.

No porque quisiera alejarse.

Porque necesitaba sostenerse el cuerpo para no romperse.

Durante veinte años había imaginado una muerte rápida. Un impacto. Un instante de oscuridad.

La verdad era más cruel.

Su madre había pedido ayuda.

Y Alaric había elegido dejarla morir.

Zyren la rodeó con los brazos.

Emma permaneció rígida al principio. Después apoyó el rostro contra su pecho y permitió que el dolor existiera.

No lo rechazó.

No intentó contenerlo.

Lloró hasta que respirar comenzó a doler.

La nave no emitió alertas.

Vharos no apareció.

La oscuridad no se alimentó de ella.

—Charlotte tenía razón —dijo Zyren—. Cuando reconoces lo que sientes, la entidad no puede utilizarlo.

Emma se apartó lo suficiente para mirarlo.

—Eso no hace que duela menos.

—No.

—Solo evita que el dolor se convierta en otra cosa.

—Sí.

Emma limpió las lágrimas de su rostro.

—Quiero hablar con Charles.

—¿Estás segura?

—No. Pero voy a hacerlo de todas formas.

Zyren retiró el cristal del núcleo.

—Hay algo más.

—¿Otra grabación?

—Datos ocultos dentro del registro.

Frente a ellos apareció un plano subterráneo.

Emma reconoció la forma circular del observatorio en la parte superior. Debajo se extendía una estructura mucho más grande.

Túneles.

Cámaras.

Un núcleo central construido bajo la colina.

—¿Qué es eso?

—El dispositivo que abrió el enlace no estaba dentro del observatorio —respondió Zyren—. El telescopio era solamente su sistema de orientación.

—Entonces, ¿dónde está?

Zyren señaló la cámara más profunda.

—Aquí. A ciento veinte metros bajo tierra.

Una línea dorada apareció en el plano.

Comenzaba en el observatorio y terminaba en un punto marcado con el símbolo de las tres lunas.

—El cristal contiene una ruta de acceso —dijo Zyren.

—Mi madre quería que encontráramos el portal.

—O que lo destruyéramos.

La nave emitió una alerta.

Una segunda señal apareció dentro de la estructura subterránea.

Se movía.

Emma se acercó a la proyección.

—¿Hay alguien allí abajo?

El Nexarion-X analizó la frecuencia.

—Identidad energética confirmada.

—¿Quién?

La imagen de Vael apareció sobre el plano.

No era una transmisión procedente de Nexara.

La señal se encontraba bajo el observatorio.

En la Tierra.

—El consejero cruzó el portal —anunció la nave.

Emma miró a Zyren.

—Vael está aquí.