A través de las estrellas te encontré Capítulo 17. El precio necesario
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Capítulo 17. El precio necesario

Emma continuó observando la fotografía hasta que la pantalla del teléfono se apagó.

La silueta de ceniza desapareció, pero la frase permaneció en su mente.

La tercera pulsación ya me pertenece.

—No puede pertenecerle algo que todavía no existe —dijo Gabe.

Zyren miró el lugar donde había estado la imagen.

—Para Vharos, la secuencia temporal no funciona como para nosotros.

—¿Puede llegar al futuro? —preguntó Emma.

—No lo sé.

—¿Puede hacerle daño a ese niño antes de que nazca?

Zyren tardó demasiado en responder.

Charles se acercó a la caja que contenía los registros de Charlotte.

—Tu madre dijo que la tercera pulsación estaría protegida fuera de ambos extremos del portal. Eso significa que Vharos no puede alcanzarlo fácilmente.

—No fue lo que pregunté.

—Es lo único que sabemos.

Emma cerró los dedos alrededor del colgante.

La posibilidad de aquel hijo había existido durante menos de una hora y ya se había convertido en una amenaza, una profecía y un objetivo.

No tenía nombre.

No tenía cuerpo.

Ni siquiera tenía asegurado un lugar en el futuro.

Pero Vharos ya intentaba reclamarlo.

El teléfono del observatorio sonó.

Los cuatro se volvieron.

Era un aparato antiguo conectado a una línea que, según Charles, llevaba años fuera de servicio.

Sonó por segunda vez.

Gabe sacó su arma.

—No contestes.

El tercer timbre resonó en la sala.

Emma levantó el auricular.

—¿Sí?

—Tienes la voz de tu madre.

El hombre hablaba con serenidad. Su tono era elegante, casi cordial.

Emma reconoció el peligro antes de escuchar su nombre.

—Alaric.

Charles se acercó.

—Cuelga.

Emma levantó una mano para detenerlo.

—¿Qué quiere?

—Lo mismo que Charlotte quería antes de que tu abuelo convirtiera sus descubrimientos en una guerra privada.

—Mi madre quería destruir su investigación.

—Eso fue lo que Charles te mostró.

Emma observó la caja.

—Usted hizo que la mataran.

—No fue mi intención.

La respuesta llegó con demasiada rapidez.

Había esperado esa acusación durante años.

—Manipuló su automóvil.

—Ordené que los detuvieran.

—Murieron.

—Y he vivido veinte años con las consecuencias.

Emma sintió que la energía comenzaba a calentarle las manos.

—No se atreva a convertir su culpa en sufrimiento.

Alaric guardó silencio.

Cuando volvió a hablar, la cordialidad había desaparecido.

—Charles conserva una versión cuidadosamente incompleta de aquella noche. Yo tengo el último registro de tus padres.

Charles palideció.

—Está mintiendo.

—Puedo demostrártelo —continuó Alaric—. Ven al Café Lumen al mediodía.

—¿Por qué allí?

—Porque es público. Tu comandante no tendrá que temer que intente llevarte por la fuerza.

Zyren se acercó al teléfono.

—Si conoce mi presencia, también sabe que no permitiré que se acerque a ella.

Alaric rio suavemente.

—El nexariano que abandonó su cargo por una mujer. Vael me advirtió que resultarías defectuoso.

Los ojos de Zyren se oscurecieron.

—Vael le proporcionó las armas.

—Vael me proporcionó muchas cosas.

—¿Incluido el dispositivo que mató a sus padres?

Esta vez Alaric no respondió.

—Mediodía —repitió—. Emma vendrá sola a la mesa. Puede llenar el café de protectores si eso la tranquiliza.

—No iré —dijo Emma.

—Entonces nunca escucharás lo que Charlotte descubrió sobre Charles antes de morir.

La línea se cortó.

Emma mantuvo el auricular junto al oído.

—No vas a reunirte con él —dijo Charles.

Ella colocó el teléfono en su lugar.

—Sí voy a hacerlo.

—Admitió que ordenó detener a tus padres.

—Y dice que tiene su último registro.

—Puede fabricar una grabación.

—Entonces la analizaremos.

—Vharos podría estar utilizándolo.

—Vharos los está utilizando a todos.

Emma se volvió hacia Charles.

—A ti mediante la culpa. A Vael mediante aquello que sea que teme perder. A Alaric mediante su obsesión. Incluso intentó utilizar a Zyren a través de mí.

—Esa es otra razón para no acercarte.

—No pienso pasar el resto de mi vida escondida mientras todos deciden qué secretos puedo soportar.

Charles miró a Gabe.

—Hazla entrar en razón.

—Llevo años intentándolo —respondió él—. Nunca ha funcionado.

—Entonces deténla.

Gabe guardó su arma.

—Puedo diseñar un perímetro. No puedo decidir por ella.

Emma lo miró con sorpresa.

—Gracias.

—No me lo agradezcas. Me parece una idea terrible.

Zyren permaneció en silencio.

—¿Tú también intentarás impedírmelo? —preguntó Emma.

—No.

—¿Así de fácil?

—No es fácil. Quiero encerrarte en el Nexarion-X hasta eliminar todas las amenazas.

—Eso suena tranquilizador.

—También sé que hacerlo me convertiría en otra persona que intenta controlar tu vida.

Emma se acercó a él.

—Entonces ayúdame a enfrentarla.

—Estaré lo bastante cerca para detenerlo antes de que pueda tocarte.

—Eso sigue sonando un poco amenazante.

—Lo es.

Al mediodía, el Café Lumen parecía exactamente igual que cualquier otro día.

Cloe organizaba pasteles detrás de la barra. Dos ancianos jugaban ajedrez junto a la ventana y una madre intentaba convencer a su hijo de que el chocolate caliente necesitaba enfriarse antes de beberlo.

Nadie habría imaginado que tres de los clientes pertenecían al equipo de John.

Gabe ocupaba una mesa cerca de la entrada. Charles esperaba en el automóvil, fuera de la vista.

Zyren no estaba en el café.

Permanecía en el edificio de enfrente, desde donde podía observar cada movimiento. Emma llevaba un pequeño comunicador oculto bajo el cabello.

—Puedo escuchar tus pulsaciones —dijo su voz junto al oído.

—Eso no ayuda.

—Están elevadas.

—Acabas de demostrar mi punto.

La puerta se abrió.

Alaric Crowe entró solo.

Era un hombre de cincuenta y nueve años, de cabello oscuro atravesado por hebras grises. Vestía un traje azul y no llevaba abrigo pese al frío. Su rostro conservaba una elegancia que el tiempo había endurecido.

No parecía un asesino.

Emma comprendió por qué aquello resultaba más peligroso.

Alaric la reconoció de inmediato. Se acercó a la mesa y se detuvo frente a ella.

—Emma.

—Siéntese.

Él obedeció.

Cloe apareció con la libreta.

—¿Qué le traigo?

—Té negro.

—¿Algo para comer?

—No.

Cloe miró a Emma.

—¿Tú quieres lo de siempre?

—No voy a quedarme mucho tiempo.

—Eso dicen todos antes de que llegue el postre.

Se alejó.

Alaric observó el café.

—Tu madre habría adorado este lugar.

—No hable de ella como si la conociera.

—La conocí durante seis años.

—Y ordenó que manipularan su automóvil.

Una sombra cruzó su expresión.

—Te pareces más a Henry cuando estás enfadada.

—La grabación.

Alaric sacó del bolsillo una pequeña pieza triangular y la colocó sobre la mesa.

El objeto era transparente, pero una corriente dorada se movía en su interior.

—No lo toques —advirtió Zyren a través del comunicador.

Emma mantuvo las manos bajo la mesa.

—¿Qué es?

—Un cristal de memoria nexariano. Tu padre lo llevaba la noche del accidente.

—¿Cómo lo consiguió?

—Yo llegué antes que la policía.

Gabe se movió en su asiento.

Emma no apartó la vista de Alaric.

—¿Los vio morir?

—Cuando llegué, Henry ya había muerto.

El aire dejó de entrar en los pulmones de Emma.

—¿Y mi madre?

Alaric cerró los ojos un instante.

—Charlotte seguía viva.

La energía blanca apareció bajo la piel de Emma.

Las cucharillas de varias mesas comenzaron a vibrar.

—¿La dejó allí?

—Intenté sacarla.

—Está mintiendo —dijo Zyren en su oído—. Su ritmo cardíaco cambió.

Alaric miró directamente hacia el edificio donde Zyren permanecía oculto.

—Tu protector debería aprender que algunas verdades no pueden medirse con el pulso.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Puede escucharlo?

—Vael me enseñó a reconocer la tecnología que utilizan.

—La grabación —repitió Emma.

Alaric empujó el cristal hacia ella.

—Necesita energía nexariana para activarse. Tu comandante podrá hacerlo.

—¿Qué quiere a cambio?

—Que escuches antes de decidir quién es el enemigo.

—Usted provocó la muerte de mis padres. Esa decisión ya está tomada.

—Ordené bloquear el automóvil. El dispositivo debía apagar el motor, no destruir los frenos.

—¿Quién lo modificó?

Alaric la observó.

—Charles.

Emma se quedó inmóvil.

—No.

—Tu abuelo descubrió que Charlotte y Henry planeaban abandonar Veymont contigo. Iban a destruir el portal y cortar todo contacto con Nexara. Charles creía que, si lo hacían, la Tierra quedaría indefensa.

—Mi abuelo no los mató.

—Tampoco yo pretendía hacerlo.

—Pero ocultó las pruebas durante veinte años.

—Porque sabía que nadie creería la verdad.

Cloe dejó una taza de té sobre la mesa.

—Tenga cuidado. Está caliente.

Alaric esperó hasta que se alejara.

—La respuesta está en el cristal.

—Si contiene lo que asegura, ¿por qué no se lo entregó a la policía?

—Porque también revela lo que es tu familia.

—Mi familia es humana.

—Tu padre lo era. Charlotte no completamente.

La voz de Zyren llegó de inmediato:

—Eso no es posible.

Alaric sonrió hacia Emma.

—Pregúntale al Nexarion-X por el linaje de la Primera Portadora. Después pregúntate por qué la energía te eligió antes de nacer.

Emma sintió que el colgante se calentaba bajo la ropa.

—¿Qué era mi madre?

—La última descendiente terrestre de quienes crearon el vínculo. Lo llevaba en la sangre, pero la energía no despertó en ella. Te eligió a ti.

—¿Cómo sabe todo eso?

—Porque Charlotte me lo contó antes de morir.

La taza de té comenzó a agrietarse.

—¿Qué más le dijo?

—Que cometimos un error al confiar en Vael.

—Eso ya lo sabemos.

—No comprendes el error. Vael no sirve a Vharos.

—La entidad estaba detrás de él.

—Vharos estaba detrás de todos nosotros desde el principio.

Alaric se inclinó hacia ella.

—Vael cree que puede controlarlo. Quiere unir ambos mundos y utilizar a Vharos para devolver las emociones a Nexara bajo el dominio del Consejo.

—¿Y usted qué quiere?

—Cerrar el vínculo para siempre.

Emma lo estudió.

—Eso destruiría ambos mundos.

—Según los registros de tu madre.

—¿Cree que mintió?

—Creo que Charlotte confundió conexión con dependencia. La Tierra ha sobrevivido durante milenios sin saber que Nexara existía.

—Y Nexara sobrevivió creyendo que la Tierra había sido destruida —respondió Zyren—. Pero ambos mundos se están volviendo inestables. Que hayan permanecido separados hasta ahora no significa que puedan continuar así.

Alaric volvió la mirada hacia la ventana.

—Tu comandante conoce la historia que su Consejo decidió conservar. Yo conozco la que intentaron borrar.

—¿Por qué envió hombres a la nave?

—Para recuperar su núcleo.

—Atacaron a Zyren.

—Se les ordenó evitar víctimas.

—Parece que sus órdenes tienen la costumbre de matar personas.

Por primera vez, la calma de Alaric se quebró.

Sus dedos se cerraron alrededor de la taza.

—No sabes lo que he sacrificado.

—Mis padres no fueron su sacrificio.

La energía de Emma estalló.

No fue una explosión. Una onda de luz atravesó el café y detuvo cada movimiento durante una fracción de segundo.

Las conversaciones cesaron.

Las lámparas se apagaron y volvieron a encenderse.

Alaric soltó la taza.

Detrás de él apareció un hombre anciano.

Emma lo reconoció por las fotografías de los archivos de Charles.

Edmund Crowe.

El padre de Alaric.

Nadie más pareció verlo.

La figura apoyó las manos sobre los hombros de su hijo.

—Siempre fuiste demasiado débil para terminar lo que yo comencé —susurró.

El rostro de Alaric perdió el color.

—No estás aquí.

Emma comprendió.

Vharos había adoptado la forma de su mayor miedo.

No era la muerte.

Era la decepción de su padre.

—Alaric —dijo—, no lo escuche.

Edmund inclinó la cabeza.

—La niña te desprecia. Charlotte murió odiándote. Incluso Vael te utiliza como a un animal obediente.

—Cállate.

Varias personas miraron a Alaric.

Para ellas, hablaba con el aire.

—Está alimentándose de su culpa —dijo Emma—. Reconózcala.

—No sabes nada de mí.

—Sé que permitió que mi madre muriera.

Alaric se levantó.

Gabe hizo lo mismo.

—Siéntese —ordenó.

La figura de Edmund cerró las manos alrededor del cuello de Alaric.

—Dígalo —insistió Emma—. Diga qué hizo.

—No.

La sombra comenzó a introducirse en su cuerpo.

—¡Dígalo!

Alaric golpeó la mesa.

—¡La dejé morir!

Todo el café quedó en silencio.

La figura de Edmund se detuvo.

Emma sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Alaric la miró. Ya no quedaba serenidad en su rostro.

—Podía haberla sacado del automóvil —confesó—. Pero me pidió que te protegiera de Vael. Si la salvaba, tendría que explicar la tecnología, el portal y mi participación. Elegí el secreto.

Vharos soltó su cuello.

La sombra comenzó a deshacerse.

—No fue un accidente —continuó Alaric—. No fue una orden malinterpretada. Cuando llegó el momento de elegir, salvé todo aquello que había construido en lugar de salvarla a ella.

Una lágrima descendió por su rostro.

La entidad desapareció.

Alaric permaneció de pie, respirando con dificultad.

Gabe se acercó y colocó una mano sobre su hombro.

—Alaric Crowe, queda detenido por su participación en las muertes de Henry y Charlotte Carter.

Los agentes de John se levantaron.

Alaric no opuso resistencia.

Antes de que se lo llevaran, miró a Emma.

—Escucha el cristal. Después decide si también quieres arrestar a tu abuelo.

Gabe lo condujo hacia la salida.

Los clientes comenzaron a hablar al mismo tiempo. Cloe permaneció detrás de la barra, con la mirada fija en la mesa agrietada.

—Voy a necesitar una explicación —dijo.

Emma tomó el cristal de memoria.

La superficie estaba fría.

—Yo también.

Zyren la esperaba en el callejón detrás del café.

Emma le entregó el cristal.

—¿Es auténtico?

Las líneas violetas recorrieron sus dedos mientras analizaba el objeto.

—Sí. El registro no ha sido modificado.

—¿Puedes abrirlo?

—Aquí no. Su contenido podría activar cualquier dispositivo nexariano cercano.

—Entonces vamos a la nave.

Zyren no se movió.

—Emma, lo que dijo sobre Charles puede ser otra forma de manipularte.

—Lo sé.

—Y lo que dijo sobre Charlotte…

—También.

Ella cerró los ojos.

Había imaginado durante años que sus padres murieron de inmediato. Saber que su madre había permanecido viva, esperando una ayuda que Alaric decidió negarle, convertía el pasado en una herida nueva.

Zyren levantó una mano hacia su rostro.

Esta vez no se detuvo antes de tocarla.

Emma apoyó la mejilla contra su palma.

—Estoy furiosa —dijo—. Y quiero que sufra por lo que hizo.

—Es comprensible.

—También siento pena por él.

—Una emoción no elimina la otra.

—Estás aprendiendo.

—De ti.

Emma abrió los ojos.

—No quiero que Vharos convierta mi dolor en algo que pueda utilizar.

—Entonces no lo ocultes.

Ella se acercó y apoyó la frente contra el pecho de Zyren.

Él la rodeó con los brazos.

No intentó reparar el dolor.

No le dijo que estaría bien.

Solo permaneció allí mientras Emma lloraba por la madre que había vuelto a perder.

Cuando las lágrimas cesaron, Zyren seguía abrazándola.

—Vamos a escuchar el registro —dijo ella.

—Juntos.

Emma asintió.

Mientras se internaban en el bosque, el cristal comenzó a emitir una luz dorada.

Una voz surgió de su interior.

Débil.

Entrecortada.

La voz de Charlotte.

—Si estás escuchando esto, Charles ya ha mentido sobre la noche en que nació Emma.