Capítulo 16. La tercera pulsación
La silueta del niño permaneció suspendida frente a ellos.
No tenía rostro. Su cuerpo estaba formado por líneas de luz blanca y violeta que se entrelazaban a la altura del pecho.
Emma se apartó de Zyren.
—Nexarion, explica la imagen.
—Representación de la tercera pulsación.
—Eso no explica nada.
La nave guardó silencio durante unos segundos.
—El vínculo original fue creado mediante tres frecuencias complementarias: energía terrestre, energía nexariana y una tercera frecuencia nacida de la unión entre ambas.
Emma miró a Zyren.
Él parecía tan desconcertado como ella.
—¿Nacida de la unión? —preguntó.
—Correcto.
—¿Qué significa exactamente «unión»?
La imagen cambió.
Dos estructuras energéticas aparecieron a cada lado de la silueta. Emma reconoció la suya por la luz blanca. La otra, violeta, correspondía a Zyren.
Ambas se unían dentro del niño.
—La tercera pulsación portará energía de los dos mundos —respondió la nave.
Emma sintió calor en el rostro.
—¿Estás diciendo que ese niño sería hijo nuestro?
—La compatibilidad energética y genética indica esa posibilidad.
—Nos besamos hace menos de cinco minutos.
—Cuatro minutos y diecisiete segundos.
—No necesitaba tanta precisión.
Zyren se puso de pie.
—Confirma si la Portadora se encuentra en estado de gestación.
Emma lo miró con incredulidad.
—No tienes que preguntarle eso.
—Es la forma más rápida de eliminar cualquier interpretación incorrecta.
—La Portadora no se encuentra en estado de gestación —informó la nave.
—Gracias —murmuró Emma—. Me alegra que todos estemos al corriente.
Zyren continuó examinando la proyección.
—Entonces la imagen es una predicción.
—No.
—Acabas de afirmar que el niño no existe.
—No existe en la coordenada temporal presente.
Emma dejó de sentir vergüenza.
—¿Puedes detectar el futuro?
—No de forma lineal. El Pulso Original existe fuera de la secuencia temporal ordinaria. Cuando dos de sus frecuencias vuelven a unirse, la tercera produce una resonancia desde el punto en que llegará a existir.
La silueta extendió una mano.
Los dedos pequeños parecieron rozar el aire frente a Emma.
Una emoción desconocida se abrió dentro de su pecho.
No era un recuerdo.
Tampoco una visión.
Era la certeza fugaz de haber sostenido aquella mano antes.
La imagen desapareció.
—Muéstrala otra vez —pidió Emma.
—La resonancia ha finalizado.
—¿Ese futuro va a ocurrir?
—Probabilidad indeterminada.
—¿Podemos evitarlo?
Zyren giró hacia ella.
La pregunta pareció herirlo, aunque hizo un esfuerzo por ocultarlo.
Emma se acercó.
—No estoy diciendo que quiera evitarlo. Estoy preguntando si seguimos teniendo derecho a elegir.
Zyren miró hacia el núcleo.
—Responde.
—Ningún futuro se encuentra fijado. La tercera frecuencia ha sido detectada como posibilidad, no como obligación.
Emma soltó el aire.
—Bien.
—Sin embargo —continuó el Nexarion-X—, la restauración completa del vínculo requiere los dos pulsos y la tercera pulsación.
—Ahí está la obligación —dijo ella.
—El vínculo no exige ser restaurado.
—¿Qué ocurrirá si no lo restauramos?
La nave proyectó nuevamente ambos planetas.
Entre ellos se extendía una fractura oscura.
—Separación progresiva. Inestabilidad de los núcleos planetarios. Extinción probable de vida compleja en ambos mundos.
Emma contempló la oscuridad.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—No existen datos suficientes.
—¿Años? ¿Meses?
—No existen datos suficientes.
—¿Días?
—No existen datos suficientes.
—Estoy empezando a comprender por qué Zyren habla así.
—Mi estructura lingüística fue integrada en sus procesos educativos —respondió la nave.
Emma miró a Zyren.
—Eso explica muchas cosas.
Él no reaccionó.
Seguía observando el espacio donde había aparecido el niño.
—¿Qué estás pensando? —preguntó ella.
—En la razón por la que el Consejo ocultó estos registros.
—¿Solo en eso?
Zyren sostuvo su mirada.
—No.
Esperó a que él continuara.
—En Nexara, la formación de nuevos vínculos genéticos está regulada. La compatibilidad se determina antes del nacimiento y las uniones responden a necesidades poblacionales.
Emma tardó un momento en comprender.
—¿El Consejo decide quién puede tener hijos?
—Sí.
—¿Y con quién?
—También.
—Eso es…
Buscó una palabra que no comenzara una nueva guerra interplanetaria.
—Eficiente —concluyó Zyren.
—Iba a decir aterrador.
—Los nexarianos no lo consideran de esa manera.
—¿Tú?
Zyren volvió a mirar la proyección vacía.
—Hace un mes habría dicho que era necesario.
—¿Y ahora?
—Ahora la idea de que alguien decida si ese niño puede existir me resulta inaceptable.
El corazón de Emma se aceleró.
—Es un futuro posible. No significa que vayamos a…
—Lo sé.
—Apenas nos conocemos.
—Lo sé.
—Y todavía estoy enfadada contigo.
—También lo sé.
—Bien.
—Emma.
—¿Qué?
—El beso no ocurrió porque la nave predijera al niño.
Ella dejó de respirar.
Zyren se acercó.
—Ni porque una misión, una energía o un registro antiguo lo exigieran. Ocurrió porque lo deseaba.
—Eso sonó peligrosamente humano.
—Tal vez estaba equivocado cuando te dije que no lo era.
La mano de Zyren rozó la suya.
No intentó besarla otra vez.
La decisión de contenerse le resultó a Emma casi tan intensa como el beso.
—Tenemos que regresar al observatorio —dijo—. Mi madre dejó algo que solo yo puedo abrir.
—Será peligroso.
—Todo parece ser peligroso últimamente.
—Puedo acompañarte.
—Eso no te lo estaba pidiendo.
—Lo sé.
Emma entrelazó los dedos con los suyos.
—Pero puedes hacerlo.
Gabe los esperaba junto al inicio del sendero.
La forma en que miró sus manos unidas no pasó inadvertida para ninguno de los dos.
—Se acabó la hora —dijo.
Emma consultó el teléfono.
—Han pasado cuarenta y seis minutos.
—Estoy incluyendo los catorce que tardaremos en llegar al observatorio.
Zyren inclinó la cabeza.
—La distancia requiere once minutos a tu velocidad habitual.
—Empiezo a extrañar cuando pensaba que solo eras extraño.
John y sus hombres habían retirado a los atacantes del claro. La tecnología nexariana permanecía dentro de la nave, aislada de cualquier señal externa.
—¿Hablaron? —preguntó Emma.
—Uno sigue inconsciente. Los otros dicen que fueron contratados por una compañía de seguridad y que no conocían el objetivo real.
—¿Y el hombre que Vharos utilizó?
—No recuerda nada desde que entró en el bosque.
Gabe dirigió la mirada hacia Zyren.
—John encontró una marca debajo de su oreja.
—¿Qué clase de marca?
—Tres círculos.
Zyren se tensó.
—Es un dispositivo de enlace.
—¿Nexariano?
—Sí.
—¿Puede controlar su mente?
—Puede transmitir señales al sistema nervioso, pero no debería ser capaz de dominarlo. Vharos utilizó el enlace como una entrada.
Emma pensó en Vael.
La sombra había permanecido detrás de él durante la comunicación. Quizá el consejero tampoco sabía cuánto control ejercía la entidad sobre sus decisiones.
O quizá sí.
El observatorio apareció al final del camino.
Charles estaba junto al telescopio, con la caja abierta sobre la mesa. Cuando vio entrar a Zyren, su expresión se endureció.
—Dije que el archivo debía permanecer aislado de tecnología nexariana.
—Y yo dije que no volverías a decidir por mí —respondió Emma.
Charles miró sus manos unidas.
Emma soltó a Zyren, pero lo hizo para extraer el colgante del bolsillo.
No por vergüenza.
Al menos eso intentó decirse.
—¿Cómo se abre? —preguntó.
Charles señaló tres depresiones alrededor de la caja.
—Charlotte creyó que respondería a tu energía. Nunca pudimos comprobarlo.
Emma apoyó la palma sobre la tapa.
Nada ocurrió.
—Quizá necesita la luz —dijo Gabe.
—No sé cómo provocarla.
—Antes apareció cuando estabas asustada.
—Y cuando tocaste a Zyren —añadió Charles.
La forma en que pronunció su nombre convirtió el comentario en una acusación.
—No pienso asustarla para activar el archivo —dijo Zyren.
—No sugerí que lo hicieras.
—Pero pensaste que mi presencia era el riesgo más fácil de utilizar.
Charles sostuvo su mirada.
—Tu cercanía aumenta sus niveles energéticos.
—Y la ayuda a estabilizarlos.
—Todavía no lo sabemos.
Emma retiró la mano de la caja.
—Vharos se alimenta de las emociones que intentamos ocultar. Tal vez no necesito miedo.
Cerró los ojos.
Pensó en su madre.
No en el cuerpo ensangrentado que la entidad le había mostrado. Pensó en Charlotte sosteniéndola en la fotografía, sonriendo pese al cansancio.
Recordó a Henry levantándola para que pudiera alcanzar el telescopio.
Pensó en la culpa que había cargado desde los ocho años. En cada ocasión en que se preguntó si sus padres habrían tomado aquella carretera de no haber sido por ella.
No intentó rechazar el dolor.
Lo dejó existir.
—Los extraño —dijo en voz alta—. Y estoy furiosa porque me abandonaron con preguntas que todos los demás decidieron ocultar.
La caja se iluminó.
Emma mantuvo la mano sobre ella.
—Tengo miedo de descubrir que murieron por mi culpa. Tengo miedo de que Charles haya elegido a Vael sobre ellos. Tengo miedo de confiar en Zyren y volver a descubrir que me mintió.
Zyren no apartó la mirada.
—Y tengo miedo de ese niño —continuó—. No porque no lo quiera, sino porque una parte de mí lo reconoció.
Una línea blanca recorrió la tapa.
El mecanismo se abrió.
La figura de Charlotte apareció en el centro de la sala.
Esta vez estaba sola.
—Emma —dijo la grabación—, si puedes verme, entonces la energía ya despertó. Y probablemente todos intentan decirte lo que debes hacer con ella.
Emma sonrió entre lágrimas.
—Me conocías bien.
Charlotte continuó:
—Lo primero que necesitas comprender es que el Pulso no es un arma. Es una forma de comunicación. Une materia, memoria y emoción. Por eso te eligió antes de nacer: todavía no habías aprendido a esconder ninguna parte de ti.
La imagen cambió.
Aparecieron representaciones de la Tierra y Nexara conectadas por tres corrientes.
—Nuestros mundos compartieron un mismo origen. Cuando los nexarianos intentaron eliminar sus emociones, rompieron el equilibrio. Aquello que rechazaron no desapareció. Se acumuló entre ambos mundos hasta adquirir conciencia.
—Vharos —dijo Zyren.
—No nació de las emociones —continuó Charlotte—. Nació de su negación. No puede crear miedo, dolor, ira o deseo. Solo puede tomar aquello que ocultamos y convertirlo en una prisión.
Emma recordó la forma en que se había debilitado cuando reconoció su miedo por Zyren.
—Por eso decirlo en voz alta lo detuvo.
—La única defensa contra Vharos es sentir sin permitir que la emoción decida por nosotros —explicó Charlotte—. Algo que Nexara olvidó y que la humanidad nunca aprendió por completo.
Otro registro apareció junto a ella.
La silueta de un niño.
Charles se acercó a la proyección.
—Nunca pude abrir esta parte.
—El vínculo solo puede repararse mediante tres frecuencias —dijo Charlotte—: una nacida de la Tierra, otra de Nexara y una tercera perteneciente a ambos mundos.
Emma miró a Zyren.
—Ella sabía que serías tú —susurró.
—No necesariamente —respondió él.
La grabación de Charlotte giró el rostro, como si pudiera escucharlos desde el pasado.
—Si el comandante de tus sueños está contigo, entonces el futuro aún puede salvarse.
Zyren quedó inmóvil.
—¿Cómo sabía de mis sueños?
—Porque comenzaron antes que los tuyos —continuó Charlotte—. El Pulso no se desplaza en una sola dirección. Algunos recuerdos pertenecen a vidas que todavía no han ocurrido.
La silueta del niño adquirió facciones.
Cabello oscuro.
Ojos verdes atravesados por destellos violetas.
Emma sintió la misma certeza que había experimentado en la nave.
Su hijo.
Posible.
No inevitable.
Pero real en algún punto del futuro.
—La tercera pulsación no debe nacer para cumplir una profecía —advirtió Charlotte—. Si nace de la obligación, Vharos podrá corromperla. Debe nacer de una decisión libre. De un vínculo que ninguno de los dos mundos pueda controlar.
La proyección comenzó a desvanecerse.
—Cuando llegue el momento de cerrar el portal, la Portadora permanecerá en la Tierra. El nexariano deberá regresar a su mundo. La tercera pulsación se mantendrá fuera de ambos extremos y unirá la energía sin quedar atrapado en ellos.
Emma sintió que las palabras atravesaban el futuro que apenas había comenzado a imaginar.
Ella en la Tierra.
Zyren en Nexara.
Separados.
—¿No existe otra forma? —preguntó, aunque sabía que la grabación no podía responder.
Charlotte la miró desde el pasado.
—Salvar ambos mundos exigirá que se encuentren.
La imagen parpadeó.
—Cerrar el portal exigirá que sepan dejarse ir.
La proyección desapareció.
Nadie habló.
Emma observó a Zyren.
Él había renunciado a la autorización necesaria para regresar a Nexara.
Pero el futuro acababa de exigir que volviera.
Antes de que pudiera decirlo, el teléfono de Gabe comenzó a sonar.
Respondió.
—John.
Su expresión cambió mientras escuchaba.
—¿Cuándo?
Se volvió hacia Charles.
—Alaric abandonó Taiguan hace seis horas. Su avión aterrizó en una pista privada a menos de treinta kilómetros de Elarin.
Charles cerró la caja.
—Viene por Emma.
La voz de John continuó al otro lado de la línea.
Gabe palideció.
—Eso no es todo —dijo al colgar—. El hombre que llevaba el dispositivo nexariano acaba de desaparecer.
—¿Escapó? —preguntó Emma.
—No.
Gabe mostró una fotografía enviada por John.
En el asiento donde habían dejado al prisionero solo quedaba una silueta de ceniza negra.
Sobre la pared, alguien había escrito una frase con los dedos:
LA TERCERA PULSACIÓN YA ME PERTENECE.