Capítulo 15. La puerta que Charles abrió
El campo de distorsión terminó de cerrarse.
Charles desapareció detrás de la pared, pero Emma sabía que continuaba afuera.
Observándolos.
—¿Puede ver la nave? —preguntó Gabe.
—Nos vio antes de que se restableciera el camuflaje —respondió Zyren.
—No pregunté eso.
Zyren examinó las lecturas del exterior.
—El campo debería ocultarnos de cualquier percepción humana.
Tres golpes resonaron sobre el casco.
Pausa.
Otros dos golpes.
Luego tres más.
Zyren se puso de pie con dificultad.
—Ese es un código de acceso nexariano.
Emma miró hacia la pared.
—¿Cómo lo conoce?
Zyren no respondió.
No era necesario.
Una voz surgió del sistema:
—Enlace terrestre reconocido. Charles Carter solicita acceso.
Emma sintió que toda la rabia acumulada durante la noche regresaba de golpe.
—Ábrele.
—Emma —dijo Gabe—, no sabemos si está solo.
—Hay una persona en el exterior —informó la nave—. No se detectan armas activas.
—Ábrele —repitió.
El casco se separó.
Charles permanecía frente a la entrada con las manos visibles. No mostró sorpresa al observar el interior de la nave ni al ver los filamentos que reparaban el hombro de Zyren.
Sus ojos se dirigieron primero a Emma.
Después a los hombres inmovilizados.
—Alaric los encontró.
—Y tú encontraste la nave —dijo Emma—. ¿Cómo?
Charles entró.
La abertura se cerró detrás de él.
—Seguí a Gabe.
—No me refiero al camino. La nave te reconoció.
—Mi señal permanece registrada en los sistemas nexarianos.
Zyren se interpuso entre Charles y el núcleo.
—Solo los enlaces planetarios autorizados poseen ese reconocimiento.
—Lo sé.
—El Consejo no informó de ningún enlace activo en la Tierra.
Charles observó la armadura quebrada de Zyren.
—El Consejo no informa de muchas cosas.
—¿Desde cuándo trabaja para Nexara? —preguntó Gabe.
—No trabajo para ellos.
—Tienes autorización para entrar en una nave extraterrestre invisible. Entenderás la confusión.
Emma permaneció frente a Charles.
—¿Quién abrió la puerta?
Él no fingió desconocer la pregunta.
—Yo.
La respuesta cayó entre ellos con más fuerza que cualquiera de las explosiones.
Emma sintió que Zyren se acercaba, pero no apartó la mirada de su abuelo.
—¿Qué puerta?
—Un enlace entre ambos mundos.
—¿El portal que apareció en el registro de la nave?
—Una versión más pequeña.
—¿Por qué?
Charles observó los filamentos violetas que recorrían las paredes.
—No deberíamos hablar aquí.
Emma soltó una risa amarga.
—Llevas veinte años escogiendo dónde y cuándo puedo conocer mi propia historia. Eso terminó.
—El Nexarion-X está conectado con Nexara.
—Zyren cortó el enlace.
Charles lo miró.
—¿Qué hiciste?
—Renuncié a mi cargo.
—Entonces no puedes regresar.
—Soy consciente de las consecuencias.
La mirada de Charles pasó de él a Emma.
Comprendió la razón.
—No debiste hacerlo.
—Vael intentó llevársela contra su voluntad.
El temor apareció en el rostro de Charles.
—¿Vael sabe que está aquí?
—Habló con ella —respondió Zyren—. Y utilizó su autorización para controlar la nave.
Charles cerró los ojos.
—Llegamos demasiado tarde.
—¿Para qué? —preguntó Emma.
—Para mantenerte fuera de su alcance.
—Entonces empieza desde el principio.
Charles caminó hasta uno de los asientos y se apoyó en el respaldo. Por primera vez, Emma no vio al hombre que controlaba empresas, investigadores y cada detalle de su vida.
Vio a un anciano cansado de sostener un secreto demasiado grande.
—Tu madre tenía veinticuatro años cuando detectó la señal de Nexara —comenzó—. Al principio creyó que era una repetición producida por una estrella muerta. Después descubrió que respondía a los cambios en tu ritmo cardíaco.
Emma cerró una mano alrededor del colgante.
—Yo todavía no había nacido.
—Faltaban cuatro meses. Charlotte y Henry contactaron conmigo porque necesitaban acceso a un satélite privado. Cuando amplificamos la señal, Vael respondió.
—¿Solo él?
—Dijo que actuaba en nombre del Consejo. Nos habló de la energía que te había elegido y de una amenaza que permanecía encerrada entre nuestros mundos.
—Vharos.
Charles asintió.
—Vael aseguró que necesitaba crear un escudo alrededor de la Tierra para impedir que pudiera encontrarte. Me entregó los planos de un dispositivo y yo financié su construcción.
—¿Qué hacía realmente? —preguntó Zyren.
—Abría una conexión.
La esfera central de la nave se oscureció.
Charles continuó:
—La noche en que activamos el dispositivo, todos los sistemas eléctricos de Veymont fallaron durante cuarenta y siete segundos. Charlotte perdió el conocimiento. Cuando despertó, dijo que había visto algo cruzar.
—Vharos —dijo Emma.
—No lo comprendimos hasta después.
Gabe apoyó las manos sobre una consola.
—Vael lo engañó para que liberara a la entidad.
—Eso creía.
—¿Creía?
Charles miró a los atacantes inmovilizados.
—Años más tarde descubrí que el portal no liberó a Vharos. Ya estaba influyendo en la Tierra. La conexión le permitió adquirir forma y alimentarse directamente de nuestras emociones.
Emma recordó a la criatura adoptando el rostro ensangrentado de su madre.
—¿Por qué me culpó?
—Porque tu energía mantiene abierto el vínculo original entre los mundos. No creaste a Vharos ni lo liberaste, pero él puede utilizarte como un puente.
—¿Y también puedo destruirlo?
—Eso esperaba tu madre.
La palabra esperaba le produjo un escalofrío.
—¿Cuándo descubrieron la traición?
—Henry encontró modificaciones en el dispositivo que no aparecían en los planos originales. Alguien las había añadido utilizando el acceso de Vael. Tus padres decidieron destruir la investigación y cortar todo contacto con Nexara.
—Entonces Alaric manipuló el automóvil.
—Dos días después.
La voz de Charles se quebró.
—Yo debía viajar con ellos.
Emma dejó de respirar.
—¿Qué?
—Charlotte me llamó aquella mañana. Había encontrado algo en los registros que demostraba que Vael se comunicaba con otra persona en la Tierra. Quería mostrármelo en el observatorio. Cambié de planes en el último momento porque surgió una reunión en Veymont.
—Y ellos murieron en el camino.
Charles asintió.
—Durante años pensé que el objetivo era destruir la investigación. Después comprendí que también querían eliminarme. Si hubiera estado dentro del automóvil, nadie habría quedado para protegerte.
—¿Alaric trabajaba para Vael?
—Su padre había colaborado con nosotros en la construcción del dispositivo. Alaric heredó sus archivos, sus contactos y su obsesión. Cree que la energía dentro de ti puede utilizarse para controlar el portal.
Uno de los hombres inmovilizados emitió un gemido.
Gabe revisó las ataduras luminosas.
—¿Podemos entregarlos a la policía?
—¿Y qué explicación darás sobre sus armas? —preguntó Charles—. ¿O sobre el residuo que no coincide con ningún elemento terrestre?
—Podemos entregarlos sin las armas.
—Alaric los sacará antes de que hablen.
—Entonces John los interrogará primero.
Charles no discutió.
Emma observó el rostro de su abuelo.
—¿Por qué continuaste hablando con Vael después de lo que ocurrió?
Charles palideció.
Gabe se volvió hacia él.
—¿Continuó el contacto?
—Necesitaba información sobre Vharos.
—¿Durante cuánto tiempo? —preguntó Emma.
—Hasta hace tres semanas.
La respuesta le produjo una herida diferente.
—¿Hablaste con él después de que Zyren llegara?
—Sí.
—¿Qué le dijiste?
—Que te mantendría alejada de cualquier nexariano enviado por el Consejo.
Zyren tensó la mandíbula.
—Vael le ordenó separarnos.
—Me advirtió que tu cercanía despertaría la energía antes de que Emma pudiera controlarla.
—Eso ocurrió —dijo Gabe.
—Porque Vharos la atacó —respondió Zyren—. No por mi presencia.
—No puedes saberlo.
—El núcleo reconoció su energía antes de establecer contacto físico conmigo.
Charles lo observó.
—La nave también te está cambiando.
—Emma me está cambiando.
El silencio que siguió fue breve, pero suficiente para que Emma sintiera calor en el rostro.
Charles lo notó.
—Eso es precisamente lo que me preocupa. Los nexarianos no saben controlar emociones intensas. Vharos puede utilizarlas contra ti.
—Reprimirlas lo fortalece —replicó Zyren—. Lo sentí cuando atacó.
—¿Y estás dispuesto a experimentar con la vida de mi nieta para demostrarlo?
—No.
Zyren miró a Emma.
—Estoy dispuesto a experimentar con la mía para impedirlo.
Ella sostuvo su mirada.
La mentira todavía estaba entre ambos.
Pero también estaba la decisión que acababa de tomar. Zyren había renunciado a su cargo, a su autoridad y a la única forma segura de regresar a su planeta.
No podía fingir que eso no significaba nada.
—No necesito que ninguno de ustedes decida quién debe sacrificarse por mí —dijo Emma—. Necesito aprender a controlar lo que llevo dentro.
—Tu madre dejó instrucciones —respondió Charles.
—¿Dónde?
—En el archivo del observatorio. Lo que vimos era solo el primer registro. Existen otros protegidos por una clave energética que nunca pude abrir.
Emma miró el colgante.
—Porque la clave soy yo.
—Eso creo.
La nave emitió una alerta suave.
—Vehículos aproximándose al perímetro —informó el Nexarion-X—. Cuatro unidades terrestres.
Gabe consultó su teléfono.
—Es John. Viene con mi equipo.
Zyren se acercó a los atacantes.
—No pueden ver la nave.
—Se encargarán de los hombres fuera del campo de distorsión —dijo Gabe—. Los otros dos pueden salir por donde entraron.
—Uno de ellos fue utilizado por Vharos.
—Entonces quiero saber cuánto recuerda.
Charles se dirigió hacia la salida.
Emma habló antes de que pudiera alcanzarla.
—No vuelvas a desaparecer detrás de una decisión tomada por mi bien.
Él se detuvo.
—No lo haré.
—Eso no significa que te perdone.
—Lo sé.
—Y todavía no confío en ti.
Charles bajó la cabeza.
—También lo sé.
Gabe acompañó a Charles y a los prisioneros hasta el exterior. Antes de cruzar la abertura, miró a Emma.
—Tienes una hora.
—Habías dicho dos.
—Eso fue antes de descubrir que el desconocido sin pasado tenía una nave espacial.
—Estaré bien.
Gabe miró a Zyren.
—Asegúrate.
—Lo haré.
—No era una petición.
La entrada se cerró detrás de ellos.
Emma y Zyren quedaron solos.
El Nexarion-X redujo la intensidad de las luces. Los filamentos continuaban reparando la herida de su hombro, pero su respiración había recuperado un ritmo estable.
—¿Cuánto tardarás en sanar? —preguntó ella.
—La lesión externa estará cerrada en seis horas. La energía necesitará más tiempo para estabilizarse.
—Entonces deberías sentarte.
—Tú también estás agotada.
—Yo no recibí un disparo.
—Generaste una barrera capaz de detener un proyectil nexariano. El esfuerzo fue mayor de lo que percibes.
Emma ocupó el asiento junto al núcleo.
Zyren se sentó frente a ella.
Durante unos segundos ninguno habló.
—¿Qué habría ocurrido si Vael hubiese conseguido llevarme a Nexara? —preguntó Emma.
—No lo sé.
—¿Me habrían dejado regresar?
Zyren no respondió.
Emma asintió lentamente.
—Eso imaginé.
—Debí contarte la verdad desde el comienzo.
—Sí.
—Pensé que mantener la misión en secreto te protegería.
—Te pareces más a Charles de lo que te gustaría admitir.
—Esa comparación me resulta desagradable.
Emma sonrió a pesar de sí misma.
Zyren la contempló.
—No tienes que perdonarme.
—Todavía no lo he hecho.
—Lo sé.
—Y si vuelves a mentirme, no habrá nave, renuncia ni sacrificio capaz de arreglarlo.
—No volveré a hacerlo.
—No hagas promesas que no puedas cumplir.
—No es una promesa. Es una elección.
Emma sostuvo su mirada.
—¿Y qué elegirás si decirme la verdad pone a Nexara en peligro?
—Confiar en que tú también querrás protegerla.
La respuesta eliminó la última defensa que Emma intentaba conservar.
No porque resolviera todo.
Sino porque, por primera vez, nadie estaba decidiendo por ella.
Se levantó y se acercó a Zyren.
Él siguió cada uno de sus movimientos.
—En el capítulo anterior de esta conversación —dijo Emma—, antes de que Vael interrumpiera, mencionaste una interferencia innecesaria.
Zyren tardó un instante en comprender.
—No utilizaste la palabra capítulo.
—Sabes a qué me refiero.
—Sí.
—¿Qué querías hacer?
Sus ojos descendieron nuevamente a los labios de Emma.
—Esto.
Zyren levantó la mano, pero se detuvo antes de tocarla.
Esperó.
La decisión seguía siendo de ella.
Emma cubrió la distancia.
El primer contacto fue lento, casi cauteloso. Los labios de Zyren permanecieron inmóviles durante una fracción de segundo, sorprendido por una sensación para la que ningún entrenamiento lo había preparado.
Después una mano rodeó la cintura de Emma.
La atrajo hacia él.
El beso cambió.
La contención de Zyren se quebró con una intensidad que la obligó a apoyarse en sus hombros. Su boca exploró la de ella con una mezcla de asombro y deseo reprimido, como si acabara de descubrir algo que llevaba toda la vida necesitando.
Una corriente cálida recorrió el cuerpo de Emma.
No hubo visiones.
No hubo recuerdos prestados.
Solo Zyren.
Su respiración.
La firmeza de sus manos.
La forma en que se detenía cada vez que ella lo hacía y volvía a acercarse cuando sentía que lo buscaba.
Las luces de la nave pasaron del violeta al blanco.
El núcleo comenzó a pulsar al ritmo de sus corazones.
Cuando se separaron, Zyren mantuvo la frente apoyada contra la de ella.
—Ahora comprendo por qué lo consideraban una interferencia.
Emma intentó recuperar el aliento.
—¿Innecesaria?
—Esa parte de la clasificación era incorrecta.
Ella sonrió.
La pared frente a ellos se iluminó.
Sobre la superficie apareció una lectura energética con dos pulsos unidos.
Debajo surgió una advertencia:
VÍNCULO PRIMARIO RESTABLECIDO.
Emma dejó de sonreír.
—¿Qué significa eso?
Zyren observó los datos.
—No lo sé.
Una segunda frase apareció:
CONDICIÓN INCOMPLETA.
TERCERA PULSACIÓN REQUERIDA.
Emma sintió que el colgante se calentaba contra su palma.
En la proyección surgió la silueta de un niño.