A través de las estrellas te encontré Capítulo 13. La nave viva
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Capítulo 13. La nave viva

El sendero se estrechó a medida que se internaban en el bosque.

Emma caminaba detrás de Zyren, procurando recordar cada curva. No sabía si lo hacía para encontrar el camino de regreso o para asegurarse de que Gabe pudiera seguirlo cuando comenzara a buscarla.

Porque lo haría.

En menos de dos horas, probablemente aparecería entre los árboles acompañado por John, Charles y la mitad de la policía de Elarin.

Zyren apartó una rama para que ella pasara.

—Faltan ochocientos metros.

—¿Siempre sabes exactamente a qué distancia están las cosas?

—Sí.

—Debe ser agotador.

—¿Por qué?

—Porque nunca puedes decir «falta poco» como una persona normal.

Zyren soltó la rama después de que ella cruzara.

—Falta poco.

Emma lo miró.

—Eso fue casi convincente.

Él continuó avanzando, pero ella alcanzó a ver la ligera contracción en la comisura de sus labios.

No era una sonrisa completa.

Aun así, provocó algo cálido dentro de ella.

Emma se reprendió inmediatamente.

Zyren le había mentido. Era un comandante de otro planeta enviado para investigarla y había permitido que creyera que solo era un hombre extraño con dificultades para mantener una conversación normal.

La atracción no borraba nada de eso.

Solo lo complicaba.

El bosque se volvió más oscuro. Los árboles crecían tan juntos que sus ramas formaban un techo sobre el sendero. No había huellas, cables ni señales de que alguien hubiera pasado por allí recientemente.

—¿Cómo llegaste a la Tierra? —preguntó Emma.

—En una nave de exploración.

—¿Está cerca?

—Sí.

—¿Qué tan cerca?

Zyren se detuvo.

—Aquí.

Emma observó los árboles.

Frente a ellos solo había un claro cubierto de helechos y rocas húmedas. La neblina se desplazaba a pocos centímetros del suelo.

—No hay nada.

—No puedes verla todavía.

Zyren extendió una mano hacia el espacio vacío.

Las líneas violetas reaparecieron bajo la piel de su antebrazo. La luz descendió hasta sus dedos y se propagó por el aire.

El claro se deformó.

Los árboles parecieron doblarse hacia los lados. La neblina ascendió en una pared transparente y, detrás de ella, algo gigantesco comenzó a revelarse.

Emma retrocedió.

La nave no se parecía a nada construido por seres humanos.

Su superficie era negra, pero reflejaba tonos violetas y azules cada vez que la luz atravesaba las ramas. No tenía remaches, ventanas ni uniones visibles. Parecía haber crecido en medio del bosque en lugar de haber aterrizado allí.

Su forma recordaba a dos alas cerradas alrededor de un núcleo central.

—¿Qué tamaño tiene?

—Cuarenta y siete metros.

—Y has conseguido ocultarla entre los árboles.

—El campo de distorsión modifica la luz, el sonido y las lecturas térmicas.

Emma se acercó un paso.

La superficie de la nave emitió una pulsación.

Después otra.

Como un corazón.

—Está viva.

—No en el sentido biológico terrestre.

—Eso significa que sí.

Zyren la miró.

—Posee una estructura orgánica capaz de regenerarse, responder a estímulos y establecer vínculos con sus ocupantes.

—Está viva —repitió Emma.

—En cierta forma.

Ella avanzó hacia la nave.

Zyren la sujetó por la muñeca.

—Espera.

El contacto hizo que una descarga tibia recorriera el brazo de Emma, pero esta vez no aparecieron visiones.

—Dijiste que ibas a enseñármela.

—El Nexarion-X está adaptado a mi energía. No sé cómo responderá a la tuya.

Emma miró su mano alrededor de la muñeca.

Zyren la soltó.

—Lo siento.

—¿Nexarion-X?

—Es el nombre de la nave.

—Suena más como un modelo que como un nombre.

—Es ambas cosas.

—Entonces después le pondremos uno mejor.

—No necesita otro.

—Todas las cosas vivas necesitan un nombre.

Emma extendió la mano antes de que él pudiera detenerla y apoyó la palma sobre la superficie negra.

La nave despertó.

Una pulsación de luz salió de sus dedos y recorrió toda la estructura. Los árboles se inclinaron bajo una fuerza invisible. La tierra vibró y cientos de símbolos aparecieron sobre el casco.

Zyren se colocó junto a ella.

—Retira la mano.

Emma lo intentó.

No pudo.

La superficie había adquirido la consistencia de un líquido espeso que le envolvía los dedos.

—No me suelta.

Zyren apoyó una mano junto a la suya.

—Nexarion, libera el contacto.

Una voz surgió desde el interior de la nave.

No era la voz neutra que Emma esperaba de una computadora. Sonaba profunda, casi humana.

—Solicitud denegada.

Zyren quedó inmóvil.

—Confirma identidad del visitante.

Los símbolos cambiaron.

—Identidad desconocida.

—Entonces libera el contacto.

—Compatibilidad con núcleo central: noventa y nueve coma nueve por ciento.

Zyren miró a Emma.

—Eso no es posible.

—Empiezo a cansarme de escuchar esa frase.

La superficie soltó su mano.

Una abertura apareció en el casco. No hubo puertas ni mecanismos. El material simplemente se separó, formando un pasaje iluminado.

—Acceso autorizado —anunció la nave.

—Yo no lo autoricé —dijo Zyren.

—La nave parece tener una opinión diferente —respondió Emma.

Entró.

El interior era más amplio de lo que permitían las dimensiones exteriores. Las paredes curvas emitían una luz tenue y cambiaban de color con cada uno de sus pasos. No había cables, pantallas ni controles reconocibles. Las superficies reaccionaban antes de que pudiera tocarlas.

Una línea blanca surgió en el suelo y avanzó hacia el centro de la nave.

—Quiere que la sigamos —dijo Emma.

—No debe darte instrucciones.

—Quizá está cansada de que le digas lo que debe hacer.

Zyren se colocó delante de ella.

—Mantente cerca.

—¿Para protegerme de tu propia nave?

—Para protegerla de ti.

Emma se detuvo.

Zyren también.

—Eso sonó peor de lo que pretendías —dijo ella.

—Sí.

—Estás mejorando.

La línea los condujo hasta una cámara circular.

En el centro flotaba una esfera de cristal oscuro atravesada por corrientes violetas. Emma reconoció su ritmo.

Era el mismo pulso que sentía dentro de su cuerpo desde la infancia, aunque nunca había sabido nombrarlo.

Se acercó.

—¿Qué es?

—El núcleo energético. Mantiene las funciones de la nave y permite los desplazamientos entre sistemas estelares.

—Se siente como yo.

Zyren observó la esfera.

—Eso es lo que intentamos comprender.

La pared frente a ellos se volvió transparente.

Nexara apareció suspendida en la oscuridad.

Emma contempló los océanos luminosos, las nubes violetas y los anillos de energía que rodeaban el planeta. Tres lunas brillaban sobre el horizonte.

El mundo de sus sueños.

—Es real —susurró.

—Sí.

—He visto ese lugar toda mi vida.

—Y yo vi la Tierra antes de saber que aún existía.

Emma se aproximó a la proyección. La ciudad de Zeythar se elevó sobre uno de los mares. Sus torres cristalinas flotaban conectadas por puentes de luz.

Era hermosa.

También parecía demasiado perfecta.

—¿Cuántas personas viven allí?

—Un poco más de nueve millones.

—¿Todos son como tú?

—Depende de qué característica consideres relevante.

—La parte en la que saltas por ventanas, desapareces en las sombras y disparas luz con las manos.

—En distintos grados.

—¿Y las emociones?

La expresión de Zyren cambió.

—Nuestros antepasados concluyeron que eran responsables de la destrucción de la antigua civilización. Durante generaciones modificamos nuestros sistemas biológicos y nuestra educación para reducirlas.

—¿Las eliminaron?

—Eso creíamos.

—Hasta que comenzaste a soñar conmigo.

—Sí.

Emma se volvió hacia él.

—Dijiste que mi energía despertaba algo en ti.

—No exactamente.

—Dijiste que tus constantes cambiaban cuando estaba cerca.

—Eso es verificable.

—Zyren.

Él guardó silencio.

Emma esperó.

—Antes de ti —admitió—, podía describir las emociones, pero no siempre experimentarlas. Ahora aparecen sin que pueda controlarlas.

—Miedo.

—Sí.

—Celos.

—También.

—¿Y qué más?

Los ojos de Zyren descendieron a sus labios.

Fue un movimiento breve, pero Emma lo vio.

El aire pareció volverse más cálido.

—No conozco todas las palabras —respondió.

—Puedes intentarlo.

Zyren se acercó.

Emma permaneció inmóvil.

Él levantó una mano y rozó con los dedos el lugar de su muñeca que había sujetado afuera. El contacto fue lento, como si temiera provocar otra visión.

—Cuando estás cerca —dijo—, me resulta difícil pensar en la misión.

—Eso no suena muy romántico.

—Cuando te alejas, quiero encontrarte.

Sus dedos ascendieron por el interior de su brazo.

—Cuando tienes miedo, quiero destruir aquello que lo provoca.

Emma dejó de respirar.

—Eso tampoco es especialmente romántico.

—Y cuando me miras de esa manera, quiero hacer algo que mis instrucciones califican como una interferencia innecesaria.

—¿Qué cosa?

Zyren inclinó el rostro.

La distancia entre ambos desapareció casi por completo.

Una alerta resonó en la cámara.

Zyren se apartó con rapidez.

—Enlace entrante desde Nexara —anunció la nave.

La proyección del planeta se desvaneció.

Vael apareció en su lugar.

Emma reconoció inmediatamente los ojos plateados.

Zyren se colocó delante de ella, pero ya era tarde. El consejero la había visto.

—Comandante —dijo Vael—. Tu informe se encuentra retrasado.

—Experimentamos interferencias.

Vael miró más allá de su hombro.

—Ya lo veo.

Emma dio un paso hacia un lado.

—Usted conoció a mis padres.

Zyren intentó interrumpirla.

—Emma.

—No. Dijiste que responderías todas mis preguntas.

Vael sonrió.

—Tienes los ojos de Charlotte.

Emma sintió una repulsión inmediata.

—¿Qué les hizo?

—Intenté protegerlos.

—Terminaron muertos.

La sonrisa desapareció.

—La humanidad posee una tendencia extraordinaria a destruir aquello que no comprende.

—Eso no fue una respuesta.

—Te pareces a ella también en eso.

Zyren se acercó a la proyección.

—¿Por qué nunca se incluyó el contacto con sus padres en los registros de la misión?

—Porque no era relevante para tu objetivo.

—Emma es el objetivo.

Las palabras quedaron suspendidas.

Ella miró a Zyren.

—¿El objetivo?

Él comprendió demasiado tarde lo que había dicho.

Vael observó la reacción de Emma con interés.

—¿No se lo explicaste?

—La misión ha cambiado.

—No tienes autoridad para cambiarla.

—La entidad está activa en la Tierra.

Vael permaneció inmóvil.

—¿Qué entidad?

Zyren lo miró con una atención distinta.

—Vharos.

Por primera vez, el control del consejero se quebró.

Solo duró una fracción de segundo, pero Emma lo vio.

Miedo.

—Debes regresar inmediatamente —ordenó Vael.

—No sin respuestas.

—La fuente vendrá contigo.

Emma sintió que la ira desplazaba el temor.

—Tengo nombre.

—Tu identidad humana no modifica tu función.

Zyren se interpuso por completo entre ella y Vael.

—No hablarás de ella de esa manera.

Los ojos plateados se estrecharon.

—Estás comprometido emocionalmente.

—Eso tampoco modifica mi función.

—La modifica por completo. Tu misión era observar la fuente, determinar su estabilidad y transportarla a Nexara si representaba un riesgo.

Emma miró a Zyren.

—¿Transportarme?

—No sabía que se trataba de ti cuando acepté la misión.

—Pero lo supiste cuando llegaste.

—Sí.

—Y continuaste acercándote.

—Intentaba comprender la conexión.

La herida causada por la mentira volvió a abrirse.

—Me estudiaste.

—Al principio.

—¿Qué soy ahora?

Zyren no encontró una respuesta con la rapidez suficiente.

Vael intervino:

—Un peligro para ambos mundos.

La esfera central emitió una pulsación violenta.

Las luces de la nave cambiaron a blanco.

—Análisis completo —anunció el Nexarion-X.

Símbolos desconocidos envolvieron el cuerpo de Emma. Una representación de su sistema nervioso apareció suspendida sobre el núcleo.

—Patrón energético identificado.

Zyren se volvió hacia la nave.

—Muestra la clasificación.

—Registro anterior localizado.

Vael levantó una mano.

—Cancela el análisis.

—Autorización insuficiente —respondió la nave.

El rostro del consejero se endureció.

—Yo soy el Cronista Supremo del Saber.

—El registro precede a la autoridad del Consejo actual.

Una secuencia de imágenes ocupó la cámara.

La Tierra.

Nexara.

Un portal abierto entre ambos planetas.

En el centro había una mujer rodeada de luz blanca.

No era Emma.

Pero tenía sus ojos.

—¿Quién es? —preguntó.

La nave respondió:

—Primera Portadora del Pulso.

La imagen cambió. La mujer colocó una mano sobre el portal y dividió la energía en dos corrientes. Una entró en Nexara. La otra viajó hacia la Tierra.

—Linaje confirmado —continuó la nave—. Emma Charlotte Carter: Portadora actual.

Zyren observó los datos con incredulidad.

—¿Portadora de qué?

—Del vínculo original entre los mundos.

La estructura completa del Nexarion-X comenzó a vibrar.

Vael golpeó la proyección desde el otro extremo de la comunicación.

—Desconecta el núcleo.

—No puedo —respondió Zyren.

La luz blanca que envolvía a Emma penetró en la esfera central.

Durante un instante, ella sintió ambos planetas.

Los mares de Nexara.

Los bosques de la Tierra.

Dos pulsos separados que intentaban recuperar el mismo ritmo.

Y entre ellos, una oscuridad inmensa que se alimentaba de la distancia.

Emma abrió los ojos.

La voz de la nave resonó en todas las cámaras:

—La Portadora ha despertado.

Algo golpeó el exterior.

El Nexarion-X se estremeció.

En la proyección, detrás de Vael, una sombra comenzó a elevarse.

El consejero no la vio.

Emma sí.

La sombra apoyó una mano sobre su hombro y adoptó lentamente su mismo rostro.

Vael continuó hablando, sin percibir la sonrisa imposible que había aparecido detrás de él.

—Tráela a Nexara —ordenó—. Antes de que Vharos la encuentre.

Emma contempló a la criatura.

—Demasiado tarde.