Capítulo 12. Las verdades que heredamos
—La criatura no te engañó sobre eso —dijo Zyren—. Pero utilizó la verdad para lastimarte.
Emma mantuvo una mano levantada entre ambos.
—No intentes justificarlo.
—No lo hago.
—Te pregunté directamente si eras humano.
—Lo sé.
—Y me mentiste mirándome a los ojos.
Zyren no respondió.
Evelyn emitió un gemido desde el suelo.
La ira de Emma quedó suspendida.
Se arrodilló junto a ella y volvió a comprobar su pulso. Era firme, aunque más lento de lo normal.
—Necesita un médico.
—Su actividad cerebral está recuperándose —dijo Zyren—. No detecto lesiones internas.
Emma levantó la mirada.
—No vuelvas a decirme lo que detectas como si eso fuera normal.
El dolor que cruzó el rostro de Zyren desapareció casi de inmediato.
—Entendido.
Emma pasó un brazo por debajo de los hombros de Evelyn, pero no consiguió levantarla sin moverle el cuello.
—Ayúdame.
Zyren se acercó con cautela. Se arrodilló al otro lado y deslizó los brazos bajo el cuerpo de Evelyn.
La levantó sin esfuerzo.
Demasiado fácilmente.
Emma lo siguió hasta la cama. Cuando Zyren depositó a Evelyn sobre el colchón, ella abrió los ojos.
—¿Emma?
—Estoy aquí.
Evelyn intentó incorporarse.
—Había alguien en la habitación.
—No te muevas.
—Era Charlotte.
Emma sintió que el miedo regresaba.
—No era ella.
Evelyn la miró, desorientada.
—Tenía su rostro.
Un automóvil frenó frente a la casa.
Las puertas se cerraron con violencia.
Gabe.
Zyren giró hacia la ventana destruida.
—No puede verme aquí.
—¿Por qué? —preguntó Emma—. ¿Porque descubriría que no eres humano?
—Porque encontrarme en el segundo piso, junto a una ventana rota y una mujer inconsciente, generaría conclusiones desfavorables.
Incluso enfadada, Emma tuvo que reconocer que no se equivocaba.
—Sal por donde entraste.
Zyren miró el vacío más allá del cristal.
—Eso también resultaría difícil de explicar si me ve.
Los pasos de Gabe resonaron en las escaleras.
Zyren se movió hacia la parte más oscura de la habitación. Las líneas de su cuerpo parecieron confundirse con las sombras hasta desaparecer por completo.
Emma dejó de verlo.
La puerta se abrió.
Gabe entró con un arma en la mano.
Se detuvo al encontrar los cristales, a Evelyn sobre la cama y a Emma arrodillada junto a ella.
—¿Dónde está?
—Guarda eso.
—¿Quién rompió la ventana?
—No lo sé.
Era su segunda mentira de la noche.
Gabe recorrió la habitación con el arma levantada.
—Escuché tu grito desde la plaza.
—Evelyn se desmayó.
—Un desmayo no rompe una ventana.
—Hubo una explosión de luz.
Gabe la miró.
—¿Una qué?
—No sé cómo explicarlo.
Bajó el arma y se acercó a Evelyn.
—¿Está herida?
—No parece, pero necesitamos llevarla a la clínica.
—Llamé a emergencias durante el trayecto. Vienen en camino.
Su mirada se detuvo en la pared contra la que había impactado la criatura. Una mancha oscura permanecía sobre la madera.
Gabe la rozó con dos dedos.
La sustancia se deshizo.
—¿Qué es esto?
—No la toques.
Él examinó el polvo sobre su guante.
—Se parece a lo que encontraron en los frenos del automóvil de tus padres.
Emma sintió que el suelo se inclinaba.
—¿Qué dijiste?
—John recibió los resultados preliminares esta tarde. Había un residuo desconocido dentro del sistema. No coincide con ningún compuesto industrial registrado.
Emma miró hacia el lugar donde Zyren había desaparecido.
No podía verlo, pero sabía que continuaba allí.
Escuchando.
—¿Crees que lo que ocurrió esta noche tiene relación con el accidente? —preguntó Gabe.
—No lo sé.
—¿Zyren estuvo aquí?
Emma volvió a mirarlo.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque te acompañó hasta el pueblo. Porque la ventana explotó hacia afuera, como si algo hubiera entrado. Y porque tú sigues mirando ese rincón.
Zyren reapareció antes de que Emma pudiera detenerlo.
Gabe levantó el arma.
—No te muevas.
Zyren observó el cañón sin mostrar preocupación.
—No pretendo hacerte daño.
—Aléjate de ellas.
—No.
—Zyren —advirtió Emma.
—La entidad puede regresar.
Gabe cambió el ángulo del arma.
—¿Qué entidad?
Zyren sostuvo su mirada.
—La que atacó a Evelyn.
—¿La viste?
—Sí.
—¿Y entraste por la ventana?
—Sí.
Gabe contempló los restos de cristal.
—Estamos en el segundo piso.
—También lo sé.
—¿Cómo subiste?
—No es relevante.
—Para mí lo es.
Las sirenas se escucharon a lo lejos.
Emma se puso de pie y se colocó nuevamente entre los dos.
—Gabe, baja el arma.
—Apártate.
—Él nos ayudó.
—No sabes qué es.
—Tú tampoco.
—Esa es exactamente la razón por la que debes apartarte.
Zyren inclinó ligeramente la cabeza.
—Si hubiera querido herirla, tu arma no habría cambiado el resultado.
Gabe retiró el seguro.
—Esa fue la respuesta equivocada.
—¡Basta!
La voz de Emma hizo que las lámparas parpadearan.
Una grieta de luz blanca recorrió la pared y desapareció.
Los tres la observaron.
Emma sintió un ardor debajo de la piel.
Gabe bajó el arma lentamente.
—¿Eso lo hiciste tú?
—No lo sé.
Zyren sí lo sabía.
Ella lo vio en su expresión.
Las sirenas se detuvieron frente a la casa. Varias voces llamaron desde el piso inferior.
—Guarda el arma —ordenó Emma—. Ahora.
Gabe obedeció.
Cuando los paramédicos entraron en la habitación, Zyren ya había desaparecido.
Esta vez Emma no lo buscó.
El médico de la clínica determinó que Evelyn había sufrido un episodio de pérdida de conciencia sin causa física aparente.
No había lesiones.
No había rastros de sustancias en su organismo.
Y no recordaba nada después de ver a Charlotte junto a la cama.
Gabe permaneció en la clínica mientras la examinaban. No volvió a mencionar a Zyren frente al personal, pero tampoco permitió que Emma se alejara de su vista.
Charles llegó a Elarin poco antes del amanecer.
No había conducido desde Veymont. Un helicóptero privado aterrizó en un campo a las afueras del pueblo y un vehículo lo dejó frente a la clínica.
Emma lo esperaba en el pasillo.
Charles parecía haber envejecido durante el trayecto. No llevaba corbata y su abrigo estaba mal abotonado. Al verla, abrió los brazos.
Ella no se movió.
Charles bajó las manos.
—¿Cómo está Evelyn?
—Dormida.
—Gabe dijo que los médicos no encontraron lesiones.
—Los médicos tampoco encontraron a la criatura que utilizó el rostro de mi madre.
Charles cerró los ojos.
Fue solo un instante.
Suficiente.
—Sabes qué era —dijo Emma.
—Tengo una idea.
—Quiero la verdad.
—Aquí no.
—Estoy cansada de escuchar eso.
—Emma…
—Mamá dejó una nota. Mencionó las tres lunas, al hombre de ojos plateados y un archivo que tú sabes abrir. Después, algo entró en la casa usando su rostro. Así que vas a hablar, aunque tengamos que hacerlo en medio del pasillo.
Gabe apareció al final de este.
Charles lo miró y señaló la salida.
—Llévanos a la casa.
—No pienso dejarla regresar allí hasta que revisemos el lugar.
—Entonces iremos a la posada.
—La habitación puede estar vigilada.
Emma soltó una risa amarga.
—Qué conveniente. Nadie puede hablar en ninguna parte.
Charles la observó.
—Conozco un lugar.
Una hora después se encontraban en el antiguo observatorio de Elarin.
Había permanecido cerrado desde la muerte del profesor que lo administraba. Charles todavía conservaba una llave porque había financiado su restauración años atrás.
El edificio se alzaba sobre una colina, lejos de las casas. El telescopio principal ocupaba la sala circular y una capa de polvo cubría los muebles.
Charles cerró las contraventanas.
Gabe revisó las habitaciones antes de guardar su arma.
Emma colocó la nota de Charlotte sobre una mesa.
—Ábrelo.
Charles la leyó.
Sus dedos temblaron al llegar a la última línea.
—Tu madre prometió que nunca dejaría esto en un lugar que pudieran encontrar.
—Quizá sabía que iba a morir.
Charles levantó la vista.
—No digas eso.
—¿Por qué? ¿Porque te hace sentir culpable?
El golpe alcanzó su objetivo.
—Sí —respondió—. Me hace sentir culpable.
Emma no esperaba que lo admitiera.
Charles se acercó al mecanismo del telescopio y presionó tres puntos alrededor de su base. Una sección metálica se abrió con un clic.
Dentro había una caja negra.
Emma reconoció el símbolo grabado en la tapa.
Tres círculos alineados sobre una curva.
Las lunas de Nexara.
Charles colocó la caja sobre la mesa. Después sacó del bolsillo el colgante que Emma había encontrado en la fotografía de Charlotte.
—¿Cómo lo tienes?
—Tu madre me lo entregó dos días antes del accidente.
Introdujo el colgante en una abertura de la caja.
El metal se iluminó.
Sobre ellos apareció una proyección tridimensional del cielo. Miles de estrellas ocuparon la sala circular y una línea blanca cruzó el espacio hasta detenerse frente a un planeta violeta.
Nexara.
Emma dejó de respirar.
—No es una comunidad escondida —dijo.
—No.
—Es otro planeta.
Charles asintió.
Gabe miró la proyección como si esperara descubrir el mecanismo del engaño.
—Esto no es posible.
—Llevo veintiocho años deseando que no lo fuera —respondió Charles.
Una nueva imagen apareció.
Charlotte estaba sentada en el mismo observatorio. Parecía más joven y su embarazo comenzaba a notarse.
Henry ajustaba los controles detrás de ella.
—Registro diecisiete —dijo Charlotte—. La señal volvió a responder a los latidos de Emma. Ya no creemos que intente comunicarse con nosotros. Está comunicándose con ella.
La imagen cambió.
Vael apareció frente a los padres de Emma mediante una proyección. Sus ojos plateados eran exactamente como ella los había visto.
—La energía que porta su hija puede restablecer el equilibrio entre nuestros mundos —dijo—. Pero deberán ocultarla hasta que llegue el momento.
—¿Equilibrio de qué? —preguntó Henry.
—De aquello que ambos mundos intentaron enterrar.
La grabación se interrumpió.
Emma miró a Charles.
—¿Quién es?
—Vael. Consejero de Nexara.
—¿Cómo lo conociste?
—Charlotte me pidió ayuda para confirmar la señal. Yo tenía acceso a satélites y laboratorios que ella no podía utilizar sin llamar la atención. Vael se comunicó conmigo después.
—¿Trabajabas para él?
—Nunca.
Charles evitó su mirada.
Otra mentira.
Emma comenzaba a reconocerlas.
—¿Sabías que mis padres estaban en peligro?
—Sabía que alguien buscaba la investigación. No sabía que manipularían el automóvil.
—¿Quién lo hizo?
—Alaric Crowe pagó por el sabotaje.
Gabe se acercó.
—¿Por orden de Vael?
—Eso intento averiguar.
—Llevas veinte años intentándolo —dijo Emma—. Debes tener algo más que una sospecha.
Charles cerró la caja.
Las estrellas desaparecieron.
—Vael nos advirtió sobre una entidad antigua. Una presencia capaz de alimentarse de las emociones que otros reprimen. Aseguró que permanecía encerrada y que la energía dentro de ti era la única fuerza capaz de detenerla si despertaba.
Emma recordó la criatura con el rostro de su madre.
—Ya despertó.
—Sí.
—¿Tiene nombre?
Charles tardó en responder.
—Vharos.
La palabra produjo una vibración en la estructura del observatorio.
El telescopio giró por sí solo.
Gabe tomó el arma.
—¿Qué ocurrió?
—Nos escuchó —respondió Charles.
Una sombra cruzó el techo y desapareció antes de que pudieran seguirla.
Emma se abrazó el cuerpo.
—Zyren lo llamó «la entidad». También sabía que podía regresar.
Charles se volvió hacia ella.
—¿Zyren?
—Es de Nexara.
—¿Qué te dijo?
—Que es un comandante. Que vino a investigar mi energía.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—No vuelvas a acercarte a él.
Emma sintió que su enojo regresaba.
—Me salvó.
—También te mintió.
—Tú me has mentido toda la vida.
Charles recibió las palabras sin defenderse.
—Lo hice para protegerte.
—Él probablemente diría lo mismo.
—No conoces las órdenes que recibió.
—¿Tú sí?
Charles guardó silencio.
Emma comprendió entonces que no solo sabía que Zyren podía llegar.
Lo había esperado.
—¿Sabías que vendrían por mí?
—Sabía que, si tu energía despertaba, Nexara enviaría a alguien.
—Y no me advertiste.
—Intenté darte una vida normal.
—Me diste una vida construida sobre secretos.
Emma tomó la nota de Charlotte y el colgante.
Charles intentó detenerla.
—La caja debe permanecer conmigo.
—Quédate con ella. Yo me quedaré con lo único que me dejó mi madre.
—¿Adónde vas?
—A buscar respuestas.
—No confíes en Zyren.
Emma se detuvo junto a la puerta.
—No confío en él.
La afirmación le dolió más de lo que esperaba.
—Pero tú acabas de demostrarme que tampoco puedo confiar en ti.
Salió del observatorio.
El amanecer teñía el cielo de gris. Gabe la siguió hasta los escalones.
—No vas a buscarlo sola.
—No puedes detenerme.
—Probablemente no. Pero puedo hacer que resulte muy incómodo.
Emma lo miró.
—Necesito que te quedes con Evelyn.
—Charles puede hacerlo.
—No quiero que despierte sola rodeada de personas que saben más de su familia que ella misma.
Gabe contempló el camino que descendía hacia el pueblo.
—Si no regresas en dos horas, iré a buscarte.
—No sabes dónde estaré.
—Encontraré la forma.
Emma no lo dudaba.
Zyren se encontraba en el límite del bosque.
No había regresado al pueblo porque detectaba la presencia de Vharos cada vez que se acercaba a Emma. La entidad utilizaba sus emociones como un puente.
El miedo.
La culpa.
El deseo.
Todo aquello que Nexara le había enseñado a controlar se estaba convirtiendo en un arma contra ella.
Escuchó a Emma antes de verla.
Salió de entre los árboles con el colgante de las tres lunas cerrado en una mano.
Zyren observó su rostro.
—Evelyn está estable.
—Sí.
—Charles llegó.
—También sabes eso.
—He vigilado la clínica.
—¿Desde el bosque?
—Mis capacidades no requieren proximidad.
Emma se detuvo frente a él.
—Ya sé qué es Nexara.
Zyren no respondió.
—Sé quién es Vael. Sé que habló con mis padres antes de que yo naciera y que Charles lleva años ocultando la verdad.
—Entonces comprendes por qué no podía revelarla.
—No. Comprendo que todos decidieron que yo era demasiado frágil para conocer mi propia vida.
—No pienso que seas frágil.
—Pero mentiste.
—Sí.
La aceptación directa desarmó parte de la furia que Emma había preparado.
—¿Por qué?
—Porque mis órdenes prohibían revelar nuestro origen.
—¿Tus órdenes son más importantes que yo?
Zyren tardó en responder.
—Lo eran cuando llegué.
El corazón de Emma golpeó con mayor fuerza.
—¿Y ahora?
—Ahora no lo sé.
Ella abrió la mano y mostró el colgante.
—Mi madre escribió que debía buscar las tres lunas.
Zyren reconoció el símbolo.
Era anterior al Consejo y representaba el vínculo original entre Nexara y la Tierra.
—¿Dónde lo encontraste?
—No voy a responder más preguntas hasta que respondas las mías.
—Lo haré.
—Todas.
—Sí.
—Sin verdades incompletas.
Zyren pensó en el Nexarion-X oculto entre los árboles. En los registros de su misión. En la imagen de Emma clasificada como una fuente de energía potencialmente inestable.
Si se la mostraba, no existiría forma de recuperar el secreto.
—Hay algo que debes ver —dijo.
—¿Qué?
Zyren extendió una mano hacia el bosque.
—La prueba de que no pertenezco a este mundo.
Emma miró el sendero oscuro.
Después lo miró a él.
No tomó su mano.
Pero comenzó a caminar.