A través de las estrellas te encontré Capítulo 2. La anomalía
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Capítulo 2. La anomalía

El Pabellón de la Razón se alzaba sobre el punto más alto de Zeythar.

No descansaba sobre columnas ni se sostenía mediante estructuras visibles.

Flotaba por encima de la ciudad como una pieza de cristal tallada alrededor de un núcleo de luz.

Desde sus plataformas exteriores podía contemplarse la curvatura de Nexara, los mares luminiscentes y las torres suspendidas que giraban lentamente bajo las tres lunas.

Zyren caminó detrás de Vael por un corredor transparente.

Bajo sus pies, la ciudad se extendía a una distancia capaz de provocar vértigo en cualquier criatura terrestre. Para un nexariano, la altura era solo un dato. Una medida exacta entre dos puntos.

Sin embargo, aquella noche Zyren evitó mirar hacia abajo.

Seguía viendo el campo en llamas.

La mujer.

Su propia cara cubierta de sangre.

—La señal apareció hace tres jornadas nexarianas —dijo Vael sin detenerse—. Eldrinor intentó determinar su origen antes de informar al resto del Consejo.

—¿Por qué esperó?

—Porque la Tierra no debería existir.

Las puertas del Salón del Consejo se abrieron ante ellos.

El espacio circular estaba rodeado por muros de cristal oscuro que reflejaban las luces de Nexara. En el centro, una plataforma proyectaba la imagen del planeta azul. Miles de líneas de datos orbitaban a su alrededor, entrelazándose en configuraciones que cambiaban a cada segundo.

Los otros cuatro consejeros ocupaban sus posiciones.

Xantheris, el Tejedor Energético, permanecía de pie junto a uno de los paneles. Finos filamentos luminosos recorrían sus brazos y desaparecían bajo su armadura. Cada vez que tocaba una proyección, la energía respondía como si reconociera su presencia.

Lira, Guardiana del Orden, observaba a Zyren desde el extremo opuesto. Su postura era inmóvil, pero una mano descansaba cerca del arma integrada en su antebrazo. No porque esperara un ataque. Lira siempre estaba preparada para uno.

Eldrinor, el Estratovisor, tenía los ojos cubiertos por una capa de luz azul. Frente a él se desplegaban posibles líneas temporales, miles de futuros naciendo y desapareciendo antes de que cualquiera pudiera comprenderlos.

Zyphorion, Modelador de Entornos, contemplaba la proyección de la Tierra con una expresión que rozaba la fascinación. Sobre la palma de su mano flotaba una réplica diminuta del planeta, construida con materia extraída del suelo.

Vael ocupó la posición vacía.

—Zyren de Nexara —anunció—. Has sido convocado porque los acontecimientos de esta noche afectan directamente tu ascensión.

Lira fue la primera en intervenir.

—Antes de discutir su ascensión, debemos examinar la anomalía.

Su mirada se dirigió a las lecturas corporales que aparecieron sobre la plataforma.

Las lecturas de Zyren.

Vael había enviado los datos de su cámara.

—Mi actividad cerebral no tiene relación demostrable con la señal —dijo Zyren.

—Aún no —respondió Eldrinor.

La luz que cubría sus ojos desapareció.

Eldrinor parecía más joven que los otros consejeros, aunque ninguno de ellos medía el tiempo a través de cambios físicos. La piel alrededor de sus ojos pulsaba con patrones irregulares, como si una parte de su mente continuara atrapada entre los futuros que acababa de observar.

—La señal terrestre apareció en el mismo instante en que tus lecturas se alteraron —continuó—. La coincidencia matemática es demasiado precisa para ser ignorada.

—Una correlación no demuestra una causa.

—No. Pero siete coincidencias sí establecen un patrón.

Zyren no respondió.

El silencio del salón cambió.

Lira retiró la mano de su arma.

—¿Siete?

Vael sostuvo la mirada de Zyren.

—Explícales lo que viste.

No era una solicitud.

Zyren observó la imagen de la Tierra. La lógica indicaba que debía proporcionar toda la información disponible. Ocultar datos al Consejo podía alterar sus conclusiones y poner en riesgo a Nexara.

Pero cuando intentó describir a la criatura con su rostro, recordó el reconocimiento en los ojos de Vael.

Nuestros sistemas no cometen errores.

Vael sabía algo.

—He visto fragmentos de ese planeta durante siete periodos de descanso —dijo Zyren—. Cielo azul. Vegetación. Estructuras terrestres.

—¿Habitantes? —preguntó Zyphorion.

Zyren tardó una fracción de segundo en responder.

—Una mujer.

Xantheris apartó la atención de las proyecciones.

—¿La misma en todas las visiones?

—Sí.

—¿La conoces?

—No.

—Pero ella te conoce a ti —dijo Eldrinor.

Las líneas temporales que flotaban frente a él se deformaron.

Zyren giró la cabeza.

—¿Qué has visto?

Eldrinor elevó una mano. Las proyecciones dejaron de moverse y formaron una única línea de luz, delgada e inestable.

—Hasta hoy, tu existencia producía cuatrocientas diecisiete rutas principales. Variaciones previsibles según las misiones asignadas, las decisiones del Consejo y los ciclos energéticos de Nexara.

La línea se multiplicó.

Cientos de futuros iluminaron el salón.

Entonces comenzaron a apagarse.

Primero uno.

Después diez.

Después todos.

Solo una ruta permaneció activa.

La que terminaba en la Tierra.

—Desde que apareció la señal, todas las posibilidades conducen al mismo mundo —explicó Eldrinor—. Y después de tu llegada, no puedo ver nada.

Lira avanzó hacia la plataforma.

—¿Nada?

—No hay futuros. No hay probabilidades. No hay muerte ni supervivencia. Solo una interrupción.

—Eso es imposible —dijo Xantheris.

—Lo era.

Zyren observó el punto donde la línea desaparecía.

Un frío familiar se deslizó por su espalda.

—¿Qué bloquea la predicción?

Eldrinor cerró los ojos.

Durante un instante, las luces del salón perdieron intensidad.

—Algo que puede verme mientras intento observarlo.

La temperatura descendió.

Zyren lo sintió de inmediato.

Los filamentos de Xantheris cambiaron del blanco al rojo.

—Se ha producido una caída energética en el pabellón.

Zyphorion apoyó ambas manos sobre la plataforma. El cristal vibró bajo sus dedos.

—No proviene del pabellón. Viene del núcleo del planeta.

Una pulsación atravesó la sala.

La réplica de la Tierra se deshizo. En su lugar apareció Nexara, rodeada por sus tres lunas.

Una mancha oscura se extendió bajo la superficie del planeta.

No figuraba en los registros.

No correspondía a ninguna formación geológica.

La oscuridad parecía moverse.

—Elimina la proyección —ordenó Lira.

Zyphorion cerró los dedos, pero la imagen permaneció activa.

—No responde.

La mancha creció hasta cubrir una parte del hemisferio.

Durante una fracción de segundo adquirió una forma reconocible.

Un rostro.

No era el de Zyren.

Cada consejero pareció ver algo distinto.

Xantheris retrocedió, observando sus propios filamentos apagados. Zyphorion contempló torres derrumbándose entre sus manos. Eldrinor se quedó inmóvil frente a un futuro que solo él podía ver.

Lira desenvainó su arma.

Vael no se movió.

La oscuridad desapareció.

La luz regresó al salón y todas las lecturas volvieron a sus niveles normales.

—Registra el incidente —ordenó Lira.

—El sistema no detectó ninguna variación —respondió Xantheris.

—Todos la vimos.

—Pero no existe ningún registro.

Zyren miró a Vael.

El consejero contemplaba la proyección vacía con una serenidad absoluta.

Demasiado absoluta.

—¿Qué viste? —le preguntó Zyren.

Los ojos plateados de Vael se encontraron con los suyos.

—Una advertencia.

—¿De quién?

—Esa es la pregunta que debemos responder.

Vael se dirigió al centro del salón. Con un movimiento de la mano restauró la imagen de la Tierra.

—Hace milenios, nuestros antepasados abandonaron ese planeta cuando su civilización colapsó. Creyeron que no volvería a sostener vida. Sin embargo, la Tierra se ha regenerado y los humanos han regresado con ella.

Zyren procesó sus palabras.

Sabía que los fundadores de Nexara procedían de una civilización destruida, pero los registros sobre aquel mundo estaban restringidos a los miembros del Consejo.

—¿Los humanos actuales descienden de los supervivientes? —preguntó.

—No encontramos ninguna conexión —respondió Eldrinor—. La vida parece haber comenzado nuevamente.

—Eso contradice las leyes naturales —dijo Zyphorion.

—También contradice nuestros registros —añadió Xantheris—. Y algo está extrayendo energía de Nexara desde que la Tierra reapareció.

Lira miró a Vael.

—Debemos sellar la señal y suspender cualquier contacto.

—Si el planeta está afectando a Nexara, ignorarlo no nos protegerá —replicó él—. Necesitamos información.

—Enviar una nave podría revelar nuestra existencia.

—No enviaremos una nave de exploración.

La atención de los consejeros se desplazó hacia Zyren.

Comprendió antes de que Vael pronunciara su nombre.

—No —dijo Lira—. Su ascensión todavía no ha sido confirmada.

Vael extendió una mano. Sobre la plataforma apareció el emblema de los comandantes: tres círculos atravesados por una línea de luz.

—Zyren ha superado cada evaluación física, estratégica y cognitiva. Ha dominado disciplinas incompatibles y anticipado escenarios que nuestros sistemas no pudieron detectar. Incluso antes de la señal, sabíamos lo que era.

Zyren observó el emblema.

Había sido creado para aquel rango. Entrenado durante décadas para alcanzarlo. La ascensión era el resultado lógico de cada etapa de su existencia.

Sin embargo, al contemplarlo, no sintió satisfacción.

Vio unos ojos verdes.

—Zyren de Nexara —dijo Vael—, el Consejo debe decidir si te reconoce como Tercer Comandante de nuestra civilización.

Lira mantuvo su oposición.

—Su actividad emocional lo convierte en un riesgo.

—También puede convertirlo en el único de nosotros capaz de comprender a los humanos —respondió Eldrinor.

Xantheris observó las lecturas energéticas.

—Y la señal ya está conectada con él. Enviemos o no a Zyren, algo en la Tierra sabe que existe.

Zyphorion cerró la réplica del planeta entre sus manos.

—Necesitamos descubrir por qué.

Los cinco consejeros emitieron sus votos.

Xantheris: aprobación.

Eldrinor: aprobación.

Zyphorion: aprobación.

Lira permaneció en silencio antes de colocar una mano sobre la plataforma.

—Aprobación condicionada. Si su conexión amenaza a Nexara, la misión será terminada.

Vael fue el último.

Su palma se iluminó sobre el emblema.

—Aprobación.

La luz atravesó los tres círculos.

Una descarga recorrió el salón y se introdujo en la armadura de Zyren. El emblema apareció sobre su pecho, brillante durante un instante antes de fundirse con el material oscuro.

—Zyren de Nexara —declaró Vael—, desde este momento eres reconocido como el Tercer Comandante.

Zyren inclinó la cabeza.

—Acepto el rango y sus obligaciones.

—Tu primera misión será viajar a la Tierra —continuó Vael—. Observarás a los humanos, estudiarás sus emociones y determinarás qué relación existe entre su regreso y el debilitamiento de Nexara.

—¿Cuánto tiempo permaneceré allí?

—Un año nexariano. Un ciclo orbital completo. Siete años terrestres.

La cifra se asentó en su mente.

—No establecerás vínculos —advirtió Lira—. No alterarás su desarrollo. No revelarás tu origen sin autorización. Si eres descubierto, regresarás inmediatamente.

—Entendido.

—La atmósfera terrestre limitará tus capacidades —añadió Xantheris—. Perderás la conexión con el núcleo de Nexara. Experimentarás dolor, agotamiento y cambios biológicos que no podemos anticipar.

—Me adaptaré.

Vael desactivó las proyecciones.

—Partirás cuando Nexarion-X esté preparada.

Los consejeros comenzaron a retirarse, pero Eldrinor sujetó el brazo de Zyren antes de que abandonara el salón.

Su contacto era frío.

—Hay algo que no dije frente a los demás.

Zyren esperó.

El Estratovisor miró hacia Vael. El líder del Consejo permanecía al otro lado de la sala, aparentemente concentrado en los registros de la Tierra.

—Cuando intenté observar tu futuro —susurró Eldrinor—, escuché una voz.

—¿Qué dijo?

Los patrones de luz alrededor de sus ojos se contrajeron.

—Dijo que ya te había encontrado.

Zyren volvió la vista hacia la imagen azul suspendida sobre la plataforma.

En la superficie del planeta, una señal comenzó a parpadear.

Una ubicación específica.

Un pueblo rodeado de bosques.

Elarin.