27 #3
—Y revisarán los wadis primero. Es lo lógico.
Jack respiró hondo.
—Salimos ya —ordenó.
Ethan frunció el ceño.
—¿Pese a que aún hay luz?
—Sí. —La respuesta fue inmediata.
Emma lo entendió. Quedarse era morir.
Jack pasó la mirada por cada uno de sus hombres.
—Formación ligera. Mantenemos bajo perfil hasta perder esta zona. —Luego miró a Emma—. ¿Puedes caminar? —Ella asintió, aunque el cansancio pesaba en cada músculo. Jack le ofreció la mano para ayudarla en los primeros pasos hasta que sus músculos se calentasen—. Entonces nos movemos.
Fuera, el desierto comenzaba a teñirse de naranja y el refugio que había sido salvación durante el día… se convertía ahora en una trampa.
El equipo comenzó a moverse con rapidez contenida.
Nada de prisas visibles, pero tampoco dudas.
Mark salió primero, comprobando el ángulo del wadi mientras el resto recogía el último equipo. El aire exterior había cambiado, la luz dorada del atardecer se filtraba entre las paredes rocosas proyectando sombras largas que podían ocultarlos… o delatarlos.
Emma ajustó el paso junto a Jack, todavía sintiendo el eco del combate en el pecho.
Fue entonces cuando ocurrió.
Mark se detuvo, no giró la cabeza de golpe, no levantó el arma, solo alzó dos dedos.
Jack lo vio inmediatamente y se acercó sin hablar.
Mark inclinó apenas la barbilla hacia el horizonte, donde el wadi se abría en una curva amplia.
—Motor… lejos —susurró con urgencia.
Jack entornó los ojos.
Emma no oía nada aún, pero ellos sí, un rumor grave e intermitente, como si algo pesado avanzara lentamente sobre el terreno irregular. No era viento, no era un animal… se trataba de un vehículo.
Jack no respondió de inmediato, solo miró a Mark y este lo miró a él durante un segundo de comprensión mutua total.
No hacía falta decirlo, habían venido.
—Más rápido —murmuró Jack finalmente por el intercomunicador—. Sin correr.
El equipo cambió el ritmo al instante.
Ethan cerró la formación con Emma mientras Alex y el gunner revisaban la retaguardia.
El sonido volvió, más claro ahora, y Emma lo oyó finalmente. Su corazón dio un vuelco.
Jack inclinó la cabeza hacia Mark mientras avanzaban.
—Buen oído.
Mark respondió con una sonrisa casi invisible.
—Prefiero no comprobarlo de cerca.
Jack asintió.
La patrulla perdida ya había levantado sospechas, lo que implicaba comunicación continua entre todos y buena organización. Ahora el tiempo se había terminado.
El sonido del motor desapareció y volvió a aparecer varias veces, como si el desierto lo absorbiera y lo devolviera a su antojo.
Emma caminaba intentando mantener el ritmo, concentrándose en cada paso para no perder el equilibrio mientras el terreno descendía suavemente por el wadi .
Algo había cambiado. No era solo el ruido, era el ambiente.
Los hombres ya no se movían como antes, eran más silenciosos… y estaban más tensos.
Mark avanzaba unos metros por delante, deteniéndose cada cierto tiempo para observar el terreno antes de continuar.
El gunner giraba la cabeza constantemente, vigilando ángulos que Emma ni siquiera sabía que existían.
Alex caminaba mirando atrás más que hacia delante.
Ethan permanecía cerca de ella, lo suficiente para sostenerla si tropezaba.
Emma comprendió entonces algo que hasta ese momento solo había sentido de forma abstracta. No estaban escapando, los estaban buscando activamente.
Cada roca se convirtió en un posible observador, cada sombra en un escondite y cada sonido en una amenaza.
Jack caminaba a su lado, ligeramente adelantado, observando el terreno como si leyera un idioma invisible.
Emma lo miró.
—Ya vienen, ¿verdad? —susurró.
Jack no respondió inmediatamente, sus ojos seguían escaneando, pero finalmente asintió.
—Sí.
La palabra fue tranquila, demasiado tranquila.
—¿Es porque no volvieron los otros?
—Exacto.
Emma tragó saliva.
—Entonces saben que estamos cerca.
Jack negó suavemente.
—Saben que alguien está aquí. —Una pausa—. Y alguien como Hasan no deja de buscar cuando huele sangre.
El viento levantó arena fina alrededor de sus botas.
Emma sintió un escalofrío, por primera vez entendía realmente la situación. No era una huida hacia la libertad, era una carrera contra alguien que pensaba como ellos y eso hacía el desierto más pequeño, estrecho y peligroso.
Jack levantó el puño y el equipo se detuvo al instante.
Escucharon y nada, solo el viento.
Jack bajó la mano.
—Seguimos.
Emma dio un paso más.
Y el wadi pareció cerrarse ligeramente a su alrededor, como si el propio terreno quisiera esconderlos… o atraparlos.
El terreno comenzó a cambiar sin que Emma supiera exactamente cuándo. Al principio fue solo una sensación, las piedras estaban más removidas, la arena parecía más compacta en ciertos tramos, como si hubiera sido presionada repetidamente.
Mark se detuvo de repente.
No levantó el arma ni habló. Simplemente se agachó y pasó los dedos por el suelo.
Jack lo alcanzó unos segundos después.
—¿Qué ves?
Mark señaló una línea apenas visible entre las sombras.
—Rodadas.
Emma entornó los ojos, ella no veía nada, pero Jack sí. Dos marcas paralelas… No eran militares, pues eran demasiado irregulares. Se trataba de vehículos ligeros, pick-ups probablemente.
Alex se acercó un poco más.
—No parecen patrullas organizadas.
Jack negó.
—No. —Hubo una pausa—. Demasiado caótico.
El gunner habló desde atrás.
—Contrabandistas.
La palabra cayó como una losa y Emma los miró fijamente.
—¿Eso es bueno o malo?
Nadie respondió inmediatamente.
Jack observó el horizonte unos segundos más antes de hablar.
—Depende.
Ethan suspiró.
—Suelen evitar problemas… si pueden.
—Pero también observan todo —añadió Mark.
Emma sintió cómo el estómago se le encogía.
Jack volvió a caminar, más atento ahora.
—Seguimos —murmuró—. Sin cambiar ritmo.
Ahora el desierto estaba habitado por presencias invisibles, personas que no pertenecían a ningún bando… pero que podían vender información al mejor postor.
Emma sintió la mirada de Jack sobre el terreno.
Ahora no solo huían de Hasan, también caminaban por territorio que no controlaban y en el desierto de Badía eso podía ser aún más peligroso.