25
Llevaban horas avanzando.
No corriendo exactamente, pero sí a un ritmo que el cuerpo interpretaba como huida constante. El desierto se extendía oscuro y silencioso bajo el cielo abierto. Las estrellas brillaban con una intensidad casi irreal sobre sus cabezas.
Jack levantó la mano.
—Micro descanso. Tres minutos. Dispersión baja.
El equipo redujo la marcha sin detenerse de golpe, desviándose hacia una depresión natural del wadi donde una formación rocosa creaba una sombra irregular incluso bajo la luz de la luna.
No era un lugar elegido al azar.
La curva del terreno rompía la línea visual desde cualquier punto elevado. Las rocas ofrecían cobertura lateral y, lo más importante, había dos vías claras de salida: una hacia el este siguiendo el cauce y otra hacia una elevación del terreno que permitía desaparecer rápidamente si algo salía mal.
Jack recorrió el perímetro con la mirada antes de asentir.
—Zona limpia —susurró.
Se agacharon casi al mismo tiempo.
No hubo relajación, solo una disminución controlada de la tensión, porque detenerse no significaba estar seguros, significaba mantenerse funcionales.
—Ethan —murmuró Jack—. Revisa el pie.
Ethan asintió y se acercó a Emma mientras dejaba caer la mochila con cuidado.
Jack desenroscó su cantimplora y bebió un trago corto antes de sacudir la tierra acumulada en las botas. Mark y Alex imitaron el gesto en silencio. El gunner permanecía medio girado hacia el exterior, vigilando mientras bebía también un poco de su cantimplora.
Jack volvió hacia Emma y le tendió el agua.
—Bebe.
Ella tomó la cantimplora con ambas manos, bebiendo despacio, intentando no parecer desesperada. El agua bajó por su garganta como un alivio inmediato.
—Gracias —murmuró.
Cuando terminó, se la tendió a Ethan, pero este negó.
—Gracias. Tengo la mía. —Ethan terminó de revisar el vendaje—. Sigue estable —dijo en voz baja—. Inflamación controlada.
Ajustó un poco la presión y se apartó unos pasos, dejándole espacio.
Emma levantó la mirada hacia el cielo. Las estrellas parecían infinitas allí, sin contaminación ni ruido.
Jack siguió su mirada y sonrió levemente.
—Bonito, ¿eh?
Ella asintió.
—Me prometiste que me llevarías a ver las estrellas en la base —le recordó.
Él soltó una pequeña risa.
—No esperaba que fuese así.
—Yo tampoco —respondió ella con una sonrisa cansada.
Un silencio cómodo se instaló entre ambos durante unos segundos.
—Aun así… —añadió Jack—, sigue siendo una buena vista.
Emma dejó escapar una exhalación suave.
—Sí.
La miró unos segundos como si memorizase su rostro y miró alrededor. La voz de Jack rompió el momento.
—Movimiento en treinta segundos.
No era una sugerencia, era una cuenta atrás.
El equipo reaccionó de inmediato, cerrando cantimploras, ajustando correas y levantándose con movimientos fluidos.
Jack miró a Emma un instante más.
—¿Lista?
Ella asintió.
—Lista.
Jack levantó la mano.
—En marcha. Ritmo bajo. Silueta rota —susurró por el intercomunicador.
El grupo volvió a moverse, desapareciendo otra vez entre sombras y estrellas mientras el desierto seguía observando en silencio.
El ritmo volvió casi de inmediato.
El descanso había sido breve, apenas suficiente para bajar las pulsaciones impidiendo que el cuerpo se relajara del todo. El aire nocturno se sentía más frío contra la piel sudada mientras avanzaban por el wadi . Las sombras alargadas se movían con ellos como figuras silenciosas.
Mark iba en cabeza. Su silueta era apenas visible contra las sombras del wadi mientras avanzaba con pasos medidos, leyendo el terreno como si formara parte de él.
Detrás, el resto del equipo mantenía la distancia exacta, cada uno ocupando su espacio dentro de una coreografía silenciosa aprendida con años de entrenamiento.
Jack caminaba junto a Emma, absorbiendo pequeños desequilibrios antes incluso de que ella los sintiera.
El desierto parecía tranquilo otra vez, demasiado tranquilo.
Jack redujo el ritmo, obligando al grupo a ajustarse sin detenerse.
La arena estaba más compacta.
Se inclinó ligeramente mientras caminaba, observando las marcas sin llamar la atención.
Había pisadas, no de animales ni de personas, de camiones. Eran antiguas… pero repetidas. Vehículos que habían pasado varias veces por el mismo punto. Un corredor.
Su mirada siguió las líneas en el suelo y entonces vio otra cosa.
Una piedra colocada en vertical junto a una roca mayor. No era natural, era un pequeño marcador y fácil de ignorar para cualquiera que no supiera qué mirar.
Alguien estaba usando esa ruta y no para atravesarla rápido, sino para controlarla.
Jack levantó dos dedos.
Mark redujo el paso en respuesta inmediata.
—Actividad humana reciente —susurró por el intercomunicador.
Emma notó el cambio en su postura.
—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.
Jack mantuvo la mirada al frente.
—Nada aún —murmuró finalmente—. Solo seguimos atentos.
Pero en su mente las piezas ya empezaban a encajar.
Rutas marcadas, terreno compactado, puntos elevados cercanos… un lugar perfecto para detener vehículos, para observar y para esperar.
No lo dijo, todavía no, pero la palabra apareció clara en su cabeza: Checkpoint .
El grupo siguió avanzando y, con cada paso, el desierto dejó de sentirse vacío para convertirse en territorio vigilado.
Jack sintió cómo el terreno se estrechaba ligeramente y cómo la curva del wadi creaba un ángulo muerto perfecto unos metros más adelante, demasiado perfecto.
Su mano se cerró sobre el brazo de Emma.
—Alto.
La orden fue baja, un susurro, pero el equipo se detuvo al instante.
Mark congeló el paso en cabeza y el silencio cayó de golpe.
Jack observó el terreno unos segundos más.
Las sombras delante eran densas, pero no naturales. El perfil de una roca alta creaba una cresta que impedía ver qué había más allá… mientras ofrecía cobertura ideal para cualquiera que estuviera observando desde el otro lado.
—Entramos en zona roja —susurró por el intercomunicador—. Máximo peligro. Silencio total. —Jack bajó la mano lentamente—. Abajo.
El equipo se agachó al mismo tiempo.
Luego, sin más indicaciones, comenzaron a descender hasta quedar casi pegados al suelo.
Jack miró a Emma, sus ojos eran firmes.
—Vamos a arrastrarnos. Movimiento lento. Copia lo que haga yo.
Ella asintió tragando saliva.
Jack se colocó ligeramente delante de ella, guiándola con movimientos medidos mientras apoyaba el peso en antebrazos y rodillas, avanzando centímetro a centímetro.
La grava raspaba contra el tejido, aun así, el sonido era mínimo.
Cada movimiento parecía amplificado por la tensión.
Mark avanzó primero hacia la cresta baja, reptando hasta quedar a pocos metros de la línea visual.
El gunner se desplazó hacia un lateral para cubrir ángulo. Alex permanecía un poco atrás, vigilando retaguardia e Ethan cerraba el grupo junto a Emma y Jack.
Jack se adelantó unos centímetros al gunner y se detuvo. Escuchó. Nada. Solo el viento. Y entonces, un reflejo breve, como un metal lejano.
Su respiración se volvió más lenta mientras se llevaba la mano al intercomunicador, levantando la cabeza solo lo necesario para ver sin exponerse.
Allí estaban, tres pick-ups , las tres paradas, una atravesada parcialmente en el paso natural del wadi y figuras moviéndose alrededor.
Un checkpoint móvil.
Jack bajó la cabeza de inmediato. Su voz fue un hilo apenas audible.
—Contacto visual confirmado. Checkpoint delante.
El peso de las palabras cayó sobre el equipo como una descarga silenciosa.
Jack se giró hacia Emma y situó su mano en su hombro.
—Ni un movimiento hasta que yo lo diga.
El desierto dejó de respirar y, por primera vez desde que habían salido de las ruinas, el peligro tenía una forma concreta.
Cada sonido del checkpoint llegaba fragmentado hasta ellos: voces lejanas, el golpe metálico de algo contra la carrocería de una pick-up y el murmullo irregular de un motor aún caliente.
Jack permanecía inmóvil, observando sin levantar demasiado la cabeza. “Ver sin ser visto” , pensó calculando la distancia, ángulos y posibles rutas de rodeo.
Emma intentó controlar la respiración, pero entonces su mirada se detuvo sobre un pequeño destello.
Algo metálico en el suelo, unos centímetros delante de ella, parecía una carcasa vacía de munición, parcialmente enterrada en la arena.
El reflejo de la luna la hizo brillar un segundo.
Instintivamente, movió la mano para apartarla, pensando en evitar cualquier sonido accidental, pero la grava crujió bajo sus dedos.
Jack reaccionó antes de que terminara el movimiento.
Su mano atrapó la muñeca de Emma con rapidez, firme pero cuidadosa, deteniéndola a medio gesto. Sus ojos buscaron los de ella inmediatamente en el más absoluto silencio.
El mundo se redujo a ese instante.
—Quietos —susurró por el intercomunicador.
El equipo se congeló y Jack negó lentamente con la cabeza hacia Emma.
Ella entendió y retiró la mano despacio dejando el reflejo metálico donde estaba.
Jack mantuvo su mano sobre la muñeca de ella un instante más de lo necesario, no solo para detenerla, sino para asegurarla. Su pulgar presionó levemente la piel antes de soltarla. Un gesto mínimo, pero lleno de significado.
Emma tragó saliva, podía sentir la cercanía del peligro como un peso físico.
Jack volvió a mirar hacia delante, el checkpoint seguía allí.
Uno de los hombres caminaba lentamente cerca del vehículo atravesado, fumando, demasiado cerca de la línea visual.
Jack exhaló despacio y la mente fría volvió a ocupar el espacio.
Mantuvo la mirada fija sobre el checkpoint y las tres pick-ups , vehículos perfectos para aquel entorno.
Dos hombres andaban vigilando con armas largas y otro permanecía apoyado contra el capó, fumando lentamente.
Retroceder no era una opción, no ahora, el terreno detrás quedaría expuesto durante demasiados metros y si el dron volvía… estarían exactamente donde esperaban encontrarlos.
Su decisión llegó rápida y se inclinó hacia el intercomunicador.