A través de la tormenta 21
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El viento del desierto arrastraba arena fina alrededor de la colina, dibujando remolinos silenciosos bajo la luz pálida del cielo nocturno.

Hasan permanecía inmóvil, con las manos cruzadas a la espalda y la mirada fija en el horizonte.

El helicóptero era apenas una silueta oscura contra el cielo, una sombra que avanzaba baja, demasiado cerca al terreno. El ruido llegaba retrasado, amortiguado por la distancia, un latido lejano que parecía no pertenecer a ese paisaje muerto.

A su lado, sus hombres esperaban en silencio. Nadie hablaba cuando Hasan observaba.

El primer destello apareció como una estrella fugaz, luego otro. Las bengalas ardieron brevemente en el aire antes de desaparecer.

Una sonrisa mínima, casi invisible, apareció en el rostro de Hasan.

Sabían que estaban allí y quiénes iban en ese helicóptero.

El helicóptero descendió de repente, inclinándose con violencia. Durante un instante pareció recuperar estabilidad. Luego llegó el segundo destello, más brillante y definitivo.

El impacto fue un punto de luz seco en la distancia, seguido de una vibración que tardó unos segundos en alcanzar la colina. El aparato perdió altura rápidamente, cayendo hacia el desierto como un animal malherido.

Hasan no apartó la mirada mientras una sonrisa siniestra se dibujaba en su rostro.

Observó cómo descendía, cómo intentaba luchar contra la gravedad, cómo el rotor seguía girando inútilmente mientras el helicóptero se aproximaba al suelo.

Y luego, el golpe.

Una nube de arena se levantó lentamente, expandiéndose como una herida abierta en la oscuridad.

Hubo silencio.

Hasan inspiró profundamente.

Ya estaba, nadie salía de Siria sin su permiso. Nadie. Si aquella periodista creía que podía escapar con sus secretos, con aquello por lo que tantos otros habían muerto, había creído mal.

Eso solo había sido una ilusión para ella.

Bajó la mirada apenas un segundo, como si ya pudiera verla entre los restos, vulnerable, sola y finalmente suya otra vez.

Alzó la mano sin necesidad de mirar atrás y el gesto fue suficiente.

Una decena de hombres se movieron al instante, sin preguntas ni palabras.

Las sombras descendieron por la colina hacia los vehículos estacionados más abajo: pick-ups polvorientos, jeeps armados con ametralladoras ligeras con motores que rugieron al encenderse rompiendo el silencio del desierto.

Hasan no se apresuró.

Observó cómo partían hacia la nube de arena que aún se elevaba en el horizonte y sonrió con malicia.

Esta vez no escaparían.

El silencio no llegó de golpe.

Primero fue el zumbido, un sonido agudo que parecía existir dentro de la cabeza más que en el aire.

Jack abrió los ojos.

El mundo estaba inclinado y la luz roja intermitente iluminaba el interior, el polvo estaba suspendido, flotando como ceniza.

No pensó, no evaluó, no comprobó si estaba herido. Su mirada fue directa hacia ella.

—Emma.

La voz salió áspera y firme.

Su mano ya estaba moviéndose antes de darse cuenta, buscando el arnés, el hombro, cualquier señal de que seguía allí.

La encontró. El pecho subía y bajaba, respiraba.

El aire abandonó sus pulmones en una exhalación que ni siquiera sabía que estaba reteniendo.

El helicóptero crujía alrededor como un animal moribundo, metal tensándose y piezas sueltas golpeando contra el fuselaje. El olor a combustible quemado llenaba el interior.

Jack parpadeó una vez, obligando a su mente a enfocarse.

“Amenaza. Salida. Equipo” .

—¡Estado! —gritó sin levantar la voz más de lo necesario.

Mark respondió primero, casi con voz mecánica.

—Consciente.

Ethan tosió desde el lado opuesto.

—Aquí… estoy bien.

Alex tardó un segundo más.

—Vivo.

—Buen estado —dijo uno de los gunners .

Jack asintió.

Los soldados se movían sin expresión, como si el impacto hubiera activado algo dentro de ellos. Ninguno preguntaba, ninguno dudaba, solo ejecutaban.

Emma empezó a moverse bajo su mano.

Jack inclinó su cabeza hacia ella.

—Eh, mírame.

Sus ojos tardaron un segundo en enfocar.

Había confusión, pero estaba allí.

Él sostuvo su mirada, asegurándose de que lo reconocía, de que seguía presente.

El rotor seguía girando lentamente sobre sus cabezas, cada vuelta era un recordatorio de que el helicóptero aún podía explotar.

Tenían tiempo limitado.

Jack soltó el arnés con rapidez.

—Tenemos que salir.

Mark ya estaba liberándose.

Ethan revisaba con un vistazo rápido el interior.

—¿Fuego?

—Negativo por ahora —respondió Alex mirando hacia atrás.

Jack volvió a mirar a Emma un segundo más de lo necesario, asegurándose.

Luego su voz volvió a ser pura operación.

—Nos movemos.

El helicóptero crujía como si respirase mientras se movían de un lado a otro comprobándolo todo.

El rotor aún giraba sobre sus cabezas, lento pero implacable, cortando el aire con un golpe pesado que hacía vibrar todo el fuselaje.

Comenzaba a haber humo saliendo del compartimento del motor, lo que indicaba un tiempo limitado para salir de allí.

—¡Fuera! —ordenó con voz baja pero firme.

Ethan se inclinó hacia la cabina frontal.

El piloto no se movía, con la cabeza caída hacia delante y sin decir nada, al igual que el copiloto.

Buscó su pulso rápidamente y resopló mientras negaba.

Fue hacia uno de los gunners que permanecía recostado hacia el lado y le buscó el pulso.

En ese momento se dio cuenta de que una de las piezas del fuselaje debía de haber saltado con el impacto y le había diseccionado la yugular.

Un reguero de sangre se estaba formando debajo de él.

—No, no… —susurró intentando buscarle el pulso, pero ya ni se lo encontraba.

Jack ya estaba frente a Emma.

—¿Puedes moverte?

Ella asintió demasiado rápido. El dolor en el tobillo le atravesó la pierna cuando intentó levantarse, pero no se quejó, no dijo nada, no iba a frenarlos.

Jack la sostuvo por la cintura y la ayudó a ponerse en pie.

El helicóptero se inclinó, el metal crujió con un sonido seco mientras el rotor seguía girando.

—Cabezas abajo —ordenó Mark mientras abría la salida lateral.

El aire del desierto entró de golpe junto con arena, calor y olor a combustible.

El gunner saltó primero, arma lista, girando sobre sí mismo para asegurar perímetro.

—¡Exterior limpio!

Jack bajó primero, sosteniendo a Emma.

El suelo era inestable bajo las botas. Todo era arena removida por el impacto del helicóptero junto a sus restos.

Ella apoyó el pie y el dolor se volvió agudo, aunque disimuló lo que pudo.

Jack la llevó unos pasos más lejos antes de soltarla.

—Aléjate del rotor —ordenó.

Ese era el peligro real por ahora.

Las aspas aún giraban, invisibles en la oscuridad, capaces de cortar como cuchillas.

Uno a uno, fueron saliendo.

Alex cayó de rodillas al tocar suelo, recuperándose enseguida. Ethan salió el último desde la cabina tras comprobar por última vez si había supervivientes.

—El piloto, el copiloto y el gunner del flanco izquierdo están muertos —dijo sin emoción.

Jack asintió levemente, no había tiempo para más.

El fuego empezó a crecer, llamas pequeñas lamiendo el lateral del helicóptero.

El sonido del metal calentándose era casi vivo. Mark levantó la vista hacia el horizonte.

—No estamos solos.

Jack lo sabía. El desierto era demasiado grande para esconderse y la nube de arena que había levantado el impacto era una señal visible desde kilómetros.

Miró a Emma, ella lo miraba igual.

El calor del fuego comenzaba a crecer detrás de ellos.

Jack escaneó el horizonte una vez y otra vez, deprisa. Nada se movía, pero eso era peor, estaba todo demasiado abierto y demasiado visible.

Su mente empezó a ordenar piezas sin esfuerzo consciente: posición, equipo, movimiento y tiempo.

—Alex —dijo sin girarse.

El especialista en comunicaciones ya tenía la radio en la mano, revisando frenéticamente la señal.

—Sin enlace con base —respondió antes de que Jack preguntara—. Interferencia total. Daño en sistema.

Jack asintió, ya lo esperaba.

Los MANPADS significaban una amenaza antiaérea activa. Nadie iba a mandar otro helicóptero a ciegas desde su base, no sin posición exacta y mucho menos mientras hubiera lanzadores ahí fuera.

El rescate estaba descartado.

El pensamiento llegó frío, preciso, como un hecho más.

—¿Posición de la base Al-Tanf?

Alex miró su dispositivo y golpeó la pantalla.

—Estimado… unos ochenta y cinco kilómetros, quizá noventa.

—¿Posición a la frontera con Jordania?

—Estimado unos veinte o veintidós kilómetros.

Jack se giró y miró a Emma, evaluando opciones. Su cabello castaño oscuro se movía con el viento frío de la noche.

Inspiró hondo y se giró observando el horizonte, abierto, prácticamente plano en esa zona… terreno hostil y visible desde kilómetros. Habían sido cazados.

Volvió a mirar el helicóptero, las llamas crecían, alimentándose del combustible, por lo que tenía el tiempo limitado de nuevo, aunque la decisión estaba tomada antes de pensarla.

—Mark, Alex, gunner … perímetro. Ethan, con Emma.

Ya se estaban moviendo cuando terminó la frase.

Jack corrió hacia el fuselaje ardiendo y el calor golpeó su rostro.

El rotor se había detenido casi por completo y el interior estaba lleno de humo.

Lo más importante era el agua. Sacó dos mochilas y las lanzó fuera. Luego armas: metralletas, munición, mapas tácticos plegados y radio de largo alcance.

La agarró justo cuando una llamarada subió por el lateral y el metal crujió. Demasiado caliente. Se elevó y volvió a salir del helicóptero de un salto, con lo último en las manos.

—¡Nos movemos! —gritó.

El fuego rugió detrás con un sonido profundo e inestable, el tipo de sonido que anunciaba algo peor.

—Joder… corred, corred…

Corrió unos metros más, empujando al equipo a alejarse y, entonces, llegó la explosión secundaria. Un golpe seco con una onda de calor que les alcanzó la espalda. La arena se elevó provocando que todos tosiesen. Al menos habían evitado que los echase al suelo.