20 #2
El gunner izquierdo permanecía medio inclinado hacia fuera, arnés tenso contra su espalda y la ametralladora siguiendo lentamente el horizonte.
El desierto estaba oscuro y demasiado quieto.
—Sector izquierdo limpio —dijo el gunner tras unos segundos.
El rotor cortaba el aire con un ritmo hipnótico.
Jack estaba atento al exterior cuando el gunner volvió a inclinarse un poco más.
No fue un movimiento brusco, solo… más atento.
—Espera…
La palabra se perdió casi entre el ruido del rotor.
El gunner entornó los ojos detrás de las gafas protectoras. En el horizonte, algo había cambiado. No era una luz, no era un vehículo. Solo… un punto oscuro que no encajaba con el paisaje. Un destello mínimo. Tan breve que podría haber sido fruto de la imaginación.
El gunner movió la cabeza, intentando volver a localizarlo. Nada, solo arena y sombras.
El helicóptero siguió avanzando.
—¿Qué tienes? —preguntó Mark.
—No sé… —respondió el gunner —, probablemente nada.
Pero su voz ya no era relajada.
Jack levantó la mirada hacia la puerta. El aire dentro del helicóptero pareció volverse más pesado. Un segundo, dos… y el punto volvió a aparecer, esta vez más brillante y moviéndose.
El gunner inhaló bruscamente y gritó:
—¡Misil! ¡Misil! ¡Doce en punto!
Emma apenas tuvo tiempo de comprender la palabra.
Jack giró la cabeza hacia la puerta abierta, buscando instintivamente lo que el gunner había visto, pero no había un misil, no como esperaba.
No había una línea perfecta cruzando el cielo, solo…
algo extraño, un punto brillante y pequeño, demasiado pequeño para entenderlo.
Se movía rápido, pero no recto. Vibraba en el aire como una chispa viva, zigzagueando ligeramente mientras se acercaba.
Por un instante parecía solo un reflejo, una ilusión. Luego el punto creció, un destello blanco amarillento que parpadeaba irregularmente, casi perdido entre el polvo levantado por el desierto.
—¡Flares! ¡Flares! —gritó el gunner .
El piloto respondió antes de que terminara la palabra. El helicóptero se inclinó violentamente.
El cuerpo de Emma se desplazó contra el arnés mientras una lluvia de luces incandescentes salía disparada hacia atrás, pequeñas estrellas ardientes cayendo hacia el suelo.
Durante un segundo el misil desapareció, no explotó, no impactó.
Solo dejó un vacío incómodo.
—Misil desviado —dijo el copiloto con la respiración tensa—. Continúen vigilando.
Pero el silencio que siguió fue peor, porque ahora todos sabían algo. Alguien estaba ahí abajo y estaba disparando.
El gunner volvió a inclinarse hacia fuera, buscando desesperadamente el horizonte.
—Contacto posible… no visual claro…
El helicóptero descendió aún más, pegándose al terreno. Jack volvió la cabeza hacia Emma. Ella lo estaba mirando, sin preguntas, solo esperando.
El primer misil había desaparecido entre las bengalas ardientes, perdiéndose en el aire como una amenaza que nunca llegó a materializarse.
Durante un segundo nadie respiró. El rotor seguía golpeando el aire con su ritmo constante. El desierto pasaba bajo ellos demasiado cerca.
—Seis minutos para frontera —anunció el copiloto con voz tensa.
Jack no apartaba la mirada de la puerta abierta.
El gunner volvió a inclinarse hacia fuera.
—Contacto visual… espera… —Una pausa, un segundo que se estiró demasiado—. ¡Misil! ¡Segundo lanzamiento!
Todo ocurrió a la vez.
—¡Flares! —gritó el piloto.
El helicóptero no cayó, no se desplomó, simplemente se deslizó. Un movimiento brutal hacia un lado, tan repentino que el mundo pareció desplazarse bajo ellos.
El cuerpo de Emma fue empujado contra el arnés con una fuerza lateral inesperada. No hacia abajo, sino hacia un lado. El aire se volvió pesado y el estómago se hundió.
Jack ya tenía la mano en su hombro, empujándola hacia el asiento.
Las bengalas salieron disparadas detrás del aparato, una lluvia de luces incandescentes que iluminó el interior con destellos rápidos.
El helicóptero giró bruscamente. No era un giro limpio. Era una sacudida controlada, violenta pero precisa. El suelo apareció de repente más cerca por la ventana lateral, demasiado cerca.
Emma sintió cómo el arnés se le clavaba en el pecho mientras la fuerza lateral intentaba arrancarla del asiento.
No era como en las películas, no había sensación de volar, había peso. Un peso enorme aplastándola contra el lateral.
El rotor cambió de tono mientras el piloto forzaba la maniobra.
—Misil desviándose —gritó el copiloto—. Mantengan vigilancia.
El gunner seguía buscando, con el cuerpo inclinado hacia el vacío.
—No tengo visual… repito, no tengo visual…
El helicóptero volvió a estabilizarse, demasiado rápido y silencioso.
Emma levantó la cabeza con el corazón golpeándole las costillas.
Jack no se movía, solo observaba.
Y entonces el gunner inhaló bruscamente.
—Esperen…
El helicóptero se estabilizó apenas unos segundos después de la maniobra evasiva.
El rotor volvió a su ritmo constante.
Emma respiraba rápido, intentando acompasar su cuerpo al movimiento cuando el silencio dentro del intercomunicador se volvió pesado. Nadie hablaba, todos permanecían totalmente concentrados.
El gunner seguía inclinado hacia fuera, con el arma apuntando al horizonte.
—No visual… —murmuró—. Repito, no visual…
El piloto respiró hondo.
—Manteniendo perfil bajo. Cinco minutos treinta segundos para frontera.
Durante un segundo, todo pareció normal: el desierto oscuro, el viento golpeando el fuselaje, la vibración familiar… y entonces el gunner se quedó inmóvil.
No gritó de inmediato, primero se tensó su cuerpo entero, como si algo hubiera atravesado su campo visual demasiado rápido para procesarlo.
—¡Misil!
Esta vez no hubo duda.
Jack giró la cabeza y lo vio. No era una línea perfecta ni un cohete brillante, era una luz irregular que crecía demasiado rápido y demasiado cerca.
El piloto no gritó, no como antes. Su voz sonó más baja y más firme.
—Contacto confirmado.
El copiloto lanzó los flares. Las bengalas salieron disparadas hacia atrás como estrellas cayendo. El helicóptero se inclinó violentamente hacia la derecha y el mundo se desplazó bajo ellos.
El misil llegó sin ruido previo.
No hubo tiempo para reaccionar, solo un golpe seco y violento. Un impacto brutal que atravesó el fuselaje como un martillazo gigante.
El helicóptero entero tembló, el sonido cambió al instante.
El rotor dejó de ser un ritmo constante y se convirtió en una vibración irregular, un gruñido metálico forzado que se sentía en los huesos.
Emma no gritó.
Jack miró hacia el piloto.
—¡El rotor!
El aire salió expulsado de los pulmones de Emma cuando su cuerpo fue empujado contra el arnés con una fuerza brutal.
El interior se llenó de chispas breves y humo denso.
—¡Impacto en motor! —gritó el copiloto.
El helicóptero no cayó de inmediato, se inclinó y luego comenzó a descender rápido, demasiado rápido.
El mundo exterior empezó a subir hacia ellos, no al revés.
— Mayday , Mayday , Mayday —dijo el piloto—. Aquí Viper One. Impacto por misil, pérdida de motor, entrando en autorrotación. Posición aproximada cuadrante Delta. Intentando aterrizaje forzoso.
Emma sintió una presión extraña en el estómago, como si el suelo la estuviera atrayendo.
El rotor seguía girando, pero el sonido era distinto, forzado y casi doloroso.
—Entrando en autorrotación —repitió el piloto.
Su voz era firme y concentrada, sin permitirse entrar en pánico.
El rotor dejó de ser un ritmo estable y se convirtió en un gruñido irregular, una vibración profunda que atravesaba el fuselaje y subía por los huesos como electricidad.
El helicóptero se inclinó hacia delante y luego hacia un lado.
—Pérdida de potencia… manteniendo autorrotación… —la voz del piloto era firme, pero forzada, concentrada hasta el extremo.
El descenso se volvió evidente. No era una caída libre, era una presión constante hacia abajo, como si algo invisible los empujara con violencia creciente.
El helicóptero temblaba. Cada vibración hacía crujir el metal.
—¡Cabezas abajo! —ordenó Jack.
Los soldados reaccionaron al instante, sin palabras ni emociones visibles.
Mark bajó la cabeza y sujetó el arnés con movimientos automáticos, Ethan encogió el cuerpo contra el asiento, Alex dejó de mirar sus equipos y adoptó la postura sin dudar, como si ya hubieran estado allí antes, como si el miedo no existiera, solo órdenes y procedimiento.
Jack se giró hacia Emma. Su mano subió a la nuca de ella, firme, guiándola.
—Agacha la cabeza.
Ella obedeció, pero el mundo seguía temblando demasiado fuerte. El ruido se volvió ensordecedor. El aire vibraba.
Emma levantó los ojos hacia él.
Jack acercó el rostro al suyo.
—Mírame.
Ella lo hizo.
Durante un segundo todo desapareció, excepto sus ojos. El helicóptero se sacudió violentamente y Emma apartó la mirada por reflejo, buscando algo donde agarrarse. La mano de Jack no se movió. No la soltó.
—Mírame —repitió más firme.
El descenso se volvió brutal, el suelo estaba demasiado cerca.
—¡Prepárense para impacto! —alzó la voz el piloto por el intercomunicador.
El helicóptero inclinó el morro ligeramente, intentando amortiguar la caída. El rotor golpeaba el aire con un sonido desesperado.
El tiempo pareció ralentizarse y entonces… impactó.
No fue una explosión. Fue una compresión brutal que aplastó todo hacia abajo.
El fuselaje golpeó la arena con un estruendo seco y un rebote violento lanzó los cuerpos contra los arneses.
Emma sintió cómo sus pulmones se vaciaban de golpe, quedando momentáneamente sin aire.
El helicóptero comenzó a deslizarse lateralmente, chirriando el metal contra la arena.
De repente, realizó un giro repentino. La inercia los hizo rotar parcialmente sobre sí mismos mientras el rotor seguía girando, golpeando el aire con un chillido mecánico.
Algo chocó contra el lateral y tuvieron otra sacudida. De golpe, el mundo se inclinó.
Durante un segundo, el horizonte desapareció y todo fue polvo, ruido y fuerza.
Hubo un golpe final y entonces… silencio. Un silencio pesado, roto solo por el zumbido del rotor que giraba lentamente.
Durante un instante nadie se movió, porque aún no sabían si el silencio significaba que habían sobrevivido… o que todo había terminado tras ser derribados.