A través de la tormenta 21 #2
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21 #2

Jack no se detuvo, no miró atrás… sabía perfectamente lo que aquello significaba: nadie vendría a buscarlos, ahora solo quedaban ellos y el desierto.

Se detuvieron apenas unos metros más allá. El calor de la explosión aún golpeaba sus espaldas como una ola invisible.

Jack giró sobre sí mismo, observando el horizonte con movimientos cortos y precisos.

Nada, solo desierto.

El gunner ya estaba en movimiento, recogiendo lo que Jack había sacado del helicóptero con eficiencia automática. Mochilas abiertas, armas revisadas y cargadores comprobados en segundos.

El humo negro ascendía detrás de ellos, una columna oscura que rasgaba el cielo como una señal.

Jack la observó apenas un instante, sería visible desde kilómetros a la redonda.

—Nos van a ver —dijo más para sí mismo que para el resto.

Mark terminó de ajustar su arma y levantó la mirada.

—Seguro.

Jack asintió y miró a Emma, la cual observaba esperando cualquier reacción por parte de ellos, totalmente perdida en su mundo. Inspiró hondo mientras su mirada se mantenía con ella y resopló cuando miró el desierto que tenía por delante. Decisión tomada.

—Nos movemos ya. Nos alejamos de la zona de impacto. —Su voz no era alta, pero todos reaccionaron automáticamente—. Ethan, mantente cerca del paquete —añadió.

Emma enarcó una ceja al escuchar aquella palabra, aunque no se sintió menospreciada por ella, sabía que hablaban así. Era simplemente un término operativo, una forma de mantenerla viva.

Jack se colocó a su lado, arma en mano, mirada fija en el terreno.

—Formación en cuña —ordenó—. Mark delante. Gunner cubre flanco. Alex, retaguardia. Ethan con Emma. Nadie se separa.

El humo seguía elevándose detrás de ellos, actuando como si de un faro se tratase, un aviso y una invitación a los que les habían derribado.

Jack miró una última vez el helicóptero ardiendo. Ya no era un refugio, era una trampa.

—Van a venir —dijo—. Y rápido. Hay que moverse ya —comenzó a caminar bastante rápido.

Emma apoyó el pie con cuidado mientras el dolor subía por su tobillo, pero no dijo nada y lo siguió, primero caminando y luego más rápido, hasta que Mark aumentó el ritmo.

—Movimiento —avisó incrementando la velocidad.

Puede que ellos fuesen soldados, que estuviesen acostumbrados a aquel tipo de vida, pero no ella, sobre todo cuando empezaron a correr.

El desierto se abrió ante ellos, vasto e implacable.

La columna de humo quedó atrás, creciendo contra el cielo como una promesa oscura.

La arena cedía bajo sus botas mientras avanzaban, el sonido de sus pasos era casi absorbido por la inmensidad del desierto.

Jack mantenía el ritmo firme, ligeramente por delante de Emma, aunque su mano libre se encontraba cerca de ella sin llegar a tocarla.

La columna de humo quedaba ya bastante atrás.

Jack levantó el puño y todos se detuvieron. Emma miró de un lado a otro, nerviosa, solo había silencio. El viento movía la arena en pequeñas olas suaves. Nada más.

Jack frunció el ceño. Había algo que no encajaba. No era un sonido, todavía no, era una sensación en el aire, vibrando apenas, como un eco lejano que no pertenecía al viento.

Miró hacia el horizonte, pero no se veía nada, solo líneas oscuras y la ondulación del terreno.

Se giró hacia atrás y entonces lo vio. No era movimiento, no veía vehículos, solo una línea fina de polvo levantándose en la distancia, recta y antinatural, demasiado constante para ser el viento.

El estómago se le tensó.

—Movimiento probable —dijo en voz baja.

Mark siguió su mirada.

—Sí… lo veo.

El resto aún no entendía qué miraban exactamente.

El sonido llegó segundos después, muy leve, pero delató un rumor grave de motores lejanos acercándose.

Jack inspiró lentamente, no necesitaba verlo para saberlo.

—Nos han encontrado —murmuró.

Emma levantó la mirada hacia él. Jack no demostraba miedo en su rostro, solo comprensión.

Se giró hacia el equipo con la voz que volvió a ser pura operación.

—Aumentamos ritmo. Ahora corremos.

Nadie dudó.

El desierto volvió a moverse bajo sus pies y detrás de ellos, invisible aún, algo empezaba a acortar la distancia.

El ritmo había cambiado, ya no avanzaban, huían.

El sonido lejano de los motores seguía creciendo detrás de ellos, aún distante, pero constante, como un latido oscuro empujándolos hacia delante.

Mark abría camino, recortando la silueta contra el horizonte.

Jack se mantenía junto a Emma, su posición calculada para cubrirla sin romper la formación.

Ella apretó los dientes. El primer dolor real llegó al apoyar el pie de nuevo. Un pinchazo agudo en el tobillo. Intentó ignorarlo y dio un paso más, luego otro… no iba a decir nada, no iba a frenarlos, sus vidas y la de ella pendían de que ella pudiese seguirles el ritmo.

El aire quemaba en los pulmones mientras corrían por aquel terreno irregular que hacía que cada apoyo fuera incierto.

Emma tropezó apenas un poco, un movimiento mínimo, casi invisible, pero que no pasó desapercibido para Jack que parecía verlo siempre todo.

Su mano apareció en su brazo antes de que ella perdiera el equilibrio, aunque no se detuvo ni redujo la velocidad, solo ajustó el ritmo, absorbiendo parte del movimiento para mantenerla dentro de la formación.

—¿Puedes seguir? —preguntó sin mirarla.

—Sí.

La respuesta fue inmediata y demasiado rápida, pero Jack no discutió, solo acercó un poco más su posición a la de ella, lo suficiente para sostenerla si volvía a fallar.

El sonido de los motores se hizo un poco más claro, como un rumor grave arrastrado por el viento.

Alex giró la cabeza hacia atrás.

—Se están acercando.

Jack asintió.

Necesitaba hacer cálculos rápidos: distancia, velocidad, tiempo...

Emma apoyó de nuevo el pie y el dolor subió como fuego. Su respiración se rompió un instante. Jack lo notó sin mirarla y su mano volvió a su espalda baja, firme y estable, como si simplemente la guiara, como si no fuera nada más.

—Mantén el ritmo —murmuró.

No era una orden, era un ancla a la vida.

Mantuvieron unos minutos más el ritmo, en los que Jack miraba hacia atrás controlando aquel indicador de movimiento a lo lejos.

—¡Alto! —La orden sonó en voz baja, pero firme.

El grupo se detuvo casi al instante, formando un semicírculo instintivo mientras el gunner levantaba el arma y barría el horizonte.

Jack giró lentamente sobre sí mismo, mirando alrededor e intentando analizar fríamente la situación. Lo habían entrenado justamente para ello.

“Desierto, ondulaciones suaves del terreno, nada donde esconderse, nada que los protegiera. El sonido lejano de los motores seguía ahí, apenas audible, pero suficiente, y sabía que se acercaban” .

Su mente empezó a reconstruir el terreno como un mapa invisible.

“Impacto, columna de humo, dirección de huida: frontera al sur, la ruta más obvia, la más fácil de seguir y la más peligrosa” .

Jack inhaló despacio y entonces miró a Emma solo un segundo, lo suficiente para verlo.

“El peso desigual al apoyar, la tensión en la mandíbula, la forma en que evitaba cargar completamente el pie. Se trataba de una torcedura, nada grave en otras circunstancias, pero ahí, en aquel lugar… era un verdadero problema” .

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

Ella sostuvo su mirada.

—Sí.

Demasiado rápida otra vez. Jack asintió, pero no discutió, aunque ya había tomado nota mental. No podían correr durante horas a ese ritmo, no hacia una línea recta.

Volvió a observar el terreno y su mapa mental se completó.

¿Dónde buscarían las milicias sirias? Sin duda buscarían una ruta directa a Jordania con un movimiento rápido.

No, primero debían desaparecer, debían romper el patrón y cambiar el eje, necesitaban ganar tiempo.

Miró hacia el este. Había un ligero descenso del terreno y sombras más profundas con ondulaciones suficientes para ocultar movimiento.

No era perfecto, pero era mejor eso que nada.

—No vamos directos a la frontera —dijo.

Mark frunció el ceño.

—¿Seguro?

—Eso es lo que esperan. —Nadie discutió. Jack señaló hacia el nuevo rumbo—. Nos desviamos al este y bajamos por las ondulaciones. Movimiento bajo y rápido. Reducimos silueta y evitamos línea directa.

Alex asintió.

—Rompemos patrón.

—Exacto —confirmó Jack.

Jack volvió a colocarse junto a Emma y su mano rozó apenas su brazo.

—Vamos.

El grupo cambió de dirección y, por primera vez desde el derribo, dejaron de correr hacia el destino… para empezar a desaparecer en aquel vasto desierto.

Jack avanzaba sin mirar atrás, pero su atención estaba dividida en dos direcciones: el horizonte… y Emma.

La observaba de reojo. No de forma evidente, solo pequeños detalles: la forma en que apoyaba el pie, la respiración ligeramente irregular, el modo en que apretaba la mandíbula cada pocos pasos... Seguía el ritmo, pero no estaba bien.

—Un poco más —murmuró sin mirarla directamente.

Ella asintió sin pronunciar palabra alguna.

Avanzaron unos metros más hasta que Jack levantó la mano.

—Contacto potencial. Cubierta.

Se desviaron hacia una pequeña elevación de arena y se deslizaron detrás de la duna, agachándose casi al mismo tiempo.

El silencio volvió a caer sobre ellos.

Jack señaló al gunner .

—Arriba. Observación.

El hombre asintió y avanzó reptando hasta la cresta. Sacó el arma con mirilla óptica, apoyándola con cuidado mientras se asomaba apenas lo justo para no recortar su silueta contra el cielo.

—Visual… —murmuró por el intercomunicador interno. Jack esperó sin moverse—. Tres vehículos. Pick-ups armadas… —hizo una pausa—. Aproximadamente ocho hombres.

El corazón de Emma dio un vuelco involuntario cuando el sonido llegó hasta ella. Podía escuchar con claridad disparos lejanos. El eco atravesó el desierto y la hizo tensarse sin poder evitarlo.

Jack reaccionó antes de pensar y situó su mano en el hombro de ella, firme y estable.

—Tranquila —dijo en un susurro—. Están lejos todavía.

Su voz era controlada y profesional. Emma no podía entender cómo podía mantener una actitud así en esos momentos.

—Se mueven hacia el sur… en dirección a Jordania —informó su hombre.

Jack dejó escapar el aire lentamente.

Tal y como había previsto, buscaban la ruta obvia.

—Bien —murmuró.

El equipo relajó los hombros solo un poco. Acababan de ganar tiempo, y eso ya era mucho.

Jack volvió a mirar a Emma.

—Ethan. —El médico ya estaba cerca—. Mira su tobillo —ordenó directamente sin mirar a Emma.

Emma se negó inmediatamente.

—Estoy bien.

Jack la observó un segundo, luego negó despacio.

—No me desobedezcas —pronunció con voz grave. Aunque su tono no era duro, no admitía discusión—. Torcedura probable. Revísala.

Ethan asintió y dejó la mochila en el suelo ante ella, arrodillándose enfrente.

—Voy a quitar la bota —la informó.

Emma intentó disimular cuando él tiró suavemente y un pequeño quejido escapó antes de que pudiera evitarlo.

Ethan examinó con rapidez, presionó puntos concretos, valoró la movilidad y la inflamación.

—Esguince leve —informó—. Ligamento lateral externo afectado, sin inestabilidad grave. —Sacó una venda elástica—. Vendaje compresivo funcional. Un minuto —indicó a su capitán.

Emma mantuvo la mirada fija en el horizonte, respirando despacio mientras Jack observaba desde un paso atrás con el arma baja, pero lista.

Ethan terminó y presionó ligeramente.

—Esto te estabilizará —se dirigió directamente a ella—. Podrás caminar con menos dolor.

Jack asintió y se giró hacia Alex. El especialista en comunicaciones estaba inclinado sobre la radio de largo alcance con cables expuestos.

—¿Algo?

Alex negó con la cabeza.

—Negativo. Sistema muerto. Sin enlace y sin baliza.

Jack ya lo esperaba, nadie vendría. No tenían forma de notificar dónde se encontraban.

Volvió hacia Ethan.

—¿Aguantará? —le preguntó con un movimiento de cabeza hacia Emma.

—Sí —respondió el médico—, pero la revisaremos otra vez cuando podamos.

Jack asintió y miró a Emma un instante más largo de lo necesario.

—Nos movemos.

El equipo recogió el material en silencio y se levantaron. Comenzaron a caminar de inmediato.

El desierto volvió a tragárselos poco a poco, sus siluetas se reducían hasta desaparecer entre las ondulaciones del terreno.

Detrás, los motores lejanos seguían buscando… aunque, por suerte, en la dirección equivocada.