A través de la tormenta 19 #2
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19 #2

Cuando se separaron, se miraron en silencio. Sus ojos hablaron más que cualquier palabra.

—Si quieres… puedo entrar —murmuró él—. Solo un momento.

El tono era neutro, casi casual, pero la tensión en su voz delataba la verdad que ambos entendían sin necesidad de nombrarla.

Emma decidió no decir nada y cruzó el umbral del módulo dejando la puerta entreabierta.

Jack se quedó un segundo fuera, mirando a ambos lados del pasillo, asegurándose de que ningún guardia observaba. El silencio de la base a esas horas era denso, cómplice.

Entró rápido y cerró la puerta tras de sí.

No hubo palabras. Solo la distancia entre ellos reduciéndose en unos pocos pasos urgentes.

La tomó por la cintura y la giró hacia él, y esta vez el beso no tuvo nada de tímido.

Fue intenso, contenido durante demasiado tiempo, cargado de todo lo que habían callado desde que el rescate terminó.

Emma se aferró a él como si quisiera memorizar cada sensación, cada latido contra su pecho.

El mundo exterior dejó de existir.

Jack deslizó los dedos hasta los botones de la camisa de Emma, desabrochándolos con urgencia y lanzándola al suelo, luego hizo lo mismo con su camisa.

Las prendas cayeron al suelo sin más, olvidadas, mientras buscaban el calor del otro, piel con piel, con respiraciones entrecortadas y caricias que parecían querer detener el tiempo.

Se dirigieron lentamente hasta la cama, sin separarse, como si hacerlo fuese peligroso, como si cualquier espacio entre ellos significara perder algo irrecuperable.

Se dejaron caer entre sábanas desordenadas, besándose con urgencia y ternura a partes iguales, con esa mezcla imposible de deseo y despedida que hacía que cada gesto pesara más de lo habitual.

Jack cerró los ojos un instante, sintiendo el latido de Emma contra el suyo, y comprendió que aquello era precisamente lo que hacía más difícil su decisión.

El deber de un soldado no consistía solo en luchar, ni en salvar vidas bajo fuego enemigo, a veces significaba elegir el camino que más dolía: llevarla a Jordania, mantenerla a salvo y dejarla marchar.

La abrazó con más fuerza, como si intentara memorizar su presencia en su piel y en su mente.

Había aprendido que amar no era poseer ni retener a alguien a toda costa. Amar de verdad era saber cuándo soltar, incluso cuando cada parte de uno mismo pedía lo contrario. Ya lo había hecho una vez, y el recuerdo aún dolía como una herida mal curada.

Y, sin embargo, allí estaba otra vez, amándola lo suficiente como para no dejarla ir.

El módulo de planificación estaba en penumbra, iluminado solo por la proyección azulada del mapa táctico sobre la mesa central. Líneas de vuelo cruzaban el desierto sirio hacia el sur, hasta desaparecer en el espacio aéreo jordano marcado en verde.

Jack permanecía en pie, de brazos cruzados, observando la ruta como si pudiera memorizar cada piedra del terreno.

A su derecha, Mark, su segundo, revisaba una tableta con datos meteorológicos. Frente a ellos, Alex, el especialista en comunicaciones, ajustaba frecuencias en un panel portátil. El último en entrar fue Ethan, todavía con los guantes quirúrgicos colgando del bolsillo.

—Bien —dijo Jack finalmente—. Desde el momento en que Emma suba al helicóptero, el reloj empieza a correr. Estimación de vuelo: veintidós minutos hasta cruzar frontera, treinta y dos hasta aterrizaje en base jordana si mantenemos perfil bajo.

Mark levantó la mirada.

—¿Ruta directa?

—Negativo. —Jack amplió el mapa—. Entramos aquí, bordeamos esta elevación para evitar radares improvisados y cruzamos por el corredor Delta. Hay menos tráfico hostil registrado en las últimas cuarenta y ocho horas.

Alex señaló un punto intermitente.

—Zona caliente potencial. Señales de radio no identificadas ayer por la noche.

Jack asintió.

—Lo sé. Podrían ser milicias o simples contrabandistas, pero lo tratamos como amenaza activa.

Ethan apoyó ambas manos en la mesa.

—Necesito saber qué pasa si recibimos fuego. Ella aún está débil. No puede soportar maniobras bruscas prolongadas.

—Si recibimos ataque ligero, el piloto entra en evasiva baja altitud —respondió Jack sin dudar—. Si es amenaza seria, desplegamos contramedidas y seguimos hacia frontera. No volvemos atrás salvo daño crítico.

El médico frunció el ceño.

—¿Y si necesita intervención en vuelo?

—Entonces la estabilizas hasta aterrizaje —intervino Mark con tono práctico—. No hay segunda opción.

Alex cambió de pantalla.

—Frecuencia primaria encriptada lista. Secundaria con control jordano programada para cambio automático al cruzar línea. Si perdemos comunicación…

—Seguimos protocolo Alfa —terminó Jack—. Silencio de radio, rumbo sur, velocidad máxima segura.

Hubo un breve silencio.

Jack amplió otra sección del mapa. Se visualizaron varias zonas marcadas en rojo.

—Aquí, aquí y aquí —dijo señalando—. Reportes de actividad hostil en la última semana. Nada confirmado hoy, pero asumimos presencia.

Mark soltó un leve suspiro.

—Siempre asumimos presencia.

Jack no sonrió.

—Porque siempre la hay.

El ambiente se volvió más serio.

—Escuchad —añadió entonces, bajando ligeramente la voz—. Esto no es una misión más. —Nadie habló—. A quien llevamos es a Emma. Fue rehén. Es un activo sensible y una civil bajo protección. Quiero todo bien atado. Sin improvisaciones.

Mark intercambió una mirada rápida con Alex antes de responder.

—Como siempre, capitán.

El tono era ligero, pero cargado de respeto. Y de algo más: comprensión silenciosa.

Jack sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario antes de volver al mapa.

—Tiempo en suelo en Al-Tanf: noventa segundos. Equipo médico la traslada desde enfermería hasta LZ Alfa. Rotor en marcha todo el tiempo.

—¿Custodia durante embarque? —preguntó Alex.

—Nosotros. Nadie más cerca del paquete.

Ethan inclinó la cabeza.

—¿Está prevista reacción emocional durante el traslado?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Jack tardó una fracción de segundo en responder.

—Es probable.

El médico asintió con seriedad.

—Entonces necesito acceso directo durante el vuelo. Sin interferencias.

—Lo tienes —corroboró Jack.

Mark golpeó suavemente la mesa.

—¿Y si nos siguen después del despegue?

Jack respiró hondo.

—Velocidad, perfil bajo y cruzar frontera lo antes posible. Una vez en Jordania, cambia la ecuación.

El mapa quedó en silencio desplegado frente a ellos, como si ya contuviera todas las posibilidades.

Alex cerró su tableta electrónica.

—Todo suena limpio.

Jack negó suavemente.

—Nada es limpio.

Y, durante un instante, su voz dejó entrever algo más profundo que simple cautela.

Mark se apartó de la mesa.

—La sacaremos de aquí, como siempre hacemos con todos.

Jack asintió, aunque su mirada permaneció fija en la línea de vuelo hacia el sur, porque sabía que esa línea no solo marcaba un trayecto, marcaba un final.

—Repasad protocolos otra vez —ordenó finalmente—. Valoramos todas las opciones. No dejamos cabos sueltos.

—Recibido.

La reunión terminó, pero nadie se movió inmediatamente, como si todos entendieran que aquella misión era distinta, aunque nadie lo dijera en voz alta.

Jack se enderezó despacio.

—La misión es llevarla a Jordania. Viva, segura y sin ruido.

Las palabras parecían más una promesa que una orden. Se hizo un breve silencio.

—Y después… —añadió Ethan—, ¿qué?

Jack tardó un segundo en responder.

—Después la dejamos marchar —pronunció, aunque sus compañeros captaron perfectamente lo que entrañaban aquellas palabras.

Jack se apoyó sobre la mesa táctica y miró a sus hombres uno por uno antes de hablar.

La proyección del mapa seguía encendida, la línea de vuelo cruzando el desierto hacia Jordania como una cicatriz luminosa—.

Vamos a dejar esto claro —dijo con voz firme—.

Quiero que todos sepan quién va a bordo y cuál es su papel.

Mark asintió ligeramente, cruzado de brazos.

Jack señaló primero hacia la cabina delantera dibujada en el esquema del helicóptero.

—Tripulación de vuelo. Dos pilotos. No forman parte del equipo táctico, pero el mando del aparato es suyo.

Nosotros seguimos sus tiempos en aire. —Deslizó el dedo hacia las puertas laterales—.

Dos gunners : artilleros de puerta encargados de la vigilancia visual y cobertura si recibimos fuego. Sus ojos son nuestra primera alerta.

Alex inclinó la cabeza.

—¿Frecuencias compartidas con ellos?

—Sí. Canal interno abierto durante todo el vuelo —respondió Jack sin dudar.

Luego movió la mano hacia la cabina trasera.

—Equipo de traslado. —Su mirada pasó primero por Ethan—.

Médico, vas junto a Emma desde el embarque hasta el aterrizaje.

Si algo se complica, tú tienes la última palabra en cuestiones médicas.

—Ethan asintió con gravedad. Jack continuó—.

Alex. Comunicaciones. Mantienes enlace con Al-Tanf hasta cruzar frontera.

Después cambias a canal jordano. Si perdemos señal, aplicamos protocolo Alfa.

—Recibido.

Jack miró entonces a Mark.

—Tú conmigo. Seguridad directa del paquete. Nadie se acerca sin que lo veamos primero.

Mark respondió con una leve sonrisa.

—Como siempre.

Jack dejó la frase en el aire unos segundos antes de continuar.

—Emma va sentada entre nosotros. No es una pasajera más.

Es una rehén rescatada y un activo sensible.

Eso significa máxima protección. —Nadie comentó nada, pero el silencio dijo suficiente.

Jack respiró hondo—. Resumen final. En el helicóptero vamos nueve personas en total.

—El mapa siguió brillando frente a ellos—.

Quiero cada variable cubierta antes de que ese rotor empiece a girar.

Mark soltó un pequeño resoplido.

—Como siempre, capitán.

Pero esta vez nadie sonrió.