A través de la tormenta 18
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El módulo del equipo olía a metal, café recalentado y cansancio acumulado.

Las taquillas abiertas, los chalecos colgados y las botas alineadas daban al lugar ese aire de refugio improvisado que solo los soldados sabían convertir en hogar.

Daniel Miller estaba apoyado contra la mesa central revisando un cargador cuando levantó la mirada hacia la puerta por la que Jack había salido hacía apenas unos minutos.

Esperó a que el eco de sus pasos desapareciera.

—Vale… —murmuró en voz baja—. ¿Soy el único que piensa que el capitán está raro?

Luke Donovan soltó una risa por lo bajini.

—¿Raro? Está caminando como si alguien le hubiese puesto un palo… ya sabes dónde.

Mark Reynols negó con la cabeza mientras limpiaba su rifle.

—Bajad el volumen.

—¿Qué? —susurró Daniel exagerando el gesto—. ¿No podemos preocuparnos por nuestro líder emocionalmente reprimido?

Ethan Brooks alzó una ceja.

—No está reprimido. Está… —buscó la palabra—, está pensativo.

—Eso es peor —añadió Alex Turner desde el fondo sin levantar la vista del portátil—. Cuando el capi piensa demasiado, alguien acaba corriendo.

Hubo risitas cómplices.

—Yo digo que es por ella —susurró Luke inclinándose hacia delante.

—Obvio —respondió Daniel—. El hombre se ha pasado media vida corriendo entre balas y ahora le toca correr detrás de sentimientos reprimidos durante años.

Mark levantó la mirada e insistió.

—Dejadlo.

—No, en serio —continuó Daniel—. ¿Habéis visto cómo la mira? Parece que alguien le haya reiniciado el sistema.

—Daniel… —advirtió Ethan.

—¿Qué? Solo digo que si yo tuviera a mi ex en la base, después de rescatarla de una milicia siria…

La puerta se abrió de golpe y el silencio cayó como un disparo.

Jack estaba allí, apoyado en el marco de la puerta, mirándolos. Nadie sabía cuánto había escuchado.

Daniel carraspeó.

—Eh… justo hablábamos de logística.

Jack arqueó una ceja mientras entraba en el módulo.

—¿Logística emocional? Sois discretísimos —ironizó.

Daniel levantó las manos.

—Oye, es porque nos importas.

—Claro —añadió Alex—. Equipo de élite, apoyo psicológico incluido.

Jack dejó escapar una breve risa nasal.

Durante un segundo parecía relajado.

—Sí, sí… muy gracioso.

Se acercó a la mesa buscando unos documentos.

—Si habéis terminado el club del cotilleo, tenemos trabajo.

—¿Ves? —susurró Daniel a Luke demasiado alto—. Está susceptible.

Jack lo miró.

—Te oigo —le advirtió.

—Eso forma parte del encanto —bromeó Luke.

—Ya basta —advirtió Mark al ver que la mandíbula de su capitán se tensaba.

Pero Daniel no podía evitarlo.

—Solo queremos saber si estás bien, capi. Es decir… no todos los días rescatas a tu exnovia y luego la mandas lejos.

El silencio cambió de matiz. Algo en el aire se tensó.

Jack inspiró lentamente.

—Estoy bien —acabó murmurando.

—Claro que sí —dijo Luke con una sonrisa ladeada—. Totalmente relajado. Se te nota.

Jack apretó la mandíbula.

—¿Sabéis qué más se me nota? Que tengo un equipo que debería centrarse en la misión —acabó con un tono más alto y amenazante.

Daniel levantó las manos.

—Eh, solo bromeábamos…

—No —interrumpió Jack. Su voz bajó un tono y sonó más dura—. No estáis bromeando. Estáis hablando de algo que no os concierne —los señaló.

El silencio se volvió incómodo.

Ethan observó la escena con atención.

—Jack… —intentó calmarlo.

—No —repitió él—. Soy vuestro capitán, no vuestro tema de conversación.

—No era nuestra intención… —indicó Daniel.

Jack soltó una risa breve y seca, incrédulo por lo que escuchaba.

—Pues empezad a pensar antes de abrir la boca. —La tensión ya no tenía vuelta atrás—. Esto no es un instituto —añadió con dureza—. Es una base militar. Y mientras yo esté al mando, quiero profesionalidad. ¿Entendido?

Nadie respondió. No hacía falta.

Jack cogió su chaqueta, la silla se movió bruscamente al apartarse y salió.

El portazo resonó en todo el módulo.

El equipo se quedó en silencio.

Daniel exhaló lentamente.

—Vale… creo que ahora sí lo hemos enfadado.

Mark dejó el rifle sobre la mesa.

—Le habéis tocado donde más duele.

Ethan asintió.

—No está enfadado con nosotros, no os preocupéis —continuó Ethan ordenando sus notas.

Después de las palabras secas de Jack antes de abandonar el módulo, ninguno encontró algo gracioso que decir.

La cantina de la base no tenía nada de sofisticado, pero sí algo que la hacía especial.

Luz cálida, mesas de madera gastada, música baja que alguien había puesto desde un altavoz antiguo y el murmullo constante de conversaciones cruzadas. El olor a café fuerte se mezclaba con cerveza barata y fritos improvisados. Era el único lugar donde el uniforme parecía pesar un poco menos.

Jack empujó la puerta con el hombro y dejó pasar a Emma delante de él.

Ella se detuvo apenas un segundo, observando el lugar con curiosidad. Una breve sonrisa se dibujó en su rostro casi sin darse cuenta.

—Aquí es donde bajamos un poco la guardia —murmuró Jack.

Emma asintió.

—Me gusta —respondió—. Tiene su encanto.

Al fondo, el equipo de Jack ocupaba una mesa larga.

Las miradas se alzaron casi al mismo tiempo.

Ethan fue el primero en reaccionar.

—Capi —dijo con naturalidad, levantándose un poco mientras ellos se acercaban—. ¿Todo bien?

Jack lo miró un segundo y entendió el gesto.

—Todo bien —respondió con firmeza—. Gracias.

Ethan asintió y volvió a sentarse sin añadir nada más.

Emma los observó con curiosidad, como si captara que algo había pasado, pero sin darle importancia.

—Ven —dijo Jack, guiándola a una silla

Daniel fue el primero en sonreír.

—Hombre, si es nuestra invitada favorita.

—No exageres —replicó Luke.

—No exagero —insistió Daniel—. Es la única que sonríe cuando entra aquí.

Emma soltó una pequeña risa mientras se sentaba.

Jack tomó asiento a su lado.

—¿Qué te apetece? —le preguntó inclinándose un poco hacia ella—. Dentro de lo que este lugar considera bebida.

Emma miró alrededor, pensativa.

—¿Qué es lo más… seguro?

—Café —respondió Mark sin dudar—. El alcohol aquí es… una experiencia.

—Café entonces —decidió ella divertida.

Jack se levantó.

—Ahora vuelvo.

—No hace falta —intervino Alex—. Hoy invita la casa.

—Eso no existe —replicó Jack poniéndose de pie.

—Déjanos fingir.

Mientras Jack iba hacia la barra, Emma se quedó mirando al equipo, entretenida.

—¿Venís mucho aquí? —preguntó.

—Demasiado —respondió Luke—. Es esto o hablar de trabajo.

—O dormir —añadió Mark.

Jack regresó con dos cafés y le tendió uno a Emma.

—Quema.

—Gracias, capitán —respondió ella con una sonrisa.

Jack se sentó de nuevo y se echó un poco sobre ella para tener un poco de intimidad.

—¿Estás bien? —le preguntó en voz baja.

—Sí —respondió ella—. Me gusta salir un poco. Me hace sentir… normal.

—Eso es bueno.

—¿Y tú? —añadió ella mirándolo—. Te noto serio.

Jack abrió la boca para responder, pero Daniel se le adelantó.

—Siempre está serio. Forma parte de su encanto.

—Daniel —advirtió Jack.

—Perdón, señor —respondió con una sonrisa descarada—. Continúa.

Emma ocultó la risa tras el vaso.

—¿Siempre sois así? —preguntó.

—Peor —respondió Alex.

—Mucho peor —confirmó Luke.

La conversación empezó a fluir.

Jack observaba cómo Emma se relajaba, cómo reía, cómo su cuerpo parecía menos rígido.

Daniel se recostó en la silla con aire teatral.

—Vale, ya que estás aquí… creo que es obligatorio contarle la historia del camello.

Jack cerró los ojos un segundo.

—No.

—Sí —replicó Mark inmediatamente—. Es tradición.

Emma levantó las cejas, intrigada.

—¿El… camello?

Luke dejó el vaso sobre la mesa.

—Afganistán. Operación de reconocimiento nocturno. Silencio absoluto. Todo perfecto.

—Hasta que apareció “él” —añadió Daniel señalando dramáticamente al aire.

—Era un camello —dijo Alex con tono solemne—. Pero no uno cualquiera. Un demonio con dos jorobas.

Emma soltó una risa.

—Esto suena prometedor.

Jack negó con la cabeza, resignado.

—No era un demonio. Era un animal asustado —comentó.

—Un animal que decidió perseguirnos —corrigió Daniel—. Durante veinte minutos.

—Porque alguien —añadió Mark mirando fijamente a Luke—, dejó caer comida.

Luke alzó las manos.

—No fue culpa mía.

—Llevaba una bolsa abierta en la mochila —replicó Ethan rápidamente—, así que el camello seguía el olor.

Emma ya estaba riendo abiertamente.

—¿Me estáis diciendo que un camello os persiguió en plena misión?

—No nos persiguió —protestó Luke.

—Nos escoltó agresivamente —matizó Daniel.

—Hacía ruido —añadió Alex—. Mucho ruido, y nosotros intentando mantener perfil bajo mientras el capi intentaba convencer al animal de que se fuese.

Emma giró la cabeza hacia Jack, fascinada.

—¿Intentaste hablar con un camello?

Jack bebió un sorbo de café antes de responder.

—Estábamos intentando no morir, así que probé opciones.

—Le susurraba cosas —dijo Mark con una sonrisa maliciosa.

—No susurraba.

—Susurrabas —confirmó Mark.

Emma se inclinó hacia delante, divertida.

—¿Qué le decías?

Jack suspiró.

—Que se fuera… amablemente.

La mesa estalló en carcajadas.

—Lo mejor —continuó Daniel entre risas—, es que al final funcionó.

—Porque Luke tiró toda la comida de la mochila en dirección contraria —aclaró Ethan.

—Estrategia táctica —defendió Luke.

Emma apoyó el codo en la mesa, escuchándolos con interés genuino.

—Me encanta escucharos. Es como… ver otra cara de todo esto.

—No se habla de trabajo —recordó Alex señalando la mesa como si fuera una ley sagrada.

—Esto no es trabajo —protestó Daniel—. Esto es historia cultural.

—Es para ilustrar a la muchacha —añadió Luke señalando a Emma con exageración.

Emma asintió con una sonrisa.

—Me gusta saber cosas.

Jack la miró de reojo, divertido.

—Claro que te gusta saber cosas. Eres periodista.

Ella lo miró con una sonrisa cómplice.

—Exacto. Y ahora necesito saber si el camello sobrevivió.

Daniel levantó el dedo.

—Sobrevivió… y probablemente sigue buscando al capitán. —Jack negó lentamente, aunque una sonrisa inevitable apareció en sus labios—. Eras tan cariñoso con él… susurrándole en mitad de la noche…

—Habibi —pronunció Ethan.

Ella lo miró sin comprender.

—¿Habibi?

—Bautizamos al camello así.

En medio de las bromas, sus ojos buscaron los de Jack casi sin darse cuenta.

Él ya estaba mirándola.

No había ruido en ese instante para ninguno de los dos, solo esa mirada tranquila, cálida y cargada de algo que necesitaba esconderse.

Jack sonrió con una sonrisa suave que solo era para ella.

Emma respondió igual, con una ternura silenciosa que le hizo olvidar por un momento dónde estaban.

Bajo la mesa, sin llamar la atención, Jack deslizó la mano con cuidado hasta encontrar la suya.

La tomó despacio, como si le pidiera permiso incluso en ese gesto mínimo.

Emma no dudó.

Entre sus dedos se formó un pequeño refugio secreto, invisible para los demás.

Jack comenzó a acariciar suavemente el dorso de su mano con el pulgar, un movimiento lento, calmado y casi inconsciente.

Emma sintió cómo algo dentro de ella se aquietaba, como si ese contacto la anclara al presente, como si todo, por un instante, estuviera bien.

Sobre la mesa, las risas continuaban, por debajo de esta, sus manos hablaban un idioma distinto.

Ninguno de los dos quiso soltarse.

Las risas seguían girando alrededor de la mesa, con Daniel exagerando algún detalle de la historia.

Emma apenas escuchaba ya, su atención estaba en otra parte, en la mano de Jack entrelazada con la suya bajo la mesa, en cómo su pulgar seguía trazando círculos lentos sobre su piel, en la calma inesperada que aquello le provocaba.

Se inclinó apenas un poco hacia él, acercándose lo suficiente para que su hombro rozara el suyo.

Jack giró ligeramente la cabeza, anticipando algo.

Emma acercó los labios a su oído y su voz fue un susurro cálido.

—Gracias… por traerme aquí.

Jack sintió el aliento de ella rozando su piel y un escalofrío suave le recorrió la espalda.

—No tienes que agradecerme nada —respondió también en voz baja, inclinándose hacia ella.

—Sí, hacía tiempo que no me sentía… así.

Jack apretó un poco más su mano bajo la mesa.

Sus miradas se encontraron de nuevo, más cercanas ahora, más intensas.

Emma sonrió, una sonrisa íntima que parecía existir solo para él.

—Además… —añadió ella con un brillo travieso en los ojos—, necesitaba confirmar si lo que había oído sobre tu equipo y tú es real.

Jack arqueó una ceja.

—¿Y?

—Es peor de lo que imaginaba.

Él soltó una risa bajita, apenas audible entre el ruido general.

—Y aun así sigues aquí.

Emma se encogió ligeramente de hombros.

—Tal vez porque hay alguien que hace que todo merezca la pena.

La frase quedó suspendida entre ellos.

Jack tragó saliva. El pulgar dejó de moverse un segundo antes de volver a acariciar su mano, esta vez con más intención.

La distancia entre sus rostros era mínima. El mundo alrededor parecía difuminarse hasta que la voz de Daniel irrumpió.

—Vale, algo está pasando aquí porque el capi está demasiado callado.

Emma se separó riendo suavemente, pero la tensión dulce que había crecido entre ellos no desapareció. Solo quedó flotando… esperando el siguiente momento a solas.