A través de la tormenta 17 #2
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17 #2

El coronel cerró la carpeta y lo miró directamente.

—He hablado con la doctora Davis y con la psicóloga asignada.

Jack mantuvo la expresión neutra.

—Señor.

—Según su evaluación —continuó—, la periodista ha mostrado una evolución positiva durante los últimos tres días. El nivel de ansiedad ha disminuido, el sueño mejora progresivamente y responde bien al entorno seguro.

Jack asintió lentamente, aunque sentía un nudo extraño en el pecho. Sabía que aquello era bueno, que era necesario, pero aun así…

—Por tanto —añadió el coronel—, vamos a proceder con la extracción hacia Jordania.

Las palabras cayeron como algo inevitable.

Jack inspiró hondo. Era lo correcto, lo más seguro para ella y, pese a todo, la idea de verla marcharse le produjo una punzada incómoda, casi física.

No dejó que se le notara.

—Entendido, señor.

El coronel lo observó unos segundos más.

—¿Alguna objeción operativa?

—Negativo. Personalmente… —añadió Jack después de un instante—, creo que es lo mejor para ella.

Lo dijo con firmeza, pero su mirada se perdió apenas un segundo en uno de los mapas, porque sabía lo que significaba dejarla ir otra vez.

El coronel asintió lentamente, como si entendiera más de lo que decía.

—Pasemos a la operación. —Activó una pantalla y un mapa tridimensional apareció proyectado—. Ruta aérea directa desde Al-Tanf hacia base aliada en Jordania. Tiempo estimado de vuelo: aproximadamente cuarenta minutos.

Jack inclinó el cuerpo hacia delante

—¿Plataforma de destino?

—Base aérea avanzada en territorio jordano, bajo control aliado. Allí será transferida a personal diplomático y sanitario para posterior traslado a Estados Unidos.

Jack asintió.

—¿Tipo de aeronave?

—Helicóptero UH-60 modificado para evacuaciones médicas. Perfil de vuelo bajo para reducir detección.

—¿Riesgos? —preguntó Jack.

El coronel señaló varias zonas en rojo.

—Actividad irregular de milicias en sectores norte y oeste. Posibilidad de MANPADS [2] , misiles portátiles, aunque inteligencia indica baja probabilidad en la ruta directa.

Jack frunció el ceño.

—¿LZ primarias y secundarias?

—Tres zonas marcadas —respondió el coronel—. Primaria en territorio jordano. Secundarias dentro de Siria en caso de emergencia o fuego hostil.

Jack absorbía cada detalle.

El coronel continuó:

—Equipo de escolta: usted y tres miembros seleccionados por recomendación operativa.

Jack levantó la mirada.

—¿Selección abierta?

—Confío en su criterio, capitán.

Una responsabilidad… y una concesión.

—Sí, señor.

—Reglas de enfrentamiento estándar. Prioridad absoluta: protección del paquete.

Jack asintió.

—Confirmado.

El coronel apoyó las manos sobre la mesa.

—Salida prevista en cuarenta y ocho horas.

Hubo un silencio y Jack se levantó lentamente.

—¿Algo más, señor?

El coronel dudó apenas un segundo.

—Solo una cosa.

Jack esperó.

—Asegúrese de que esté preparada.

Jack tragó saliva.

—Lo estará.

Salió del despacho con pasos firmes, pero cuando la puerta se cerró tras él, dejó escapar el aire lentamente.

Sabía que aquella misión no sería solo una evacuación: sería una despedida.

Y aunque su deber era llevarla a un lugar seguro, una parte de él deseaba detener el tiempo antes de que eso ocurriera.

Jack caminó por el pasillo del módulo de mando sin ver realmente nada a su alrededor.

Los soldados que se cruzaban con él saludaban con un gesto breve con la cabeza. Él respondía por puro automatismo mientras su mente seguía atrapada en una sola idea.

Jordania. Extracción. Traslado definitivo. Emma se iría.

Era lo correcto, lo más seguro para ella. Era su deber y, aun así, le costaba respirar con normalidad al pensarlo.

La imagen de ella riendo aquella mañana, la forma en que su mano buscaba la suya sin darse cuenta, el modo en que sus ojos se iluminaban cuando se sentía protegida… todo aquello se mezclaba ahora con una sensación amarga, como si el destino volviera a colocarlo en el mismo lugar que años atrás.

Obligado a dejarla ir, obligado a convencerse de que era lo mejor.

Y entonces, el recuerdo llegó sin avisar.

El día de ir por primera vez a la base había llegado.

La parada de autobús estaba casi vacía.

Jack sostenía la mochila colgada del hombro, demasiado grande para su edad, demasiado pesada para alguien que aún no había aprendido a dejar atrás aquello que amaba.

Miraba la calle una y otra vez, esperando.

Sabía que no vendría. Después de lo que había hecho… ¿cómo iba a aparecer?

La había dejado con palabras duras, necesarias y frías. La había empujado lejos porque creía que era la única forma de protegerla, aunque una parte de él esperaba verla correr hacia él.

El autobús llegó con un rugido metálico. Subió sin mirar atrás. Se sentó junto a la ventana pensando que era lo correcto, que Emma merecía una vida tranquila sin pasar noches en vela preguntándose si él volvería con vida, pensando que amar a un soldado era condenar a alguien a vivir con miedo.

Romperle el corazón era un sacrificio necesario.

Jack parpadeó lentamente, regresando al presente. Sin duda, era la peor decisión que había tomado en su vida.

Ahora, el destino volvía a ponerlo en una encrucijada parecida. Porque sí, podría visitarla cuando tuviera permisos, podría verla, podrían intentarlo, pero ¿era justo para ella?, ¿era justo hacerla esperar?, ¿que volviese a temer cada misión?

Su mandíbula se tensó.

No, no lo era.

Suspiró reconduciendo sus pensamientos a lo que realmente era importante en ese momento: la misión y la seguridad de ella durante el traslado.

Respiró hondo y cambió el rumbo hacia el módulo de su equipo.

Debía elegir a tres hombres. No eran solo compañeros, eran personas que garantizarían que Emma llegara viva a Jordania.

Entró en el módulo directamente.

El equipo estaba repartido entre las mesas, revisando material, limpiando armas y bromeando en voz baja.

Todos levantaron la mirada al verlo.

—Capi —dijo Daniel Miller—. Tienes cara de reunión larga.

Jack ignoró el comentario.

—Necesito a tres hombres para misión de traslado. —El ambiente cambió inmediatamente con un silencio profesional—. Evacuación a Jordania —añadió.

Mark Reynols fue el primero en asentir.

—Cuenta conmigo.

Jack lo miró y supo que sí. Mark, con experiencia en extracción bajo presión, sangre fría y capacidad de cobertura en movimiento. Si algo salía mal, necesitaba a alguien que pudiera tomar decisiones sin titubear.

—Reynols confirmado.

Mark simplemente inclinó la cabeza.

—También conmigo —se ofreció Alex.

—Alex confirmado.

Le iría bien tenerlo en el equipo para tema de comunicaciones y tecnología.

Jack miró al resto.

Su elección debía ser lógica y táctica, no emocional.

—Ethan Brooks —dijo finalmente.

Ethan levantó la mirada sorprendido, aunque solo un segundo. Él era el médico y, aunque Emma viajaría estabilizada, el protocolo era claro: paciente con trauma reciente, posibles crisis y heridas internas aún en recuperación. Necesitaban asistencia médica inmediata si algo ocurría.

—Necesito un sanitario con capacidad táctica —explicó Jack—. No vamos a arriesgarnos.

Ethan asintió.

—Entendido.

Daniel y Luke levantaron una ceja.

—¿Nos estás diciendo que nos quedamos fuera del paseo turístico? —preguntó Daniel.

Jack lo miró.

—Alguien tiene que quedarse vigilando el fuerte.

La tensión se rompió un poco ante aquellas palabras, pero Jack ya estaba pensando en otra cosa mientras se dirigía a su mesa para preparar los documentos y la autorización de los tres soldados aprobados.

Aquella misión implicaba volver a dejarla marchar y, esta vez, no estaba seguro de ser capaz de hacerlo sin que algo dentro de él se rompiera de nuevo.