A través de la tormenta 16 #2
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16 #2

Jack alzó las cejas repetidas veces como si hubiese ganado aquella batalla y se llevó a Emma de allí. Avanzaron hacia la línea de autoservicio donde había bandejas metálicas y opciones limitadas de comida.

—¿Bufé gourmet militar? —preguntó Emma con ironía.

—Alta cocina —respondió Jack muy serio—. Cinco estrellas si llevas hambre suficiente.

Se sirvieron arroz seco, pollo demasiado cocido y verduras sospechosamente blandas.

Cuando volvieron a la mesa, Mark levantó el tenedor.

—Lo mejor del menú… es que no te mata.

—Siempre discutimos eso —añadió Alex.

Emma soltó una risa auténtica y Jack, al verla reír con ellos, sintió algo profundo aflojarse dentro de su pecho.

Por primera vez desde que la había sacado de aquel infierno ella no parecía una víctima, parecía parte de algo.

Daniel miró el plato de Emma con gesto crítico.

—Vale, primera pregunta importante —dijo señalando el arroz—. ¿Sabes mentir bien?

Emma levantó una ceja.

—Depende.

—Perfecto —continuó él—. Entonces dinos que esto está bueno.

Ella pinchó un poco con el tenedor, lo observó como si fuese una criatura desconocida y lo probó. Masticó despacio mientras todos esperaban su respuesta.

—He comido cosas peores —dijo finalmente.

La mesa estalló en risas.

—Diplomática —murmuró Alex.

—Periodista —corrigió Emma con una sonrisa.

Mark se inclinó hacia delante apoyando los codos.

—Vale… pregunta real.

Jack levantó la mirada de inmediato.

—Ni se te ocurra.

—Solo es curiosidad científica —replicó Mark—. Emma… ¿es verdad que Jack era un romántico empedernido en el instituto?

Jack dejó el tenedor sobre la bandeja.

—Voy a cambiar de mesa —murmuró.

Emma lo miró con fingida sorpresa.

—¿Romántico?

Luke carraspeó.

—No tenemos pruebas, solo sospechas.

Emma apoyó el mentón en la mano, pensativa.

—Mmm… podría confirmar o negar esa información… —dijo con teatralidad—. Pero entonces tendría que eliminaros después.

Daniel soltó una carcajada.

—Me cae bien. —La señaló antes de meterse un trozo de pollo en la boca.

Jack negó con la cabeza, resignado.

—Esto ha sido un error.

—Totalmente —añadió Alex—. Nunca traigas a alguien que conozca tu pasado.

Ethan sonrió mientras comía.

—Lo curioso es que tú nunca hablas del pasado.

Emma alzó el tenedor.

—Porque algunas cosas son mejores cuando siguen siendo un misterio —comentó ella animada.

—Oh, eso suena a secreto —dijo Daniel, señalándola—. ¿Secretos del instituto?

Ella se encogió de hombros.

—Digamos que… Jack tenía… momentos.

—¡Lo sabía! —exclamó Mark.

Jack la miró con falsa indignación.

—Emmaaa —arrastró la última vocal unos segundos como si la advirtiese—. Ten cuidado con estos.

Ella le devolvió la mirada con inocencia fingida.

—No estoy diciendo nada en concreto.

Luke rio por lo bajini.

—Estrategia perfecta. Revelar sin revelar.

—Años de entrenamiento —añadió Emma.

Daniel la observó con ojos entornados.

—Vale, otra pregunta. ¿Es verdad que él se pone intenso cuando está nervioso?

—Daniel —le riñó Jack y esta vez no se controló. Alzó una mano dándole una colleja.

—Joder, capi —se quejó divertido.

Emma inclinó la cabeza, como si evaluara la pregunta.

—Diría que… se concentra mucho.

—Traducción: sí —murmuró Alex.

Las risas volvieron a llenar la mesa.

Mark bebió un trago de agua y añadió:

—Ahora en serio… nos alegra verte así. No siempre vemos finales buenos.

La conversación bajó de intensidad un segundo.

Emma asintió con suavidad.

—Y yo me alegro de poder estar aquí… riéndome con vosotros.

Ethan la miró con una sonrisa apacible.

—Eso significa que vas bien.

Daniel levantó el tenedor.

—Además, oficialmente ya formas parte del grupo. Has sobrevivido a la comida.

—Eso merece una medalla —añadió Alex.

Emma rio y Jack se quedó mirándola unos segundos más de lo necesario.

Porque aquella risa… no era frágil, era real. Además, escucharla entre su equipo, viéndola relajarse poco a poco, le brindaba una paz que no recordaba haber sentido en mucho tiempo.

—Por cierto —dijo Daniel de repente—. Emma, última pregunta. —Jack suspiró cargándose de paciencia y enarcó una ceja hacia Daniel—. ¿Quién dio el primer beso?

Emma levantó la mirada hacia Jack y hubo un silencio. Emma sonrió divertida hacia Jack.

—Eso… —dijo con calma—, se queda entre nosotros.

El equipo explotó en carcajadas mientras Jack cerraba los ojos un segundo, resignado.

Emma pensó que desde que él había comenzado aquella misión parecía simplemente un hombre sentado entre amigos y no un capitán cargando con el peso del mundo.

—Sois unos cabrones… —pronunció mientras negaba con la cabeza.

Daniel dejó caer el tenedor sobre la bandeja con dramatismo exagerado.

—Estoy profundamente decepcionado con esa respuesta —anunció mirando a Emma con gravedad fingida—. Muy decepcionado.

Emma alzó las cejas, divertida.

—¿Sí?

—Sí —continuó él—. Nuestro capitán lidera un equipo de rescate de élite en zonas de alto riesgo.

Entramos en edificios llenos de milicias armadas, cruzamos desiertos de noche, volamos bajo fuego enemigo…

—enumeró levantando los dedos—. Y resulta que no sabemos quién dio el primer beso. Esto es información estratégica.

Luke se inclinó hacia delante siguiéndole el juego.

—Exacto. Un hombre capaz de correr entre balas debería haber sido el primero en lanzarse.

Alex añadió desde el otro lado:

—Tan valiente para entrar en fuego cruzado… ¿y tan cobarde para no dar un besito el primero?

Hizo un gesto exagerado, poniendo morritos hacia Jack.

Jack inspiró hondo y se pasó la mano por la nuca por los comentarios de sus compañeros.

—No puedo creer que esta sea la conversación.

—Lo es —respondió Daniel sin pestañear—. Y es importante para la cohesión del equipo.

Emma intentó contener la risa, pero acabó inclinándose hacia delante.

—No sabía que el protocolo militar incluyese esto.

—Manual secreto —añadió Mark.

Jack negó con la cabeza, mirando a Emma con una mezcla de resignación y diversión.

—¿Sabes qué? —dijo finalmente—. Tienes permiso para responder, pero solo porque quiero que se callen.

Emma lo miró unos segundos, disfrutando claramente del momento.

Luego sonrió despacio.

—Vale… fue él. —Señaló a Jack.

Un segundo de silencio y luego el equipo estalló de risa.

—¡Sabía que el capi tenía carácter! —gritó Daniel.

—No esperaba menos —añadió Luke—. Nuestro amado líder —dijo como si lo adorase.

—Todo un machote —remató Alex.

Jack levantó las manos.

—Gracias por los cumplidos… idiotas.

—Siempre a su servicio, señor —respondió Mark con una falsa seriedad que provocó nuevas risas.

Emma no podía parar de reír, mirando a uno y a otro, sorprendida por la facilidad con la que aquel grupo convertía cualquier conversación en algo ligero.

Mientras los observaba bromear, insultarse con cariño y compartir ese lenguaje propio de quienes han sobrevivido juntos a demasiadas cosas, algo cálido se instaló dentro de ella.

Aquellos hombres eran soldados que corrían hacia el peligro cuando todos los demás huían, hombres que se adentraban en lugares donde la muerte era una posibilidad constante, pero allí, sentados alrededor de una mesa, riéndose por saber quién había dado el primer beso, eran simplemente chicos pasando el rato. Una familia.