A través de la tormenta 14 #2
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—Lo que tuvimos fue… bonito —dijo con una tierna sonrisa—, y eso no se estropea con el tiempo ni con las decisiones que vinieron después.

—Alzó la vista hacia él, sosteniéndole la mirada—.

Eso ya quedó atrás —continuó—. No con rencor.

Solo… en su lugar. Ahora existe este momento.

Y existe porque tú me sacaste de allí. —Tragó saliva, emocionada—.

Te debo la vida, Jack. Y no solo por haberme rescatado —añadió—.

Gracias a ti puedo tener un presente y un futuro.

—Negó suavemente con la cabeza, como si las palabras no fueran suficientes—.

No creo que tenga jamás forma alguna de agradecerte algo así.

Ni siquiera con toda una vida por delante.

Jack no respondió de inmediato. No hizo falta. Porque en la forma en que Emma lo miró había gratitud, paz… y una promesa silenciosa de que, pese a todo, seguían caminando juntos, aunque fuera de otra manera.

Le costó reaccionar. Se quedó mirándola unos segundos, como si las palabras de Emma hubieran desordenado algo que llevaba demasiado tiempo intentando mantener bajo control. Inspiró hondo, bajó la mirada un instante y, al volver a alzarla, esbozó una sonrisa torpe, casi juvenil.

—Antes de que se me olvide… —dijo carraspeando—. Te he traído algo.

Metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó una libreta pequeña, de tapas sencillas, junto con un bolígrafo. Se los tendió con una timidez inesperada en él.

—El otro día me dijiste que te gustaba escribir —añadió—. Pensé que… bueno, que quizá te serviría. Para cuando te apetezca. Sin presión.

Emma tomó la libreta con cuidado, como si fuera algo frágil. Pasó los dedos por la tapa, la abrió un poco y observó las páginas en blanco. Aquel gesto sencillo le apretó el pecho.

—Es perfecta —dijo en voz baja—. Gracias.

Levantó la vista hacia él y sonrió, sincera y agradecida, con esa emoción tranquila que no necesitaba grandes gestos.

Jack asintió aliviado y pensó que, a veces, lo más valioso que podía ofrecer no era protección ni palabras pomposas… sino un espacio en blanco donde volver a empezar.

La habitación estaba en silencio cuando Emma se sentó a la pequeña mesa junto a la ventana.

Fuera, la base respiraba con su murmullo constante, pero dentro todo parecía suspendido.

Abrió la libreta que Jack le había regalado y apoyó el bolígrafo unos segundos sin escribir, como si las palabras necesitaran tiempo para ser encontradas.

Al final, lo hizo.

No sé si algún día podré contar todo sin que me tiemble la mano. Pero hoy sigo aquí. Y eso ya es algo.

Escribió despacio, con letra irregular. No buscaba un reportaje ni un testimonio todavía. Solo ordenarse y sacar de dentro aquello que no sabía dónde colocar.

Unos golpes suaves en la puerta le hicieron alzar la cabeza.

—¿Emma? —preguntó una voz tranquila—. Soy la psicóloga.

—Sí, adelante —respondió ella, cerrando la libreta con cuidado.

La psicóloga entró despacio y tomó asiento frente a ella, con una expresión abierta.

—Solo vengo a hacer seguimiento —dijo—. ¿Cómo te encuentras hoy?

Emma pensó un segundo antes de contestar.

—Mejor —admitió—. Pero… las noches siguen siendo lo peor. Tengo muchas pesadillas. Me cuesta conciliar el sueño.

La psicóloga asintió, como si hubiera esperado esa respuesta.

—¿Sigues con la medicación?

—Sí.

—Bien —respondió—. Es importante que la mantengas de momento. Lo que estás viviendo es una reacción normal a un trauma. Tu cerebro sigue en estado de alerta, intentando protegerte. Las pesadillas, el insomnio, la ansiedad… forman parte del proceso.

Emma bajó la mirada.

—A veces siento que debería estar avanzando más rápido.

—No hay un ritmo correcto —explicó la psicóloga—. Sanar no es lineal. Habrá días mejores y otros más difíciles. Lo importante es que no te juzgues por ello. —Guardaron silencio unos segundos—. ¿Hay algo que te preocupe especialmente ahora mismo? —preguntó—. ¿Algo que quieras compartir?

Emma negó despacio.

—No… creo que no.

La psicóloga señaló la libreta sobre la mesa.

—¿Estabas escribiendo?

—Sí.

—Eso es muy positivo —sonrió—. Es una forma de procesar, de darle estructura a lo que sientes. Te animo a que sigas haciéndolo.

Emma asintió.

—Lo haré.

—¿Alguna duda? ¿Algo que necesites?

—No —respondió—. Gracias.

La psicóloga le sonrió y fue hacia la puerta.

—Recuerda: cualquier cosa, manda que me llamen. No tienes que atravesar esto sola —le dijo con voz suave.

Emma asintió mientas la veía cerrar la puerta y volvió a abrir la libreta.

Respiró hondo y sostuvo el bolígrafo entre sus dedos.

Se reclinó sobre la libreta y dejó que el bolígrafo avanzara sin pensar demasiado.

Las noches me asustan . Pero los días empiezan a enseñarme que sigo viva. Que todavía puedo reírme, caminar despacio, respirar sin miedo durante unos segundos.

Se detuvo, tragó saliva y añadió otra línea.

No sé cuánto tiempo tardaré en dejar de temblar por dentro, pero hoy he dado un paso. Quizá mañana pueda dar otro.

Inspiró hondo mientras dejaba salir todo lo que sentía dentro. Volvió a escribir con una lentitud calculada, como si cada palabra necesitara permiso para existir.

A veces lo que no puede decirse en voz alta encuentra refugio en el papel. Escribir no borra el dolor, pero le da forma, lo hace menos caótico. Quizá así, poco a poco, pueda curar todo lo que llevo dentro.

El bolígrafo tembló un instante.

Los recuerdos siguen siendo afilados. Hay imágenes que aún me atraviesan sin previo aviso, que me dejan sin aire. Sé que tengo que ser fuerte, aunque me cueste. Sé que no siempre lo consigo. Pero debo intentarlo.

Tragó saliva antes de añadir la última línea.

Se lo debo a Tom.

Las lágrimas nublaron su vista y tuvo que cerrar la libreta con cuidado, incapaz de continuar. Se quedó unos segundos así, respirando hondo, hasta que abrió el cajón de la mesita y sacó la pequeña tarjeta de memoria. La sostuvo entre los dedos, diminuta y pesada a la vez.

Mientras aquella voz pudiera ser escuchada, mientras ese testimonio saliera a la luz, una parte de Tom seguiría viva. Su verdad no moriría con él.

Emma cerró el puño alrededor de la microSD y apoyó la mano contra el pecho.

Tenía que ser fuerte para llevarlo a cabo. No solo por ella, sino también por él.